ladyestel Anette Erazo

Son como nosotros. Se ven como nosotros. Hablan nuestro mismo idioma. Comen nuestra misma comida. Existen en la historia igual que nosotros. No son humanos, pero son reales. Son seres de Pravus y pueden ser vistos caminando por los pasillos de la Universidad Arcanas.


Fantasy Epic All public. © Anette Erazo

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No son humanos, pero son reales


Son como nosotros, pero de diferente origen.

Se ven como nosotros, pero tiene mayor fuerza, inteligencia e incluso, belleza.

Hablan nuestro mismo idioma, pero perfeccionan múltiples lenguas.

Comen nuestra misma comida, solo si lo amerita.

Han existido casi el mismo tiempo que nosotros, pero son más sabios.

Incluso, hemos escrito historias de ellos, pero creemos que no existen.

Aparentan ser nosotros, pero no lo son.

No son humanos, pero son reales.

Son seres de Pravus y pueden ser vistos caminando por los pasillos de la Universidad Arcanas.


☆゜・。。・゜゜・。。・゜★

POR LIZ


Traspasar la entrada principal de la destacada e ilustre Universidad Arcanas, te hace imaginar que eres la mente más grande que existe en todo el planeta. Desdichadamente, resides como uno más de aquellos prestigiados cerebros honrados e inteligentes que triunfaron en los exámenes de dos horas de lógica y matemática, una hora de literatura, hora y media de historia, cuarenta minutos sobre la historia del arte, cien preguntas acerca de tu psicología, ¡no olvidemos el ensayo de doce mil palabras de por qué deseas ser un estudiante de Arcanas! y finalmente, la valiosa (y nada rara) entrevista de media hora con la directora de la universidad.

Considero que sí alcanzara a definir qué es lo más difícil para entrar a Arcanas, respondería que lo último.

La directora de la universidad, la autoridad superior todopoderosa en la institución, tan atosigada y laboriosa con su agenda, te brinda la oportunidad de ser escuchado por exactamente treinta minutos.

Súper sencillo, si las preguntas de ella no fueran las siguientes:

● ¿Qué raza fueras si estuvieras en el mundo de la Tierra Media?

● ¿Quién crees que debe sentarse en el Trono de Hierro?

● ¿Alguna vez has pensando que tal vez todo es un sueño en The Walking Dead?

● ¿Qué team eres? ¿Iron Man o Capitán América?

Una serie de preguntas sin concordancia lógica, ni perspectiva de que alguna posea coherencia con tu carrera. Conclusión, estupidez de reunión para mí.

A parte de eso, la directora Celia Ubach, quién se deduce que tiene cincuenta y dos años de edad, pero que por cierto motivo sospechoso (en lo personal) se contempla mejor que mi madre de treinta y ocho años, seduce con una personalidad que raya en lo anómalo.

Puedo explicarlo mejor.

Haber, ¿quién se sienta a oír la entrevista de la futura estudiante ejemplar de la universidad (es decir, yo) donde resulta que en dicho establecimiento es famoso por sus altas e inalcanzables requerimientos para ser aceptado, mientras se deleita con la música de un grupo de K—pop en la laptop? Nada en contra de BTS, pero vaya que parece fascinarle a la directora de Arcanas.

Con que, si logras superar el «normal» encuentro con la directora Ubach, evidentemente obteniendo un sobresaliente en el 95% de todos los exámenes. Estarías pisando el pulcro piso de mármol negro de la entrada principal que se extiende al camino de las citadas gradas del éxito. ¡Oh sí! las cincuenta gradas que llevan a la puerta de hierro de dos metros y medio que otorga el ingreso a la Universidad Arcanas.

El placer de saborear como mis pies pisan el mármol era mi mayor sueño de adolescente y ahora, después de tanto tiempo y horas de esfuerzo sobre humano, lo había logrado. ¡Estaba en Arcanas!

Coroné las cincuenta jodidas gradas, que, para variar, aparentan una distancia entre ambas de un metro de largo. Visualizar la sublime fachada de la institución superior a la que iba a asistir desde el día de hoy a través de las rejas, era fascinante.

El ingreso era por la famosa puerta de hierro, siendo custodiada por las cuatro columnas de seres con el cráneo de un animal.

Dato: uno de los grandes distintivos de Arcanas, son sus cráneos de animal que infunden temor e intimidan tal y como lo hace la misma universidad con su gran trayectoria e historia.

La famosa puerta de hierro estaba abierta, receptando a sus estudiantes y yo seguía parada embobada la entrada sin tener puesto los cinco sentidos. Mis pasos surcaron la puerta (antes de llegar ella y las cincuenta gradas del éxito, hay un filtro de seguridad antes donde solo se permite el paso exclusivo a las personas que tengan el carnet de Arcanas o pase de visitante). A mi alrededor, existían otros estudiantes en la misma situación que yo, vacilantes ante la maravilla de estar ahí.

Mis piernas comenzaron a temblar ante la brisa que removió mis cabellos, sonreí con toda la emoción al ver por fin la fachada a lo lejos de Arcanas.

