Jorge Ludwig Follow story

anahoy ana hoy

Arango regresa a su ciudad natal, al entierro de su queridísimo amigo Jorge. Al volver recuerda todo lo que esa ciudad le dio y le quitó mientras batalla con su propia mente por mantener lo que le queda de cordura y no quedar completamente loco. Tal vez la muerte de su amigo no fue un accidente después de todo.


Drama All public.

#drama #solo #inspiración #locura #perdido #acción #adicción
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Capitulo I

Corre sin descanso, persiguiendo lo que aún no quiere. Pero el miedo a detenerse solo enceguece lo que en verdad se tiene. Jorge, mi buen amigo, compañero, y hasta hermano puedo llamar ; Si tan solo hubieras vivido. Jorge Ludwig, no escuchaba ese nombre desde hace como unos 10 años atrás. Hasta que me llegó esta noticia, notición mas bien. Un lluvioso día de Otoño, en el cuarto del hostal Martinval en Barcelona. Jorge Ludwig ha muerto. Me cayó como un baldado de agua helada, la piel se me erizó hasta en el último rincón, y quedé plasmado viendo la pequeña ventana polvorienta de la esquina. Recordando, recordando aquellos tiempos que se fueron con el viento. Recuerdo con gran vividez esa sonrisa plasmada en su rostro, la picardía con la que nos envolvía a todos ; y esa forma de vivir la vida en una lucha por cruzar una meta imaginaria que solo bajo tierra podría cumplir. Fuí cordialmente invitado a su entierro, aunque no voy a mentirles, quedé hasta más sorprendido que con el primer notición. Indudablemente fui cercano a Jorge, pero al pasar los años me cogió un odio, una repugnancia feroz al creer que lo había abandonado como un trapo sucio. Sin darse cuenta que el abandono lo tenía el por dentro. Siempre me atormenta la misma imagen de mi gran amigo cruzando esa puerta de vicio, de la que yo no pude hacer más que huir. En verdad espero que ya esté en paz consigo mismo, porque sé que después de hoy su recuerdo me atormentará hasta que yo cumpla mi meta. No puedo decirles que no me intriga la idea de saber quienes asistirán a su partida, pero tampoco me siento mentalmente capaz de afrontar el tormento que ya varios años atrás dejé tan enterrado. A veces desearía que tuviéramos un botón para borrar nuestro casette y vivir la vida todos los días como recién nacidos; pero esto no es posible, y todo lo que veo, escucho y huelo, me recuerda a el. Me recuerda a nuestros días en Bogotá.

- Señor Arango , los invitados desean saber si estáis listo para salir ya.

- Ya va, en un momento salgo.

Como odio que interrumpan mi pensamiento, mis recuerdos, me gusta flotar en recuerdos que sé que no volverán; pero que se quedaran conmigo por siempre. Otra vez me pregunto a mi mismo, por qué carajos estoy haciendo esto, nunca he sido una persona de muchas palabras, pero todo sea por expandir mi arte; e inspirar a mentes jóvenes a perderle el miedo a ello.

Después de tres horas de preguntas interminables, y respuestas medianamente verídicas logré volver al cuarto del hostal. Logré volver a mis pensamientos, prefiero estar conmigo mismo que con el mundo exterior , aunque solo hasta cierto extremo porque después de un tiempo ya empiezo a volverme loco dentro de mi propia consciencia. Son lindos los baños de este hostal, me recuerdan a la casa donde viví toda mi infancia ; de madera bien pulida , con la sencillez de una casa de campo. Como me ha intrigado siempre esa costumbre de algunos sitios de poner el espejo en la puerta para que uno se observe mientras caga. Al ver mi rostro sentí temor por todo el cuerpo, vi mi joven reflejo de aquella vez en un billar en Bogotá, esos billares en donde no se iba más que a beber y a perder la cabeza. Recuerdo exactamente como me acercaba a uno de esos baños sucios cercano a las últimas mesas de billar, mis piernas tambaleaban mientras me brotaba una sonrisa que no era más que un escondite de la realidad. Al llegar a ese baño polvoriento y con orín en todos los rincones, subí la cabeza y noté mi reflejo en el espejo. Los ojos caídos, las pupilas como dos bolas de billar negras, y esa cara que no parecía mía. Por un momento olvidé quién era, mi cuerpo y mi mente se convirtieron en dos entes diferentes. Prefiero no seguir trayendo ese recuerdo a mi cabeza, salí huyendo de ese baño y alisté mi maleta; el último vuelo a Colombia sería en ocho horas, no te volveré a dejar solo, aunque ya sea para tu despedida.

