Lobos Follow story

deaddog12 Andrew Lopez

“¿Que son esos alaridos? ¿Qué se esconde allí entre los pinos? ¿Lobos? No, no puede ser. Digo, si puede ser, pero no lo sé. Son de animal, estoy seguro, pero tiene algo más anormal. Algo que nunca he escuchado antes. Tengo miedo, papá.”


Horror All public.

#misterio #295
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¿Lobos?

Sus ojos miran inquietos a la tremenda dentadura blanca del bosque en nieve.

— ¿Qué es eso, Papá?—Pregunta el niño, incomodo.

—Ah, solo son lobos. Deben de andar en manada.—El padre alza el hacha y lo descarga riguroso que una gruesa leña se divide en dos.

¿Una manada de lobos? Pero aquello no se parece en nada a los aullidos, al unísono y frecuentes, que escucha a altas horas de la noche. Somnoliento se levanta, turbado y temiendo que aquellos animales lo observaran con sus brillantes ojos a la luna y luego se metieran a la fuerza. Pero aquel tumulto es diferente. Tiene algo de animal esos alaridos, eso es seguro, pero tiene algo más. Algo familiar pero distorsionado. Tiene algo de humano…

—Tengo miedo, Papá.

—¿Qué?—el padre tiene aire recio, típico de un leñador formado en las montañas.

—Vamos. Que no te asusten. Están confiados por que andan en grupo. Por eso hacen tanto alboroto. Pero no se nos van a acercar. ¿Sabes por qué?—El padre deja el hacha clavada firmemente, toma el 7x57 Mauser recostado en la pared y lo carga con sonrisa sardónica. Como si estuviese haciendo una pose para la portada de “Outdoor Life”—. Porque le tienen miedo a este bebe. Ya verás cómo se callan.

Se dirige al bosque y se detiene a unos pasos de los pinos. Apunta al firmamento y el disparo estremecedor se multiplica en el espacio hasta morir en la lontananza.

El silencio es inmenso, la tarde transcurre ridículamente lenta y con aires de tempestad. Pareciera que el cosmos se quedara mudo; herido mortalmente por el disparo.

—Ves—el padre regresa con el arma y la pone en su lugar—. Ya se fueron.

El mutismo es cortado por los tajos del padre a la leña. La mirada del niño retorna a los árboles. Luego el hacha se detienen en seco. Primero un rumor imperceptible en el vientre del bosque. Luego los alaridos rasgados y deformados como el bramido de una horda de demonios. El niño capta, entre tanto alboroto, una risotada que atraviesa amorfa.

—Entra a la cabaña. Estos lobos están muy hambrientos.

El niño corre crujiendo la espesa capa de nieve bajo sus pies. Abre la puerta y antes de cerrarla tras sí se voltea. El padre carga el rifle con la mirada fija a lo desconocido. El niño cierra la puerta, corre, toma una silla que apenas puede arrastrar y la pone frente a la ventana. Su vaho se impregna en el cristal repetidas veces.

—¿Qué hace tu padre?—La madre seca un plato tras otro. También se asoma para mirar junto con el niño.

—Está espantando a los lobos.

La madre desliza un largo "jum" y prosigue a pasar el mismo pañuelo sucio de siempre a los trastes.

Solo se escucha el trajín en el fregadero, los disparos que se esfuman uno tras otro y sobre todas las cosas los aullidos. La madre se detiene a escudriñar la escena junto a su hijo. Su rostro se acerca lentamente a la persiana y agudiza la mirada como si viera algo en la espesura.

—¡Oh, por Dios!—la madre se tapa la boca con la mano temblorosa.

—¿Que pasa Mami?

Ella lo toma por los costados y lo baja de la silla.

—Escúchame bien—le dice la madre con un dedo nervioso entre ellos—. Quédate aquí y por nada del mundo te atrevas a salir ¿Me comprendes?

—Está bien, mamá.

Nunca había visto a la madre con unos ojos inmensamente abiertos. La madre sale de prisa y cierra la puerta con llave. El niño toma la silla y la pone de nuevo junto a la ventana. Observa.

La madre tiene las manos juntas, como un bozal, hacia el padre que sigue disparando. Entonces ella le toma el hombro y el padre sobresaltado le apunta con el rifle en rápido movimiento. La madre mueve los brazos enérgicamente y el padre se señala al oído. ¿Qué estarán diciendo? ¿Acaso pueden escuchar algo con este vocerío de los lobos? El griterío se hace tan inmenso que inunda su diminuta existencia. Lo sobrecoge. Entonces lo ve.

Aquella cosa sube fugaz por encima de las ramas y se lanza al padre sin que este tuviera tiempo tan siquiera de apuntarle con el rifle. Lo abraza, con la boca pegada al cuello, el padre da un grito que se ahoga enseguida en un gorgoteo y los dos caen. La madre se voltea hacia la ventana, lo mira, le hace unas señas antes de que otra de esas cosas le cayera encima y le pega sus fauces a la nuca. Luego llegan unos cuantos más. El padre tiene la mirada hacia arriba como si encontrase algo en el cielo gris de sumo interés. La madre da un ululato que se apaga en un quejido y se queda en profunda calma. Solo se escucha un masticar.

Poco a poco un nubarrón negro se acerca al igual que un viento silbante que choca contra la cabaña. Poco a poco las cosas se van haciendo indistinguibles y lúgubres. Poco a poco el tiempo es irrelevante. Aquello parece humano, eso es seguro, pero tiene algo de animal. El niño mira el rostro desfigurado de sus padres, luego mira los ojos intensos, encendidos, que lo miran a él, mira el cielo en un negro homogéneo y entonces se da cuenta que en aquellas remotas y desconocidas tierras está solo.

July 11, 2019, 7:37 p.m. 3 Report Embed 3
The End

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Andrew Lopez Perdido en alguna parte.

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K.H Baker K.H Baker
Me ha gustado la trama que has desarrollado, pero hay faltas ortográficas que no me dejaban meterme de lleno en la historia tanto como me hubiesen gustado. Estoy segura de que, si corriges esos errores (cómo por ejemplo, marcar correctamente los términos de conversaciones y separarlos de la narración externa) la historia acabará siendo aquello que creo que tiene potencial para ser: una historia que consigue hacerte estremecer.
July 12, 2019, 1:36 a.m.

  • Andrew Lopez Andrew Lopez
    Gracias. Lo he editado. Entiendo que ahora he cubrido las faltas ortograficas. Gracias por comentarme. July 12, 2019, 2:02 p.m.
Paola Stessens Paola Stessens
Una de mis historias favoritas
July 11, 2019, 5:33 p.m.
~