Crónicas de vampiros: Bloody Clown Follow story

aurelio_guzman JOSE AURELIO GUZMAN MARTINEZ

Este volumen, es la segunda entrega de una saga de vampiros. Aquí se narra la aventura amorosa de Carlo, "El Vampiro Atrapado entre Dos Mundos"; mientras Bloody Clown aparece, sembrando terror y muerte a su paso. Muerte, venganza, amor, magia, vampiros, hombres lobo y otras criaturas, forman parte de este libro.


Horror Monster literature Not for children under 13.

#amistad #amor #brujas #magia #terror #hombres-lobo #vampiros
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CAPÍTULO I

Corrió hacia la casa de su tío Randolph, mientras se quitaba la playera manchada de sangre y la lanzaba al piso. Hubiera querido volar, pero no podía hacerlo. Cuando cruzó la avenida, pensó en Sophie. Ella era lo que más le preocupaba. ¿Qué pasaría ahora con Sophie? No quería perderla. Ciertamente, él era alguien fuerte, pero todos saben que el corazón, es el punto más débil de los vampiros, y Carlo, no era la excepción.

En su carrera, algunas lágrimas aparecieron en su rostro:

- ¿Qué es esto?, ¿por qué lloro?- se preguntaba.

Era el amor, ese amor dulce que se ha empañado, ese amor alegre que ahora calla. Nunca había sentido un dolor así, y eso lo asustaba. A través de sus pupilas, podía verse la sombra de su alma desgarrada; su corazón latía muy fuerte, pero no era por las sirenas de las patrullas, ni estaba agitado de tanto correr; no, su corazón estaba asustado, porque saber, que nunca más serán tuyos los labios de quien amas, siempre asusta, incluso al más fuerte.

Siguió corriendo, su cara estaba empapada en sudor. Dio vuelta justo frente al “Casino Diamante”, y al ver pasar una patrulla por la calle, se detuvo allí por un instante.

- ¿Estás bien?- le preguntó un hombre pelirrojo, que fumaba afuera del lugar.

- Sí- le respondió, jadeando.

- Pues no te ves bien, chico. ¿Por qué estás semidesnudo?

Las sirenas se escuchaban muy cerca y Carlo no podía ocultar su nerviosismo.

- ¿Un cigarro?

- ¡No fumo, gracias!

- Como quieras… ¿Es por ti?

- ¿Qué?

- Todo este alboroto… las patrullas. ¿Estás huyendo?

- No, ¿de qué estás hablando? ¿Por qué huiría?

- ¿Has escuchado la frase: “Entre gitanos no nos leemos las cartas”? Pues resulta que yo soy un mentiroso profesional, y tú, eres un aprendiz muy malo.

- No estoy huyendo de nada- dijo Carlo, y pretendió retirarse.

- Entonces haces bien en irte del mejor escondite que hay por aquí. ¡Buena suerte, chico, y saluda a mis amigos en la prisión!- dijo el hombre, arrojó el cigarro al piso, lo apagó con la punta del pie, y se enfiló hacia dentro del casino.

- ¡Espera!- dijo Carlo. ¿En dónde está ese escondite?

- Pensé que no huías.

- Tal vez lo hago.

- Está bien. No te preocupes, chico. Todos huimos de algo, alguna vez en la vida… o muchas, en mi caso.

El hombre se quitó el saco y se lo dio a Carlo.

- ¡Sígueme!- le dijo, y caminó hacia la entrada del casino.

- ¿Está contigo?- dijo el guardia del lugar.

- Así es, Toro. ¿Cómo te llamas, chico?

- Carlo.

- Carlo viene conmigo.

- Está bien, Bingo, pueden entrar.

Cruzaron el arco de seguridad e ingresaron al casino; caminaron por aquella alfombra de colores, hasta perderse entre aquel laberinto de máquinas y cartas.

- ¿Tienes dinero?- dijo Bingo.

- ¿Para qué?- dijo Carlo.

- Para apostar, ¿para qué otra cosa?

- Sólo un poco- dijo Carlo, mostrando unas monedas sobre la palma de su mano.

- Servirán- dijo Bingo, arrebatándoselas.

Fueron hasta la caja y se formaron en la fila. Adelante de ellos, había una anciana en minifalda; se veía bastante emocionada. La mujer volteó, miró a Bingo y lo besó en la boca.

- ¡Tenías razón, tenías razón…!

- Siempre la tengo.

La anciana tomó por la cintura a Bingo, lo cogió de un brazo y comenzó a bailar con él, al ritmo de la salsa que se oía en el sonido ambiental.

- ¿Cuánto fue?- dijo Bingo.

- Recuperé todo lo que había perdido, y todavía me quedará algo más- dijo la mujer.

