Entre las llamas, amaré Follow story

mazzaroarbelo Gabriel Mazzaro

(...) Ahora lo sabe, Mendoza. Debe estar enamorado de esta actividad (...)


Drama All public.

#pasión #llamas #cuento #drama #TheDialogue #theauthorscup
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Entre las llamas, amaré

—Coman…dante…comandan…te…¿me…co…pia?

—Lo copio Fernández.

—Se…ñ…or…lo…escu…cho…con…in…ter…ferenc…ia…

—Sí, es la temperatura, Fernández.

—Detalle situ….ación…por….fav…or….cambio.

—Estoy en el segundo nivel. Puertas cerradas, Fernández.

—Recibido, comandante ¿me copia bien ahora? Cambio.

—Lo copio, señal clara.

—Por favor, repita y detalle situación. Cambio.

—Segundo nivel. Pasillo con humo hasta la cintura. Vapores negros y espeso, posiblemente de químicos plásticos. Visibilidad casi nula.

—Recibido comandante, ¿equipo?

—Básico, Fernández. Repito. Básico.

—¿Civiles, señor?

—No veo ni escucho a nadie.

—Señor, se encuentra solo. Ninguno de los cadetes lo pudo seguir.

—Comprendido. Cambio.

—Enviamos apoyo de inmediato comandante.

—No, Fernández. Derrumbe de cielo raso detrás mío. Situación comprometida. ¿Planos?

—Aguarde comandante.

—Habla Mendoza, comandante. Repito. Habla Mendoza. Planos en mano.

—Mendoza. Perfecto. Segundo piso. Mendoza, tres puertas atrás y creo que cinco más adelante. Tres a la derecha y tres a la izquierda, enfrentadas.

—¿Final?

—Sin visualización. Avanzo gateando. Suelo con temperatura y hollín.

—Rep…ita…com…andante…por…favor…Cam…bio.

—Suelo comprometido. Calor extremo. Filtraciones de temperatura por amarres. Equipo básico Mendoza. Repito, equipo básico. Mucho hollín sobre los mosaicos.

—Recibido comandante. Por favor, avance hasta el final del…pa…sillo. Ventana al patio exterior. Tres metros…ha…cia…ab…ajo…y…está afuera.

—¿Tres metros de caída dijo? Repita.

—Tres metros comandante. Morales y Gutiérrez están dando la vuelta.

—Necesito disminuir la temperatura del suelo Mendoza, mejor indique que disparen a los cimientos.

—Móvil con dificultades, comandante. Reitero, dificultades en bomba principal.

—Mendoza, ¿dónde está nuestro técnico mecánico?

—Juan Esquilo, señor. Se repor…to…en…fer…mo…hoy…seño…r.

—¡Carajo Mendoza! ¡¿Tenemos dos millones de protocolos y el camión bomba sirve de taxi nomas?!

—Re…pi…ta…coma...andan…te…Cam…bi…o.

—¡Mendoza! Ubicación de hidrantes de incendio en el piso. ¡De inmediato!

—Recibido.

—A la espera. Cambio.

—Detrás suyo comandante, sobre pared derecha. Cinco metros aproximadamente.

—Repito Mendoza, ¡carajo!, derrumbe de cielo raso detrás de mí. No hay retorno.

—Recibido comandante. Por favor, avance hacia el final de corredor y lo esperamos en el patio trasero.

—Copiado. Corten energía eléctrica de inmediato.

—Energía cortada señor. Cambio.




—Coman…dante…coman…de…ta…ta…lle situ…ación.

—¡Sigue jodida, Mendoza! A dos metros de la ventana. Humo por las rodillas, visibilidad prácticamente nula. Inhalación de vapores a repetición. Pulso acelerado. Ojos llorosos. Temperatura del aire casi irrespirable.

—Re…ci…ci…ci…bido…comandante…ha…bla…Mo…ral…es.

—¿Morales?

—S…i…coma…n...dante…

—¿Y dónde está Mendoza? Usted tenía que ir hacia el patio trasero con Gutiérrez. ¿Y Sosa? ¿estado de autobomba? ¿Cambio? ¡¿Cambio?!

