La cacería salvaje Follow story

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Blair Holladay busca vengar la muerte de su hermana, cuya trágica muerte atrajo a varios enemigos, y a viejos amores que reencarnarán para dominar su magia. Pero primero deberá obedecer las leyes del pueblo donde buscará su venganza, y quizá enamorarse del hombre equivocado... ¿El amor podría desafiar al reino de la muerte?


Romance Paranormal Not for children under 13.

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Capítulo 1. "Camino al infierno"

El corazón de Aragon llameaba formando un puente infernal. Sabía lo que llegar al pueblo significaba; una nueva vida, una aventura despiadada, y demonios vigilando en los rincones más recónditos de tu piel. Algo dentro de mí estaba mal. Había dejado de ser quien era, me había propuesto encaminarme en los peligros más oscuros hacia un pueblo fantasmal donde se encontraba un demonio bajo el regazo de un cazador salvaje, cuya vehemencia era un mito, una muerte y una condena…

El aire olía a una especie de aroma fantasmal, el camino principal estaba rodeado de caballos, y desde lejos, tres jinetes cabalgaban en la noche infinita para recibirme. Sus caballos relincharon y frenaron al momento de atisbarme con sus espectrales ojos azulinos.

El primer jinete metálico descendió de su pura sangre, acarició su rostro tranquilizándolo y después avanzó hacia mí con cautela. La carne de su rostro estaba abrasada, líneas de sangre nublosa se curvaban en el contorno de su piel quimérica, vestía una armadura fantasmagórica en la que se retorcían pequeñas alas de bestias atrapadas. En la profundidad de sus ojos un abismo azotaba sus castigos pasados, y el verde espectro de su retina derecha tenía chispas de fuego.

— ¿Son los guardianes de Aragon? —apreté la mochila contra mi espalda; los nudillos de mis manos estaban enrojecidos al igual que el resto de mi cuerpo cubierto por ese abrigo rosado que me llegaba hasta las rodillas.

— ¿A quién le debo el placer? —su voz fue gruesa y áspera, incluso una sonata de vientos fantasmales que recorría su lengua de fuego oscuro.

—Blair Holladay, fui invitada para la ceremonia de esta noche; Snaga Queens me está esperando en la colonia de Los Caídos.

—No hay ninguna Holladay invitada. —apresuró el caballista. No, no había ninguna invitada, y ni siquiera por un demonio como Snaga. Él había muerto, pero yo no podía olvidar su muerte, seguía siendo duro saber que había perdido a un amigo. —. Debe volver de donde vino, señorita Holladay.

—No puedo hacer eso. —afirmé con un tono corpulento, el jinete fantasma dio un paso adelante llevando su guante espectral hacia su espada, un largo filo con joyas del reino de la muerte que probablemente se le habían sido otorgadas al ascender.

— ¿Qué buscas de este lugar? —su gesto de anubló como siluetas cabrioleando en su mirada. Ahí donde mi consciencia estaba oprimida, la herida crónica ardió como una cuchilla infernal en mi corazón. No quise llamar la atención, así que esperé para llorar mi dolor en otra parte más segura. Nunca había sentido una pérdida tan grande hasta que perdí a mi hermana; una parte de mí se rompió como cristales malditos, sentí como clavos raspándome el pecho y latidos que estaban muertos. Por ella estaba en Aragon, para vengar su trágica muerte… y para deshacerme de la maldición que el mismo demonio que la asesinó puso en mí.

—Ya se lo dije, fui invitada…

—Está obligándome a probar lo que dice. —el jinete desenvainó su espada fantasmal y avanzó lentamente hacia mí.

—Dicen que los infiernos están desatados y que los portales a otros mundos están abiertos para viajeros como yo. —arrugué mis facciones mientras el guardián de los corceles ceñía sus cejas y comprimía la carne calcinada de su reflejo espectral. Al menos podía detenerlo hasta que tuviera un plan.

—Los caminos sólo se abren para criaturas infernales, no lo hacen con mortales.