- ¡Excelente!, ¿y habrá alguna recompensa para el buen Bingo?

- Ya te he dado un beso, ¿quieres otro?

- Me encantaría otro, pero mi estómago está vacío y el de mi amigo también.

- ¡Qué muchacho tan guapo!, ¿es tu hijo?

- No, sólo es mi amigo, Carlo.

- ¿Un amigo? Los amigos de Bingo, son mis amigos también. Soy Miss Bunnie- dijo la anciana, extendiendo su mano a Carlo.

- ¡Anda, besa su mano! – dijo Bingo.

Carlo tomó la mano de la mujer y la besó; luego ella lo agarró por la nuca y lo abrazó con fuerza, restregando la cara de Carlo en su pronunciado escote, que dejaba muy poco de sus senos a la imaginación.

- ¡Adelante!- dijo la cajera.

- ¡Oh, es mi turno!- dijo Miss Bunnie, liberando la cabeza de Carlo-. Aquí está mi ticket, querida.

- ¿Qué le pasa a esta anciana?- dijo Carlo.

- Sólo es una mujer que mantiene viva la llama del amor, la flama de la lujuria- dijo Bingo, lanzando una mirada lasciva a las piernas de la anciana y a su espalda descubierta.

- ¿No es un poco grande para estas cosas… para el amor?

- Nunca se es demasiado grande para el amor, y menos, tratándose de una mujer de sus apetitos. Cuando ella era más joven, fue la portada de Playboy. Deberías agradecerle a la vida que tuviste tu rostro entre los senos de una conejita. Eso no se hace todos los días.

- Había sudor en sus senos.

- Espera a ver bajo su minifalda… De cualquier forma, ella es genial. Es bueno ser su amigo, créeme.

Miss Bunnie cobró su ticket y estaba feliz. Tomó un par de billetes, se los mostró a Bingo y, con sus largas uñas, los metió dentro del pantalón de éste, justo entre sus genitales.

- ¡Gracias por la suerte!- dijo a Bingo, sonrió a Carlo, y se alejó, contando su dinero y contoneando las caderas.

- ¿Vas a retirar o comprarás un ticket?- dijo la cajera a Bingo.

- Compraré- le respondió, sacando algunas monedas de su bolsillo y colocándolas sobre la ventanilla.

- Eres un tacaño, Bingo.

- Lo sé, soy un tacaño, pero un tacaño con suerte, cariño.

La cajera sonrió y le entregó un ticket.

- ¿A qué hora sales hoy, muñeca? Te invitaré a cenar.

- No creo que te alcance el dinero. Ese ticket no durará mucho.

- ¿Quieres apostar? ¡Vámonos, chico! La acción nos espera- dijo a Carlo.

Camino a las máquinas, Bingo detuvo su paso para saludar a la vieja Kassia:

- Creí que ya no te vería en el casino, ¿qué te hizo cambiar de opinión?

- Jacky está enferma. Necesito dinero.

- ¿Enferma? ¿En dónde está? ¿Qué le ocurrió?

- La dejé en la Plaza de Armas. Ayer nos sorprendió la lluvia en la calle; Jacky amaneció con mucha fiebre y no ha mejorado. Debo llevarla al médico, pero no tengo suficiente dinero para la consulta, ni para la medicina. Me dijeron que estabas aquí y compré un ticket con los pocos pesos que junté. ¿Podrías leerlo, por favor?

Bingo clavó su vista en el ticket, y por un momento, los ojos se le pusieron en blanco, luego salió del trance en el que entró y le dijo a la vieja Kassia:

- Lo lamento, es un ticket perdedor.

- ¿Estás seguro?

- Sí, lo estoy. Haz una jugada en una máquina y luego cóbralo, o perderás tu dinero.

- ¿Y si lo cobro y luego compro otro? ¿Lo leerías de nuevo para mí?

- Por supuesto, pero podríamos estar aquí toda la noche, sin lograr nada, y mientras tanto, Jacky seguiría enferma.

- ¿Por qué no le das el dinero que te dio Miss Bunnie?- dijo Carlo a Bingo.

- ¡Oh, es verdad! Acabo de recibir unos billetes- dijo Bingo, luego buscó el dinero entre su ropa interior, los tomó y se los dio a Kassia, quien le dio las gracias y se retiró.

- ¿Quién es Jacky?- dijo Carlo.

- Es su gata- dijo Bingo.

- ¿Su gata? Deben gustarle mucho los animales, se veía muy angustiada.

- Jacky no es una gata cualquiera. Tal vez la conozcas un día de estos.

- ¿Y qué fue todo eso del ticket? Es decir, todo ese teatro de poner los ojos en blanco…

- Ningún teatro, chico. Fue real. Verás, hay gente que lee las cartas, hay gente que lee el café, y yo leo los tickets de los casinos.