—¡Auxilio! ¡Auxilio!, ¡Por favor, ayúdenme! ¡Ayuda, ayuda! ¡me quemo, me quemo!

—¡Hola! ¡Bomberos Voluntarios! ¡grite fuerte! ¡voy por usted!

—¡Auxilio! ¡Auxilio!

—¡Acá estoy! Tranquila… Bomberos Voluntarios. Soy el comandante Presentado Ramírez, pensé que no había nadie más.

—¡Ayúdeme! ¡Me quemo!

—Por favor, mantenga la calma y déjeme examinarla.

—¡Me duele!

—Permítame por favor, tengo que examinarla. No puedo verla.

—¡Me duele!

—Permiso. Si, su rodilla está fuera de lugar, no se mueva. La voy a sacar de acá.

—¡Por favor, no sé lo que pasó! ¡Por favor no me quiero morir así! Vine a ver a una amiga y se cayó todo. ¡¡Por favor me quemo!!

—Tranquila, no llore, dígame su nombre.

—Es… es Miriam. Me estoy por casar no me quiero morir ¡por favor!

—Miriam. Bien, necesito que se tranquilice. Miré, estamos acostados ahora. Yo estoy frente a usted. Soy el comandante de la Brigada Primera de Bomberos Voluntarios de Corrientes Capital, ¿me entendió?

—Si. ¡No me quiero morir!

—No se va a morir ni se está quemando. Las llamas están en el piso de arriba y en el piso de abajo. Aquí sólo hay humo. Necesito por favor que se relaje un poco así respira más lento.

—¡No veo nada!

—Tranquila Miriam, no hay luz en el lugar y no voy a encender mi linterna ahora.

—¿Por qué? Por favor, ¡quiero ver mi pierna!

—Su pierna está bien, usted va a estar bien. No puedo encender la linterna porque puede haber una fuga de gas en este piso.

—¡¿Gas?!

—Sí, gas. En la parte de debajo de la casa funcionaba un comedor, al parecer hubo una explosión en la cocina y de algún modo este piso quedó en medio del incidente.

—¿Y dónde estamos ahora? ¿qué pasó?

—Ahora estamos en una de las habitaciones laterales, seguramente usted fue arrojada por la puerta y por eso quedó adentro del cuarto. Habrá golpeado con su pierna al impactar o al caer.

—¿Y mis amigas?

—¿Sus amigas?

—Sí, María Luz y Catalina.

—¿Estaba con ellas cuando entró Miriam?

—No, ellas estaban en la peatonal, yo vine a buscar unas cosas. Alquilaban la parte de arriba del negocio y yo tenía la llave. Se van a enojar ahora ¡¿dónde están mis amigas?!

—Preste atención por favor. Mantenga la calma, aun siendo una situación delicada y estando los dos preocupados, necesito que respire más lento. Solo eso. ¿Puede hacerlo por mí?

—Pero mis amigas…

—Tranquila Miriam, vamos a preguntar.

—Por favor. Por favor.

—Sí, tranquilícese. Piense que yo estoy con usted y estoy en la misma situación que usted. Mire Miriam, mire como respiro con suavidad.

—No lo veo.

—Tiene usted razón. Si me permite colocaré su mano en mi pecho.

—Si.

—¿Siente cómo respiro? Trate de respirar usted también así.

—¿No tiene calor? ¡Me estoy quemando viva!

—No Miriam, no se está quemando. Es la temperatura del aire nomás. En esta habitación estamos bien, solo que sus pulmones, ojos y garganta no están acostumbrados a estar en contacto con un aire tan caliente.

—¿Y usted no tiene calor?

—Sí, pero nosotros estamos entrenados para estas situaciones. Además, mi ropa es ignífuga, quiere decir que resiste bastante el contacto con el fuego.

—Tengo mucha sed…

—Tome, aquí tengo un poco de agua. No está muy fresca que digamos.

—¿Y usted?