—No soy una mortal —le informé con un tenue respeto. —si fuese una no estaría aquí, ¿no lo cree?

—No, y tampoco eres una deidad o un ser espiritual. —aquella acusación me había robado el aliento. ¿Quién era si no era una deidad? ¿Quién era si no estaba en mi hogar ni era rodeada por gente cercana? ¿Quién era si no era nada…?

«Sólo soy yo. » quise decir...

Pero aquella respuesta era una prohibición en ese reino de bestias, y sólo me recordaría que estaba maldita.

— ¿Qué eres? —raspó sus dientes.

—Soy una cazadora de demonios. —me mordí el labio inferior.

« ¿Estaba bien decirlo? Sólo soy yo… »

—No tienes un caballo, los cazadores no cazan sin una bestia.

—No necesito uno.

—Entonces demuéstralo. —susurré débilmente una maldición mientras lo avizoraba. Yo vestía lo que me favorecía, siempre llevaba mis anillos hechizados, pero esta vez no los necesitaba. La penumbra del olvido me abrazaba en ese trayecto hacia las tinieblas; mis ojos eran diabólicos, los huesos se retorcían dentro de mi piel como cientos de espinas transitando mi torrente sanguíneo. El placer de sentir que me estaba haciendo más fuerte me convencía de que podía destruir a cualquier sombra.

La maldición que circulaba las fronteras de mi cuerpo interno me estaba consumiendo, y ya no pensaba si era una cazadora o un demonio capaz de destruir a cualquier demonio… Sólo sabía que era Blair, y que me dirigía hacia Aragon para romper la maldición una vez asesinando al cazador salvaje que custodiaba el pueblo.

El jinete fantasmal se abalanzó contra mí, su espada estaba hecha de un fuego azulino en el que brotaban llamas mortales, esa debía ser una de las llaves hacia el reino de la muerte de donde provenían los jinetes. Me preparé, cogí el filo de la espada, cortándome, pero lo enfrenté.

Sostuve la espada, y en un santiamén, pude doblarla. El caballero metálico sonrió con un gesto maquiavélico, pero con algo de satisfacción. Grité cuando dejé de sentir el tacto del arma espectral. La sangre andaba por mis dedos, y en la palma de la mano, burbujas de lava ardiente brotaban en la herida.

— ¡¿Quién eres, Blair Holladay?! —murmuré una grosería cuando atisbé al jinete arreglando la espada con facilidad, y luego pensé que mi nombre sonaba como un insulto cuando esa criatura lo pronunciaba con un extravío de desconfianza. Mi ser se iluminó, una corriente de fuego infernal transitó sobre toda mi piel volviéndola débil ante el contacto, pero después, transformándola en una corteza demoniaca más resistente.

Los caballeros se prepararon para mi ataque. Yo sola, con mi propia fuerza de voluntad, pude mandarle a mi cuerpo y a mi consciencia y ser un soldado destructor en una nueva tierra colmada de demonios. Una lumbre de fuego mefistofélico chisporroteó y franqueó cada parte de mi carne. Me abalancé contra el jinete fantasma, el contacto de mi puño contra su rostro duro fue fatal; una expansión de brasas glaucas sacudió nuestros cuerpos; el caballero me lanzó contra el extremo del suelo con su espada luciferina y rugió con un cántico maquiavélico que provocó que sus compañeros desenfundaran sus armas y vinieran hacia mí con una furia galvánica. Sus voces, himnos inmortales, se auparon para formar un escudo protector y custodiar a su líder herido.

Me puse de pie y rompí el obstáculo con un hechizo de fuego. Venas electrógenas se divisaron en mi piel, las extremidades me ardían mientras tomaba sus cuellos, clavaba mis garras en sus pechos, los lanzaba y dividía sus partes en dos, pero ellos volvían a formarse. Su aura era fantasmal, pero sus cuerpos eran materia, materia que podía descomponerse y volver a generarse.

Una vez más, el líder de rostro destruido y sus jinetes volvían sosteniendo sus espadas con fuerza.

