Pequeños pedazos Follow story

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"Estoy rota, en pequeños pedazos y nadie nunca será capaz de arreglarme" Aliuzka o "Alice" Walker ha pasado por múltiples etapas en su vida, a cada cual más desastrosa y con el tiempo ha entendido que la vida no ha sido exactamente una bendición para ella. Sumada en una terrible depresión, relaciones fallidas y un trabajo que ama, pero compañeros que no soporta, Alice tendrá que decidir si realmente desea vivir o solo convertirse en un porcentaje más de aquellos que toleraron el peso de la vida en sus hombros. Aunque, tal vez su vecino el escultor podría ayudarla a salir de tan terrible depresión, o tal vez solo podría hundirla aún más en el hoyo en que se encuentra.


Romance Not for children under 13.

#drama #amor #depression
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Prólogo


Alice


El despertador suena, y todos los días, como cada mañana escucho el sonido de la puerta del departamento azotándose, ruedo los ojos y doy giros en la cama hasta que por fin decido levantarme. Mi bulliciosa compañera de piso está preparando lo que creo es su desayuno para el día de hoy. Si es que a esa innecesaria ingesta de carbohidratos se le puede llamar "desayuno".


Termino de desesperanzarme y reviso la notificaciones en mi teléfono, vuelvo a rodar los ojos cuando veo varios mensajes del doctor Collins programando nuestra próxima cita de la semana, más algunos de mi madre pidiéndome que la llame, y otros del grupo del trabajo. También tengo notificaciones de cierto individuo que parece no haber entendido que no deseo saber más de él. Los elimino sin siquiera abrirlos.


Respondo a los que creo son más importantes y luego me decido a darme un baño para empezar un día más en mi maravillosa vida. Notese el sarcasmo.


Al salir, ya vestida y preparada me dirijo a la cocina donde encuentro a mi ruidosa compañera de piso terminado de comer su no tan nutritivo desayuno, que básicamente se compone de salchichas y mucho, pero mucho tocino acompañado de algunas tostadas untadas con mantequilla.


Intento disimular las náuseas que me provocan tanta grasa junta, pero, Lucy, mi compañera de piso parece darse cuenta y rueda los ojos sin disimulo alguno antes de formar una sonrisa que me hace saber lanzará uno de sus siempre sarcásticos comentarios.


—¿No te parece esta una buena manera de empezar el día?


Frunzo el ceño e ignorando deliberadamente su pregunta camino directamente hasta la nevera, tomo la botella con jugo y me sirvo un poco, todo bajo la atenta mirada de Lucy. Suspiro y la miro cansinamente a los ojos, es lo mismo de todos los días.


—¿Qué? —digo ya muy molesta, y con ganas de decirle que se detenga.

—¿Tomaste tu medicamento hoy, Alice?

—Eso no es de tu interés, Lucy. —Respondo, y antes de que pueda tener oportunidad de decir algo más, salgo rápidamente del departamento.


Suspiro mientras recorro las calles que rodean nuestro edificio en busca de un taxi que pueda llevarme rápidamente al trabajo. El Doctor Collins dice que ya soy capaz de usar el auto sin tener a peligro a estrellarme, pero yo aún no siento que sea el momento.


Finalmente, luego de minutos de larga espera logro subirme a un taxi y hacer mi camino hasta mi amado trabajo. Creo que es la única parte del día en la que realmente soy capaz de emocionarme. Puede que a muchos no les agrade el suyo, pero ciertamente creo que el mío es una de las pocas razones por las que me mantengo viva.


Inconscientemente toco la pequeña cicatriz en mi antebrazo, cubierta por mi suéter de lana y me estremezco ante los recuerdos que me trae su tacto. Tristes y muy malos recuerdos.


—¿Señorita?


Me sobresalto al escuchar la voz del conductor, este me mira con cara de preocupación y me indica que ya estamos en nuestro destino. Un poco aturdida me doy cuenta que así es y procedo a sacar dinero para pagarle y darle las gracias mientras me bajo del vehículo.


Sacudo la cabeza mientras camino hacia la entrada del imponente edificio en el que trabajo y saludo a todo aquel que me encuentro dentro de él. Enfócate Alice, por dios.


