Sorglema Sobreproblema Follow story

liondeuxbeto1554975287 Beto Liòndeux

Un campesino se topa con el Aleph, y tiene el llamado críptico de acabar con el ejército completo de una nación sometida a la dictadura.


Short Story All public. © beto liondeux

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Sorglema

Estaba muerto, tan muerto como un búfalo en el desierto, quien supo de él, jamás lo pudo olvidar. Había salvado a la patria, había deteriorado las coyunturas políticas más fuertes de la nación y desarticulado el mal como el cirujano más diestro y fino extirpando un tumor maligno de un paciente que en algún momento fue un padre, un amigo, un poeta, un soñador, un realista, un ser imaginario cabalgando sobre el universo y transformándose en todo aquel que bien consideramos hermano, sangre de mi sangre, hueso de mis huesos. No se concibe olvidar cuando esta sangre fraterna es derramada solamente por el vaivén de una lengua detractora que da órdenes de matar a los cachorros más fieles de la patria, estudiantes imberbes, pero al mismo tiempo maduros, conscientes, valientes, y dispuestos a sufrir las mayores consecuencias por defender el territorio, su hábitat pueril y literario, de libros, borradores, exámenes, poemas, romances atolondrados, pero oh cuan bellos momentos. No están dispuestos a poner en riesgo los mil y un escenarios que viven cada día en las hermosas noches de verano. Sin embargo, lo han perdido todo. Casi todo, menos la esperanza. Aunque algunos habían perdido hasta el hálito que produce el querer tener esperanza, habían quedado secos hasta de lo que nunca fueron empapados. Ya nadie confiaba en nadie, la llamada alianza cívica era un ente detractor que más bien ralentizaba los sueños de muchos, y otros líderes políticos no buscaban más que el tan codiciado dinero, raíz de todos los males, lamento de lamentos, y vanidad de vanidades. Que mal más doloroso. ¿Quién podría sacarles de tal estado? ¿Quién podría liberarles?


En las hermosas montañas de café y miel donde las aves eran amigas de los hombres, y los niños jugaban con arco iris, en la fresca región de Cocobán, vivían Sorglema Sobreproblema y su familia. Gente de carnes bronceadas, sacudidos por la crisis, arrepentidos, renacidos por segunda vez, y reinventándose cada día la manera de vivir, innovando como combatir la pobreza extrema y la crisis sociopolítica de la nación. Sin embargo, no estaban solos, tenían al Dios de los Cielos de su lado. ¿Qué más podría pedir? ¿Quién podría estar en contra de ellos cuando tenían el beneplácito del pintor del universo? Eran líderes comunitarios respetados por su actitud sacrificial y de servicio, eran miembros de un grupo de ahorro que hacia préstamos para emergencias sociales, eran jefes del gabinete familiar, gestionaban proyectos ante las alcaldías, y de vez en cuando un portal del cielo se abría en su hogar cuando Sorglema viajaba a la ciudad y llevaba pizza a casa. Era un agasajo, una celebración, los rostros de sus hijos se encendían como candelas romanas, chispeantes, radiantes, y era una alegría tan grande que llovía música del cielo.


Sorglema el campesino era también pastor titular de la iglesia en su comunidad y tenía como enfoque a la familia. Es decir, cumplía el verdadero rol de la iglesia que era equipar las familias con valores cristianos, principios de vida eterna que podían romper las cadenas mentales que los esclavizaban a vivir en la pobreza. Sorglema predicaba acerca del Reino de Dios, cuan cerca estaba y como estábamos llamados para emular ese reino olvidado en el mundo, pero primero en nuestras casas. Creaban células no para abordar temas banales o terapias insípidas y egocéntricas donde unos oraban falsamente por los otros, creaban células de hombres y mujeres armados con la Palabra de Dios para visitar familias y compartir con ellos éstos principios que cambiaban la vida de cualquier mortal. Uno de los principios era aceptar que la vida era lineal y no cíclica. El paradigma de que todo es un ciclo conlleva al fatalismo que derrumba el sueño de las personas. El hilo de pensamiento bajo este paradigma es: mis abuelos fueron pobres, mis padres fueron pobres, por consiguiente, yo voy a ser pobre y morir como un perro. Sorglema y su iglesia se encargaban de romper este tipo de mentalidades que subyugan al ser en lo más profundo de sus raíces y cosmovisiones erradas.