—No puedes asesinar a alguien que ya está muerto, Blair. —el jinete metálico dio un paso hacia mí, quiso intimidarme apretando y alzando su espada espectral. —. Es hora de tu deceso, intrusa.

—Es ella, mi señora. —dijo otro de ellos. Una bruja con la piel de una serpiente se abrió paso entre los jinetes, su vestido humeaba como un ángel de la muerte. ¿Quién era ella? Me preguntaba, porque ella estaba con la oscuridad…

—Llévensela a Nicholas. —ordenó. La mujer me inspeccionó mal educadamente, tomó mi barbilla raspándome la piel con sus uñas, y luego resopló un encanto sobre mi rostro para hacerme desvanecer en los brazos del jinete. No había perdido la consciencia del todo, pude saber cuántos pasos di junto a ellos, vi cómo era Aragon por dentro; un reino de ángeles fantasma que rodeaban fortines eléctricas, torres de ángeles oscuros y mensajeros de la muerte que paseaban y observaban.

Fantasmas de todos los tipos custodiaban las colonias, pocos habitantes merodeaban de noche, y espíritus de corceles se alzaban en los cielos. Aragon era un pueblo conocido por las criaturas sobrenaturales como un hábitat en el que podían transferirse mediante portales hacia sus mundos.

Estaba segura de que el demonio que estaba buscando se hallaba aquí.

Los jinetes metálicos se detuvieron, caí de rodillas en el suelo rasposo y caliente y examiné el portal verde espectral que se abría frente a mí. La silueta de un hombre sujetando un arco de magma apareció dentro de este. El suelo tembló cuando sus botas lo tocaron, y entonces, sus ojos se encendieron al igual que el fuego fatuo que circulaba por su puente carpiano y se extendía hasta sus dedos de donde salían rayos eléctricos.

—Esta mujer entró en nuestro reino, Nicholas. —aquel sujeto del arco fue avanzando sin despegarme la mirada. Sus ojos eran verdosos, llevaba la barba crecida alrededor de su mandíbula y no tenía ninguna arruga, aunque aparentaba unos veintiocho años, y su cabello era oscuro. Un tatuaje tribal que brillaba con una luz infernal le transcurría de la mano hasta el codo. —. Los intrusos están condenados con la pena de muerte, avisaré a los guardianes de plata para que preparen una celda.

—Quédate donde estás, Makayla. —me sentí segura cuando lo miré; la belleza y la fuerza en un solo espíritu, pero su arco y su poder sólo me decía una cosa; él era el cazador salvaje que he venido a asesinar. —. Déjame que te ayude, pequeña musa. —sus palabras fueron amables, incluso celestiales en la manera en que pronunciaba ese léxico tan encantador y cordial. Nicholas me extendió su mano; mi pequeña mano raspada tocó su piel, el contacto ardió y fue extremo. Quemaba, pero había tal seguridad que no podía apartarme, y con su ayuda pude ponerme de pie.

—Mi señor, esta mujer es peligrosa, no debería…

—Cállate Romen, ella ha sido invitada a la colonia de Los Caídos por mí.

— ¿Pero, qué dirán los medios…? —la bruja se escuchaba insatisfecha, y se veía como una serpiente de fuego que no podía contenerse.

— ¿A ti te importa lo que digan los medios? ¿Qué acaso eres tan inútil como para no deshacerte de ellos, Makayla? —Nicholas arqueó las cejas. Se veía molesto, su voz era gruesa e irónica.

—Sí. Pero no creas que le voy a dar lujos de quedarse en la mansión. Que ella consiga su lugar.

—Oh, tendrá que quedarse conmigo entonces. —Makayla abrió los ojos, y antes de que dijese algo más, Nicholas se volteó para mirarme. —. Ella vendrá conmigo, incluso podría darle tu habitación Makayla. Ya no pasas tanto tiempo en esa suite de huesos.

—No. —dije rápidamente, no podía permitirme la garantía de quedarme con él esta noche. Yo necesitaba un plan, y con él cerca no podía encargarme de ello.

— ¿Estás rechazándome?

—Yo… no te conozco. —desvié la mirada.