—Yo ya tomé antes de salir, no se preocupe.

—Necesito saber si mis amigas están bien.

—A ver, preguntemos. Pero por favor, sola si me promete que mantendrá la calma cualquier que sea la respuesta. ¿Está bien?

—Bueno.

—Y por favor, sé que es mucho pedir, pero trate de no llorar. Respirar como le mostré la va a ayudar un poco con eso. Lo que necesitamos es mantener todo el líquido posible dentro nuestro.

—Es verdad, pide demasiado ya. ¿Cómo me dijo que era su nombre?

—Presentado. Presentado Ramírez. Atento, Mendoza. Atento, Mendoza.

—Señor...comandante…cambio…

—¿Quiénes son?

—Son de la brigada, no se preocupe, están afuera y se están preparando para rescatarnos. Aquí Ramírez. Necesito confirmación de cantidad de civiles dentro de la casa en este momento. Cambio.

—Recibido señor. Un civil y un oficial de bomberos confirmados. Cambio.

—¿Vio? Con civil se refieren a usted, y con oficial, a mí.

—Coman…comandan…te…cam…bio.

—Aguárdeme un momento por favor Miriam. Presentado Ramírez en radio. Lo copio.

—Recibido…Ten…drá…que…esp…erar…un…poco más…Cam…bio.

—Correcto. Detalle motivo. ¿Quién habla?

—Mendoza nuevamente señor. Estamos evaluando alternativas. ¿Cómo se encuentra? Cambio.

—Femenino hallado. Repito. Femenino hallado.

—Re…pi…ta…po…r…favor.

—Femenino hallado, Mendoza.

—Copiado comandante. Por favor, indique estado.

—Inmovilizada por aparente herida en rodilla derecha.

—¿Localización?

—Estamos en el último cuarto a derecha en dirección sur.

—¿Vías de escape inmediatas, señor?

—Negativo. Visibilidad nula. Humo espeso hasta las rodillas y bajando.

—Recibido comandante. Por favor, aguarde.

—Al parecer el suelo en esta locación no se encuentra tan afectado. No escucho sonidos de resquebrajamiento y la temperatura es menor que la del pasillo.

—Recibido, comandante. Gaviña se encuentra en reparación de autobomba. Ya fue solicitada otra unidad a un cuerpo de Resistencia.

—¿Gaviña?, ¿el nuevo pasante?

—Sí señor. Al parecer tiene conocimientos técnicos. Cambio.

—Bueno Mendoza, dígale por favor que se esmere. Y con respecto al camión de Resistencia, que se apuren por favor.

—Recibido, comandante.

—Inicio período de espera. De transcurrir sin rescate por vías laterales, procedo a movilizar a femenino por pasillo con destino a patio trasero.

—Copiado.

—Y Mendoza, prepáreme esas ambulancias que no escucho ninguna sirena desde acá y hace más de media hora que ingresé.

—Sí señor. Cambio.




—Miriam, debe ser un hombre muy afortunado su futuro marido.

—No lo entiendo, yo no tengo futuro marido.

—Pensé que sí. Me dijo usted que se iba a casar.

—No. No sé por qué dije eso.

—No se preocupe, en situaciones de distrés como estas, las personas realizamos comentarios sin aparente sentido muchas veces. A veces basados en recueros, otras en deseos.

—¿Y usted cómo sabe eso?

—Verá, a nosotros los bomberos los entrenan para situaciones como estas. Yo llevo en servicio casi treinta años ya.

—Discúlpeme, pero tiene que estar loco para dedicarse a esto.

—No es locura Miriam. No es locura. Es una cuestión de amor.

—¿Cómo que de amor?

—Así es.

—No lo entiendo.

—Mire, dígame algo que usted ame con todas sus fuerzas.

—¡Ay mi pierna me duele!

—No piense en eso por favor. La rodilla va a seguir igual, ni mejor ni peor hasta que logremos salir. ¿Qué es lo que más ama?

—¡No sé!

—Sí, lo sabe. Cuénteme sobre aquello que pensó de inmediato luego de escuchar mi pregunta.

