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PASTILLAS PARA VIAJAR EN EL TIEMPO


Era el cumpleaños número cuarenta de su padre y para mejorar la distante relación que mantenía con él, su hijo le compró un frasco grande de pastillas para viajar en el tiempo. Era el regalo de moda ese año y bastante caro por cierto. Su progenitor sorprendido por el obsequio, no tardó en tragar la primera píldora, cerrar los ojos (cómo aparecía en la indicación del envase) y al abrirlos, aparecer en el lugar y tiempo donde había sido un niño y donde sus padres, a diferencia de su presente, estaban vivos. Tras el disfrute del viaje iniciático, el padre no se detuvo y cada vez que regresaba se tomaba otra píldora para hacer un nuevo viaje. Así visitó la antigua Roma, Grecia antigua, Egipto, donde casi lo descubren que era un viajero del tiempo, la prehistoria, Hiroshima, dónde regresó segundos después del estallido de la bomba nuclear y así una infinidad de diversos lugares que fueron quedando como recuerdos imborrables en su cabeza hasta que se dio cuenta que comenzaron a desgastarse porque ya tenía ochenta años. Cómo no podría seguir viajando porque era peligroso para su integridad, regresó a su casa. Cuando abrió los ojos, llamó a su hijo, pero este no estaba. Era normal que se fuera e hiciera su vida después de todo el tiempo que estuvo ausente. El padre asumido del desapego de su único hijo, vio sobre la mesa una nota que decía—Espero que lo hayas superado. Te regalé los viajes para que me apreciaras y esperé durante décadas tu regreso para conversar sobre el tema. Solo quería que me contaras de tus viajes. Sin embargo, veo que solo sigues pensando en ti y en tu dolor. Supéralo papá. La muerte de mamá no se puede cambiar, pero tu dolor sí.

April 15, 2019, 8:18 a.m. 0 Report Embed 1
The End

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