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UN SOLITARIO Y CUATRO PREGUNTAS

1. ¿DE DONDE VIENE?


A ese hombre sentado en la silla número uno lo llamaremos el interrogador y al otro hombre (su aspecto quería decir lo contrario, más bestia que ser humano) será el interrogado. Silla número dos. ¡Ah! ¡Pero antes de lo más obvio algo muy importante! Nombre: Pedro Ruiz. Profesión: académico.

– ¡no estamos para bromas!

¡Profesión por favor! Académico… (Primera bofetada, sin sangre) ¡Profesión por favor! Académico… (Segunda bofetada, esta vez la sangre fluye libremente por la nariz) ¡Hable! ¡Soy, o mejor dicho era aspirante a soldado profesional pero por falta de suerte no pude ingresar a la academia! Estatura: uno sesenta y nueve centímetros. Señor. Eso explica todo, y se puede saber… ¿cómo alguien como usted un simple aspirante termina colado en mi granero? ¡Ya se lo dije, mala suerte! Dijo el interrogado. Muy bien. Por esta vez dejare que conteste lo que se le venga en gana pero déjeme decirle que la mayoría del tiempo no tengo piedad con los sarnosos y mucho menos con perros que se creen inteligentes, la próxima vez, se lo aseguro, no va a sangrar simplemente su nariz. ¡Se lo aseguro! Ahora tenemos unos minutos antes de decidir qué hacer con usted y con los demás, si es que lo acompañan otras personas. Estoy solo. Ahora cuénteme más de usted… el interrogado empezó a decir… a unos cuarenta kilómetros se encuentra un pueblo llamado La Esmeralda, de ahí provengo. Hijo intermedio de tres en total. ¿Quiénes son sus padres? Solo tuve uno pues mi madre nos abandonó a los cinco años del nacimiento de mi hermano menor. ¿Y los otros dos? El mayor se fue para al Perú en busca de mejores oportunidades. Ya sabe lo duro que es aquí. Luego de cumplir los quince años se fue. Mi padre sufrió mucho, el menor ya murió, un día jugaba a la pelota en el patio principal de la casa pero en un suspiro él se desvaneció gritando muy fuerte, lo llevamos al cuarto no daba señales de vida no respiraba y su cuerpo y cara estaban hinchados y de color rojizo. Hicimos lo que pudimos pero en menos de diez minutos mi hermano se murió por la picadura de una abeja. Yo no sabía que era alérgico, el viejo tampoco. Mi padre sufrió mucho era el segundo hijo que perdía. Lo más trágico y aunque usted no me lo crea fue lo que paso luego de unos meses. ¡Sorpréndame! Para desgracia mía, mi padre no puedo aguantar tanta soledad, las jornadas interminables de trabajo, el no tener una segunda mujer en su vida pues desde el abandono de su única esposa nunca se volvió a casar y tampoco pensaba en aventuras. ¿Cree que la pasaba bien? Dijo el otro… por supuesto que no la pasaba bien. Continúo el interrogado. No dormía y tampoco comía luego del funeral de mi hermano pequeño, estaba trastornado, no rendía en el trabajo y lo despidieron, después le dio por no hablar con nadie. Desesperado no tenía alternativa que buscar al médico del pueblo para que lo revisara y le formulara algún remedio, algo que pudiera hacerlo vivir de nuevo. Pero mis esfuerzos fueron inútiles, ya de vuelta con el dichoso doctor subimos rápidamente a la habitación de mi padre pero era tarde, el viejo se había ahorcado con las sabanas de su propia cama. Le explico. Por la ventana más grande de la habitación. Afuera existe una especie escampado y al fondo un pequeño lote donde se tenía previsto para algunos cultivos de pan cojer. ¿Me entiende? Por ahí fue. Entonces se amarro las sabanas alrededor del cuello, de la forma más fina y resistente posible, el otro extremo lo amarro a la cruceta de la ventana se dejó caer por la huerta improvisada y se mató. Luego de bajarlo hasta el patio de la casa el médico me dijo que llevaba alrededor de tres horas de fallecido en ese entonces me di cuenta que era el mismo tiempo que me había tardado en traer al médico del pueblo. Tal vez no quería que presenciara semejante acto desesperado, pero en su situación yo también podría haber hecho lo mismo. ¿Y usted? Yo… si usted ¿Cómo puede contarme cosa semejante sin siquiera mostrar algo en su rostro? Él contesto, puede que tenga el aspecto de un niño pero ¡eso que importa! no soy un niño ni tampoco un ingenuo, lo más valioso que tenía en este mundo lo perdí prematuramente. Mi madre. Mi padre. Mi hermano menor. Mi hermano mayor que nunca volvió. También vi a unos hombres de uniformes azules y negros llevándose a una joven de veinte o diecinueve años como mucho y al cabo de unas horas regreso pero en una bolsa negra, yo vi que estaba viva y trataba de salir pero murió por asfixia. La escena no pudo ser peor cuando se supo que esa chica era una hija del alcalde del pueblo. ¿Qué haría usted en medio de tal espectáculo? No pude hacer nada por salvarla a ella ni a mi hermanito pequeño. También estuve en el funeral de un primo que se murió por culpa de una rana que había comprado en uno de sus viajes al pacifico. En fin, esas no son las primeras ni mucho menos las ultimas desgracias de mi vida. Señor.