—No lo sé, no puedo pensar ahora.

—Bueno, disculpe por entremeterme, solo quería darle un ejemplo.

—Está bien. Amo a mis amigas más que a nada. Más que a mi trabajo, más que a mi novio, más que a mis perros. Y quizás también más que a mi familia…

—Excelente.

—¿Cómo que excelente? Le acabo de confesar que amo a mis amigas más que a mi familia. ¿no le parece que está mal eso?

—No. Y no creo que sea la única persona con prioridades reales. Mire, de esa misma forma que usted ama más que a nada a sus amigas, incluyendo su familia, yo amo a mi trabajo. Le soy devoto sobre todas las cosas.

—Coman…dan…te…Com…pro…miso…es…tructural serio.

—¿Qué es eso?

—No haga caso, es el radio, tranquila. Es solo jerga técnica. Mendoza. Cambio. Defina con cautela. Femenino a la escucha.

—¡Dios mío qué fue ese ruido!

—Tranquila Miriam, recuerde por favor, respire despacio.

—Com…mand…a…nte…comanda…nte…Pa…si…llo…cen…cen…en….tral…

desmo…ron...nnnn…ándose…Repito, ¡pa….sillo…centr….al desmoronándose!

—¡Recibido Mendoza! Habitación aún intacta.

—¡No me quiero morir! ¡!Por favor, por favor¡!

—Tranquila… Miriam, escúcheme con atención.

—Sí, pero no me quiero morir. ¡No quiero!

—No nos vamos a morir, tenemos muchas opciones aún. Mientras más rápido respire más oxigeno va a consumir y eso lo que menos tenemos ahora.

—¿Entonces qué hacemos?

—Primero esperar para evaluar el grado de estabilidad.

—¿Esperar? ¡¿Está loco?!

—No. Mire, el pasillo por donde entré y en el cual estaba usted parada al comienzo ya no existe. Es posible que ese derrumbe haya generado grietas en la habitación donde estamos, y si nos arrastrarnos podría hacer que toda la habitación se caiga. ¿Me comprende?

—¿Entonces? ¡¿Cómo podemos esperar en una situación así?!

—Lo estamos haciendo, mientras le cuento y usted escucha, calmando recuerde su respiración, el tiempo nos da información vital. Hay muchas situaciones tensas dónde uno no tiene más que esperar.

—¿Por ejemplo?

—Por ejemplo, cuando uno aguarda una nota luego de rendir un examen, o cuando se espera los resultados de un análisis importante del bioquímico.

—¡No es igual a esto!

—No Miriam, nunca lo es. Pero no necesariamente hay que estar rodeado de fuego para estar en peligro.

—¿Y mi pierna?

—Su pierna está bien… ¿me permite? Solamente quiero chequear, ¿está bien?

—Sí, hágalo por favor. ¡Ay!

—Le va a doler Miriam, sólo un poco más. Eso es todo.

—¿Qué hizo?

—Me saqué el guante y palpé su articulación. No hay de qué preocuparse. Esta fuera de lugar, cómo se lo había comentado. Pero no sangra. ¿Le duele en alguna otra parte?

—No, solo la pierna.

—Eso es muy bueno.

—Pero si tengo mucho calor, siento que me estoy quemando.

—No se preocupe, tome.

—¿Qué hace?

—Tome, póngaselos por favor. Son guantes especiales para situaciones como estas. Quizás tenga un poco más de calor, pero sus manos van a estar protegidas.

—¿Y usted?

—No se preocupe por mí. Hasta esta altura me faltan un par de uñas y no creo que vuelvan a crecer.

—¡Comandante! ¡Comandante!

—Mendoza. Tranquilo, lo copio.

—¡Comandante! ¡tercer piso comprometido! Repito ¡tercer piso comprometido!

—¡¿Qué es todo ese ruido?! ¡¡Nos vamos a morir!!

—¡Sujétese de mí, Miriam!, ¡con fuerza! ¡vamos!




