Antes del aquelarre. Follow story

aldec01 Aldeco René

Escapa, huye lo más lejos que puedas antes de que todo comience. Todos ellos lo sabían y por eso te han dejado, jamás fuiste valiente sino solo un sacrificio


Horror All public.
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Antes del aquelarre.

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Nuestro subconsciente suele jugar con la naturaleza de los sueños recreando horrores más allá de la comprensión, aberraciones sin interés carnal que buscan el origen del todo a través de los eones. Lugares construidos por civilizaciones olvidadas en tierras ajenas a nuestra era, recordados únicamente por aquellas mujeres que no fuimos capaces de comprender y que ahora intentamos encontrar desesperadamente entre las cenizas.



Encontrábame en un pueblo de aspecto medievalista vestido con las prendas más sencillas que alguna vez se hayan podido portar con un gramo de decencia, el espectáculo de las personas que pasaba a mis costados era tan demacrado por la inanición que no podía controlar las náuseas. El viento se mezclaba con el hedor de la venta de alimentos en estado putrefacto y todo aquello torturaba mi vista en cada visera extraída. Traté de alejarme de aquel lugar de los sin olfato, seguiendo a una multitud guiada por la voz de un hombre en busca del sustento diario para sí y para los suyos mientras gritaba:


- Hermanos, debemos salir en busca de alimentos y todo lo indispensable para nosotros y principalmente para nuestros hijos. No podemos seguir así, a duras penas las cosechas crecen y el agua del rio se tiñe de rojo por los peces muertos; los pocos que aún tenemos animales cada día los vemos más raquíticos y no sabemos con exactitud cuándo es que vuelva a llover. Todo aquel que este conmigo que me siga, porque yo no solo pienso en el bienestar de mi familia sino también en el de mi pueblo. Pero alguien debe quedarse y cuidar el pueblo en nuestra ausencia, no sabemos cuánto habremos de tardar, pero aquel que lo decida debe reflexionarlo muy bien.


Sin tener la más mínima idea del porque tenían tanto miedo a quedarse a solas levanté mi mano y me propuse, las personas con asombro me miraban y se miraban, pero la decisión finalmente fue aceptada. Cayó la noche y las calles estaban completamente a solas y en total silencio, ciertas luces danzaban fuera de aquellas puertas en donde algún chiquillo hubiese olvidado algún juguete para después desaparecer al oír abrir y cerrar unas tijeras. Al amanecer, las pocas personas que yo pensaba conocer me preguntaban si en verdad deseaba quedarme a solas en este pueblo de las brujas.


- ¿Brujas? - Decía yo mientras reía-. Tan solo son mujeres que malinterpretan por sus costumbres. La idea de quedarme a solas me parece excelente, por un momento descansare del constante balbuceo de decenas de voces ignorantes.

Al escuchar mi respuesta me daban la espalda en signo de descontento y se alejaban balbuceando algún insulto, escupiendo alguna oración o movían la cabeza de un lado a otro.


Al atardece, tal y como se había acordado, saldrían en busca del sustento mientras cierto conjunto de voces chismorreaba respecto a mi decisión actual. De pronto, el hombre que pronuncio aquel discurso se acercó a mí y dijo en una actitud seria y no muy cordial:


- ¡Por ningún motivo quiero que te acerques a la iglesia! - Mientras la multitud que lo acompañaba repetía al unísono.


-Claro -conteste-. Y lo único que pude ver después de ese momento fue la espalda de cada uno.




Aproximadamente a las seis de la tarde mientras me paseaba a solas por las calles, el viento acariciaba mi rostro y el atardecer aparentaba sonreírme. Continué así, disfrutando de un silencio que había deseado desde mi última y criticada decisión. El sol comenzó a extinguirse por detrás de las montañas y la noche cubría con su manto todo aquello lejos de las hogueras. Recordando la tradición de este pueblo sin prosperidad, vinieron a mi memoria aquellas advertencias de no permanecer en las calles después de las once de la noche e imagine que tan solo eran supersticiones, decidí continuar con mi recorrido. Fue cuando de momento a otro la temperatura dio un cambio radical, el viento se volvió frio y el cielo no pintaba estrella alguna; la luna se bañó en la sangre de aquellas memorias muertas y las sombras aparecieron repentinamente. La esperanza soltó mi mano alejándose de mi sin siquiera mirar atrás, cada uno de mis bellos se erizo al observar la calle en que me encontraba perderse en un abismo. Corrí mientras me alejaba de todo aquello que estuviese por venir, chocando o tal vez tropezando mientras mi único testigo era aquel miedo que me mantenía vivo,


Lejos de aquel sendero del pánico, me dirigí sin certeza hacia un conjunto de chozas que rodeaban una vieja casa repleta de ventanales antiguos en compañía de un largo balcón con sus correspondientes escaleras metálicas a sus costados. Cerca de aquella estructura observe a una anciana vestida de blanco, subí lo más rápido posible tratando de llegar a la seguridad de aquella presencia mientras aun creía que la edad de todo ser humano representa la sabiduría del presente. Agitado y casi sin aliento por fin me encontraba a un paso de aquella dama que mantenía su vista fija hacia el lado derecho del infinito, su rostro demacrado se revelo al girar hacia mí dejando al descubierto aquellos pómulos oscuros sostener un par de ojos grises, su cabello blanco caía mojado y sus pies descalzos movían esporádicamente los dedos. Aquella mujer tomando muy poco en cuenta mi presencia dijo:


-Ya está aquí-.