— Al fin, pensé que nunca llegarías —Dice Fabiana, mi compañera de trabajo en cuanto me ve llegar. —Hay una junta muy importante justo ahora en el sala tres y te necesitan justo ahora.


Mierda, la junta, se me había olvidado por completo. Fabiana parece darse cuenta de mi olvido y me mira con reproche. Me encojo de hombros y camino rápidamente fingiendo no ver la mirada que acaba de lanzarme.


Al entrar por la puerta de vidrio veo a varios hombres y un par de mujeres rodeando la mesa, me disculpo rápidamente y me dirijo a mi lugar junto al jefe de contabilidad de la empresa. Este parece percatarse de mi presencia, pero prefiere ignorarme y seguir con lo que estaban antes de que yo los interrumpiera.


—Bien, como les comentaba caballeros...


Y así es que como para lo único que me necesitaban era para darles los informes de las últimas ideas y bosquejos que diseñe para presentarlos en la nueva colección.


La junta termina y mi jefe y yo somos los últimos que van quedando en el lugar, el estrechando las manos de los inversores del nuevo producto, y yo ordenando los papeles que dejaron botados alrededor de la mesa.


—Alice —me sobresalta la voz gruesa de mi jefe y me giro de manera rápida provocando que algunos papeles caigan al suelo. Este rueda los ojos y me mira de manera impaciente.


—¿S..si?


—Tus diseños de hoy estuvieron muy buenos. —Sonríe de manera fingida —Pero necesito que le pongas más emoción a tus presentaciones —se acerca de manera lenta a mi, indicándome que ya se lo que vendrá —deberías de mostrar menos ropa y, tal vez, no sé, reconsiderar mi propuesta.


Trago saliva y me preparo mentalmente para otra larga lucha en que la intento rechazar a mi jefe sin que este me despida en el proceso.


Rechazar a un hombre tan galante y con fama de mujeriego debe ser la única razón por la que ya llevan cinco veces las que intenta convencerme de ser su amante, porque sí, con clichés y todo el hombre está casado y aun así pretende hacerme caer en algo que los dos sabemos no acabará muy bien.


—Mire, señor...

—Ya te dije que puedes llamarme Alan.


Intenta acercarse de nuevo y yo doy dos pasos atrás. Frunce el ceño y eso parece molestarle. Se lo dije antes y se lo digo ahora, no pienso caer en esta tontería que su ego sin sentido parece haber armado.


—Y yo prefiero que usted se mantenga lejos.


De alguna manera mi voz parece sonar firme y eso lo mantiene en su posición. No puedo negar que es alguien sumamente atractivo, no tiene la musculatura de un hombre muy ejercitado, pero eso no quita que está en forma. Sus ojos son de un color verde muy tenue por lo que su mirada a veces parece atravesarte y su cabello es de un bonito color chocolate.


Aún así no es alguien quien me fijaría, no es mi estilo e incluso no lo sería aunque estuviera soltero.


—Señor Beckham, su esposa está en la línea cinco y pregunta por usted.


Fabiana entra de manera apresurada y no se sorprende al encontrarnos en esa situación, tal parece que es algo a lo que ya está acostumbrada.


Tomo esa entrada como mi oportunidad para escapar de las garras de mi jefe, y lo hubiera conseguido sino fuera porque antes de intentarlo esté me tomara del brazo amenazando con despedirme si llegaba a decirle a alguien. Todo bajo la atenta mirada de Fabiana.


Logro zafarme de su agarre y salgo rápidamente del salón de juntas para dirigirme a mi pequeña oficina, o mi pequeño paraíso como yo suelo decirle.


Suspiro de tranquilidad cuando me acomodo en mi suave silla de oficina, pongo algo de música, eso sí, con el volumen un tanto bajo y luego me pongo al día con todas mis actividades y responsabilidades. Como ya dije antes, amo mi trabajo y todo lo que ha representado para mi en el tiempo que sentí que sentí que ya nada valía más la pena.


Pasadas unas horas, Fabiana entra cautelosamente y se sienta frente a mi. Me observa de con fijeza y eso empieza a incomodarme por lo que dejo lo que en un principio me mantenía tan concentrada y le doy toda mi atención, aunque no de muy buena gana.