2. ¿EN QUE TRABAJA?


– ¡Responde! Dice el interrogador.

– ¡Responde! – vuelve a decir –

El otro suspira una vez más con la cabeza a gachas, unas góticas de sangre emanan una vez más de su nariz. Oye voces peculiares al otro lado de la pared. Agotado, hastiado por las preguntas del interrogador, pretende desmayarse. Vuela por lo alto y cuando está a una altura prudente divisa perfectamente el granero donde se encuentra su cuerpo desfallecido, más adelante se ven felices algunas vacas y sus tiernos retoños a un toro enorme pastando plácidamente algunas gallinas perros burros caballos… levanta la vista un poco más para observar el camino que conduce a su pueblo, más a la izquierda hay otro camino, una carretera exactamente cuyos destinos no conocía y que por supuesto nunca alcanzaría a conocer.

– ¡Responde!

– ¡Responde!

– ¡Déjalo el imbécil se desmayó!

Discúlpeme usted pero no puedo responderle la pregunta sin antes darle los detalles.

El tío francis se hizo a mi cargo. Como ya sabe. Por poco más de tres años ya ni me acuerdo, pero lo que sí, será su forma de ser un libertino un aprovechado un despreciable que como era de esperar estaba dispuesto a recaudar el dinero que tenía como pensión por así decirlo, un hipócrita un estafador, aunque en cierto modo envidio en algunos ratos su astucia y su capacidad para manipular a la gente. Trabando amistad con una libertina como él una tal Margarita… Esmeralda… Diceida por el momento me es imposible saberlo. Podría ser la misma mujer y que intercambiaba su nombre con el único objetivo de ganarse el dinero. No quisiera darle una sentencia directa y ojala este en el cielo pero el tío Francis aparte de imbécil también salió de mal gusto con las mujeres.

– ¡es un estorbo menos! (decía una de esas que frecuentaba la casa)

– ¡si me deshago de… tendremos el dinero suficiente para…!

Deshacerse del chico, de lo más fácil. Pero nada estratégico pensaba… abandonarlo en el campo en un bosque muy espeso integrarlo a una escuela militar donde aprendiera ser un “hombre” ¡enserio es un lastre! Las risas retumbaban por toda la casa.

– ¡Ven querido vamos a divertirnos!

– ¡Oh! ¡Si por favor estoy ansiosa!

Con insinuaciones de bajo calibre el tío Francis cedía a esas mujeres sin escrúpulos los placeres que podía dar su cuerpo un tanto marchito por el tiempo (viejo maldito y su mal gusto) Al final ni lo uno ni lo dos fui a parar con un carpintero de mala clase pues no había otra forma de pagar los favores que en ese tiempo mi tío le debía. ¡Este chico puede serle de gran ayuda y si se pone rabioso me lo hace saber para tratarlo como se debe! ¡Jajaja! ¡Ya sabe a lo que me refiero! Habían pasado poco menos de nueve meses y ya había cambiado de casa tres veces. El tío. El floricultor (algo brevísimo pues me dio una alergia terrible por culpa de las rosas ni yo sabía que era alérgico. Mala suerte supongo. Allí había una chica encantadora con enormes tetas, una lindura de ensueño con la cual quería tener relaciones íntimas. Mala suerte. ¡Una verdadera lástima!) Y por último el vejestorio apodado “el carpintero”.