Una arquitectura barroca incomunicada de todos por un camino de cien metros, rodeados de los jardines más espléndidos con pequeñas lagunas y puentes. El término mansión era pequeño. Porque la Universidad Arcanas es un palacio. Literal.

El lugar era enorme, demasiado inmenso, perfecto para perderse y jamás salir. Se hablaba que muchos se enamoraron de Arcanas, pocos tuvieron la distinción de quedarse y dentro de ese selecto grupo, aquellos que poseían aquel talento innato acarniense, podían ser los privilegiados de la verdad y los secretos del mundo.

Los rumores de estudiantes desaparecidos en los pasillos eran los más populares para los fanáticos de Arcanas, e incluso, reinaban las leyendas de los pasillos de los seres de la noche, aquellos pasillos donde no ingresa la luz solar por nada del mundo y solo son iluminados por la luz de vela o la luna misma. Sus grandes ventanales permitían ver todo lo que sucedía a dentro y al mismo tiempo confundía tu propia perspectiva de lo que mirabas al exterior.

Tantas historias y rumores que Arcanas ostentaba. Historias contadas por varias personas y repartidas en múltiples idiomas. La universidad conservaba una gama alta de rumores que no se concebía saberlas todas.

Logré llegar a la «simple» puerta de entrada que era gigante. Ok, no tan enorme como la de hierro, pero sí cedía el paso de cincuenta personas fácilmente sin golpearse.

Caminé con adoración hacia el interior de la casona-mansión-palacio. Siempre me intrigó por qué Arcanas no fue una de las siete maravillas del mundo.

La primera parada era una sala principal que se dividía en tres pasillos. La casona-mansión-palacio era de dos pisos. Era simplemente simétrico en su más grande esplendor. Miré embobada mi alrededor. Al final del pasillo central se veía un patio, mientras los otros pasillos quién sabe en qué terminen.

—¿Maravillada con la hermosa Arcanas? —una voz femenina interrumpió abruptamente el flujo de mi propio monólogo.

Una pelicastaña me sonreí a unos metros. Con grandes ojos castaños cubierto por sus lentes delgados cuadrados y su sonrisa de costado juguetona que para mí era reconocible en cualquier lado.

—¡Scarlett! —mi voz subió algunos tonos. Algunos regresarán a vernos, pero no me importó nada más que abrazar a mi mejor amiga de la infancia.

—Creíste que te ibas a deshacer de mí ¿Ah?

—Pero, ¡no me habías dicho nada! este último mes ni me contactaste, creí que cortaste…

—¿Lazos contigo? Estás loca —la sonrisa de costado de Scarlett me obligó a recapacitar un poco las cosas que había pasado hasta ese momento.

Scarlett Lux, un año menor que yo, aunque cursábamos el mismo año en lo académico. Mi amiga desde los 12 años. Aunque nunca estuvimos en el mismo colegio o escuela, ambas nos conocimos en una pequeña convención de literatura, nuestros padres congeniaron y la amistad se permitió. Poco a poco las visitas fueron más frecuentes y vernos cada fin de semana se hizo normal. Crecimos juntas. Mi madre nos tachaba de hermanas separadas al nacer, cosa que lo creía.

Había decidido, en mi último año escolar, estudiar Ilustración en la Universidad Arcanas, una de las especialidades de Artes Plásticas. Cuando le comunique a Scarlett, me deseó toda la suerte. Ella por otro lado quería seguir una especialidad en el arte abstracto centrado en la fotografía. Nunca me dijo a qué universidad iba a aplicar. Cuando le conté sobre mi aprobación, ella se emocionó conmigo, pero siguió sin darme señales de algo más.

Y aquí está, frente mío. Solo había dos formas de visitar la universidad, en un festival o siendo estudiante. Obviamente, hoy no había un festival.

—¡Sorpresa! —soltó mi mejor amiga mientras me mostraba su carnet con la insignia de Arcanas, el gran cráneo de un venado. Abrí y cerré mi boca una y otra vez. Cada vez se iba acentuando mi sonrisa hasta que simplemente estallé en carcajadas mientras me abrazaba una vez más a ella que reía de la misma forma.

Al igual que las universidades norteamericanas, Arcanas era un internado. Prácticamente, se dan todas las clases en la casona-mansión-palacio.

Lo interesante, (o puede decirse absurdo también) es que cada ala del lugar tenía un nombre. Por ejemplo, si uno se ubica en la entrada de Arcanas, justo en el salón central, está el ingreso a la biblioteca, todo el sector es llamado como «Alkemis».

Otro ejemplo es que, en la mitad de la casona, está el patio central donde está la gran pileta que aún no he podido verla, se le conoce a dicho patio como el «Tiáomù»

Tomando la salida de la casona, pasando Tiáomù, existe los dos bloques de dormitorios (sun y moon). Ambos están separados por un el gran bosque de álamos blancos. Los dormitorios son otra casona-mansión, pero no tan magnífica como la casona-mansión-palacio. Lógicamente, un bloque es exclusivamente de hombres y el otro de mujeres. Sun para los hombres y Moon para las mujeres.