En algunas ocasiones no todo iba tan bien, algunas personas querían hacerle daño porque pensaban que era un fanático que quería crear su propia religión y lavar el cerebro de los líderes comunitarios. Otros le consideraban el nexo entre Dios y los hombres, pero Sorglema siempre los regañaba enérgicamente y afirmaba que no era más que un siervo inútil, con rostro demudado, y un corazón lleno de callos y alma llena de cicatrices. Aunque Sorglema, en la intimidad de su hogar si tenía una koinonía con el Dios vivo, y era un instrumento usado por el Pintor de los Cielos para cumplir Su Voluntad. Su familia en ocasiones salía espantada de la casa al escuchar voces celestiales y destellos de luz cuando Sorglema entraba a orar en su habitación, también escuchaban rugidos de bestias y pasos como de aquel que tiene pies de bronce bruñido.


Sorglema oraba incesantemente por la situación de su país, porque también ya la violencia, el abuso y totalitarismo se colaba en su comunidad. Algunos habitantes estaban tomando tierras de otros, matando familias enteras, denunciando a los que no compartían sus ideologías baratas, quemando negocios, y ahorcando a mujeres y niños con la propia bandera, símbolo patrio que es para acobijar a todo fiel ciudadano que come y bebe de los placeres de la vida, y que trabaja duro para su familia. Que desidia, y ahora era un arma letal usada para ahorcar, y la cual quemaban y escupían todos los oficiales del gobierno simplemente por que simbolizaba la imagen del pueblo inocente que clamaba democracia. Cuando los símbolos patrios se vuelven motivo de burla, la decadencia de la nación ha tocado las profundidades de la inmoralidad y el sepulcro abierto de la vulgar corrupción.


La ira que había estado apagada por mil años se encendía en el pastor Sorglema Sobreproblema, el deseo de devolver la voz al inocente y encender la vela al que se le había pagado con dedos llenos de sangre, era lo único que estaba como frontal ante sus ojos. Pero tenía el compromiso de mantener la cordura, al final su Palabra le decía que debía respetar las autoridades y su iglesia estaba convencida que el gobierno actual no era tan malo, a fin de cuentas, había dotado a la comunidad de 150 casas en el último proyecto municipal, regalaban mochilas a los niños, complementaban la merienda escolar, y también hacían chequeos médicos. Todo esto para muchos en la comunidad era valorado más que cualquier otra cosa, y la mejor ruta era hacerse de la vista gorda pues o estabas con el gobierno y vivías o perecías en el intento de ir en contra de ellos. Todo esto era una carga muy pesada para el pastor Sorglema y no podía concebir el tenebroso silencioso que guardaba no sólo su comunidad si no el cuerpo pastoral evangélico de las iglesias en toda la nación.


Como era usual no podía dormía por las noches, y se encontraba rumbeando por el río, viendo las estrellas, y llorando amargamente por todo lo que acontecía en su país. Se preguntaba ¿Cómo puede el hombre defenderse cuando un ejército acampa a su alrededor? ¿Cómo puede el hombre ver que sus hermanos son asesinados y no hacer nada? ¿Cómo pudo David vencer a Goliat, quien tenía el brazo de Hércules y las manos de Sanson? ¿Cómo pudo Hercules derrocar a los titanes del Hades? ¿Cómo pudo Conan Gullban contra los 10,000 marcianos de las cuevas? Pensó en Moisés cuando pegó con ira contra la piedra para que saliera agua, el hizo lo mismo, pero con el puño y a una inmensa piedra de río, y esta se partió en dos. Dentro de ella había una pequeña esfera color tornasol que se suspendía en el aire y daba vueltas a la velocidad de la luz. Sorglema estaba intrigado y asustado viendo la pequeña orbe. El pasado, presente, y futuro se revelaba ante sus ojos de una sóla vez, todo al mismo tiempo. En la esfera tornasol se revelaba también un mensaje de esperanza y restauración para su nación. Era capaz de avizorar un futuro lleno de abundancia, paz, democracia, una nueva patria con sangre nueva, y no derramada, sangre guardada, pura, sin mancha, y podía ver la tierra prometida como descendía y reemplazaba todo lo que se había perdido, y el fruto al ciento por uno florecía por todas las coyunturas más complejas de la nación. También logró ver a su familia pasar de una vida de campo a la ciudad, a esa tierra nueva, y danzando al son de una alabanza con instrumentos de aire, y trabajando duro, pero con entusiasmo y alegría, no había sufrimiento ni padecimientos, todos comían y bebían, y no había interrogantes que asaltaran más y quitaran el sueño de los hombres.