—¡Allí está! Veo las líneas reflectivas de la campera.

—¡Si, yo también las veo!

—¡Comandante! ¡Comandante! ¡Morales, Gutiérrez, ayúdenme carajo!

—Sí señor.

—Sin signos vitales, Mendoza.

—¡Chequee de nuevo!

—Sin signos vitales, señor.

—Rápido, vayan los dos por el kit.

—¡De inmediato!

—¡Señora!, ¡señora! ¿me escucha?

—Hooo… hola… ¿comandante es usted?, ¿ya salimos?

—No señora, soy el oficial principal Fabián Mendoza técnico de estructuras de la Brigada Primera de Bomberos Voluntarios.

—¿Y Presentado? ¿Dónde está Presentado?

—Señora, el comandante Ramírez se encuentra inconsciente ahora, está justo a su lado.

—¿Presentado está usted bien?

—Él no puede escucharla ahora señora y le recomiendo no voltee.

—¿Pero va a estar bien? ¿por qué no puedo verlo?

—No sabemos señora, mientras estaban desmayados la temperatura aumentó bastante. Lo importante ahora es sacarla a usted. Le voy a pedir por favor se prepare para ser movilizada. El comandante recibió heridas de consideración y lo menos que tiene que hacer ahora es alterarse.

—¿Movilizada?

—Si señora, le voy a colocar un cuello ortopédico ahora y la voy a arrastrar tomándola por debajo de sus axilas ya que no podemos meter la camilla por el agujero.

—¿Y él?

—Ya lo van a atender al comandante, no se preocupe. No es su primera vez.

—¿Pero va a estar bien?

—Esperemos que sí, señora. Ahora necesito por favor que se concentre porque voy a comenzar a arrastrarla y su pierna va a doler.

—¿Morales, Gutiérrez? ¿dónde está el kit?

—Mendoza, Morales al habla, vamos en camino.

—Procedo a retirar a femenino. Cambio.

—Comprendido Mendoza, los chicos de la Segunda y Tercera Brigada ya están mojando las paredes laterales.

—Copiado.

—¡Ahhhhh! ¡Mi pierna!

—Tranquila señora, son unos metros nomás.

—¡Voy a perder la pierna!

—No, quédese tranquila, su rodilla, como le habrá dicho el comandante, está fuera de lugar, pero no tiene heridas visibles a primeras instancias.

—¿Qué es eso?

—Es la sirena de la ambulancia.

—¿Y el comandante? ¿y Presentado? ¿por qué no lo lleva a él también? ¡¿por qué no lo revisó?!

—Los hombres que entraron conmigo se encargarán de eso, usted resista y por favor colabore.

—¡Presentado! ¡comandante! ¡venga! ¡estamos saliendo!

—No puede escucharla señora, por favor, ahorre sus fuerzas.

—Mendoza, aquí el comandante mayor Morales de la Segunda Brigada, informe situación. Cambio.

—Comandante mayor, traslado femenino sin camilla. Me encuentro a metros del acceso artificial de entrada.

—Copiado Mendoza, ¿estado del femenino?

—Consciente y aparentemente sin heridas de gravedad. Imposibilitada para caminar por sus medios, posible dislocación de la rodilla derecha, comandante.

—¿Alguien más con usted?

—El… el… comandante…. mí comandante Presentado Ramírez, señor.

—¿Estado?

—Sin signos vitales.

—¡¿Cómo que sin signos vitales?! No, déjeme, ayúdelo a él. Por favor. ¡Por favor!

—Señora tranquilícese. Ya está viniendo el equipo para ayudarlo. No tiene que moverse, no sabemos si tiene heridas internas.

—No, por favor no lo deje. ¡Por favor!

—Señora, la temperatura subió mucho mientras estaban desmayados.

—¿Qué quiere decir con eso? ¡Quiero verlo!

—Tranquila señora. Dígame su nombre por favor.

—¡No! Quiero salir de acá y que él también lo haga.

—Estamos saliendo, tres metros más y ya llegamos al hueco que hicimos. Abajo nos están esperando.