Siempre me han encantado los aeropuertos, ese aroma a felicidad , y ese sentimiento a libertad, a huir de la rutina; no hay nada mejor. Recuerdo cuando apenas era un niñito de nueve años agarrado de la mano de mis padres, corriendo por todo lado mientras esperaba el vuelo. Ver gente emocionada y ansiosa siempre me ha subido el ánimo, me ayuda a sentirme menos solo. Tomé uno de los asientos cercanos a un Mc Donalds, todavía me quedan tres horas de espera, quedé otra vez con mis pensamientos. De tanto pensar quedé profundo en esa silla plástica incómoda y pequeña. Me desperté por un sueño vivido que llevo teniendo hace ya varios días, soy yo en un bote pequeño como para una sola persona alejándome de mis padres mientras ellos lloran a gritos en el otro lado del mar. Y aunque el sueño sea extraño no tengo duda alguna de que es mi castigo y tormento por haber dejado a mis padres cuando apenas tenía quince años. Sus llamadas interminables y búsquedas por toda la ciudad, es algo con lo que me tocará vivir el resto de mi vida, pero el peor castigo de todos es el de matarme la cabeza pensando una y otra vez de que al final se rindieron ; de que al final me olvidaron. Y aunque suene egoísta, siempre fui un niño consentido en mi infancia, y seguiré pidiéndole a Dios que aunque no pueda estar ya con ellos , nunca hayan dejado de buscarme.

No volvía a Bogotá desde el día en que salí huyendo a Madrid, hace aproximadamente nueve años. Este aeropuerto, no puedo contener las lágrimas rodando por mi cara, esas lágrimas que exprimen el corazón como una esponja a punto de estallar. Todo esto me refresca la memoria me hace pensar en como por fin logré amarme, y créanme, es el mejor sentimiento que se puede llegar a sentir en la vida. Tantas caras cruzando, ya quisiera yo creer que reconozco algunas, que tendría algún amigo cercano esperándome, soy yo y mi maleta café que nunca me ha olvidado. Mirar por la ventana de este taxi, tantos lugares que ya están destruidos, como tantos recuerdos en mi cabeza. Esta nostalgia que me da repentinamente, como la odio, me da una nostalgia por amigos , familia y hasta lugares; todo depende del escenario que ponga mi cabeza y a la tristeza que me quiera guiar. Se siente extraño tener que hospedarse en un hotel, cuando ya estás en tu hogar; muy querido el taxista, me colaboró bajando la maleta y llevándomela hasta la puerta del hotel. Supongo que la gente hace lo que sea por plata, yo ya no creo en los “ buenos actos.” Le di un poco más de lo que costaba y crucé la puerta elegante de vidrio con mi maleta a la mano. Qué hotelazo! Y pensar que cuando apenas era un niño en estas calles, solo fantaseaba con poder volver a estos lugares, como lo hacía aún más joven con mis padres.