- ¡Qué tontería!, ¿cómo puedes engañar así a las personas, sobretodo a las ancianas?

- Nada de tonterías, mi joven amigo. Leer tickets de casinos, es un arte. Y sí, estafar es otro de mis pasatiempos, pero no lo hago con los tickets, ni con las ancianas.

Bingo y Carlo buscaron la máquina con el jackpot más alto y comenzaron a jugar. - Debo hablar con mi tío Randolph, debe estar preocupado. Mi celular se quedó sin batería. ¿Tienes un teléfono que puedas prestarme?- dijo Carlo.

- Lo lamento, lo perdí ayer en una apuesta- dijo Bingo.

- Usa el mío. ¡Anda, úsalo! - dijo un hombre que recién llegaba, y que iba acompañado por dos hermosas mujeres, mientras le mostraba a Carlo un celular en la mano.

- ¡No, gracias! Acabo de recordar que tengo otro teléfono en el auto- dijo Bingo, apartando la mano del hombre que apuntaba hacia Carlo.

- No tiene que ser tan desconfiado, señor Bingo. El muchacho y yo somos familia. ¿No es verdad, muchacho?- dijo el hombre, mirando fijamente a los ojos de Carlo.

- ¿Nos conocemos?- dijo Carlo.

- No, pero ambos sabemos que hay un lazo que nos une – dijo el hombre.

- Ambos compartimos el gusto por la sangre – escuchó Carlo en su mente, sin que el hombre moviera los labios-. No vayas a comerte a Bingo, es algo estúpido, pero tiene habilidades que pueden ser útiles. Además, la sangre irlandesa es algo amarga.

El hombre tomó una cartera de entre el bolsillo de su saco, la abrió y cogió una tarjeta que le dio a Carlo.

- Aquí tienes. Ven a visitar a la familia algún día, ya sabes lo que dicen: “Si andas solo, llegarás más rápido; si vas acompañado, llegarás más lejos”. No estás solo. Ni tú, ni yo. Por cierto, ¿cuál es tu nombre?

- Carlo.

- ¡Mucho gusto, yo soy Frank! ¡Hasta luego, señor Bingo!- dijo el hombre, antes de irse a jugar al otro lado del casino, junto con sus acompañantes.

Carlo leyó la tarjeta que le entregó Frank.

- ¿Qué dice?- dijo Bingo.

- “Isla Bermeja”- dijo Carlo, justo antes de convulsionar y caer al piso:

Carlo abrió los ojos, estaba de rodillas, encadenado de pies y manos, junto a otro hombre y una mujer, a la orilla de un caudaloso río. A su alrededor, había una multitud con antorchas encendidas, que los observaban, los maldecían y les arrojaban piedras. Un hombre que llevaba un crucifijo y vestía un hábito, les gritaba: ¡Arrepiéntanse, arrepiéntanse, y acepten a Dios antes de morir, ustedes, abominables criaturas!

El hombre al lado de Carlo, escupió al inquisidor, quien le dijo:

- Ten paciencia, pronto llegará tu hora, pero primero, ¡castiguemos a la bruja!

- ¡Mátenla, mátenla…!- gritaba la multitud-. ¡Maten a la bruja!

Desencadenaron a la mujer, le amarraron una piedra al cuerpo y la arrastraron para arrojarla al río, que corría con fuerza.

¡No, por favor! ¡No, por favor! ¡Soy inocente, están cometiendo un error! ¿Qué pasará con mis hijos? ¡Soy lo único que tienen…!

- Si eres inocente, como dices, Dios te salvará, y si no, arderás en el Infierno por tus pecados- dijo el inquisidor.

- ¡Mis hijos, mis hijos…!

- La Iglesia cuidará a tus hijos, mujer. ¡Arrójenla!

La aventaron al río, sin que ella supiera nadar, y ante la euforia de la gente, poco a poco, su voz desapareció en el agua; su vida se escurrió entre la corriente.

- ¡Se ha ahogado, la bruja se ahogó! Esa es la prueba de sus pecados. Si hubiera sido inocente, Dios, con su misericordia, la habría salvado, ¡pero era una bruja y Dios la castigó!- dijo el inquisidor.

Carlo abrió los ojos de nuevo y despertó en el casino, al lado de Bingo, quien había permanecido junto a él, después de que convulsionara y cayera al piso.

- ¿Qué pasó?- dijo Carlo.

- Tuviste un ataque y perdiste el conocimiento- dijo Bingo.

- ¡Ouch!, me duele la cabeza.

- Necesitarás hielo, te golpeaste muy fuerte al caer. Despertaste justo a tiempo. Tenemos que irnos.