Otra ventaja de Arcanas, al ser tan prestigiosa, tienes un dormitorio propio (no hay muchos estudiantes), después de todo, somos los privilegiados de la verdad y los secretos del mundo (el lema de la universidad).

Ocho mil estudiantes estudian en la universidad, un poco más de la cuarta parte de lo que alberga Harvard siendo la «competencia directa» y «más grande» de Arcanas, (Harvard no le llega ni a los cimientos de Arcanas).

Mi dormitorio quedaba exactamente en el tercer piso de la casona-mansión-no-tan-magnífica-pero-aún-así-la-amo. Mientras que la de Scarlett quedaba en el segundo. Nuestros equipajes ya estaban en nuestras respectivas habitaciones, así que solo me quedaba mandar un mensaje a mis padres, mandar otro a Scarlett deseándole una buena noche y finalmente dormir para estar bien a la mañana.

La noche pasó volando, la sentí como un pestañeo. El desayuno de la cafetería —había una en cada bloque, incluyendo la principal— estuvo perfecto. Me encontré con Scarlett en la entrada principal de Moon. Entramos por un costado de Tiáomù, justo a la derecha, directo al pasillo. Nuestra primera clase quedaba relativamente cerca según el mapa que habíamos visto en la entrada. Unos cuantos metros, unas cuantas palabras y ya estábamos cerca del famoso letrero «A—56» donde cursaríamos la materia de Literatura.

Habíamos decidido ir unos quince minutos antes de empezar la hora de clase; el miedo a perdernos era inmenso. Scarlett estudiaba mi misma carrera, pero con la diferencia de que escogería otra especialidad, algunas materias como esta, teníamos juntas. Pero casi la mayoría no.

—Menos mal que no nos perdimos —Scarlett se giró ante mis palabras y asintió

—Voy al baño,

—¿Sabes dónde queda? —deberíamos pedir un mapa agregué como nota mental.

—Al fondo a la izquierda, ¿no es lo normal?

Negué con la cabeza y me limité a entrar a la clase. El aula albergaba solo escritorios para dos personas y diseñada para no más de veinte personas.

—Es aún temprano para clases —con el corazón en mi mano, asustada, busqué al causante de mi casi paró cardiaco. En la entrada del aula, un hombre de treinta años con un buen físico y buena vestimenta, me miraba esperando una respuesta mientras guardaba sus manos en los bolsillos.

—Me ha asustado —solté jadeando.

El hombre simplemente sonrío. Era jodidamente guapo. Tenía el cabello negro con rizos grandes, lo que creaba una pequeña maraña en su cabello pero que por algún cliché idiota como los libros de adolescentes que alguna vez leí, le quedaba perfecto. Tez blanca, ojos marrones con labios gruesos y estatura de un metro setenta y algo más.

Aquel singular adulto seguía esperando mi respuesta a su pregunta.

—No deseaba perderme.

Él enarcó una ceja y bufó de costado. Arrogante, pensé. Lo observé adentrarse en dirección al escritorio del profesor. ¡Oh no! ¡Es mi profesor de Literatura!

—Es temprano para que los maestros estén presentes—una voz femenina interrumpió mi suplicio. Tanto el hombre como yo regresamos a ver a Scarlett, cruzada de brazos mientras se apoyaba en el umbral de la puerta de ingreso. Mi amiga tenía esa jodida mirada arrogante que siempre se cargaba cuando, ¡Oh no!

Él, sentado en la silla del maestro con sus manos sobre el mismo escritorio ejemplo claro de la bendita jerarquía académica que mi adorada amiga iba con todas las ganas a infringir, se limitó a analizarla. Como una célula bajo el microscopio, me dije.

—Scarl…—mi dialogó de plegaria a mi amiga para que cerrara la boca fue ignorada por mi profesor de literatura.

—Malgasté el tiempo, ahora el tiempo me malgasta a mí —dijo el hombre mirando fijamente a mi amiga.

Scarlett enarcó una ceja—. Va a citar Shakespeare para comprobar mi nivel de conocimiento —el tono de ironía en la voz era notable. Regresé a ver al hombre esperando ver su reacción encontrándome con una ceja enarcada y un brillo inusual en su mirada.

Scarlett sonrió, caminó hasta mí y obviamente ella veía mi plegaria de «no lo hagas» escrita en mi cara. Pero como siempre, hace lo que le da la gana, se giró hacia el profesor quien seguía en la misma posición mirándola.

—Una buena novela nos dice la verdad sobre su protagonista; pero una mala nos dice la verdad sobre su autor—respondió Scarlett.

—Gilbert Keith Chesterton, 1874-1936. Escritor británico —respondió el profesor sin expresión alguna. El bullicio de los pasillos interrumpió la pequeña muestra de intercambio de citas célebres, más bien posible evento sangriento.

El ingreso de los estudiantes al aula rompió la escena. Tanto Scarlett como yo, tomamos asiento en un escritorio hacia la ventana situado al final. El maestro se ubicó en el centro una vez que ingresaron todos los estudiantes después de cerrar la puerta.

