Un Verdadero Campeón Follow story

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Cuando un veterano campeón invicto decide seguir su camino en el mundo del boxeo, un joven colega ve una gran oportunidad para robarle su más preciado título. Este último reta al otro. Así que, en el cuadrilátero se decidirá quién es el verdadero campeón.


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Un Verdadero Campeón

El público ovacionaba al campeón del mundo, a su vez, este se paraba de su asiento como acto de agradecimiento en medio de una sala de conferencias de un famoso y reconocido hotel. El campeón invicto —cuarenta y nueve victorias— de los pesos pesados, había aceptado luchar una vez más en el cuadrilátero.

Mientras que los periodistas difundían la noticia por todos los medios, y los fotógrafos tomaban fotos sin cesar en cada instante que este disimuladamente saludaba a su gente, el veterano campeón dentro de su más profundo interior no podía creer el compromiso que acababa de aceptar: un trato que podría ser el final de su carrera, hasta de su propia vida.

—¡Prometo no decepcionarlos! —exclamaba el campeón—. ¡Lo prometo! ¡Lo prometo!

Con semejante promesa que acababa de lanzar a diestra y siniestra, él nunca iba a permitir que otros le arrebatasen su título mundial. Un título representado por un enorme cinturón brillante, el cual no tenía precio, y si lo tenía, pues ese era su vida.

Aquel cinturón, siempre permanecía colgado en la entrada de su casa —a escasos metros de su enorme puerta—, con el propósito de que cada mortal que entrase en ella —al igual que él— pueda ver su inmenso esfuerzo que representaba. Así que, no lo perdería, al menos no en una derrota.

Cuando él pasaba por las calles todos gritaban: ¡Ronco, Ronco! Pues precisamente fue su público quienes lo bautizaron con ese sobrenombre, por su voz grave y ronca.

Una vez en casa, lejos de todas esas luces que siempre reflejaban en él —las cámaras— y las preguntas que siempre zumbaban en sus oídos —por parte de los periodistas—, Ronco se sentó frente a su dichoso cinturón. Luego se puso a contemplarlo como todas las noches antes de ir a dormir.

"La pelea de Titanes". Así lo había nombrado la prensa a tal evento. Esta iba a empezar en tan solo seis meses, tiempo suficiente para que su contrincante se ponga en forma, pero no el veterano campeón del mundo. El tiempo ya no estaba a su favor.

Hacía dos años que Ronco luchó por cuadragésima novena vez. Se rehusaba a colgar los guantes, las mismas que marcaron su vida. Una vida tranquila, poco común en una persona famosa.

Los días pasaban, y Ronco, entrenaba cada vez más, pero con una voluntad tirada por los suelos. Sus más allegados amigos que siempre le rodeaban trataban de alentarlo de la mejor manera.

A miles de kilómetros se encontraba entrenando Cortés; pues, así lo conocían todos, por su apellido. Un tipo arrogante y mal educado, así lo describían al mismo tiempo que lo catapultaban a la fama: la prensa. Un ser sin sentimiento, tan frío como el hielo de un iceberg; así aparentaba frente a las cámaras y cualquiera que estuviese enfrente de su presencia física.

Sin embargo, el ambicioso joven Cortés, meses antes lo había desafiado por televisión al invicto campeón. Todo esto provocado por aquellos que decían que Ronco era el único campeón del mundo y que nadie lo podía vencer, mucho menos él.

Cortés llevaba recién dos años en el ring, tiempo en que Ronco dejó de luchar pero que nunca se retiró. A pesar del poco tiempo que Cortés llevaba luchando, este había ganado varios títulos manteniéndose también invicto; además, él era menor, ya que el veterano campeón le doblaba la edad.

Los meses pasaron como en un tronar de dedos, y el tan ansiado evento llegó tan de repente: ambos luchadores llegaron al lugar del encuentro, pero uno de ellos, Ronco, se encontraba con los nervios encima, pues parecía que ese día iba a ser su primera vez en medio del ring y frente a las cámaras. De pronto, se escuchó una voz que terminó por adornar el más célebre combate de esa noche:

—Tres, dos, uno, ¡cero! —dijo el árbitro—. ¡Que comience la pelea!

Al ver a su colega enfrente y preso del frenesí, Cortés se abalanzó a Ronco como un lobo hambriento frente a su única presa, aquella que esperaba hace mucho rato. Comenzó a golpearlo, al mismo tiempo que descargaba toda esa ira que se encontraba acumulado en lo más recóndito de su ser, derivado de los insultos que venía recibiendo los días previos al combate como también esa noche. Ronco trataba de defenderse, pero sus esfuerzos eran inútiles: se cansaba rápidamente. Luego se alejaba. Mientras recobraba energías, contragolpeaba lo más que podía. El tiempo transcurrió como en un abrir y cerrar de ojos:

—¡Décimo Round! —exclamó el árbitro.

El cansancio invadía a Ronco. Su cuerpo sudaba como si estuviese en un increíble asadero. Parecía explotar. No podía más. Pero al mirar a toda esa gente que le rodeaba y que supuestamente lo amaba, Ronco trataba de ponerse erguido: se mantenía firme. Pero un solo golpe era suficiente para que Cortés pudiera noquear al veterano campeón.

El joven muchacho se fue acercando lentamente como un tiburón a su presa, al mismo tiempo que Ronco también lo hacía, pero tambaleándose. Cortés preparaba dos fuertes golpes para noquearlo de una vez por todas, pero Ronco se abalanzó rápidamente hacia él y lo abrazó de lo cansado que se encontraba, dándole a entender a que se detuviera por al menos unos segundos, y Cortés, se detuvo. Luego este último inclinó un poco la cabeza cerca al oído izquierdo de su contrincante:

—El tiempo está en tu contra —le dijo a Ronco—, lo sabes.

Parecía que ambos luchadores no se querían soltar el uno ni el otro, motivo por el cual, el árbitro a empujones los tuvo que separar. A los pocos segundos, un sepulcral silencio invadió todo el lugar del evento, cuando repentinamente, uno de ellos se retiraba por voluntad propia del cuadrilátero. Pero en seguida la bulla volvía a reinar en cada rincón del lugar. Esa noche, Ronco entre llanto y carcajadas, una vez más se coronaba campeón del mundo.

March 3, 2019, 7:21 p.m. 6 Report Embed 8
The End

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Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Bravo, bravo.
May 22, 2019, 5:30 a.m.

Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Bravo, bravo.
May 22, 2019, 5:30 a.m.

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