- ¿Por qué? ¿Ya no quieres jugar? ¿No estabas tan ansioso de apostar el ticket?

- Olvida el ticket, la policía vendrá pronto. ¡Levántate!

- ¿La policía? ¿Por qué? ¿Les dijiste sobre mí?

- No vienen por ti. Mira a tu alrededor…

Había sangre regada por doquier: por la alfombra, salpicando las máquinas, las mesas y los muros. Miss Bunnie estaba tirada al lado de Carlo, con la ropa teñida de rojo.

- ¿Está herida?- dijo Carlo.

- No, está muerta – dijo Bingo.

- Pero, ¿cómo?

- No hay tiempo para charlas. ¡Anda, levántate! Debemos irnos- dijo Bingo, mientras esculcaba los restos de Miss Bunnie, y tomaba sus joyas y el dinero.

- ¿Qué haces?- dijo Carlo.

- Ella ya no los necesita- dijo Bingo, antes de besar los labios de la anciana-. ¡Adiós, amiga!

Se deslizaron por entre las máquinas, en cuclillas, pisando los cadáveres de otros jugadores y hundiendo los pies sobre charcos de sangre. Junto a la mesa de póquer, vieron a Frank mordiendo el cuello de un cadáver, mientras una de las vampiresas que lo acompañaba, hacía lo mismo con otro cuerpo. Frank volteó, los miró y dijo:

- ¿Por qué se van? Anda, Carlo, bebe un poco, te hará bien. ¡Es gratis y está tibia!

- No tenían por qué matarlos- dijo Carlo.

- ¿Matarlos? ¿Piensas que nosotros hicimos este desastre? ¿Pues en dónde estabas cuando ocurrió todo?

- Se desmayó- dijo Bingo-. Ellos no hicieron la masacre, sólo sacan provecho de ella. Sabía que los buitres son carroñeros, pero no creí que los vampiros también lo fueran.

- ¡Cuida tu lengua, Bingo! La suerte te podría abandonar.

- ¡Ya vienen!- dijo una vampiresa que entró corriendo.

- El banquete terminó. ¡Hasta luego, señores!- dijo Frank, y se retiró a toda prisa, junto a las vampiresas.

- Si ellos huyen, nosotros también- dijo Bingo, jaló a Carlo y abandonaron el lugar.

Pronto, varias patrullas rodearon el casino y los policías ingresaron en él.

- ¿Qué diablos pasó aquí?- dijo el comandante, quien no daba crédito a los numerosos cuerpos y al mar de sangre regada por doquier.

No había casquillos de balas, ni un solo rastro de disparos, y las mutilaciones en los cuerpos tenían formas muy extrañas. Era como si las personas hubieran sido arrojadas a una jaula con leones.

- ¿Quiénes hicieron esto?- dijo el comandante, mientras miraba el cuerpo de un hombre al que le faltaba un brazo y que tenía cercenada la mitad del rostro.

- Debieron ser animales, tal vez escaparon de algún zoológico o un circo- dijo un policía.

En ese instante, “El Cazador” entró al casino y vio el cuadro macabro que había allí.

- ¿Quién es usted?- le dijo el comandante-. Usted no puede estar aquí.

- Vengo a limpiar este desastre.

- Yo estoy al mando.

- No por mucho tiempo. ¡Trae a los diablillos!- dijo “El Cazador”, gritando hacia afuera del casino.

Un cíclope entró con una jaula cubierta por una frazada.

- ¿Qué demonios eres tú?- dijo el comandante, desenfundando su pistola, al igual que los otros policías-. ¡No des un paso más!

El cíclope retiró la frazada, abrió la puerta de la jaula y usó un silbato, mientras los policías abrían fuego; el cíclope recibió los balazos y cayó muerto; los diablillos se abalanzaron contra los policías y comenzaron a devorarlos, ante sus inútiles intentos por defenderse con las armas.

Al mismo tiempo que los diablillos se alimentaban, “El Cazador” recorrió el casino buscando los videos de las cámaras de seguridad. Le disgustaba tener que limpiar las huellas de otras personas, pero era parte de su trabajo. Halló el área de seguridad, tomó los videos y regresó con los diablillos, quienes ya habían “limpiado” el lugar. Se habían comido todo, excepto al cíclope muerto.

- ¿Qué ocurre? ¿Se quedaron sin hambre?- dijo “El Cazador”-. ¡Cómanselo también, no pienso cargarlo!

Luego de que los diablillos también se comieran al cíclope, “El Cazador” cogió el silbato que había caído al suelo y lo usó, haciendo que aquellos glotones regresaran a su jaula; la cual cubrió con la frazada otra vez, y sujetándola con la mano, se retiró con ésta del casino.

April 15, 2019, 5:35 p.m. 0 Report Embed 0
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