Una voz de trueno le dijo que comiera la esfera para cumplir la profecía de ser el instrumento de cambio para su país. Él había sido el elegido para destruir todas las fuerzas del mal, las potestades de las tinieblas que acechaban a los hombres de aquella nación y que devoraban sus sueños como un bocado de pan mojado. Sorglema, en un estado extático y suspendido en el aire, tomo la esfera y lleno su estómago con ella. La dulzura que pintó su paladar al tocar la esfera con su lengua, sacó sus lágrimas, y la amargura que sintió cuando este paso por su garganta, lo hizo sudar sangre de su frente. El sufrimiento y la alegría se tomaban de la mano y jugaban rayuela sobre el corazón de Sorglema. Estaba encomendado, comprometido a cumplir una misión…y eso implicaba sangre.


Por la mañana, preparando el café y unas hojaldras, Sorglema le comentaba a su esposa de aquel extraño sueño y al mismo tiempo se desvanecía y despertaba tirado sobre las piedras del río después de haber tragado la bolita tornasol. Se despertaba sobre las piedras del río y se desvanecía y despertaba luego en la mañana con su esposa. Continuaba en las piedras y seguía en el desayuno, se echaba un bocado y un trago de café y regresaba a estar tirado en las piedras del río. Desayuno y piedras, piedras en el río y desayuno con su esposa. No podía despertar por un momento hasta que la voz de trueno dijo – Basta. Estas resistiendo a mi llamado, Sorglema. Despierta ya tu que duermes, despierta ya tu qué quieres evadir la responsabilidad. Sé diligente y libera a tu nación, atiende mi llamado por que después la sangre derramada de tus hermanos caerá sobre tu cabeza. Un anciano vestido igual que él y casi idéntico en facciones y físico, se le acercó y le susurró: cuando tu nación te quiera ser arrebatada por tiranos comunistas, haz algo para que eso no suceda…lo que sea.


Despertó, esta vez en un hotel en la capital, ya habían pasado tres días desde que atendió el llamado y no sabía que había ocurrido durante esos tres días. Sólo recordaba que había decidido atender el llamado de salvar a su nación y una voz interna le decía que esos tres días perdidos había descendido a una de las calderas del infierno para entrenarse luchando con leviatán y belcebú y estaba condenado a estar ahí a no ser que pasara el entrenamiento. Dado que estaba durmiendo en su habitación, Sorglema era ya el hombre formado para desmantelar las coyunturas del mal que plagaban a la nación, era el arma letal y brazo de salvación que pretendía hacer una locura, al final esas movidas locas son las que terminan cambiando el estatus quo.


Se levantó a tomar agua en aquella habitación que no sabía cómo había llegado, se vio frente al espejo. Observó los detalles de un hombre alto, carnosos labios, barba azulada, perniciosa nariz, fornido cuerpo monumental como estatua de bronce bruñido y a su derecha en el reflejo estaban el viejo idéntico a él y un hermoso León de tal estampa que sus ojos se deleitaron al ver, y sus venas resaltadas por todas las partes de su cuerpo, como cables que transmitían energía en cada musculo, y éstas tenían un matiz tornasol, y sus ojos eran como dos diamantes con azabaches incrustados. El León y el Viejo le afirmaron que estarían con el hasta el fin del mundo y que lo acompañarían en todo momento de dificultad y que la copa próxima que iba tomarse, no sería nada grato, pero era necesario para cambiar radicalmente la realidad de su nación y devolver el poder que fue arrebatado del pueblo.


Tenía la fuerte convicción que nada podía hacerle daño y que podía acabar con todo el ejército y el cuerpo policial que tenían secuestrada la nación y quienes eran los responsables de haber derramado tanta sangre. El pastor Sorglema, por primera vez dentro de esta crisis política había decidido enfrentar la realidad y no ser neutro ante una situación tan perturbadora. Se arrepintió de haber sido tan pasivo, de haber tenido la oportunidad de denunciar el mal y no haberlo hecho, de enfocarse en la maldita letra que lo único que hace es matar la sensibilidad del hombre. Eso es lo más patético que el ser humano puede hacer, se dio cuenta. Caminaba con firmeza hacia la base de la Guardia Nacional convencido que podía acabar con todos ellos, y así debilitar las fuerzas de los gobernantes que se escudaban detrás de este cuerpo armado. Caminó por largas horas, orando y pidiendo dirección a aquel que lo había mandado. Entraba en sus momentos de temor y duda, pero luego se convencía que para vencer el mal uno tiene que aprender a vencer el miedo, y luego atacar sin vacilar y por supuesto sin parar, aun cuando ya se haya acabado con el mal, era atacar hasta que hacer trizas al mal y caer desmayado de cansancio y satisfacción por haberlo erradicado.


