Un Sueño No Realizado Follow story

luischb LUIS CHAVEZ

Este es un ensayo literario que muestra como el entusiasmo, la tenacidad, el esfuerzo y el cariño hacia su hermano, apoyan a un joven deportista para ganar el campeonato.


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Ensayo

Un Sueño No realizado

Por L. Chavez B.


Parado de cabeza, con los pies rectos al aire como un mástil y sosteniendo mi cuerpo sobre las palmas de las manos, yo hacía un esfuerzo por mantenerme erguido mientras que apretaba los dientes para tratar de guardar el equilibrio sobre la plataforma de clavados de diez metros. Desde lo alto de la plataforma se podía mirar la poza de clavados como si fuera una bañera, lo cual hacía a uno pensar que había el riesgo de caer fuera del agua.

Controlando la respiración y repitiendo en mi mente una y otra vez el orden que debía seguir para la ejecución de este clavado, yo intentaba concentrarme; sin embargo, hoy no podía apartar de mi memoria los recuerdos de mi hermano que, como imágenes vivientes, apresurados venían a mi cerebro. Años atrás, Daniel se había convertido en mi instructor de salto, en mi guía, en mi amigo y en el mejor paradigma de mis sueños.

Los muchos anhelos que yo tuve cuando niño, se fueron enlazando con los de él para lograr hilvanar la trama de mi propia vida. Hoy es difícil volver sobre mis pasos y encontrar aquellos que realmente definieron mi existencia, ni aunque removiera el polvoriento baúl que guarda todos mis recuerdos.
Quizás mi primer sueño fue nacer, o tal vez vivir en este mundo, en este tiempo, llevando con orgullo la marca de mis padres y aquel ejemplo de mi hermano, a quien yo quería imitar en todo.
—Miguel, ¿quieres venir para verme entrenar en la piscina? —me dijo un día mientras echaba sus cosas en el maletín para encaminarse al deportivo.

Emocionado, no pude rechazar aquella invitación que yo había estado buscando desde hacía ya mucho tiempo. Mientras que él me platicaba con lujo de detalle todos los ejercicios que realizaría en esa tarde, yo de inmediato me puse la chamarra y salí corriendo para acompañarlo. Mientras que juntos caminábamos sobre la acera, él me contaba de su entrenamiento, de sus maestros, de cómo se debían de poner las manos en el agua en el momento de caer y de cómo se debía girar el cuerpo en el aire para controlar bien la caída.

Esta era la primera vez que me llevaba al centro deportivo para que yo lo viera como se lanzaba desde lo alto. Cuando lo vi haciendo piruetas y giros en el aire como si quisiera volar al infinito para luego sumergirse por completo, me quedé completamente atónito, sin habla, ¡Era mi hermano! En ese momento sentí que pude descubrir la luz estando en un mundo lleno de tinieblas y me daban ganas de gritarlo a todo el mundo. ¡Mi hermano es un campeón!

Desde entonces, asistí con toda regularidad a sus entrenamientos y a algunas competencias escolares con mi madre, mi hermana y Juan, un amigo con quien compartía sus cuitas, persiguiendo a las chicas de su edad. Ambos estudiaban en la misma escuela y hasta tenían los mismos gustos, hablando de mujeres y de música.
—La primera medalla olímpica que gane, te la voy a dedicar a ti Miguel. Ese es mi sueño —me dijo un día muy emocionado.
— ¡Sale, hermano! entonces yo también voy a entrenar bien duro y la primera de oro que me den será para ti. Por algo me estas enseñando, ¿o no? —le respondí contento.
— ¿Eso es un trato Miguel? —me preguntó sonriente y chocándome la mano le contesté.
—Es un trato Daniel.

Cuando cumplí mis catorce años, Daniel tenía ya diecinueve, sin embargo, gracias a él comprendí que en la vida existen planes, sueños, como esos sueños fugitivos que él siempre persiguiera sin cesar. Cuando supe que su sueño también era mi sueño y que una medalla para él, sería una medalla para mí, ese día yo mismo me obligué a cumplir con mi promesa. Así seguí entrenando sin descanso y, buscando afanoso el rumbo de mi vida, pude escuchar mi corazón en el silencio decirme: “lo has logrado”. Dos días después me hablaron del centro deportivo.
—Señor Miguel Díaz, habla el director del centro deportivo para informarle que el comité olímpico lo ha elegido para participar en la próxima olimpiada.
¡Fui seleccionado para las olimpiadas! No lo podía creer, me habían seleccionado para representar a mi país como lo hiciera mi hermano cuatro años atrás. En ese momento no supe ni que responder, la noticia me dejó estupefacto y lo único que dije fue.
—Gracias señor, ahí estaré.

