Para siempre es mucho tiempo Follow story

patricia-morenz1552854453 Patricia Morenz

Jocelyn Davis vuelve a Nueva York luego de un terrible suceso familiar, después de cinco años de haberse ido sin despedirse de su mejor amigo de la infancia, Jake Johnson. Ahora debe de comenzar la secundaria sin amigos, con el alma destrozada, su hogar roto y con sus inseguros sueños de convertirse en una escritora reconocida. Sin esperanzas, se aferra a Jake, quien le ofrece su amistad de nuevo. Pero ella no se imaginó algo: se ha enamorado de su mejor amigo y lo más sorprendente, él se ha enamorado de ella. Sin embargo, Jake también tiene sus propios sueños y el futuro amenaza con destruir lo hermoso del presente. ¿Su amor podrá atravesar la incertidumbre del mañana? La ternura del primer amor, la importancia de la amistad, el perdón y los sueños, se entrelazan en esta conmovedora historia.


Romance Contemporary Not for children under 13.

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Prólogo

—Las galletas que hace tu mamá son las mejores —aseguró Jake saboreando las que yo había traído.

—Lo sé… Mi mamá es la mejor cocinera —dudé—, digo… tu mamá también cocina muy bien.

—Es cierto, pero esto —señaló la galleta con chispas de chocolate que sostenía en su otra mano—, esto está a otro nivel.

Nos quedamos en silencio mientras masticábamos, la tarde era perfecta en la casa del árbol que había en su propiedad. Su padre había querido derribarla en cuanto se mudaron aquí, antes incluso de que nosotros naciéramos, solo reconsideró su decisión al ver que a Scott —hermano mayor de Jake— le encantaba; él siempre había sido su hijo predilecto, pude notarlo a lo largo de los años, por lo que la casa se quedó intacta. Ahora, sin embargo, Scott tenía muchos amigos y era demasiado cool para pasar tiempo aquí, por lo que se convirtió en nuestro refugio.

—¿Cómo van las cosas con tus padres? —preguntó rompiendo el silencio.

—Bien —respondí encogiendo los hombros—. Tan bien como pueden estar… ¿Y tus padres?

—Bien —dijo repitiendo el gesto con los hombros—. Tan bien como pueden estar.

Hacíamos eso a menudo. Repetíamos nuestras preguntas y respuestas, nos mirábamos y sonreíamos. Ambos sabíamos lo que escondían esas palabras y podíamos comprendernos incluso sin decir nada.

Hacía meses que las cosas no estaban bien en casa y se lo había contado a Jake, él era mi mejor amigo. A pesar de que solo teníamos casi diez años, toda mi vida había girado a su alrededor, ni siquiera recuerdo cuando lo conocí, porque lo conocía desde siempre. Éramos vecinos, compañeros y mejores amigos, yo no tenía hermanos, así que él había sido lo más cercano a uno.

Nuestras mamás eran vecinas y algo así como amigas, dado que las había escuchado intercambiar recetas de cocina alguna vez. Pero la mamá de Jake, al contrario que la mía, era más reservada —demasiado en muchas ocasiones—, en especial cuando su esposo, el Sr. Johnson, estaba presente. De hecho todo el mundo era más reservado a su alrededor, era un tipo duro, daba clases en la Universidad de Nueva York.

Jake siempre me contaba las cosas por las que sus padres discutían cada día o las cosas que su padre le decía, comparándolo con su hermano, pero ambos nos apoyábamos y nos manteníamos mutuamente a flote. Siempre nos tendríamos el uno al otro y eso era lo que hacía que todo fuera mejor.

—¿Hora del silencio? —pregunté divertida.

Nunca tuvimos un silencio incómodo. Nos gustaba tumbarnos en el frío suelo de madera y simplemente escuchar la nada, sostenernos mutuamente sin siquiera decir una palabra.

Sentí su respiración agitada, algo había cambiado esta vez.

—No —sentenció decidido—. Quiero decirte algo…

Vi duda en sus ojos, aunque no sabía por qué dudaba.

—Sabes que puedes decirme cualquier cosa —aseguré presintiendo algo serio.

—Yo… —No podía continuar la frase y sus ojos vagaban entre mi mirada y el suelo.

—Sólo dilo —lo empujé, acercándome y colocándome justo en frente de él.

—Yo… no puedo decirlo… con palabras… —Susurró.

Más duda se acumulaba en sus ojos con cada segundo que pasaba, pero antes de que pudiera intervenir de nuevo, anuló los pocos centímetros que nos separaban y estampó sus labios contra los míos. Ambos cerramos brevemente los ojos y luego rápidamente retrocedimos. Mis ojos estaban como platos seguramente con una mirada de qué-demonios-acaba-de-pasar, mientras lo veía tragar con dificultad, pero sosteniéndome la mirada esperando mi reacción.

—¿Te gustó?... —musitó vacilante.

¿Me gustó? ¿De qué demonios hablaba? Ni siquiera sabía que cosa acababa de pasar. Tenía una tormenta desatándose en mi cabeza, pero no podía dejar de mirarlo.

—¡Jocelyn! —gritó la mamá de Jake desde abajo, sobresaltándonos y rompimos el contacto visual—, Jocelyn, cariño, tú mamá llamó, dice que vayas inmediatamente a casa.

La Sra. Johnson estaba muy seria y mi estómago se estrujó más aún. Mamá nunca hacía eso, yo siempre volvía a la hora acordada, pero no averiguaría nada hasta que no fuera a casa.

Comencé a bajar sin decir una palabra, seguida a distancia prudente por mi amigo.

—Hasta mañana Sra. Johnson —dije tímidamente—. Adiós Jake —apenas pronuncié aquello, salí rápidamente por un costado de la casa.

En cuanto llegué a la acera comencé a correr en mis zapatillas deportivas negras, no sabía si porque estaba apurada por llegar a casa y averiguar qué era lo que mamá quería conmigo, o porque estaba huyendo ¿de qué?, no tenía idea. Sólo sabía que mi mejor amigo me había besado y yo aún no podía asimilar qué significaba aquello.

Jake era mi mejor amigo. ¿Era?... No sé por qué no dije: Es.

No sabía si era correcto. Rayos, no era correcto. Apenas éramos unos niños, ¿cierto? Aunque en su beso no había malicia, al contrario fue tan dulce… y torpe también, una torpeza dulce o dulce torpeza.

No sabía cómo lo enfrentaría a partir de ahora y tampoco tuve que hacerlo, porque esa misma noche me fui de la ciudad.

July 6, 2019, 8:53 p.m. 0 Report Embed 1
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