Puertas, muros y el viento Follow story

fzzio Fabricio Orrala

Una historia comunicada en el lenguaje más fuerte entre dos personas: El silencio.


Romance All public. © Fabricio Orrala

#romance #amor #piano #relojera
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Parte I: Aquel té

Él continuaba entonando una de aquellas canciones tristes en su viejo piano; mientras disimulaba entre silencios, un dolor por el que se tomaba el lado izquierdo del pecho.


Ella lo observaba desde una distancia prudencial, lo quería mucho y se notaba preocupada. Empezó a analizar el origen del dolor, ¿se debía a su espalda? ¿serán su costillas? ¿quizás los pulmones por una de aquellas gripes mal curadas?


Él seguía entonando de modo impecable su música triste que por momentos la melodía se tornaba fuerte y oscura. A pesar de que sus ojos estaban permanentemente cerrados, se notaba su ira contenida cuando entre cada nota fruncía el ceño.


Ella seguía meditando y parecía obligándose a divagar desde su lugar sobre el mal que afectaba a el músico que divisaba distante. ¿Un resfrío? ¿quizás un catarro de esos fuertes? Sabía que él jamás aceptaría un descanso por fuerte que fuese la enfermedad y seguiría ahí... sentado en su piano.


Él era una especie de testarudo musical; si alguna nota no le salía, se empeñaba en practicar hasta conseguirlo. A muy temprana edad entendió que sus dedos cortos no eran una excusa válida por la que no podría desenvolverse con el piano, pues con práctica, maña y trucos logró desarrollar su propia técnica.


Ella era una mujer igualmente testaruda pero que había aprendido a manejarse en aquello. Ella era relojera, su trabajo y precisión habían causado que siempre su talento fuese requerido en todas las comarcas y pueblos. ¿Su adicción? Mirar el reloj con frecuencia. No consentía la idea de que algo estuviese fuera de su control y mucho menos a destiempo. Sus labores estaban tan organizadas que era casi imposible que algo no fuese previsto por ella. Se podría decir que todo lo tenía planificado pero aquel músico era lo único que no lograba poner a tiempo en su vida; pero, había aprendido a tolerarlo al igual que él a ella.


Un músico y una relojera, en un tiempo en que nadie daba nada por escuchar música, pero cada vez más sofisticados y necesitados se volvían los relojes. Ella tenía la aspiración de poner a tiempo todos los relojes de la región y poder organizar todas las actividades a buena hora en cada jornada. En aquel tiempo el inicio del día de trabajo era indicado por las campanadas de la iglesia ubicada en lo alto de una montaña.


¡Ese par de necios! pensó en voz alta ella, cuando recordó que más de una vez habían sostenido discusiones fuertes pero sin argumentos creíbles para ambos. Pareciera que lo hacían sólo para demostrar quién era el menos testarudo. Como si algún día el trabajaría en el campo y dejaría ese piano. Como si ella algún día dejaría de andar pensando el administrar el tiempo de todo mundo.


Mientras ella sostenía su mirada en un punto fijo de la escena, pudo ver que él aún usaba el metrómono que le hizo hace mucho tiempo. Recordó que mientras lo fabricaba sólo pensaba en lo mucho que se querían y en los buenos momentos que anhelaba que pudiesen vivir juntos. También sabía que le iba a ser de utilidad y así, desde su trabajo, podía ayudarle en el estudio de su música. Cuándo se lo entregó, se fundieron en un abrazo tan tierno y dulce como fuerte. Él tuvo motivos de sobra para componer de inmediato una hermosa melodía para ella únicamente contemplándola y casi sin parpadear, tal como si fuese uno de esos artistas gráficos. "Fueron buenos tiempos", ella recordó.

April 29, 2016, 11:28 p.m. 0 Comments Report Embed 2
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