—Irás conmigo, corres peligro en este lugar. Todos ustedes preparen mi reunión, habrá socios del infierno que espero complacer. —seguí a Nicholas por el camino.

Dejamos atrás a los jinetes y a la bruja extraña que servía para él. Muchas preguntas inundaban mi cabeza, pero no sabía si era el momento exacto para decir algo, o tan sólo tomar la confianza que necesitaba para acercarme más a él.

Entonces las palabras salieron de mi boca como suaves angustias.

— ¿Tú eres el cazador? —aclaré mi garganta. No era una niña dulce, había cometido tantos delitos que incluso mi propia madre me acusaba de ser la responsable por la muerte de mi hermana, pero un cazador entendía a otro cazador, y entre nosotros debíamos entendernos, debía confesarlo o de lo contrario cometería un error.

— ¿A qué ha venido eso? —Nicholas no me miró.

—Lo pregunto porque todos aquí te tienen respeto.

—Llamarme cazador suena grosero, sólo dime Nicholas. Y en cuanto al respeto, suena ridículo. Makayla y Romen sólo son cuidadosos, pero no respetuosos.

—Entonces, —lo vi de reojo. —, ¿eres el cazador salvaje, Nicholas?

—Algo me dice que todas esas preguntas se van a usar en mi contra, Silva. —llevé mi mano hacia la bolsa de mi abrigo donde se encontraba mi cuchilla y lo tomé por el cuello amenazándolo con el filo contra su tráquea.

—Nadie me llama así. —era cierto, nadie me decía por mi antiguo nombre, sólo mis familiares y algunos reclusorios alrededor del país.

—Sé todo sobre ti desde antes de que llegaras. Tu nombre real es Silva Queens, te haces llamar Blair Holladay porque odias todo sobre ti; tuviste una relación con Jensen Keys, un sujeto que solía vender drogas, y después descubriste que ese mismo hombre del que te enamoraste era un demonio. Luego de que lo descubriste asesinó a tu hermana y ahora buscas venganza.

— ¡¿Qué más sabes sobre mí?! —insistí.

—Sé que eres una Arle, un demonio que caza demonios. Y también sé —tomó aire. —que vienes a asesinarme.

En un movimiento rápido, Nicholas me golpeó fuertemente en el estómago, me retorcí, solté el cuchillo, lo observé tirar su arco al otro extremo y luego vino hacia mí mientras se hacía las mangas del suéter hacia atrás.

— ¿Qué estás haciendo?

—No quiero que me tengas miedo, Blair.

— ¿Así que prefieres que te ataque? —inquirí en un tono dramático. Mi voz sonaba un poco chillona cuando me encontraba en posición de ataque.

—Sí. ¿Qué acaso quieres ser cuidadosa conmigo?

—No sé si quiero hacer esto. Al menos no ahora. —no, no podía hacerlo ahora.

— ¿Estabas esperando a que te dejara que me apuñalaras por la espalda? —sus labios eran carnosos y se veían suaves desde la pequeña distancia que nos separaba; Nicholas tomó mi cuello con suavidad, sin la necesidad de ahorcarme, sin querer tomar la revancha… —. Dame una razón para dejar que te quedes en mi casa esta noche, pequeña musa.

Su voz sonó ligera, en un tono despacio, una dicción eléctrica y caliente, palabras que rosaron mis labios con un leve soplido cosquilloso…

Alcé mi mano y golpeé fuertemente su brazo. A él no pareció dolerle, su rostro se volvió serio, pero retador. Encantador, pero salvaje. Me deslicé el saco que me estorbaba con facilidad y lo dejé caer al suelo. Debajo, mis prendas eran ligeras; una pijama negra y una blusa de tirantes color caqui que mostraba un poco mis pechos. Fui hacia él, salté y rodeé su cuello con mis piernas tirándolo al suelo. Ahorqué su cuello con mis muslos, él se zafó con una técnica que no conocía y se levantó sin la necesidad de atacarme.