—Buenos días a todos. Soy Valéry Gultresa, su profesor de Literatura —escondió sus manos en los bolsillos y juzgó con la mirada a cada uno de los estudiantes hasta detenerse en mí y pasar a Scarlett—. Es un placer para mí darles la bienvenida a la Universidad Arcana, los privilegiados de la verdad y los secretos del mundo.

Aunque Scarlett podía ser un poco sarcástica, tener pésimo humor y poseer un gran coeficiente intelectual que le permitía humillar a cualquiera; era sorprendente verla callada tomando nota de cada indicación que el profesor Gultresa dictaba ante sus estudiantes mientras leía algún párrafo del libro que sostenía en sus manos.

El primer semestre de la Universidad Arcanas era introductorio en materias de cultura general, la universidad no se especializaba en estudiantes que sean ajenos al conocimiento general de la sociedad. Preparaba estudiantes que lograran solventar cualquier enigma con un argumento válido, eso significaba tener que adquirir una gran cantidad de conocimientos en los primeros semestres.

Aunque Scarlett y yo seguíamos la misma carrera, no teníamos muchas horas de clases juntas, por ejemplo, hoy lunes, teníamos exclusivamente la materia de literatura juntas. Ella tendría dos horas de clases en libertad completa contrario a mí, que «gozaría» de las clases de matemáticas. No es que fuera mala en esa materia, más bien, era satisfactoriamente pasable, pero no el sobresaliente que necesitaba para esta universidad.

Suspiré, sentí la mirada de Scarlett y le di mi sonrisa de consuelo. Ella negó con la cabeza, mientras oía que el timbre del profesor Gultresa se alzaba ocho decibeles más sobre el estimado. Tanto Scarlett como yo decidimos poner atención, notando como aquel hombre adulto y guapo, eso no podemos negarlo, nos miraba para luego seguir dictando la clase, ignorándonos.

Oí el gruñido por lo bajo de mi amiga. En ocasiones me preguntaba seriamente si era humana y no era algún animal con piel de mujer; siempre andaba gruñendo a las personas o colocaba esa mirada desquiciada que me hacía creer que iba a cometer algún asesinato. Para mi buena suerte, conocía a Scarlett como la palma de mi mano, si había un ser humano que odiara la violencia en su máxima plenitud era ella.

El sonido de la pequeña alarma programada para la finalización de clases sonó desde el computador. Todos comenzamos a guardar nuestras cosas oyendo de fondo como el profesor nos pedía leer algún nuevo apartado de la novela Silber de Kerstin Gier. Suspiré mientras seguía a Scarlett que ya estaba de camino a la salida del aula.

Pasamos por el frente del profesor, quien por algún motivo nos miraba, sentado mientras recogía sus cosas. Asentí en modo de despedida, siendo imitado por él más tarde. Entonces, sus ojos saltaron a Scarlett, de reojo noté como fruncía el ceño, chasqueaba la lengua y salía del aula a un paso más apresurado.

—Esa mocosa… —el susurro de mi profesor no pudo más que hacerme soltar una risilla pequeña. —¿Algún consejo para soportarla?

Sonreí y caminé junto a él saliendo del aula—. No le haga enojar —mi profesor enarcó una ceja y yo reí con más fuerza. Scarlett me esperaba a unos metros del aula, ignorándonos—, nos vemos el miércoles, profesor Gultresa.

—Hasta entonces.

El profesor Gultresa se perdió entre los estudiantes y yo continué con mi camino donde Scarlett que tenía el ceño fruncido.

—Afloja ese ceño —mi dedo paró justamente en su frente creando un poco de fuerza obligando a que cambie de forma—, intimidas a tus pretendientes con esa cara que te traes.

—¡Ah! ¿pretendientes? —el sonrojo que cubrió las mejillas de Scarlett la hizo ver adorable. Sonreí y de reojo le mostraba al par de chicos al otro lado del pasillo que no dejaban de verla y su sonrojo se hizo más notorio. Su piel blanca no ayudaba en nada.

Mis carcajadas inundaron el lugar mientras Scarlett caminaba a mi lado acompañándome a mi siguiente clase. Por suerte, entre cada hora de clases había veinte minutos de receso, perfectos para poder hallar la clase y sentarse con calma. Nos dirigimos al ala noreste, también denominada como «Notte», exactamente a donde nacen las famosas leyendas de los seres de la noche, donde las ventanas está cubiertas por cortinas pesadas imposibles de moverlas y los candelabros iluminaban el pasillo como si el sol estuviera ahí.

—No sería más fácil abrir las cortinas —susurré por lo bajo. Scarlett alzó los hombros quitándole importancia.

—Estás en una universidad elitista, además, aquí se sabe que derrochan los recursos como si no tuviera fin—, el argumento de Scarlett era válido— e igual, la ciudad prácticamente se mueve por la universidad.

—Cor Meum es una ciudad pequeña —comencé como toda la erudita que era en historia— es una de las más antiguas del mundo, e incluso su arquitectura data más allá de 1700 —Scarlett sonrió ante mi tono de sorpresa por mis propias palabras— prácticamente la ciudad próspera por el turismo y por el gasto exterior que hacen los estudiantes… ¡Oh aquí es!

