(F)errancias oníricas Follow story

jorge-fabara1556035369 Gregor Abrafa

Un pasaje vespertino difícilmente explicable que pasa de la revuelta a la vergüenza.


Humor All public.

#angustia #surrealista #onírico
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(F)errancia ensimismada


Portugal, algún viernes cualquiera de mayo. La mirada recorre de abajo hacia arriba el amplio pabellón compuesto por una estructura de hierro y vidrio que bien podría haberse usado para una estación de tren o un mercado del siglo XIX. En su interior de grandes alturas coexisten varios usos, entre ellos, museos y restaurantes. Miguel Escalante busca el espacio para llenar su tiempo y también encontrar(se), descubrir(se). Está totalmente desnudo. Un cuerpo meditabundo, quieto y silencioso pero cuya figura resplandece al caminar en esa hora tornasolada. A hurtadillas logra entrar al baño, no sin antes ser visto por varias personas que se percatan estupefactos de su paso. Se levanta un barullo confuso de tenedores y cubiertos entremezclado con el chillar de las sillas que rasgan el piso.

La conmoción por su extraño y tan desempachado arribo no se hace esperar, así que envían a una de las meseras a resolver la intromisión indecente. Al llegar a su encuentro, en el pasillo, desconcierta que súbitamente tenga puesto sobre sí un saco gris con cuello de tortuga, bastante artístico, aunque la ausencia de ropajes siga presente en sus cuartos posteriores. Dando tirones hacia abajo se esforzaba para cubrirse la entrepierna y las nalgas, pero siempre alguna zona se mantenía aireada y a la vista. La chica trata amablemente de explicarle el bochorno que generaba su presencia, pero no puede evitar sonreír ante la extravagancia que la escena implica. Miguel razona vehementemente con ella sobre la penosa prohibición del cuerpo y muestra su consternación ante un pudor exagerado al interior de un sitio que, en principio, estaría dedicado a la cultura y el arte.

"Te entiendo. Creo que no es tan grave". Ella asiente y así también por su intermedio los demás regidores del lugar. Lo curioso es que, tan pronto ello sucede, es él quien empieza a sentirse incómodo por la continuidad del acto exhibicionista. Qué bochorno. Haberse roto la condición transgresora lo revelaba como un nuevo integrante aceptado, desprovisto de anonimato y, por tanto, ya no solo (trans)portador de un cuerpo en el espacio, sino impelido a esconderlo, a ponerlo en segundo plano para poder ser visto a través de su rostro; quizá incluso hablar con la simpática mujer y lograr un encuentro diferente y duradero. Constató también que sus intenciones no eran tan antojadas y que había interés de la chica, quién en ese momento mostraba la fisonomía de una antigua compañera de colegio, una que era bastante pudorosa, valga sea dicho. De todos modos, se esforzó por intercambiar datos de contacto con ella, darle un número de teléfono, pero sin mecanismos de registro en su desnudez y más aún, con la certeza angustiosa de que su propio celular estaría sin batería donde quiera que estuviere.

Tuvo que esperarla de pie ahí, vacilante, hasta que ella regresara con alguna forma cualquiera para apuntar el número. Se alejó mientras balbuceaba frases coquetas y contaba de su trabajo y las cosas que le gustaba hacer. Al regresar trajo una hoja en blanco y un esfero que el tomó de inmediato. Le anotó los diez dígitos que lo componían pero por más que se esforzaba, al mirar lo escrito juzgaba errática vez tras vez la anotación. Bien era que el seis parecía un ocho, el tres un cinco o que estaba incompleto por un nueve entre dos trazos que no daban espacio para rellenar. Seguía así macheteando rayas sobre las cifras fallidas y con cada una su nerviosismo aumentaba ante la imposibilidad de ser claro y, por el contrario, revelarse ante ella errático, atropellado y desordenado. Al verle así, ella le acercó su teléfono. Un aparatito ya antiguo en el que ingresar cada número implicaba darle a una tecla desgastada que en simultáneo activaba en la minúscula pantalla una luz blanda para mostrar el número elegido. El tormento reinició y tan solo como a la cuarta vez en que se propuse hacerlo, lo logró. Miguel Escalante despertó de inmediato.

May 8, 2019, 2:35 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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