Ahora, desde esta plataforma donde estoy preparando mi último clavado, estoy obligado a dar mi mejor salto, el salto de la vida, ese salto que me podría sacar de competencia, o me subiría al primer lugar. Me recosté un instante sobre la mojada plataforma, respirando profundo para relajarme. El tiempo para el salto transcurría, pero yo no dejaba de pensar. La vida me había mostrado su valor, me había enseñado a convivir con otros seres, con los otros compañeros de mi viaje, esos que hoy siguen viajando conmigo en este mismo tren.

Mi hermano y mi mamá pedían a Dios que en el tablero apareciera la tan deseada calificación; pero, su pensamiento era tan fuerte que resonaba en mis oídos igual que los gritos de la gente que seguía la competencia.

Después de unos segundos de concentración, nuevamente me apresté para lanzarme. Erguí mi espalda en forma vertical para mantener los pies unidos en lo alto y miré la poza de agua azul que, tibia e indiferente, me esperaba. Cuando dejé caer mi cuerpo en el vacío, pude escuchar el aire al chocar contra mi cara y me dio la sensación de que el tiempo se alentaba, como si se hubiera puesto de mi parte para que yo realizara con calma mi rutina que tantas veces practiqué.

Eché mi cuerpo hacia adelante para iniciar el giro y dar dos vueltas sobre la cintura. Luego perfilé la vertical con las manos extendidas sobre mi cabeza, hasta lograr zambullirme por completo. Todos los ruidos se apagaron, solo un largo murmullo de burbujas que resonaba en mis oídos, distorsionaba los gritos y las voces de las gentes, mientras mi cuerpo descendía. Cuando mi entrenador me ayudo a salir de la piscina, aún se escuchaban los aplausos en las gradas.
Cuando pusieron las calificaciones de los jueces, mucha gente aplaudió y otros abuchearon, el total mostrado en el tablero indicaba 398 puntos, con lo cual superé al más cercano de los competidores
.
—Señoras y señores, —se escuchó en el sonido principal—, el campeón mundial olímpico de clavados en plataforma de diez metros es: ¡Miguel Díaz Torres!

Yo había ganado la medalla de oro, el triunfo me aturdió a tal grado que me quede como una estatua, las lágrimas seguían saliendo de mis ojos mientras que todos me felicitaban, tardé algunos minutos antes de recuperarme de aquel impacto memorable, para después saludar a mi entrenador con un abrazo. Aquel momento fue algo verdaderamente indescriptible, sensacional y emotivo.

—Felicidades Miguel, lo has logrado, tu sueño se cumplió. Daniel, tu hermano y tu familia deben estar muy orgullosos. —me dijo el instructor emocionado.

Apenas terminó la premiación, corrí apresurado hasta donde mi hermano y mi madre me esperaban. Mi padre emocionado salió a mi encuentro y me abrazó, luego mi hermana y mi madre se abalanzaron sobre mí para besuquearme. Yo me quité la medalla del cuello y, lentamente, avance hasta la silla de ruedas de Daniel que me esperaba con una gran sonrisa.

—Daniel, hermano, aquí tienes tu medalla, tu sueño está cumplido. —le dije mientras me inclinaba, colocándola en su cuello.
—Felicidades Miguel, ese era tu sueño, ¿recuerdas? Los dos hicimos la promesa y tú sí la has cumplido. Hace cuatro años que mi sueño se truncó cuando mi espalda se pegó contra la plataforma, dejándome lisiado mi sueño.
—Pero, Daniel, hermano, recuerda que yo la he ganado para ti, tú me enseñaste todo lo que sé, me diste tu experiencia, me diste tus anhelos, y yo heredé tu sueño —le dije mientras que el agachaba la cabeza.
—Miguel, el mío fue solo un sueño, un sueño no realizado. —y sin más se echó a llorar, mientras que todos lo abrazamos con ternura.

Fin

Aug. 6, 2019, 10:31 p.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

LUIS CHAVEZ Persona sencilla, enamorado del campo y de la naturaleza, sensible a los acontecimientos sociales, soñador que ama la vida, a la familia y a la gente con quien ha compartido ilusiones. Ama la música y la convivencia, su ilusión es el poder manifestar en su escritura una forma de mirar la vida,

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