Nos paramos frente al aula notándola aún vacía—. Arcanas se sostiene por varios multimillonarios a nivel mundial que tienen acciones, después de todo, sigue siendo un negocio —me emocioné mientras seguía recordando los datos curiosos de la universidad en el libro que había leído: Todo lo que necesita saber de Universidad Arcanas y su historia— se dice que incluso presidentes de algunos países son accionistas aquí ¡Imagina cuánto dinero hay aquí!

—Y tú estás aquí por recomendaciones y un grandioso examen—, completó Scarlett.

Después de todo, nosotros no pagamos la educación, pero esta tampoco es gratuita para todo el mundo. Nadie paga para estudiar aquí ni tampoco la universidad enseña a cualquiera. Es una zona de prodigios donde solo los elegidos pueden ingresar.

—Te dejo, iré a buscar dónde diablos queda la sala de profesores.

Enarqué una ceja—, Scarlett no comiences con tus juegos, ya estamos en la universidad.

—Está bien, no haré nada malo. Iré a conocer los alrededores, presiento que me perderé alguna vez y no sabré cómo llegar a mi siguiente clase—. Alzó la mano apuntando hacia arriba mientras se alejaba del aula. No pude más que negar con la cabeza, sus modos de despedirse son demasiados raros incluso para mi propia mente.

Aún faltan diez minutos como para entrar a clases y sentarme sola ahí. Así que decidí dar un paseo por el mismo pasillo. Al girar para tomar el pasillo adyacente, un golpe provocó que cayera al suelo, mi libro se soltó de mis brazos y el golpeé se llevó mi parte trasera.

—¡Lo lamento!

Alcé la vista y miré a un joven que no daba más de 25 años, tenía el cabello negro lacio, un costado tenía recogido en tres trenzas dándole un look mucho más rebelde. Su piel me recordó demasiado a cuando uno se hace leche con café. Su quijada más que perfilada. Unos labios delgados, cejas gruesas, pestañas largas y unos ojos cafés que me miraban preocupados.

Estaba demasiado lindo.

Desvié mi mirada; sonrojada ante mis propios pensamientos. Me recogí sobre mi misma—. No te preocupes, yo también iba distraída —solté buscando mi libro.

—¿Es esto lo que buscas? —su voz era suave y aterciopelada. Un paraíso. Frente a mis propios ojos asomó mi libro de notas, lo tomé suavemente.

—Gracias —dije y una sonrisa iluminó su rostro.

—No hay de qué —, su mano se extendió para poder levantarme— más bien discúlpame por hacerte caer —acepté su ayuda, el tacto de su piel fue como ir derechito al cielo. Concluyo que Dios existe y me puso aquí para este momento, justo para conocer al hermoso chico y poder morirme tranquila.

Ambos nos paramos, yo con ayuda de él.

—Me llamo Max Davis —su mano apretó la mía—. Mucho gusto.

—Soy Lizeth Fidem —me presenté con una sonrisa estúpida. No podía quitarme la belleza de este hombre. Si el profesor Gultresa me parecía extremadamente guapo, Davis entraba entre las características físicas que me encantaban.

Ambos soltamos nuestras manos con una pequeña sonrisa de costado. —Bueno, ¿ibas a clases Lizeth?

—Liz, por favor…—interrumpí sonriendo— sí, justamente estaba esperando que se cumpliera el tiempo para entrar.

Davis asintió— ¿Ya tuviste clases?

Asentí nuevamente—, vengo de la clase de Literatura.

—Oh, con Valéry —una sonrisa se extendió en su rostro— es un profesor muy estricto y tiene un pésimo humor. Espero que puedas soportarlo.

Reí ante su descripción—. Para mí no hay problema —Davis hizo ademán de acompañarme al aula, por lo que comenzamos a caminar— contrario a mi amiga, ella ya se llevó la primera mala cara del profesor Gultresa.

Davis hizo cara de sorprendido—. Alguien se atrevió a enfadar a Valéry. Eso es nuevo.

Paré al estar nuevamente frente al aula que me tocaba. —¿Oh, aquí es?

—Sí, me toca matemáticas… —saqué una hoja buscando el nombre del profesor, pero Davis completó mi frase.

—Con él profesor Adrián —asentí al ver el nombre que señaló Davis anotado en mi hoja de horarios.

—¿Lo conoces?

—Sí, no es que nos llevemos tan bien —una mueca de incomodidad adorno su rostro— yo, cómo decirlo, no le caigo muy bien que digamos —y el pasillo se inundó de su risa, dios mío, el sonido de su risa era impecable. Comenzaba a creer que la Universidad Arcanas aceptaba modelos ultra mega híper perfectos como estudiantes.

—Me despido Liz, no quiero que Adrián tome represalias contigo por estar conmigo —enarqué una ceja ante su comentario— nos vemos en clases.

—¿Clases?

Davis comenzó a caminar despidiéndose—. Claro, soy tu profesor de Historia Universal. ¡Nos vemos!

Creo que mi corazón ha dejado de latir.


