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Padre

Siento la abrumadora sensación de la Caída. Es como caer de un precipicio, pero del cielo. Es como volverse una bola de fuego que desciende a diecisiete kilómetros por segundo hacia la Tierra. Se sienten como años, aunque no estoy seguro puesto que la percepción del tiempo allí abajo es diferente que en Casa. Las llamas que me abrasan se disuelven cuando impacto contra una masa que se deforma al tocarla, que se deshace y humedece mi cuerpo, haciéndolo sentir frío y doloroso. Mi cuerpo arde nuevamente pero no de la misma forma que antes, es un ardor gélido y mucho peor. Ahora, me duele mi interior, mis pulmones, mi cabeza, mi pecho. Siento que voy a explotar. Estiro mis extremidades, moviéndolas con presura y exasperación. Jamás he sentido algo igual. Emerjo, abriendo la boca en una búsqueda desesperada de aire terrestre. Duele la primera bocanada, pero se siente tan bien. No sé cómo lo hago, pero logro salir de este frío mar de fuego helado. Mis pulmones aun duelen y mi cabeza late, pero no están oprimidos por esa necesidad de aire.

He llegado. He caído. Un inmenso dolor me invade al mirar mi alrededor. Solo, oscuro, frío y silencioso. Levanto los ojos al lugar de mi Padre, a mi antigua Casa, y ella brilla en pequeñas motas lejanas unas de otras y lejanas de mí. Mi pecho se quema de dolor, mis ojos se llenan de agua. Mis extremidades fallan y caigo de rodillas y sobre las palmas de mis manos. Gotas de agua se deslizan de mi cuerpo y se derraman al suelo texturado y duro. No debo estar aquí.

Prorrumpo en sollozos. Golpeo la tierra con mis puños, pero no tienen ese efecto que hubiesen tenido si no hubiera Caído. Si todavía tuviera mis alas, este mismo piso se estremecería al sentir mi contacto. Si todavía perteneciera a mi Hogar, el mundo hubiese temblado al notar mi llegada. Mi Padre me ha desterrado, me ha echado de su seno para que exhume mis pecados por mí mismo. He oído a muchos de mis hermanos rumorear sobre la furia de Padre, pero jamás pensé que ella me golpearía a mí. Padre es misericordioso, jamás haría tal cosa.

Sin embargo, lo ha hecho. Me ha dejado para que haga penitencia. Me lo merezco, por mi lengua viperina. Duele, quema peor que el fuego abrasador. No ha sido mi intención invocar la furia de Padre. Lo amo, es mi Padre. Pero, por ese instante, se sintió bien. No había sido justo conmigo. Con ninguno de nosotros. ¿Por qué los quiere más a ellos que a nosotros, que vivimos con él, que le servimos día a día, que vivimos por y para él? Las insignificantes criaturas que Él ama con tanta devoción, por quienes él haría cualquier cosa, ni siquiera saben de su esencia. No siguen sus leyes, a pesar de que las conocen. Causan estragos en el suelo que Él creó para ellos y, sin embargo, no Caen. Ellos no sufren este dolor, como si te despedazaran una parte de tu cuerpo. Estas criaturas, estas pequeñas hormigas rastreras y pecadoras… Padre las ama más que a nosotros, ¿y por qué? ¿Qué han hecho ellos para merecerlo? ¿Quiénes se creen para llamarse Hijos del Padre? ¿Quién demonios se creen que son?

Me incorporo, apretando mis manos a los costados de mi cuerpo. Estoy en la Tierra que Padre creó para ellos. Si ellos pueden hacer de las suyas aquí, yo también. En la tierra de nadie, todos somos dueños de nada y de todo a la vez. Doy mis primeros pasos por el áspero suelo, a través de la oscuridad, a la que ya no le temo, ya que soy yo mismo allí.

Padre reina sobre la Tierra, sin embargo su reinado es revoltoso. Mi reinado será bajo la tierra, mis fronteras serán difusas, mis hijos odiarán lo que Él ama. Lo despedazaran, así como Él hizo conmigo.

Padre, te perdono. Pero a tus criaturas no.

March 12, 2019, 5:51 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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Dánae Cidana Crujen bajo mis pies las pequeñas hojas amarillas.

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