Alto Calibre Follow story

N
Nico Baes


Reynaldo es un jovencito que decide de una buena vez por todas dejar a un lado la cobardía, para mostrar el verdadero arte, es decir, su escultural figura humana casi desnuda a toda esa gente de la calle que pase por enfrente del balcón de su cuarto; pero, su más allegado amigo decide hacer algo por él. Esa tarde, será el mejor momento para que Simón demuestre que es más derecho que un mismísimo presidente.


Humor Satire All public.

#AltoCalibre
Short tale
1
190 VIEWS
Completed
reading time
AA Share

Alto Calibre

En un atardecer, el Sol reflejaba intensamente a un balcón desgastado por los temibles años, esos años que van acabando cada vez más a cada mortal en este mundo cruel. Un mundo en donde nadie está conforme con lo que tienen, y si es que lo tienen.

La sudadera tirada en una silla desgastada, como de esas que aparentan tener siglos, pero en realidad apenas tenía un ciclo. Los pantalones yacían en el piso, un piso tan brillante como los zapatos de un novato alumno militar; los calcetines camuflados dentro de un par de tenis, unos tenis completamente nuevos: cada uno de ese par tirado a un costado de la cama del cuarto, un cuarto tan grande que contaba siempre con algunos ramos de flores al costado del balcón, pues parecía la oficina de un congresista. Y, en medio de ese cuarto, a escasos metros del iluminado balcón, se encontraba de pie: Reynaldo.

En calzoncillos dio unos cuantos pasos, asomándose al balcón y luego retornó. Hasta que expulsó totalmente su más allegada compañía: la cobardía. Luego volvió a dirigirse hacia las afueras de su querido balcón, y lo logró. Mientras abría los brazos, fijaba su mirada al frente sin vergüenza alguna.

El inmenso Sol calentaba su más deseado cuerpo, ese pedazo de carne que todas las mujeres de su barrio comenzaban a adorar. Cada una de estas se detenían por unos instantes, mientras que otras permanecían inmóviles. Toda esa atracción, era debido a la curiosidad que este les causaba. Y así la gente pasaban por debajo y enfrente de su más querido balcón. Ese balcón que no contaba con ninguna baranda, y que resaltaba sin límites toda su figura. Parecía el escenario de unos cómicos vulgares. Algunos jóvenes que se dirigían al gimnasio, se sentían minimizados por más músculos que tuviesen.

A pocas casas, se encontraba Simón: su amigo incondicional. Ese amigo era tan recto, como presidente a inicios de su mandato. Simón al darse cuenta de que su amigo salía casi en pelotas en medio de la gente, rompió en llanto, revolcándose en una rasgada alfombra en medio de la sala de estar de su casa. Sin embargo, a los pocos minutos pudo recobrar sus cinco sentidos. Luego se dirigió hacia el cuarto de su abuelo, y sigilosamente cogió una pequeña manta ahí dentro. También cogió una caja mediana y después retornó a su sala.

—Ya es hora de acabar con todo esto —se decía Simón a sí mismo, antes de salir de casa. Pero, ¿Qué era lo que le estaba sucediendo a Simón? ¿A caso sentía pena por su amigo, pensando que ya nunca más iba volver a contar con él, por lo loco que Reynaldo supuestamente estaba? ¿Qué será realmente?

Un bulto tan llamativo, bien derecho, y de forma media puntiaguda, resaltaba en la parte posterior del calzoncillo de Reynaldo. Más exacto, entre las piernas. El super dotado. Ese día él estaba bien caliente. Parecía navaja de peluquero frente a un fuego ardiente. Su piel quemaba. Pues toda esa calentura acumulada en cada centímetro de su piel, era debido al inmenso Sol que cubría toda la calle, y mucho más a él, porque apenas se encontraba vestido casi como vino al mundo.

—¡Ricura, ricura! ¡Llévame a la Gloria! —gritaban las mujeres.

—¡Idiota, idiota! ¡Respeta a tus vecinos! —lanzaban indirectas, los musculosos del barrio.

—¡Oe fenómeno! ¡Fenómeno! —gritaban los palomillas de las cuatro esquinas.

—¡Oe, oe! ¡No seas abusivo! —le gritaban los cuadragenarios, mientras disimuladamente miraban a las mujeres.

Por ratos se podía sentir la brisa del atardecer. Mientras su pequeña cabellera se alborotaba —esa cabellera que nunca lo pasaba peine. Y si lo hacía, era minutos antes de la misa de los domingos—, él pensaba en ir a confesarse próximamente. Prometió hacerlo durante ese gran espectáculo que acababa de ocasionar, y que seguía haciéndolo. Su orgullo era cada vez más grande. Quizás ese era el mejor momento de su vida: haber llamado la atención de todos esos curiosos. Ese gran público que hace poco, según él: pensaba que lo despreciaban.

Reynaldo no quería moverse más de esa precoz eternidad. Por un momento creyó que había venido al mundo con un único propósito en la vida: mostrar el verdadero arte. Aquella figura humana que reflejaba su divina presencia.

En medio de la calle, frente a ese venerado balcón por muchas. Quizás por algunos. Los autos bajaban la velocidad de sus cuatros ruedas, como si hubiera alguna señalización de tránsito —donde diga que bajen de golpe la velocidad—. Ni cuando pasaban por una de esas, estos lo hacían. Creo.

—¡Te pasaste, fenómeno! —gritaban algunos choferes. Mientras que otros se burlaban.

Al cabo de un largo rato, Reynaldo pudo sentir a alguien franqueando la puerta de su cuarto: ese era Simón. Al percatarse que era su amigo, comenzó a despedirse de su gran público, como toda una estrella de televisión, al mismo tiempo que se iba alejando. Luego cerró la puerta que daba a su balcón, aquella que lo hizo famoso.

Reynaldo una vez dentro en sus cuatro paredes —su cuarto—, frente a Simón —solos—, se quejaba por un momento de un pequeño dolor cerca de su vejiga, sacándose un pedazo de madera media puntiaguda.

—¿Mi premio? —preguntó Reynaldo.

—No tengo dinero. Pero sí este fierro de alto calibre. Véndelo y cuenta saldada. ¡Chao!

March 6, 2019, 12:23 a.m. 2 Report Embed 2
The End

Meet the author

Nico Baes Amante a la arquitectura, los videojuegos y la lectura. Este �ltimo en especial, las historias de terror.

Comment something

Post!
Gin Les Gin Les
Jajaja, no manches... jajaja estuvo bueno el desenlace... quién diría... jajaja
1 week ago

  • N B Nico Baes
    ¡Hola! jajaja... Un mundo en donde nadie está conforme con lo que tienen, y si es que lo tienen. Me alegra que te haya gustado. ¡Saludos! 1 week ago
~