Este olor a cuarto de hotel, siempre me ha encantado. Ya estando acá solo me llegan recuerdos y más recuerdos de cuando corría por estas calles. Recuerdo a la perfección esa carretera que da a unas tienditas callejeras. Me la pasaba corriendo y riendo por ahí con Matilde. Ay matilde... Su pelo castaño y sus ojos marrón verdoso, como olvidarla. Si tan solo pudiera tenerla de frente una vez más y decirle que lo siento, que la quiero a mi lado. Pero ya es bastante tarde para eso. Recuerdo cuando los papás siempre decían: “ más grande te vas a arrepentir,” “ el tiempo se va corriendo” y yo solo los observaba con mis ojos inmaduros, mostrándoles media sonrisa falsa a ver si se callaban y se largaban. Y pensar que después de tantos años , si se me quedaron sus palabras, y tenían razón, Matilde ellos tenían razón! . Conocí a Matilde en las calles, unos días después de haber huido de mi casa. Ella era solo un año menor que yo pero les aseguro que tenía una malicia indígena que la ponía por encima de todos. Era bastante madura para su edad pero cuando nos divertíamos , parecíamos dos niños pequeños.

No quiero pensar más en ella, esto es algo que dejé atrás hace ya varios años y lo único que me trae es melancolía y recuerdos vagos de emociones mixtas ; las emociones más fuertes, lindas y horriblemente malas que he tenido en mi vida. Este maldito celular con su puta timbradera. Otra vez esa voz, profunda y directa que todavía no logro reconocer bien pero seguro que es conocido de Jorge.

- Emilio, dime que si estás en Bogotá, tu sabes que el lo querría así.

- Que si estoy, que si estoy Camilo no sabes cuánto lo siento.

- Y te mandé por correo la fecha y hora del entierro, nos ha tocado aplazarlo una semana porque mi papá se enfermó y está bastante grave en el hospital.

- Siento mucho por todo lo que están pasando. Allá nos veremos si no es que nos vemos antes para platicar ,ya han pasado un poco de años.

Ay Camilito, recuerdo cuando era apenas un niño chiquitico llamando a Jorge todos los días para que volviera a la casa temprano. Pobrecito por lo que debe estar pasando , con su madre y hermano mayor en el cielo y el padre en el hospital. Que tragedia. A veces siento más pesar por los que sí tuvieron una familia junta por muchos años, porque al fin y al cabo ellos sufren más. Se van apegando por años mientras uno por uno va dando su último adiós.

Siento correr las lagrimas por mis mejillas , mis ojos son dos ríos imparables desembocando en lo más profundo de mi corazón. A veces me pongo a discutir conmigo mismo la normalidad de mis llantos, desde muy joven se me llenan los ojos de agua muy seguido , y hasta el día de hoy se me siguen inundando. .Será depresión? O es tan solo una forma de liberar todo eso que tenemos dentro y que con cada lágrima logra expresarse. O pueden ser las drogas también. O los dos. Todo eso que consumió mi cuerpo por tantos años me lleva pasando factura desde hace ya un tiempo. Me siento muy afortunado de haber tenido esa fuerza interna y haber puesto mi cuerpo antes que nada y salir huyendo , porque al paso que iban mi cabeza , mi cuerpo y mi corazón ; el desprendimiento y el dolor interno ya me habrían consumido hasta la muerte.

Al secarme los ojos con la manga de mi suéter , se me vienen recuerdos y más recuerdos de tantas tristezas y lágrimas que derramé en esta ciudad que transpira nostalgia. Me dieron ganas de salir a caminar, todas esas calles, que sin mentirles, echo tanto de menos, y que por dentro estoy seguro , también ellas a mi. No lo puedo creer , todavía, después de tantos años, sigo con la misma estupidez. Al caminar no piso ninguna línea o raja del suelo, desde que era pequeño siempre he creído que me pasará algo malo si lo hago. Supongo que es la ansiedad, todos la padecemos creería yo, pero la mía está descarrilada. Sin darme cuenta me encuentro todo el tiempo comiéndome el cuero del borde de la uña hasta sangrar, las uñas las tengo acabadas a mordiscos, y no paro de sudar como un cerdo. Y ya quisiera yo que eso fuera lo único, pero los pensamientos de muerte, enfermedad, tristeza , y fracaso me persiguen cada paso que doy. Es como una maleta de la que no he podido descolgarme nunca. Muchos me han dicho que las drogas me lo empeoraron, y tiene mucho sentido, porque ese subidón de ánimo no viene gratis. Y los bajones pueden ser lo peor en esta vida, es un sentimiento de soledad y desprendimiento de absolutamente todo; que da lo mismo seguir viviendo a ya estar bajo tierra. Como han cambiado estos edificios, ahora tan modernos y coloridos. Ver tantas familias entrar y salir de cada edificio me hace recordar lo solo que estoy, siempre he creído que conmigo mismo y unos cuantos amigos que vienen y van ya lo tengo todo, pero al fin y al cabo eso es como nada, no es una familia.