Al terminar de pronunciar aquella frase introdujo el dedo índice de su mano izquierda en la boca y rasgo su paladar, repitiendo aquella oración y mordiendo sus dedo mezclaba la sangre con la de su boca. El aliento escapo de mi alma por culpa de aquel espanto que no ardía aun en el infierno, me aparte de aquel ente mientras caía de espaldas en un desesperado intento por escapar. Recobre rápidamente el equilibrio y de nuevo corrí, me dirigí al lado en el que en un principio miraba aquella aberración tratando de alejarme todo lo posible, pero mi esfuerzo en un mismo sentido volvía más fuertes sus palabras. Jamás habría deseado voltear, pero la duda del saber si continuaba detrás de mí me consternaba, gire mi rostro y observe como aquella abuela permanecía postrada en el mismo lugar estirando sus esqueléticos brazos en dirección mía. Devolví mi rostro hacia el frente y mí vista observo a una chiquilla que sostenía un pequeño plato sobre sus manos mientras con la cabeza gacha desaparecía el vapor de la comida. Al quedar a tan solo un paso de ella, cual sería mi asombro al observar aquel espacio destinado a cuatro de los principales sentidos vacío. Horrorizado ante aquel monstruo resbale en un desesperado intento por detenerme, mientras trataba de incorporarme a esta nueva realidad una voz infantil me pregunto:


- ¿Aun está fresco, no gustas? -.


Ahogando un grito por la desesperación comprendí que no tenía a donde correr, que ambos lados de aquel balcón estaban cubiertos por criaturas lejos de cualquier fantasía. Gire mi rostro hacia la izquierda buscando una escapatoria, examinando temblorosamente algún camino que me llevase fuera de este laberinto de los muertos. Mi corazón parecía escapar en un alterado intento por alejarse de la perdición mientras a la par una gota de sudor se introdujo en mi ojo izquierdo. Recupere el aliento y me apoye sobre mi brazo derecho, me levante y esforcé mis piernas más de lo que podrían resistir. Llegue al fin al lado contrario y descendí rápidamente por las escaleras admirando todo un paisaje en ausente de sensatez, sostuve por un momento el pavor y me detuve, mire aquella casucha dueña de mis nuevos horrores regalarme un último espectáculo. En los barandales del pasillo la pequeña de la cual había huido estaba parada sobre ellos, recta mientras estiraba sus brazos con aquel plato en las manos tiro el contenido y después aquél contenedor, admiro por un segundo el horizonte para después arrojarse en la misma dirección de sus utensilios. En el momento en que la vi caer no soporté llegar al término de dicha atrocidad y di la espalda a aquel suceso. Retome mi camino sobre mis propias huellas, grite por ayuda mientras el viento se llevaba consigo toda mi desesperación, golpee puerta a puerta en una insignificante oportunidad de encontrar algún rezagado por la pereza, pero ninguna presencia de cordura parecía darme respuesta; quería vivir y no buscaba respuestas de nada.


En mi alterado escape me encontré de frente con la entrada principal al pueblo y aceleré mi voluntad, incontables voces comenzaron a forcejear en mis oídos desesperadas por inculcar una nueva fobia. Si detener mi marcha me mantuve firme en llagar a aquel destino y gritar:


- ¡Ayudenme!


Cubrí mis oídos implorando que aquellas voces callaran al observar la tierra que estaba a punto de pisar, las palabras desaparecieron como si algo o alguien las hubiese asustado. Interrumpí mi acelerada huida y permanecí inerte en el mismo lugar; silencio total. Mire sin observar lugar alguno, desesperadamente intente comprender que acababa de suceder, pero nada me daba las respuestas. De pronto, un entonado coro repetía en elogio:


- ¡Abade... Abade! ¡Abade... Abade!


- ¿Y ahora qué? -Me pregunte-.