– ¡Maldita sea, no hace más que delirar!

Sabes… no es bueno cargar con odios ni resentimientos, esas cosas matan a más gente cada día que el mismo cáncer. El sida. O el mismísimo Dinero ¡imagínate el dinero!

– ¡Este imbécil necesita agua!

– ¡Se burla de nosotros!

– ¡Hay que matarlo ahora mismo!

Al ver mi vida truncada a trazo y trazo vagando y vagando como vagabundo de ciudad en ciudad de pueblo en pueblo de paraíso en paraíso de Casa Blanca en Casa Negra (Claudia Elianis Katerina Benniere ¿eran hermanas? Si… tal vez... la misma mujer) Ofreciendo mis servicios como carpintero como herrero como financiero a pocas cuotas como el mismísimo rey del mundo senté cabeza y formar una familia… como te parece… no habría mejor sitio que una playa hermosa de arenas blanquecinas y polvo de oro y con un mesero veinticuatro siete ¡Mesero un filete! ¡Mesero un pulpo! ¡Mesero una ballena! ¡Mesero una aleta de tiburón! ¡Mesero ¿Cómo se llama esta isla?! Se llama isla Tabarca… señor… es la más popular entre todas ¡oh que maravilloso! Luego de las compras y la comida deliciosa ¿recorrerían un museo? ¿Irían por la playa? ¡Quién sabe habría que pensarlo!

– ¡Otro que ya está al otro lado!

– eh… eh… ¿Cuál es su nombre? ¿De dónde viene? ¿En que trabaja? (dándole golpecitos sangrones en la cara)



3. ¿CUANTOS SON SUS AMIGOS?


Luna Estrella Sol Margarita Violetta Cassandra (el travesti) Laura Milena Constanza Yenny Lorena Eudora – se lo cuento así o prefiere que se lo diga en orden alfabético – Sandra Amelia Amalia Andrea Alicia (¡mi país que maravilla!) Brenda Camila Carol Carmenza Cassandra, Cassandra (tipo pervertido y repugnante) Dora Daniela Damaris Esther.

– ¡Desgraciado no necesito saber la lista de sus amantes ni mucho menos con las putas que se ha cogido! ¡¿Cuántos son sus amigos?!

El interrogador se equivocaba pues él (el interrogado) no estaba nombrando a esas mujeres como sus amantes las nombraba porque durante los pocos meses de estancia en la casa del tío Francis se acostaron con ese con el otro y con el aquel. Todas ellas de bajísima reputación, por pedido del tío o de cualquier otro vecino frecuentaban esas residencias mal–olientes mientras las verdaderas amas de casa estaban ausentes. Los encuentros pervertidos de ese hombre no tuvieron limite y quizás ahora tampoco. Sin mencionar obviamente a sus favoritas: Claudia, Elianis, Katerina Benniere (una en vestido rojo mostrando las tetas otra con el culo al aire y por último la que se hacía pasar por secretaria) (Claudia Elianis Katerina Benniere ¿eran hermanas? Si… tal vez... la misma mujer) el viejo Francis primero las frecuentaba en Casa Blanca, famoso prostíbulo de la ciudad aprovechando la poca herencia que tenia de su casi o nada sobrino, herencia que el chico al fin y al cabo nunca pudo tener en sus manos nunca pudo ver un centavo reluciente entre sus dedos ¡Ah! ¡Pero aquel si pudo! disfrutarlo poco o mucho él sí lo hizo al lado de repugnantes compañías.

– ¡pues bien querido poeta su tiempo ha terminado! (decía el interrogador poniendo carita alegre) se lo advertí y estoy cansado de sus historias sin sentido, y como veo que usted no quiere colaborar…

– ¡Los adiestran bien! los del Gobierno Central.

–... pues vera… allá afuera lo esperan seis de mis mejores tiradores ¿entiende? Ya no lo necesito y a los demás tampoco… le deseo buen viaje señor Ruiz.

– ¡Señor todo esta listo! (entra un oficial de artillería, un matón exactamente)



FIN

POR: TheNixx:

Aug. 30, 2019, 2:55 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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