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Thomas dejará todo de sí para encontrar a un asesino. Samuel, un detective reconocido perseguirá incansablamente a Thomas en busca de encontrar esa verdad.


Crime All public.

#crimen #misterio #acción
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Sueños

—¿Es que nunca podemos estar bien?—preguntó.


En mi mente retumbaba la idea de tener que soportar nuevamente una conversación tediosa con aquella mujer. Siempre los mismo temas. Siempre los mismo problemas. Siempre todo. Todo era igual. Desde hace ya una década todo se había venido abajo.


—¿Es que nunca podemos estar bien?—volvió a preguntar Marilyn esta vez con un tono más enfurecido.
—¡No, nunca vamos a estar bien!—respondí sobresaltado.
—Siempre es lo mismo contigo. Siempre los mismos problemas. Siempre vienes a discutir conmigo por las mismas estupideces de siempre. No tienes reparo Marilyn y sinceramente ya me he cansado de eso.
—Yo no fuera así contigo si me hubieras dedicado más tiempo a mí que a ti y a tu incesante sed de gloria. Tú y tus sueños egoístas llevaron este matrimonio a la basura.
—¿Sueños egoístas?—pensé. Este no era mi sueño.


*****


Mi sueño desde pequeño siempre fue convertirme en un astronauta. Pasaba horas y horas viendo esos documentales de baja resolución que conseguía alquilados en una tienda de vídeos. Ahí mostraban lo maravilloso que era el universo y la majestuoso que era. Algo tan vasto y portentoso indudablemente tenía que esconder muchos misterios. Y sin duda yo sería aquella persona que los descubriría. O eso pensé hasta que me enfrenté a la dura realidad de quién era en realidad. Perteneciente a una de las clases sociales más bajas del estado, sin esperanzas algunas de salir adelante y carentes de significado alguno por la vida que les había tocado vivir. Y aún así desde muy pequeño mantuve intacto el sueño por convertirme en un gran viajero del espacio. Pero así como los sueños vienen así también se van. Y los míos se fueron a la edad de 12 años cuando mi madre murió. Una guerrera incansable que sacó a su familia adelante y que por muchos años mantuvo una incesante guerra contra el cáncer. Para el tiempo en que su enfermedad se hizo pública, era muy tarde. La batalla había sido perdida. ¿Y que decir de mi padre? Desde su juventud se había convertido en un borracho con experiencia. Y la muerte de mi madre fue el comienzo de su final. El dolor se apoderó de él y lo condujo a un sendero sin salida. Murió un año después de cirrosis. Había venido solo a este mundo y solo me había quedado. Mis tíos me acogieron moméntaneamente. No puedo decir que viví con ellos mis mejores tiempo pero al menos era mejor que quedarse solo. O eso seguía pensando, porque a pesar de no estar solo físicamente, si lo estaba por dentro. Mi alma se sentía sola. Y este abrumador sentimiento acrecentaba día tras día. Todos estos sentimientos conjunto con la presión escolar hicieron que me terminara retirando de la escuela a la edad de 15 años. Para ese entonces, se había esfumado por completo todo recuerdo de aquellos viejos sueños de explorar el universo. Ahora solo pensaba en el porqué. ¿Porqué me tuvo que pasar esto a mí? ¿Por qué a mí? De tantas personas que había en este maldito mundo, ¿por qué irremediablemente me había tocado vivir esto a mí? Cada uno de estos pensamientos hacían eco en mi mente y aumentaban mi dolor. Y esto a su vez ocasionaba que me alejara de aquellas personas que querían ayudarme. ¿Pero qué culpa tiene un niño de 12 años que todo lo ha perdido?


—Sé que no hemos sido la mejor compañía para ti Thomas. Sin embargo, yo y tu tío nos hemos esforzado para que te sientas bien con nosotros. Sabemos que no es fácil para ti pero sabes que puedes contar con nosotros para lo que sea—me comentó cierto día mi tía.
—No importa de igual manera. Solo quiero estar solo. No quiero a nadie cerca de mí—respondí cabizbajo.
—¿Quieres estar solo?—preguntó con ligereza.
—Definitivamente—respondí tratando de no llorar.


