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Camino de la alienación

"Surcos", la película de José Antonio Nieves Conde, es el documento gráfico que considero que refleja mejor el proceso ocurrido en la España de mitad de siglo XX, consistente en el abandono de multitud de españoles de su entorno rural y su llegada a la gran ciudad. Influenciada por el movimiento neorrealista italiano, la película no lo desmerece en nada. La descripción que hace de ese proceso migratorio interior y las consecuencias sociales y psicológicas que tiene en sus protagonistas la convierten en una obras maestra del género en España: soledad, desarraigo y aproximación a la delincuencia y a la aniquilación moral del individuo se nos muestran con absoluta crudeza delante de nuestros ojos.


Más allá de las especiales características que este tránsito reviste en el caso español (muy posterior en el tiempo al del resto de Europa), la sustitución del medio natural anterior por esta Nueva Naturaleza que representa la metrópolis por los que desde su nacimiento habían convivido con ella en mayor o menor grado de armonía ya había sido tratado con anterioridad en la literatura. En un magnífico ensayo de Félix de Azúa sobre la figura de Baudelaire, y apoyándose en Georg Simmel, dibuja los rasgos característicos de este nuevo ente, la gran ciudad, desde un punto de vista sociológico.


Para empezar, considera Azúa, en la ciudad desaparece toda esa red afectiva que se tejía en torno a las relaciones de parentesco y vecindad del pueblo. En la urbe, todos son extraños. Evidentemente, también había una contrapartida a esa protección sentimental del entorno rural, el odio y la venganza que eran inherentes a esas relaciones humanas cercanas. Ese aspecto negativo rural se sustituye en la ciudad por la delincuencia, cuya violencia es ejercida por y contra extraños. Nuevamente los extraños. Obviamente, para defenderse de esa violencia urbana, y como sustitutivo de esa red afectiva local, aparece la seguridad ciudadana. De esta forma, se produce una gran mutación en la psicología del individuo: en la ciudad debe reprimir el sentimiento, que estaba más presente en el pueblo, y reforzar el entendimiento, pero con una finalidad puramente defensiva, para protegerse de los peligros de la gran urbe. Da un paso decisivo hacía la abstracción y, por ende, hacia la alienación.


Por otro lado, en el burgo el sujeto conocía exactamente cuál era su lugar en la jerarquía sentimental, ya fuera el tonto del pueblo, ya fuera el jefe: tenía, por tanto una identidad. En la urbe, esa jerarquía sentimental y la consecuente identidad desaparecen, pues el individuo transita por entre la masa y ocupará una mejor o peor situación en función de su suerte (económica). Eso, sí habrá perdido gran parte de la consciencia sobre sí mismo.


El individuo en la ciudad desarrollará una ceguera voluntaria ante la gran cantidad de impresiones sensibles que se le aparecen ante sus ojos, ya sean delitos, accidentes o asuntos relacionados con la corrupción, que es absolutamente inconcebible que no llamaran la atención del habitante de un pueblo. La avalancha de este tipo de sucesos en la urbe es tal que sin esa ceguera consciente por parte del hombre caería, sin duda, en las garras de alguna patología psicológica. Puede parecer inhumano no acercarse de inmediato a alguien que yace caído en el suelo, pero no es inusual esa escena mientras decenas de personas pasan a su lado sin ni siquiera mirar hacia él.


Como contrapartida a esa indiferencia generalizada, el sujeto urbano no se siente observado, por lo que cuenta con una mayor libertad de acción para desarrollar comportamientos excéntricos, reprimiendo, por tanto, menos impulsos.


En definitiva, en el pueblo, el hombre forma parte de la esencia del mismo, mientras que en la ciudad, ésta forma un ente propio en el que habita el hombre-masa, sin una identidad individual propia. Sobre ello han escrito de forma clarividente Ortega y Gasset (La rebelión de las masas) y Elias Canetti (Masa y Poder), el cual contaba un magnífico ejemplo gráfico que ilustra a la perfección la descripción de lo que es el hombre-masa: estando él en una manifestación contra el poder político pudo comprobar, de repente, como sus pies se desplazaban en la dirección que lo hacía la muchedumbre, sin que él pudiera hacer nada para modificar ese rumbo.


Una vez instalado en la gran ciudad, al individuo no le queda más remedio que tratar de adaptarse. La literatura y el cine nos muestran que esa primera etapa adaptativa es claramente de negación. Charles Dickens nos muestra en su obras la destrucción física y moral del ser humano, triturado por la maquinaria fagocitadora de la ciudad industrializada, en este caso la Londres de la revolución Industrial. Por su parte, Fritz Lang en su visionaria «Metrópolis» nos enseña una visión apocalíptica y futurista de la ciudad del futuro, dividida en dos sectores: el subterráneo, en el que malviven trabajadores esclavizados, que hacen posible el funcionamiento del otro sector, la ciudad exterior, donde viven los privilegiados, rodeados de lujo y ostentación. Dicha obra es consecuencia de la impresión visual que le causó al director alemán el viaje que hizo a Nueva York en 1.924.


Después de siglos y siglos pensando que el ser humano era un animal racional, Freud y otros nos enseñaron que no era tan así, que los instintos conducen gran parte del comportamiento humano. De ahí a observar que la ciudad no es más que la selva que ha cambiado de escenario hay un paso que no es difícil advertir.


En una fase posterior, el individuo acaba adaptándose a la ciudad, pero en muchas ocasiones lo hace vendiendo su alma al Diablo, como el Fausto de Goethe. Los hombres han acabado con la religión, la filosofía y la moral, tal y como se concebían en la antigüedad, con sus defectos (muchísimos) y sus virtudes (unas pocas). Y las han sustituido por un monstruo implacable, el dinero. Sirva como ejemplo que la Navidad ha pasado de ser una Fiesta, con sus trampas, pero entrañable, a un aquelarre consumista.


Como detectaron los primeros poetas urbanos que olfatearon esta aniquilación moral, el único refugio que nos queda es la cultura.

March 16, 2019, 11:09 a.m. 2 Report Embed 0
The End

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JUAN PABLO SUERO INTERESADO POR CASI TODO

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