—¿Por qué no se ve nada?

—Es el polvo señora. Es el polvo y el vapor de las llamas que comienzan a sofocarse.

—¡Men….do…za! cam…bio…cont…este…¡Mendooo…zaaa!

—Recibido comandante, Mendoza a la escucha.

—¡Abandone la habitación ya mismo! ¡Repito ya mismo! Cambio.

—¡¿Otra vez ese ruido horrible?! ¡qué pasa!

—Recibido, comandante mayor.

—¡¿Qué pasa?!

—¡Señora! tome aire, el suelo está por colapsar. La voy a arrastrar muy rápido y vamos a caer de altura juntos.

—¡No! ¡Presentado! ¡No lo deje no! ¡Noooo!




—Mendoza, soy yo, Francisco Morales, comandante mayor de la segunda.

—Comandante mayor ¿cómo le va? Un gusto verlo en persona.

—Sí, lo mismo digo. No, por favor, no se quite la mascarilla. Déjesela puesta, yo lo escucho bien. ¿Le molesta el oxígeno? ¿quiere que llame a alguna enfermera?

—No, está bien así. Disculpe, estoy incómodo nomás. Bien señor, por suerte no inhalé mucho humo. Fue más que nada polvo. Y me dijo el médico recién que tengo una costilla rota y van a ver si me operaran dentro de un rato o mañana nomás. Mis padres también ya vinieron me dijo. Estaban asustados, la mujer cayó justo arriba mío y parece que recibí todo el impacto.

—Correcto. Dígame Mendoza, ¿y usted, personalmente, recuerda algo desde que despertó?

—Sí señor, pero recuerdo hasta el momento en que usted me dijo que me apurase, desde allí no recuerdo nada más.

—Correcto. Mendoza, le consulto por un detalle preciso si no es molestia.

—Sí señor. Lo escucho.

—Mire Mendoza, los chicos me dijeron que encontraron a la femenino con la chaqueta del comandante y sus guantes puestos.

—Sí señor. Así fue.

—¿Cómo es eso Mendoza?

—No sabría decirle señor, el comandante no nos dijo nada de ese procedimiento.

—Correcto. Mendoza, descanse ahora por favor, ha cumplido con su tarea y si bien estamos todos muy contentos de tenerlo entre nosotros, también debemos lamentar las dos pérdidas. Ha sido la menor de las desgracias.

—¿Cómo? Comandante mayor, disculpe ¿Puedo hacerle una pregunta señor?

—Proceda.

—¿Dijo usted dos pérdidas?

—Así es, Mendoza. Una del comandante Presentado Ramírez, presunta hasta el momento ya que no hemos encontrado su cuerpo. Y la…

—¿Y la otra?

—Y la otra del femenino Miriam Soledad Cardozo de treinta y dos años.

—Pero señor. ¡Nosotros la sacamos! ¡Yo la saqué! Ella…

—Ella falleció hace pocas horas. Le recomiendo mantenga la compostura. No se encuentra usted en un estado que le convenga un sobresalto.

—Pero señor…

—Es la vocación, Mendoza. Presentado fue uno de mis amigos desde la infancia, nos conocimos en la primaria. Es más, él fue quien me recomendó a realizar esta noble y valiente actividad.

—Señor, discúlpeme, no sabía. ¿Y la femenino?

—¿Qué hay con ella, Mendoza?

—Yo… yo… la saqué y estaba bien.

—Estaba bien hasta hace unas horas. Tenía un hematoma subdural severo, algo muy difícil de identificar en las condiciones en las cuales se encontraban.

—Creí que al menos uno de ellos se iba a salvar, señor.

—Ahora lo sabe Mendoza. Debe estar enamorado de esta actividad. Honre a su comandante. A su equipo.

—Sí señor.

—Recupérese y apróntese para volver al servicio.

—Sí señor. Lo haré.

Fin.

June 14, 2019, 8:20 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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Gabriel Mazzaro Bienvenidos seamos todos, a la b�squeda de la luz en las tinieblas.

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