☆゜・。。・゜゜・。。・゜★


Honestamente, pensaba que hoy, miércoles, iba a ser un buen día. Es decir, esos días en que te levantas, ves al sol riendo en el cielo azul. Desayunas en compañía de tu mejor amiga. Hablas y ríes de alguna estupidez en el trayecto a tu primera hora de clase y entrarías con toda la predisposición de tener las clases del profesor Gultresa. Responderías a cualquier pregunta que haga de manera correcta. Me despediría de Scarlett al final de la hora para dirigirme a Taller Creativo. Luego nos encontraríamos para almorzar, felicitándonos de nuestro buen día y cerraríamos con las clases de Historia del Arte.

Si el día de hoy sería perfecto.

Lamentablemente, no fue nada a lo que esperaba.

La alarma no sonó. Me desperté por el jodido golpe de la puerta de mi vecina que estaba tarde como yo.

Oía el claro jadeo de mi amiga, ambas esquivando personas, saltando bancas, incluso juraba que Scarlett se deslizó por una mesa. Pero era verdad, ¡tenían menos de cinco minutos para cruzar todo un jodido campus que normalmente lo cruzaban en veinte minutos!

Yo siempre me despertaba temprano, una vez vestida, subía donde Scarlett para despertarla, ya que conocía de sobra que la pobre no se levantaba ni con veinte alarmas puesta en su celular. La esperaba y caminaban directo al desayunador para luego ir a clases con tranquilidad.

Pero lo de hoy fue extremo.

La vestimenta de ambas no estaba nada bien, ni siquiera combinaban, gracias a Dios no se habían puesto zapatos de pares diferentes. Volví a tomar aire cuando escuché de fondo la jodida estúpida canción de inicio de clases al cruzar por el pasillo en una de las aulas aún abiertas.

—No voy a llegar tarde a la puta clase del demonio —soltó mi amiga, apretando el paso junto a mí. Giramos en otro pasillo y observamos con angustia la puerta cerrada del aula D—17.

Juré que vi el alma de Scarlett salir de su cuerpo y subir al cielo.

—¡No! —grité abriendo la puerta de sopetón. Scarlett, a mi lado, se apoyó en el umbral tratando de darle aire a sus pulmones.

—Me da un gusto ver la emoción por recibir esta clase, señorita Fidem.

Me congelé. El profesor Gultresa se mantuvo estático observándonos, quieto con el marcador de tiza líquida entre sus manos, dando a entender que lo habíamos interrumpido.

El denominado demonio por Scarlett, posó su mirada en mí y luego en mi amiga que me daba a pensar que se estaba obligando a sí misma a no correr de vuelta a su cuarto por la jodida vergüenza

—Gracias por permitirnos saber que van acompañarnos en esta clase.

Ese era el pase directo para entrar a clases. Noté el aura negra que emitía mi amiga ante las burlas. Oyendo de fondo las risillas de algunos de nuestros compañeros, la tomé del codo obligándole a entrar y sentarnos en el único escritorio libre que, para mala suerte nuestra, estaba justamente en la mitad de la absurda y enorme clase.

Por qué no hay más alumnos ¡Arcanas abre más matrículas!

—Y por favor, agradecería que la próxima vez llegarán de manera puntual.

Deseaba con creces que alguien entrará y lo matará. A su lado Scarlett miraba fijamente por la ventana, no dudaba ni un segundo que su amiga era capaz de tirarse con tal de escapar.

Suspiré.

El profesor continuó con la clase. Lo escuché mientras sacaba el libro y me agradecí mentalmente por haber hecho mi maleta la noche anterior.

Escuché el chasquido de la boca de Scarlett con su mirada fija en su mochila. Luego la observé estrellar su frente con la mesa produciendo un seco sonido, haciéndome saltar y que gracias al cielo no fue tan fuerte como me lo esperaba. Noté algunas miradas en nosotros, sonreí nerviosa y mi mirada se movió para hacia al profesor que mantenía la vista en mi amiga, sin interrumpir el tema de la clase.

Con suavidad tomé la mochila de Scarlett y como me suponía, estaba solo el cuaderno de dibujo y poemas que le gustaba llevar, algunos lápices y un borrador. Nada del libro o un cuaderno para anotar. Scarlett levantó la vista para mirarme, aquellos ojos cafés estaban a punto de soltar lágrimas de frustración.

Acerqué mi asiento, abriendo el libro en la mitad de ambas. Arranqué unas cuantas hojas de mi cuaderno más un esfero de mi cartuchera.

Podía jurar que mi amiga estaba pensando en hacerme un altar.

Scarlett se dedicó tomar nota, mientras que yo la miraba de reojo, mi amiga estaba por dentro hecha un manojo de nervios, olvidarse su cuaderno y libro, aparte de llegar tarde. Vaya manera de iniciar el día.

Cuando comprobé que Scarlett volvía a respirar con tranquilidad y que, en definitiva, la hora de clases había acabado.