Durante su caminata despertó la atención de patrullas policiales que se encontraban regadas por todo el territorio, que lo siguieron hasta llegar a la base de la Fuerza Naval, Ejército, y Fuerza Aérea. Miles de hombres armados, militares, policías, y hasta paramilitares rodeaban a Sorglema y a gritos le pedían explicación de que hacía por esos lados y le advertían que de dar un paso más abrirían fuego. En ese momento uno de los militares jugó una broma diciendo a sus colegas que cargaran al campesino y lo fueran a tirar al cráter de un volcán. Sorglema sonrió, escupió restos de granos de café que iba mascando, se agachó, tomó un poco en sus dedos, caminó hasta donde el hombre que había jugado esa broma. Era un guardia de poca estatura, regordete, con carácter burlesco y rostro de perversidad. Sorglema le colocó café sobre su frente y habló en una lengua extraña, acto seguido, se agachó y tomó al hombre bajo y regordete de sus canillas, y las fuerzas armadas abrieron fuego, pero Sorglema empezó a aplastar a los demás militares usando a aquel hombre regordete como mazo humano. Lo agarraba fuerte de las canillas y comenzaba a aplastar a otros hombres, era tan fuerte que hasta los pedazos de AKs-47 salían volando por los aires. Así continuaron horas en la cruenta batalla, y Sorglema continuaba en su nefasta labor de aplastar hombres. Primero había aplastado a todo el Ejército Nacional y esta vez iba con los policías, empezaba a quebrarle los huesos y destriparlos vivos con la única arma que poseía, el hombre regordete y feo que sostenía de las canillas. Luego terminó por aplastar a todo el grupo de paramilitares que eran unos más de cinco mil hombres.


El cuerpo del buen pastor Sorglema Sobreproblema estaba perforado de mil y una balas que le habían atravesado, y su sangre corría como ríos de agua viva por todas las calles de la nación, y en esos ríos de aguas bravas, iban los cuerpos de todos los caídos, los hijos de las madres dolientes y el torrente de sangre que circulaba por toda la nación se encargaba de llevar a cada víctima a los brazos de sus familias. Las madres abrazaban a sus hijos ensangrentados con la sangre purificadora de Sorglema, y se gozaban de tenerlos en casa, y los abrazaban y lloraban, mientras tanto llovía una balada de los cielos.


Su cuerpo cayó de rodillas, salpicando sangre y humo por cada agujero en su fornido cuerpo y aún sostenía con firmeza lo único que quedaba del hombre regordete, pedazos de sus canillas. Sorglema había cumplido su misión, había acabado con las coyunturas del mal, con los detractores que habían arrebatado la vida de muchos y ahora los dictadores de aquella nación estaban perdidos, ahora el pueblo tenía el poder y la justicia en sus manos. Sorglema vió al cielo, sonrió, y reposó en el espíritu.


Estaba muerto. Tan muerto como un búfalo en el desierto. Quien supo de él, jamás lo pudo olvidar. Era Sorglema Sobreproblema, el campesino que atendió el llamado, que no obvió la voz del Ser Superior, del Pintor de los Cielos, y quien, como buen pastor, no sólo se quedó en predicas y palabras insulsas, ni voces dicotómicas que sólo mueven las emociones de las masas, sino que tomó acción y derribó las fuerzas del mal. Su hijo, al verlo tendido en la calle perforado y masacrado como un búfalo, recordó las últimas palabras que Sorglema le dijo antes de salir de casa y perderse por tres días: Lo que se desate en tu mente, creará una vorágine de cambios en tu realidad. Si imaginas que las estrellas serán urea para abonar el pasto de esa realidad, ten por seguro que en tus manos las tendrás. No desmayes, simplemente cree. No corras cuando Dios te llame, atiende el llamado, y alza vuelo como el águila para ejecutar esa misión que Él te ha encomendado.

April 11, 2019, 9:44 a.m. 0 Report Embed 0
The End

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