El desasosiego me consume por dentro, ya lo sospechaba yo, que apenas reviviera los caminos que recorrí por tanto tiempo, todos estos sentimientos volverían a mi. Recuerdo todo lo que viví por estas mismas calles, las risas imparables, la felicidad inacabable que nos consumía a todos en las noches interminables. Siempre estuve seguro de que algún día todo eso tendría que acabar, no podía seguir así para siempre, y eso es algo que me atormenta ya que no me traje a Jorge conmigo. Hasta el día de hoy me siento orgulloso de mi mismo por haber recogido la fuerza de mi cuerpo ya desmoronado y salir huyendo de los demonios que por tanto me persiguieron. Ay Matilde como la recuerdo de bien cada día, y aunque trato de esfumarla de mi mente, allí aparece de nuevo con mayor fuerza. Quisiera decir que lo nuestro fue amor verdadero, de ese amor que uno ve en las películas románticas. Pero no lo era. Yo a Matilde la amaré toda mi vida, pero muy por dentro sé que lo nuestro se volvió más una costumbre que cualquier otra cosa. Ella se volvió mi droga, consumíamos todo juntos, hasta que nuestros propios cuerpos se volvieron una adicción. Siempre digo que no quiero pensar en ella, pero aquí estoy otra vez, recordando tanto sufrimiento en mi cabeza.

De vuelta en el hotel, corrí al baño con la vejiga ya en las manos. Que bien se siente descargar todo con tantas ganas, casi reviento . El día se siente gris y nublado, de seguro caerá lluvia. Camilito otra vez, ya se me hacía raro que no mandara un aviso para vernos. No me imagino todo lo que debe estar sintiendo en este momento. Quedamos de vernos a las seis y media de la tarde en un restaurante Árabe en el barrio La Soledad, como a una media hora de acá.

Otra vez estas lágrimas rodando por mi cara, este vacío por dentro, como quisiera poder llenarlo de una vez por todas y dejar de sufrir de esta forma. Como amo llorar, descargar todo, sacarlo de adentro y expulsarlo al mundo. Me miro en el espejo y lo único que reflejo es un hombre con dolor. Los ojos aguados y rojizos, las pestañas como dos parabrisas mojados, y la nariz con un moco blanco que se mece de lado a lado sin caer. De vez en cuando le hablo a mi reflejo, supongo que todos lo hemos hecho en algún momento de nuestras vidas. “ Vamos, eres más fuerte que esto, todo va a estar bien, te lo prometo.” A veces mi reflejo es mejor compañía que cualquier pedazo de huesos y piel que dicen escucharlo a uno. Como siempre , seco mis ojos con la manga de mi suéter y planto una sonrisa más grande que el río de mis lágrimas. Por suerte traje mi camisa blanca y mi blazer negro, no quiero parecer informal al verme con Camilo. Medias negras bastante altas, y unos zapatos viejos que me dejan luciendo como todo un hombre de clase. Puta! Otra vez mi dedo. A veces no controlo la fuerza con la que me arranco los cueritos de los dedos. Por eso siempre cargo conmigo un tarro de curitas a donde quiera que vaya. Listo quedó como nuevo, hace mucho no detallo mis manos, están asquerosas. Todos los cueros levantados casi hasta la mitad del dedo, parecen ruñidas por un ratón, y tienen más callos que las de un deportista. Se podría decir que esa no es una de mis zonas más bellas del cuerpo.