En definitiva no quería estar solo pero tenía miedo de seguir perdiendo a aquellas personas que me rodeaban. ¿Y qué otra manera de perder ese miedo que alejarme completamente de todos? Sí, así no tendría a nadie mas a quién perder. El adoptar ese pensamiento para mi vida solo hizo que viviera años y años de amargura. Lejos de las calles en la cual jugaban los niños, lejos de los parques y las atracciones y lejos de la cobertura de mis tíos que por tanto tiempo se habían esforzado para convertirse en una cálida compañía para mí. Había decidido renunciar a todo. A los 18 años cumplidos ingresé a la armada y decidí que en torno a esa decisión se iba a desarrollar mi vida. Al principio no fue un lugar agradable para el niño que llevaba por dentro pero esa era la idea. Tenía que abandonar por completo toda faceta de niño e ir a descubrir quién era realmente. Dentro de la armada desarrollé un carácter áspero para con los demás. Dicen que cuando entras ahí todo tu mundo cambia. Hasta la persona más sana y limpia sucumbe ante las presiones y el ambiente que se experimenta al entrar. El campo, la guerra, la sangre y la muerte, todo te termina cambiando algún día. Irremediablemente saldrás siendo una nueva persona aún cuando nunca hubieras deseado cambiar. Y supongo que eso me pasó a mí, pero para mí era diferente: yo si quería cambiar. Mis compañeros de cuarto eran todos iguales a mí: personas sin oportunidades, golpeadas por la vida y en extrema soledad. Pero a diferencia de mí, ellos no habían decidido abandonar su viejo yo. Sus mentes aún se aferraban a un sueño. Mantenían una falsa esperanza y eso a mi parecer los hacía débiles. Tarde o temprano terminarían sucumbiendo a la presión del lugar lo que ocasionaría que se retiraran de la armada y volvieran a refugiarse en sus antiguas y vanas vidas. Al finalizar mis años de servicio en la armada salí convencido de ir a buscar nuevos retos. Intenté presentarme en distintos trabajos y en cada uno de ellos salí rechazado. Al parecer el no tener experiencia alguna en nada iba a significar un gran problema en este mundo laboral. Nuevamente la realidad se hacía presente golpeándome por donde más dolía: mis orígenes. Ante toda esta problemática decidí ir donde mis tíos para buscar ayuda. La casa de mis tíos quedaba en uno de los sectores más humildes de la ciudad. Mi tía la había adquirido el día en que su padre la abandonó junto a mi madre. Ella había tenido mejor suerte que mi madre, por poco. La vida le ofreció mejores oportunidades que a mi madre y ella sola pudo sacar adelante a una familia y costesarse una humilde casa en un humilde barrio. No estaba enojado con ella, ni mucho menos tenía envidia. La vida es así después de todo: inexplicable, sin sentimientos y sin remordimiento. Al llegar toqué airadamente a su puerta y un señor de mediana edad me abrió la puerta. Era mi tío. Él a diferencia de mi tía no tenía las mismas ganas de verme. Consideraba que yo había sido un desagradecido toda mi vida con ellos, especialmente con mi tía.


—¡¿Qué haces aquí?!—preguntó mientras me lanzaba una mirada llena de rabia.
—Vengo a hablar con mi tía—respondí sin darle mucha importancia a su mirada.
—No se encuentra aquí. ¡Así que lárgate ya!—respondió rápidamente.
—No te creo nada. Quítate de una vez y déjame entrar—dije mientras tenía intenciones de entrar forzadamente por la puerta de aquella casa.
—¡No vas a pasar!—dijo mientras interponía su brazo impidiéndome así el paso.