Me dio oportunidad para levantarme, y al mismo tiempo tomar uno de mis brazos y alzarme, lastimó un poco mis extremidades y luego me dejó patearle la cara y darle unos cuantos golpes en el pecho y en el rostro.

— ¿Eso es todo? —mis nudillos estaban rojos y adoloridos, volví a atacarlo, pero Nicholas tomó mis brazos y me contrajo contra su pecho que subía y bajaba, mientras sus manos tocaron mi estómago, casi tocando mi busto. Sus dedos expandidos en la prenda me daban inmovilidad, pero no podía dejarme convencer por sus intentos de seducirme. —. Creí que sería yo quien caería rendido ante ti, pequeña musa. —susurró con agitación en mi oído.

—Y yo creí que tú querías asesinarme. ¿Por qué haces esto, Nicholas?

— ¿Por qué no? —me apretó con más fuerza. —. No tengo las razones suficientes para hacerte matar, musa.

—No me llames musa.

—Es la única forma de sentir que eres como una inspiración para todos nosotros, Blair Holladay.

— ¿Por qué sería su inspiración? He intentado asesinarlos a todos, eso me condena, no me hace una maldita musa.

—Todos aquí están jodidos por algo. Tú también. Y yo. Pero tú tienes mucho más valor para luchar por tu venganza. Que para mis oídos, sigue siendo ridícula.

—No es ridículo. Jensen asesinó a mi única familia, ¡eso no es ninguna ridiculez! —sollocé enfurecida.

—Todavía tienes a tu madre, Blair. Deberías estar con ella en vez de estar conmigo. ¿Por qué no lo haces? ¿Por qué haces que todo en tu vida sea difícil?

— ¡Tú no me conoces!

—Te conozco más de lo que cualquiera podría conocerte, pequeña. ¿Sabes por qué? Porque no me llaman cazador salvaje porque sí. Y si no sabes mi historia, no eres digna para matarme. ¿Escuchaste, Holladay? Nadie es digno, sólo mi peor enemigo. Y tú no lo vas a ser. —Nicholas me soltó. Me di la vuelta lentamente, y pude observar el brillo en sus ojos, uno bondadoso y capaz de ser piadoso con sus enemigos.

—Me dijiste que te diera una razón para… para quedarme.

—Quedarte en mi casa, sí, lo recuerdo. ¿Qué hay con eso?

—Ese demonio no sólo se llevó a mi hermana, también… —mis pálpitos se volvían débiles por la agitación. Podía sentirlo, el veneno recorriendo mi cuerpo con la libertad de hacer lo que quisiese conmigo. —también me maldijo. Y si no acabo contigo jamás podré… jamás podré recuperar el tiempo perdido. Estoy muriendo lentamente. Y hay algo contigo que puede deshacer el mal dentro de mí.

Nicholas se incorporó más cerca y acarició mi rostro levemente, como si debiera hacerlo en ese instante…

—No hay nada malo contigo. No puedo ver nada malo en ti, pequeña musa. —suspiré con tranquilidad mientras me decidía en si seguir mirándolo o desviar la mirada. —. Pero deberé hacer algo para asegurarme de que no quieres asesinarme mientras duerma.

Desvié la mirada.

—Lo que sea.

—Lo que sea no. Lo que tú quieras, será lo que tú quieras. Pero debe ser especial. Quiero probar que aún puedes desear algo y cuidarlo con todo tu corazón.

—Snaga. —murmuré. No sabía si el cazador podía traerlo de vuelta, pero él era la única persona con la que podría demostrar piedad. —. Mi amigo está…

—Lo sé, pequeña. Lo traeré de vuelta.

May 2, 2019, 5:39 a.m. 2 Report Embed 3
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Paola Stessens Paola Stessens
Un comienzo interesante lleno de misterio y acción queme deja intrigada. Muy buena narrativa con detalles muy visuales y diálogos dinámicos que lo hacen muy vívido.
3 weeks ago

  • Beka castle Beka castle
    Muchas gracias por compartirme tu opinión, me alegro mucho de que te haya gustado :D 2 weeks ago
~

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