Guardé mis cosas con la mayor brevedad posible. No le había contado a Scarlett sobre Max, el profesor de Historia Universal. Deseaba volverme a encontrar con aquel muchacho, tenía una horrenda curiosidad de saber de él. Me eché la maleta al hombro y miré a mi amiga que aún no terminaba de anotar unas cosas.

—Me voy antes —escapé.

Scarlett no era muy amante de quedarse sola, peor aún en compañía de Gultresa que ignoró olímpicamente mi huida.

Aunque llevaban tres días de clases, este incluido. Scarlett se limitaba a mostrar su actitud arisca al profesor de literatura. Más los rumores que escucharon en la cafetería confirmaba lo que suponía Scarlett, un profesor demasiado guapo para su beneficio con fama de ser el más jodido del mundo en la materia y sobre todas las cosas, uno de los profesores más inteligentes de la universidad, pero con un genio del mismo demonio.

He ahí el apodo escogido por Scarlett.

Aunque honestamente, no me parecía tan malo. Más bien, se me hacía serio y callado, con grandes dificultades de comunicarse con el resto. Si no, ¿por qué deseaba tratar de comunicarse bien con Scarlett?

—¡Liz!

Alcé mi vista encontrándome a Max apoyado cerca de la puerta en la que tendría clases de Taller Creativo. Enarqué una ceja, mientras que por dentro estaba que saltaba por la suerte que tenía. Estaba pensando seriamente buscarlo por los pasillos, pero no esperaba encontrarlo cerca de su clase.

—¡Max! —saludé. Chasqué mi lengua—. Profesor Max, quiero decir.

—Por favor, fuera de clases dime Max —la risa suave de aquel chico se grabó en mi cerebro— ¿Y qué te trae por estos rumbos?

—Tengo clases —dije señalando el aula. C—24— ¿Y usted?

—¿No me vas a tutear siquiera? —soltó en un hermoso puchero que hizo que quisiera tomarle unas cuantas fotos. Derretía mi corazón este profesor, era demasiado tierno. Negué con la cabeza al hallar que mi voz se había decidido tomar unas vacaciones temporales—. Tengo clases en esta —señalé el aula frente a la mía.

—Oh, ya veo —mi vista fue hacia mi aula cerrada. Aún falta diez minutos para que empiecen clases— mañana tengo clases por fin con usted.

Max alzó ambas cejas con sorpresa— ¿Mañana? Me alegro, deseaba verte más seguido —un sonrojo acudió ante sus palabras. Él lo notó y rápidamente abrió la boca—. En clases ¡Claro! En clases me refiero.

Sonreí a su nerviosismo. A pesar de eso no pude disminuir el sonrojo.

Tragué la saliva retenida y comencé a responder las preguntas que Max me hacía respecto a mi día o a las clases. Los diez minutos pasaron volando, deseando tener más tiempo.

Observé con tristeza cómo entraban los alumnos a mi aula

—Sabes, —la voz de Max me trajo de nuevo a la conversación— casi siempre suelo pasar en el pasillo del segundo piso, en el área Notte, «los denominados pasillos oscuros» —sonreí al ver cómo emitía las comillas con las manos—. Puedes buscarme cuando estés aburrida o no sé —y miré embobada como se revolvía sus cabellos en señal de nervios.

—Me encantaría —con mi sonrojo como fiel acompañante.

—Entonces, nos vemos en clases —soltó mientras ambos nos dirigíamos a nuestras clases.

—Por cierto, Liz —presté atención— tienes unos hermosos ojos.

Él entro a su clase, cerró la puerta mientras yo me quedé helada en el pasillo con mi rostro como una cereza.

—Señorita, ¿va a entrar a clases? —la voz femenina de mi profesora de Taller Creativo, una señora de 42 años, me trajo de vuelta a la realidad. Con un corto asentimiento corrí al aula para sentarme, tratando de calmar los nervios que me estaban matando.

El resto de la clase me la pasé sonriendo como tonta.

El día no podía ser tan feo ahora.


☆゜・。。・゜゜・。。・゜★


—¿Me puedes explicar tu cara de idiota? —preguntó Scarlett.

Estábamos sentadas en una de las bancas de los jardines a las afueras del lado suroeste, conocida como «Diena», almorzando por fin.

—No me digas idiota —solté con el ceño fruncido. Scarlett me señaló con el tenedor.

—No te dije idiota, dije que tu cara era idiota. Son dos cosas completamente distintas.

—¿Cómo fue la clase del profesor Brown? —tomé un gran sorbo del jugo de naranja que había pedido acompañado de la hamburguesa de carne con patatas fritas.

—El muñeco bonito enseña muy bien —respondió Scarlett. Sonreí ante el apodo de mi amiga, si no colocaba apodo a medio mundo no era ella— creo que va a ser mis las materias preferidas.

—Contrario a mí —jamás me agradaron las matemáticas, podía, pero me costaba horrores. Scarlett emitió un bufido por lo bajo, abrió la boca para decir algo, pero una tercera voz la interrumpió.

—Hola chicas ¿tienen un minuto? —ambas miramos al chico que estaba a unos metros de nosotros. Tenía un panfleto y le acompañaba un chico con rasgos muy delicados. Ambas nos miramos para asentir—. Gracias.