—¿Se te ofrece algo, Fabiana?

—¿Te tiras al jefe? —pregunta, con una sonrisa que quiere hacer pasar por inocente, pero yo sé toda la intención que esconde tras de ella.


Junto toda la paciencia que puedo y pongo la cara más seria para conseguir que entienda de una vez por todas que lo único que quiero de él, es su puntualidad en mi cheques cada mes.


—No, Fabiana, por quinta vez no me estoy tirando al jefe.

—¿Entonces, por qué estaban tan juntos y sospechosos cuando entre al...

—Lo único que necesitas saber es que necesito que lleves los bocetos que ya se aprobaron al área de producción y luego me traigas las opiniones de Johana y Lisa para que yo pueda coordinar las entregas con el jefe, entendiste?


Fabiana aprieta los labios y asiente para luego salir cerrando la puerta bruscamente en su camino. Suspiro y pellizco mi nariz entre mis dedos.


Pasados unos minutos del incómodo encuentro, me concentro nuevamente en mis obligaciones, de forma que es así como se me va la mañana y tarde hasta concluir finalmente con mi jornada de trabajo. Me estiro después de pasar tantas horas sentada y empiezo a guardar mis cosas para marcharme a casa, como cada día.


Voy saliendo por la puerta del edificio cuando noto que un par de ojos me observan con atención, volteo la vista disimuladamente y me doy cuenta que se trata del señor Beckham, este sonríe al ver que capta mi atención y tiene la intención de acercarse o bueno, tenía la intención de acercarse antes de arrollado con un abrazo de muerte por parte de su esposa, que no se de donde salió, pero mejor para mi, una molestia menos. Aprovecho tan oportuna aparición y desaparezco antes de que el hombre pueda volver a intentar algo.


Luego de un día cansador, y de gastarme dinero innecesario en taxis, llego por fin a la puerta de mi pequeño, pero acogedor departamento. Voy a introducir la llave cuando siento un movimiento tras de mi.


Giro y veo con asombro un montón de cajas apiladas en el departamento frente al mío, la puerta está abierta, pero no parece haber nadie que cuide de esas cajas.


—¿Buscas a alguien?


Me sobresalto ante el timbre de voz ronco, y giro viendo a un atractivo pelinegro de impresionantes ojos verdes y sonrisa que ladeada que parece dejarme shockeada por un instante. Arquea la ceja y me mira con curiosidad cuando me quedo con la boca abierta y sin ser capaz de decir nada.


—Yo...


—Tú... —dice con burla, imitando mi tono de voz.


Eso me saca del trance y frunzo el ceño al ver la diversión en sus ojos.


—¿Son tuyas esas cajas? —es lo único que se me ocurre decir, y eso parece divertirlo todavía más.


—Sí, son mías. —responde manteniendo la sonrisa ladeada en su rostro. Luego tiende una mano hacia mi y la estrecha con lentitud cuando yo le tiendo la mia —. Yo soy Aiden, y tú eres...


—Alice — respondo con simpleza.


Él asiente y parece saborear mi nombre entre sus labios. Sonrío con incomodidad ante el silencio que se forma entre los dos, y luego formo una tonta excusa para poder alejarme de él y encerrarme en mi departamento.


Joder, que situación tan rara e incomoda, espero y no se repita más.











June 8, 2019, 11:33 p.m. 3 Report Embed 1
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Sara García Sara García
¡Hola! Como nueva embajadora de Inkspired estoy haciendo un blog de reseñas sobre historias románticas y voy a subir una sobre esta historia. El blog se llama "Una pizca de romance", por si quieres leerlo. Cualquier duda no dudes en consultármela. Adelanto que la reseña se basa en críticas constructivas (teniendo en cuenta los aspectos positivos y negativos para que puedas mejorar tu narrativa). Un saludo y gracias :)
Sept. 4, 2019, 5:51 p.m.
Annh Jauregui Annh Jauregui
Actualiza
June 13, 2019, 4:51 p.m.

  • Aussie Blue Aussie Blue
    ¡Hola! Subo todos los sábados, pero me alegra que te guste la historia y la sigas. Intentaré subir mañana, pero no puedo prometer nada. June 13, 2019, 5:20 p.m.
~

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