Aquellas enormes puertas cedieron ante la presencia de decenas o tal vez cientos de monstruos gimientes, entidades sin sombra y ajenas al olvido. Entonaban el mismo vocablo en coro terminando en un asqueroso sonido gutural, de nuevo se apodero de mí el pánico, todo mi cuerpo temblaba mientras aquella multitud de espectros tiraba de dos sogas que arrastraban fuera un ente prisionero en el infinito. Nada de lo antes sucedido podría comparase con lo que estaba por ocurrir, la multitud entonada estaba por terminar su esmero y no podría describir con exactitud cuántas formas nunca antes vistas me hicieron amar todo lo que había perdido, porque en mi parálisis de comprensión era preferible huir que detenerme a seguir admirando algo que nunca podría comprender. Caí de rodillas y me arrastré en la misma posición apoyándome sobre la palma de mis manos, retrocediendo ante aquellas bestias que helaron la sangre. Trate de escabullirme por una puerta lateral que se conectaba rumbo a las cosechas, me incorpore frenéticamente tratando de no perder el equilibrio, pero de aquel calculo desesperado brotaron las lágrimas de mi alma. En medio de aquel nuevo terreno fui bruscamente detenido por una carroza, dirigida por un sujeto que era el completo ejemplo de aquel cuerpo que pierde su esencia mientras deja su voluntad al servicio de quien la ha comprado. Intente subir comprendiendo que tal vez era la hora de llegar por fin al límite, de llegar al final de todo esto, pero al intentar poner el primer pie dentro me encontraba de nuevo pisando el suelo. Repetí la misma acción una y otra vez, sin tener destino destino alguno.


Las voces, los cantos, las risas y toda esa infinidad de sombras que escapaban del olvido se esforzaban frenéticamente por llegar a donde me encontraba. En este momento no podría describir a que grado llegaba mi temor, sentía el cuerpo tan pesado que parecía estar paralizado. Intente desesperadamente realizar algún movimiento, pero mis músculos se negaban a obedecer. Traté de gritar, pero mi voz parecía nunca haber existido, me encontraba sofocado ante la presencia de miles de almas que estaban dispuestos a cavar mi tumba, perdí por completo la esperanza e intuí que ya no había más que hacer. Repentinamente recordé que me encontraba cerca de la iglesia y el campanario me ayudaría a poder pedir auxilio, fue así, como en un desesperado intento de perpetuar mi vida sustraje energías que mi cuerpo reservaba para poderme permitir respirar, pero estaba determinado. Cojeaba ante el recuerdo de cada caída, sabía de ante mano que no podía detenerme, si en algún momento me decidía por hacerlo no habría vuelta atrás. Sentía justo detrás todas aquellas presencias y el aliento de cosas que no debería conocer.




Al fin me encontraba frente a la soga que tiraba de la campana de aquella maldita iglesia, la sujete con mis manos sudorosas y llenas de tierra para comenzar a tirar frenéticamente en un desesperado intento de hacerme oír aún más allá de los alrededores. La campana repicaba tan desordenada y estruendosamente que los cuervos o algún tipo de ave que anidaba en el punto más alto volaron despavoridos. Tiraba con más fuerza de la soga mientras en un fallido intento por gritar irritaba más mi garganta, tiraba y secaba mis lágrimas con las manos sucias. Respiraba con dificultad mientras mayor era mi esperanza de conseguir ayuda de la nada y escapar de esta tierra de nadie. Observe que todo a mi rededor era un terreno en el olvido, mientras a lo lejos una niña y un niño llegaban tranquilamente caminando. En tan solo un instante se encontraban frente a mí aquel par de chiquillos, agache el rostro para observarlos y tan pronto como mi vista se posó en ellos ambas criaturas cubrieron sus caritas con las manos y dijeron:


- ¿Por qué no nos quieres? -Pregunto el niño-.


- ¿Por qué no juegas con nosotros? -Chillo aquella pequeña-.


Moví mis labios sin producir el más mínimo sonido, tire y volví a tirar de aquella soga en un último intento de esperanza pero nada de lo que esperaba sucedía. Continué presenciando el mismo acto: las sombras, las risas, aquellos cuerpos forjados en dimensiones incomprensibles y en un tiempo que no se mide en minutos o segundos. Tire nuevamente pero el resultado continuaba siendo el mismo, fue así que comprendí que ya no me encontraba en la realidad sino en un pasillo del infierno. Podía observar como las brujas salían de sus escondrijos al encuentro de mi desdicha. Todo ente se sumaba y negaba a la prosperidad un poco de esperanza, solté aquella soga, alce la frente y espere con tranquilidad a que las sombras me cubrieran con su manto.

July 26, 2019, 4:46 a.m. 2 Report Embed 1
The End

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Lihuen Lihuen
Muy buen relato en especial el final es escalofriante
Aug. 14, 2019, 8:28 p.m.

  • Aldeco René Aldeco René
    Mucho gusto Paola Stessens, me alegra que mi relate te agradase pero aún hay ciertas detalles por corregir, espero puedas darle un vistazo a mis otros textos y a los que pronto publicare. Saludos desde México, pues de igual manera siempre es un placer leer a un hermano latino. Aug. 14, 2019, 9:37 p.m.
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