El fragmento roto de la ironía. Follow story

aldec01 Aldeco René

Tenerlo todo y no conocer nada, dudar por temor y guardar silencio a cambio de la verdad.


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El fragmento roto de la ironía.

Como extraño a aquella maldita bruja que sonreía mientras yo miraba sus manos temblorosas, esa anciana que babeaba antes de besar mis pulgares y mostrarme aquel par de parpados bordados por la mano mediocre de quien ella creía Dios. Estaba enamorada de mí y yo, pues, la necesitaba; naturalmente era su único guía entre las sombras, un par de botellas y frascos vacíos. Ambos solíamos caminar muy cerca de aquello que ella nombraba “gama”, creo que se refería al viejo lugar donde se desprendía un olor repugnante y, en el cual se postraban un par de cruces viejas de madera. Jamás supe el nombre de la vieja, ni cuando llegué aquí lo pregunte por cortesía ni mucho después lo are por costumbre. Siempre me pareció despreciable tener que acompañarla mientras sujetaba su mano delgada con la piel pegada a los dedos, solía recargar todo su peso al pisar con el pie derecho mientras dejaba escapar una nueva maldición a todos aquellos que murmurar a su espalda.


-¡Todos son unos pendejos¡ -Me decía mientras apretaba fuertemente mi mano y daba un tirón de ella para seguirle el paso-.


Su espalada encorvada se mecía al andar, al no mirar claramente casi nada parecía conocer exactamente la distancia entre su casa y cualquier lugar, particularmente si se trataba de elegir un buen whisky. Sus zapatos se ensanchaban por sus pies grandes y su caminar inestable, no podría decir que vestía bien o mal, casi siempre utilizaba vestidos largos que complementaba con un suéter color gris rata. Paseaba de un lugar a otro sin alejarse mucho de casa, la gente de las cercanías la conocía muy bien y era por ello mismo que nadie tenía el valor de dirigirle un saludo, tal vez no lo hacían por miedo o por el detalle de evitar ser insultados por alguien viejo y sin importancia. En lo personal cada vez que ella me acercaba a su rostro para decirme algo, giraba mi cara a manera que mi nariz quedase lejos de su boca, ya que esta emanaba un aroma que me revolvía el estómago.


-Ve con el estúpido tendero y dile que te de un sobre de té limón- me ordeno-.


-No tengo dinero- conteste dirigiendo mis palabras al lado contrario de su rostro.


-Todo lo que sea pedido de mi parte a ese viejo estúpido esta pagado, así que tráeme de una vez lo que te pedí. Después tienes que ir con el carnicero a que me mande Sirloin y por último iras con el boticario por un paquete que ya tiene preparado para mí. Hable por teléfono con el esta mañana y le dije que un mocoso pasaría a recogerlo, así que apresúrate que no puedo estar mucho tiempo parada. Diles que es para la señora Cristina


Me apresure a hacer lo que me había ordenado, cruce la calle hacia el lado contrario de donde nos encontrábamos y encontré al tendero en su habitual lugar mirando su celular mientras sostenía un cigarrillo entre los labios. Aquel hombre no parecía tener preocupación alguna y mucho menos deber algo a aquella vieja agria y frustrada, así que me dirigí a él:


-Buenas tardes señor, podría darme un sobre de té de limón para la señora Cristina.


El hombre volteo hacia mí desenvainando una mirada llena de temor, aún mantenía el cigarrillo en sus labios y chupo una gran bocanada que mantuvo dentro de su boca por unos segundos para después escupirla al toser. Tiro lo que restaba de su vicio al suelo y lo piso, paso una mano sobre su barba y rápidamente trajo un pequeño sobre para preparar la bebida que le había dicho.


-¿Ella está aquí?- Pregunto mientras se asomaba por aquel hueco que le permitía despachar y miraba de derecha a izquierda.


-No, me ha dicho que solo viniese por esto, que estaba pagado.


-¡Desde luego!- Afirmó al intentar encender otro cigarrillo con aquel pulso tembloroso, haciendo sonar la caja de cerillos como sonaja-. ¿Te ha pedido otra cosa?


-Solamente esto, muchas gracias.


-Si necesita algo más házmelo saber por favor, esa pobre vieja necesita de nuestra ayuda. Hace ya mucho tiempo que no tengo el gusto de verla en persona, salúdala de mi parte y recuerda que estoy a sus órdenes.