Al abrir la ventana, como una ráfaga de viento, entra a mi un recuerdo, un recuerdo que me ayudó a despertar. Hace unos años me encontraba en un puteadero por allá por el centro, un barrio horrible. Recuerdo como mis "amigos" la verdad los había conocido ese día , me brindaban alcohol y perico , todo el que quisiera. Supongo que les daba gracia lo pequeño e inocente que era en ese momento . Recuerdo quedar ido totalmente, ido en esa silla reventada y polvorienta. Cuando una gorda, que pena expresarme así pero eso era, se me monta encima, con sus senos grandes y descolgados por fuera y me los comienza a refregar por toda el rostro. Recuerdo como ellos me observaban con sus miradas agitadas y extasiadas, sedientos de arrechera. Yo agarraba los pezones y pretendía estar excitado. Hasta que finalmente la pobre mujer se desmontó de encima mío y logré respirar. Después de unas cuantas horas, y con la noción del tiempo totalmente perdida; levanté la mirada y no vi mas que putas y ñeros a mi alrededor, pero ni un rastro de caras conocidas. Totalmente confundido con los ojos vidriosos y la cabeza flotando me levanté angustiado y salí corriendo de ese chuzo.

La luz golpeó mi rostro rendido,y agitado comencé a caminar por ese andén sucio, sucio de personas , de calle , un peligro de hueco. Al no saber para dónde coger me vi débil, diminuto, un cuerpo extraviado dentro de un mundo carnívoro. Las lagrimas comenzaron a rodar por mi rostro,cada vez más rápido, cada vez más fuerte. Y si, todos me observaban, me juzgaban con sus ojeras de recién despertados . Cómo era posible encontrarme tan perdido y confundido en ese punto de mi vida, después de haber recorrido tanto, ya con esa edad. A lo lejos ,como por obra de dios , ahí estaba , una gasolinera. Corrí con mis piernas agotadas , y mis pulmones tosiendo humo y desaforadamente comencé a pedir ayuda, que me encontraba perdido.

Hasta el día de hoy recuerdo mi conversación con Alfonso, ay Alfonso un ángel en tierra, que suerte tienen o tuvieron tus hijos. Me brindó café, y conversó conmigo mientras yo lograba explicarle mi situación y mis miedos. El no entendía como a esa edad mía, ya con 19 años, me encontraba en esa situación . Y yo estoy de acuerdo, que inmadurez y falta de cabeza.

Y al llenarme el vaso de icopor con más de ese café oscuro y amargo, me dijo algo que nunca se me borró de la mente. Me miró fijamente a los ojos, esos ojos cansados, tristes y vidriosos , y con su rostro paternal dijo " veo por tu cara que no eres de mala familia, no pareces de este mundo. Piensa hijo, recapacita así sea para ser administrador de herencias, porque más de uno de familias distinguidisimas rondan por debajo de ese puente que ves al frente; pegados a un vicio, amarrados a su fin. Ama y aprovecha a tus padres, que al final son lo mas preciado que tenemos." Mis ojos ya estaban hinchados de tanto llorar, y con cada palabra que Alfonso sacaba de su boca, mis ojos se convertían cada vez más y más en un mar de lagrimas. Lo que el no sabía era que para mi ya era muy tarde. Que ya había cometido el peor error de mi vida. Que al fin y al cabo me olvidaron, se cansaron de mi. Yo no los culpo, tuve un millón de oportunidades para quedarme, pero el vicio me hundió en su trampa.












Aug. 17, 2019, 1:52 p.m. 0 Report Embed 3
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