Se acercó dejándome ver mejor su rostro. Cabello chocolate largo hasta la nuca, revuelto, creando una maraña rebelde. Ojos castaños oscuros y piel morena. Rasgos muy finos y de contextura delgada. El chico era lindo, y con carisma que se notaba a leguas.

—Me llamo Silvain y mi compañera se llama Reika —creí que era hombre, después de todo la vestimenta me obligaba a pensarlo. La chica era más pequeña que Scarlett, contextura delgada y rasgos finos, piel blanca y unos ojos mieles hermosos cubierto de pestañas largas con cabello castaño oscuro corto. La chica era hermosa en rostro, pero no comprendía la vestimenta masculina que llevaba. Parecía una muñeca de porcelana.

—Somos del club de astronomía— al escuchar la última palabra ambas clavamos nuestra atención con gran intensidad en Silvain— ¿Les interesa la astronomía?

—¡¿Estás loco?! —soltó de sorpresa Scarlett. Parándose en el proceso. Silvain se tensó ante su actitud— ¡Amamos la astronomía! Las estrellas, las galaxias, la historia de mito que se unen a ese mundo del cielo que no podemos descifrar a ciencia cierta. ¡Es hermoso!

—Ya entendimos, ahora bájate de la mesa — dije mientras Scarlett asintió volviendo a tomar asiento ante la mirada nerviosa de Silvain— nos fascina la astronomía ¿por?

—¿Desean unirse a nuestro club? —soltó por primera vez Reika.

—Como dije, somos parte del club de Astronomía. Nos dedicamos a estudiar las estrellas, hacemos salidas y montón de cosas divertidas. Estamos buscando miembros, los anteriores a nosotros, todos se graduaron este semestre por lo que estamos ambos como únicos miembros

Miré a Scarlett que le brillaban los ojos por la información.

—Nos encantaría la verdad —solté con una sonrisa.

Silvain saltó con alegría incluso, juraba que por un momento se abrazaría a Scarlett y saltarían ambos.

—Nuestro club está en el Notte, en el segundo piso. El aula G-15 —comentó Reika sonriendo—, las reuniones son diarias, nos reunimos a partir de las 5 pm.

Así fue como conocimos a Silvain Abouchédid, estudiante de música y Reika Itō, estudiante de cine, ambos de quinto semestre.

Desde ese día, mi primer mes se resumió a tener clases e ir al club. Conocí al nada común profesor Alka Tenat, uno de los profesores más hermosos de Arcanas, que coqueteaba sin ningún pudor con todo el mundo, era imposible no embobarse o sonrojarse en sus clases, tanto mujeres como hombres. Por algún motivo, tenía cierta particularidad con Scarlett quien por los dioses juraba cambiarse de profesor al encontrar imposible concentrarse ante los coqueteos descarados del profesor Tenat.

Gracias al cielo, Scarlett estaba presente en mi clase de Historia y me golpeaba cada vez que empezaba a babear o me iba por otros rumbos por la imagen del profesor. Max mostraba un trato demasiado preferencial conmigo, me llamaba por mi nombre y siempre estaba al pendiente de mí, su mirada me buscaba en toda el aula. No podía evitar sentirme pequeña ante su presencia o convertirme en un manojo de nervios al encontrarlo cerca.

Hasta ahora no encontraba la valentía en ir a verle en los pasillos que él me dijo. Uno, era un jodido profesor, dos, era mayor a ella por quién sabe cuánto. Tercero, no sabía para qué mierda iría a verlo.

Jamás fui cercana a mis profesores, contrario Scarlett que era amante de ser amiga de ellos. Sin ir muy lejos, era común verle en los pasillos hablando con el profesor Brown. Cosa que yo no podía, aquel hombre emitía un aura que era imposible para mi hablar sin tartamudear o sentirme tonta en su presencia. Pero contra todo pronóstico, el profesor Brown era dulce y se comportaba como todo un caballero.

El mes de clases pasó volando.

Y diciembre llegó junto al famoso baile de invierno de la peculiar y nada convencional Universidad Arcanas.

April 7, 2019, 5:03 p.m. 4 Report Embed Follow story
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SVA MR SVA MR
Es un inicio interesante. Me agrada conocer el entorno, sin que nos atiborres de información, antes de que comience todo. Tengo buenas expectativas!!
April 20, 2021, 14:25
Alejandra Montero Alejandra Montero
Hola! Tengo mucha curiosidad de leer esta historia pero no entiendo porque para celular el formato está mal y no se ajusta a la pantalla...
September 18, 2020, 12:10
FJ Francisco Javier
Retrato de universitarias, profesores y medio académico, resultando un cruce de historias de serrs humanos con sospecha de serlo. Buen contexto y de tramas hiladas con sentido actual. Suspenso advertido a desentrañar conforme a la lectura, algo extensa.
June 25, 2020, 00:42

  • Anette Erazo Anette Erazo
    No pudiste resumirlo mejor! Gracias por leer y comentar! La lectura si es extensa, y densa en ocasiones. Más adelante se aligera! June 27, 2020, 18:20
~

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