Le lancé una mirada de odio la cual me devolvió rápidamente. En estos momentos había olvidado por completo quién era el tipo que estaba parado en esa puerta y en mí habían nacido unas ganas incontenibles de lanzarle un puñetazo. Mi convicción de pelear contra él era grande pero se amilanaba por momentos al reconocer la contextura de mi tío. Podía ser un hombre de mediana edad pero mantenía las fuerzas de un joven como yo. Yo perfectamente conocía también su carácter agresivo. Nunca había sido un buen "padre sustituto" para mí ni mucho menos un esposo ideal. De pequeño me había acostumbrado a las múltiples peleas que tenía él y mi tía, de las cuales siempre mi tía salía llorando porque el cobarde de mi tío tenía el atrevimiento de pegarle sin remedios. Mi tía había tenido un solo hijo el cual perdió de pequeño en un accidente de tránsito. El haber perdido a su hijo y soportar las agresiones de su marido hacían de mi tía una mujer triste. Su vida era triste hasta que pudo contemplar la oportunidad de cuidarme y adoptarme a mí como a su hijo. Ahora que lo pensaba bien, en cierto punto yo también contribuí a ese sufrimiento de ella al arrebatarle esa oportunidad que me había ofrecido.

—¿Qué pasa aquí? ¿Quién está ahí?—gritó sobresaltada mi tía desde adentro.
—¡Nada, sigue con lo tuyo!—gritó mi tío.
—¡No le hables así!—le grité a mi tío mientras lo empujaba hacia adentro.
—¿Qué te crees idiota? ¡Ahora sí que me las vas a pagar!—dijo mi tío mientras se levantaba con ganas de pelear.
—Acá te espero anciano—grité.


Hubiera sido una tortuosa y acalorada pelea de no ser por mi tía que se entrometió entre los dos.

—¡¿Estás loco Alfred?! ¿No ves que es Thomas?—le gritó mi tía mientras le miraba fijamente a los ojos.


Mi tío hizo las veces de levantarle la mano para darle una bofetada pero se arrepintió al saber de mi presencia ahí.


—¿Por qué sigues defendiendo a este malagradecido? Es un estúpido aprovechado.
—¡Cierra la boca anciano!—le grité.
—Alfred, te pido porfavor que entres y nos dejes solos. ¡Por favor!—le dijo mi tía mientras le miraba cariñosamente a los ojos.


Mi tío finalmente decidió entrar no sin antes lanzarme una mirada desafiante.


—¡Así es anciano, lárgate!—susurré.
—¡Thomas, hace rato que no te veía! Te extrañe tanto—dijo mi tía mientras me abrazaba y lloraba.
—¡Yo a ti!—le dije mientras la abrazaba también.
—Y dime, ¿qué tal te ha ido? ¿Qué has hecho? ¿Cómo ha estado tu vida?—dijo toda emocionada.
—Necesito dinero. No he podido conseguir trabajo y lo poco que me he ganado en recompensa por mis años de servicio a la armada ya me lo he gastado. Entonces necesito que por favor me ayudes con esto—le dije a mi tía mirándola fijamente a los ojos.
—¡Oh, entiendo! Conque es eso.
—Tía, realmente lo necesito. No quiero seguir molestando. No quiero que el imbécil de Alfred te vaya a pegar por esto ahora.
—Thomas, quédate sí. No tienes necesidad de seguir divagando por ahí—me dijo con ojos llorosos.
—Quiero estar solo.
—Está bien sabes. Estar solo no siempre es malo—dijo ella.
—No entiendo a qué te refieres—le dije.
—Cuando estamos solos tenemos la oportunidad de pensar en nosotros. Pensar en qué queremos, pensar en sí la vida que hemos estado viviendo es la que queremos vivir y sobretodo pensar en sí vale la pena seguir luchando por esta vida que vivimos. Muchas veces he estado sola Thom y he sentido muchas veces la soledad a mi lado. He llorado y he inundado la cama con lágrimas. Pero si algo he aprendido de la soledad es que nos ayuda a reformularnos. Saca la mejor versión de nosotros al querer levantarnos y seguir adelante porque después de todo la soledad es esa etapa de transición a un lugar mejor.


Al terminar esas palabras mi tía se acercó nuevamente a mí y con ojos llenos de amor me brindó algo que por tanto tiempo extrañé: amor.


*****


No, definitivamente este no era el sueño que yo había querido vivir. Miré a Marilyn y ví en sus ojos desesperación y angustia.


—¡Me voy!—le dije.
—¿A dónde vas Thomas?—respondió inmediatamente.
—Al bar.














Aug. 19, 2019, 3:17 a.m. 0 Report Embed 0
To be continued... New chapter Every Sunday.

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