3AM Follow story

khbaker K.H Baker

Puedes correr pero no esconderte. Si él quiere, te encontrará.


Short Story Not for children under 13.

#miedo #madrugada #nightmare #paranoia
Short tale
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3AM

Una habitación perfectamente ordenada, unas sábanas moradas extremadamente calientes, una televisión apagada cuya pantalla reflejaba aquello que me aterraba.

Unos ojos enormes que me observaban, unas pupilas amarillas cuyas terminaciones nerviosas los hacían parecer todavía más aterradores, una silueta esquelética que se movía como si tuviese el cuerpo agarrotado.

Intenté gritar pero mis cuerdas vocales no colaboraban, intenté despertar, pero sabía que me tenía cautiva en mi propio sueño.

Su sonrisa se amplió poco a poco hasta adoptar una forma inhumana, yo agarré las sábanas con fuerza, intentando evocar algún recuerdo de mi infancia que me ayudara a sobrellevar las pesadillas.

<<Escóndete bajo las sábanas>>, me dije a mi misma recordando que, de pequeña, ese insignificante acto me solía ayudar.

No sin un esfuerzo sobrehumano, cubrí mi cabeza con las sábanas, mis músculos comenzaban a entumecerse, obligándome a moverme cada vez más despacio, y mi respiración se agitaba con cada inhalación. La sensación era desagradable y nueva para mí, normalmente aquella figura solo se quedaba observándome en una esquina, haciéndome sentir incómoda hasta que lograba despertar por mí misma. Estaba perdiendo el control de mi propio entorno.

Poco a poco, comencé a sentir su peso sobre mi cuerpo, sus manos huesudas aferrándose a cada centímetro de mi ser, impidiéndome reaccionar. Las sábanas resbalaron hasta caer al suelo, ofreciéndome una vista completa de la habitación. Ya no podía verle, sin embargo, su hedor me aseguraba que seguía allí.

Mis manos, aferradas a mi propio cuerpo, ascendieron hasta quedar extendidas a ambos lados de la cama y mis piernas se abrieron lentamente al mismo tiempo, dejando mi cuerpo simulando una X. Me estaba utilizando como si fuese su marioneta.

La imagen de la habitación, tal y como la conocía, comenzó a disiparse dejando en su lugar cuatro paredes blancas que, poco a poco, iba abandonando su pulcritud para verse salpicada por motas de color carmesí.

Paralizada, ladeé mi rostro hasta que mis ojos se encontraron con lo único realmente mío que permanecía allí; un despertador negro que marcaba la hora con números rojos brillantes.

Él volvió a aparecer al otro lado de la habitación, al igual que todas las noches al inicio de la velada. Pensé que todo había acabado. Me equivoqué… en cierto modo.

Un grito desgarrador cruzó mis entrañadas hasta emerger desde lo más profundo de mi garganta, aquella sensación dolorosa y desgarradora no paró hasta que deseé estar muerta.

—¡Tú ganas! ¡Haz que pare!

Él volvió a sonreír y, nuevamente, su sonrisa se estiró hasta alcanzar límites inhumanos…

INFORME POLICIAL:

La paciente alojada en la habitación 300 del hospital psiquiátrico Radmus ha sido hallada muerta esta mañana por el doctor Moore. El sistema de seguridad que controla el mecanismo de las puertas no parece presentar anomalías y no hay ningún registro que indique que las puertas se abrieran. El primer registro de apertura data de esta misma mañana a las siete, sin embargo, el estado del cadáver indica que la paciente falleció a las tres de la madrugada.

Las cámaras captaron a la paciente hablando sola y desvariando hasta perder el control exactamente a las 3AM cuando, por alguna razón que todavía se desconoce, las cámaras dejaron de graban.

¿Seguridad defectuosa?

La paciente, atada de pies y manos dado que se le consideraba peligrosa, no presenta signos de resistencias, tampoco nada que indique que intentara quitarse las correas. Tan solo dos cortes limpios en sus muñecas indican que murió desangrada.

En su antebrazo izquierdo figura una única frase, grabada con algún objeto punzante, que me inquieta:

‘Lo hizo él’.

April 5, 2019, 9:59 a.m. 0 Report Embed 3
The End

Meet the author

K.H Baker Imaginemos a una niña que quiere comerse el mundo, una niña que no le tiene miedo a nada... Bien, ahora juzguemos a esa niña y metámosle miedo en su pequeño cuerpo, digámosle que no puede hacer todo lo que se propone, digámosle que sus sueños son solo eso, sueños, y que nunca hará nada grande en su vida. Esa niña puede tomar dos direcciones: Sucumbir a los deseos de las malas lenguas y conformarse en la vida, o alzar la voz para acallar las voces que intentaban enterrarla para que no cumpliera su sueño. ¿Queréis saber qué pasó cuando esa niña creció? Creció. Escribir no es un camino fácil, pero si amas la lectura y todo lo que conlleva, no tendrás que esperar a llegar al final del camino para disfrutar su recompensa. El recorrido es la mayor aventura, disfrútala. Oh... Sí... Se me olvidaba. Esa niña soy yo.

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