Tanto servilismo me pareció exagerado, aquella mujer solo era una más en este pueblo. Pero por alguna razón la gente de por aquí le tenía mucho respeto y, casi siempre que solía hablar con alguien respecto de ella preguntaban si tenía alguna deuda para tener que acompañarla. Naturalmente no sabían el cómo había llegado a su lado, ya que por desgracia no fue elección mía el que mi madre se largase con aquel hombre en una vagoneta. Aun suelo recordar lo que dijo a la vieja antes de irse: “Quédatelo, te servirá bien y así no tendré que seguirte ayudando en nada. No sé qué mierda te debían mis padres, pero estoy segura que este mocoso saldara su deuda y me dejaras en paz”. Después, sin despedirse de mí subió el auto y aquel sujeto le lanzo una cerveza y bajo su blusa dejando al descubierto sus pechos, ambos rieron y desaparecieron en el camino revuelto en el polvo.


Retome mi andar y me dirigí a la carnicería, nunca me había presentado en aquel lugar ya que comúnmente los víveres lo llevaban a la casa de la anciana y los dejaban fuera de la puerta para que después yo los recogiera y acomodase. Un joven estaba sentado detrás de la vitrina que exhibía unos cuantos cortes, ensimismado mirando uno de tantos programas pasajeros que husmean en la vida de otros. No se había percatado de que yo estuviese mirándolo justo a su lado derecho, se encontraba totalmente capturado por el morbo y poco importaba lo que sucediese a su rededor.


-Hola- salude en tono bajo para evitar asustarlo-. ¿Podrías ayudarme?


Atónito, aquel muchacho dio un salto en su silla y volteo en sentido de mi voz.

-¿En qué puedo ayudarlo?- lanzando aquella pregunta con formalismo al no saber de quien se trataba exactamente.


-Vengo a recoger un pedido para la señora Cristina- respondí al recargarme en la vitrina y querer husmear más allá-, me han dicho también que ya está pagado.


-¿Cristina?- se preguntó a si mismo al mirar al techo-. ¿Te refieres a la anciana loca que vive en aquella enorme casa? De ser así, ahora comprendo la cara de mi papá cuando hablaba por teléfono en la mañana. Imagine que vendría alguien mayor, en fin, déjame traer tu encargo.


De nuevo se repetía el asombro en un pasado que nadie se atrevía a profanar, no solo era el tendero quien titubeaba sino también el padre de aquel joven. Lentamente y después de tantos años, las dudas que habían sido sembradas florecían desesperadas y se expresaban en semblantes extraños y temerosos. ¿Es que acaso toda la gente del pueblo está en deuda con la vieja? Puede que solo sea una casualidad que estos dos hombres no hayan podido saldar un préstamo o una hipoteca, que importa. Continuaba imaginando conjeturas entre decenas de rostros que giraban a mi rededor, especulando que podría deber alguien para no dar siquiera la cara.


-¿Oye? -me interrumpió en el hijo del carnicero al regresar con un pequeño paquete envuelto en aluminio y en una bolsa de papel-. Esto lo dejo mi padre dentro del frigorífico, no sé exactamente que sea pero dentro tenía una pequeña nota en tinta roja que decía Cristina.


-Gracias- respondí meramente por cortesía y desenvainé una ligera sonrisa.

Salí de aquel pequeño local dándome cuenta que habían pasado casi diez años desde que servía a la vieja y nunca me había agradecido nada, aunque claro, no me faltaba nada. Poco me importaba la compañía de ella, tenía a mi disposición una enorme biblioteca con cientos de compañeros que educaban mi conciencia y me hacían dudar de todo. Indagando en las mentes más brillantes nacidas antes de su propia era, sumergido entre un mundo de sueños e ironías al observar mi sombra desaparecer de vez en cuando. Retome el viejo camino que solía llevar de regreso, uno que otro transeúnte fumaba con el rostro gacho y ciertos locales iban cerrando al mirar de reojo a la luna. Solo me faltaba pasar con el boticario por algún medicamento, es normal que aquella mujer necesite cuidar su salud en aquella edad.

Aug. 13, 2019, 1:41 a.m. 0 Report Embed 0
To be continued...

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