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Muévanse

La Feudalización fué un proceso social, econónico, político e histórico que ocurrió después de la caída del Imperio Romano de Occidente en Europa. El mundo de nuestros días presenta algunas semejanzas con la misma.



Roma era un orden imperial, pero un orden al fin y al cabo. Proporcionó estructura social, difundió una lingua franca común administrativa, comercial y legal para tierras y pueblos muy diversos, el latín, generó un corpus legal que permitió armonizar las dos orillas del Mediterráneo y facilitó con estas herramientas los medios para crear un espacio común geográficamente muy extenso. Un segundo acontecimiento dividió al mundo mediterráno: La irrupción victoriosa del Islam en la ribera sur separó las dos orillas durante siglos, convirtiendose ambas mitades en enemigos irreconcilables por su identidad religiosa. Sólo la expansión colonial europea primero y la presente mundialización de los procesos económicos, tecnológicos y políticos han vuelto a poner en contacto a ambas partes, en una comunicación tensa, pero comunicación al fin y al cabo.








En Europa, el mundo que sigue al final de la hegemonía romana es un mundo más pobre, reducido. Un mundo en regresión. Hay una pérdida de conocimiento, de pulso cultural muy marcada. Algunos Monasterios conservarán lo que puedan de un legado cultural helenístico, latino, que es devorado por el caos, los saqueos, el fuego. Las redes de creación de pensamiento, ciencia, especulación intelectual quedan rotas, aisladas. Se va a producir una gran fragmentación política. Las comunidades van a hacerse más y más locales y regionales. Los pueblos, los cuerpos políticos se van a hacer más pequeños y menos comunicados entre sí. Cada celda de la gran colmena romana se va a hacer más distante, más estanca a las otras. Esta fragmentación es característica del mundo feudal. La falta de una estructura legal y política superior va a generar pequeños espacios de poder en el que unos pocos van a dominar y avasallar al resto, sin cortapisas, sin contrapesos. Éste proceso de avance exponencial de la desigualdad y acumulación de poder económico, político y legal en pocas manos se está repitiendo siguiendo un patrón parecido en nuestros días de Globalización y Mercados salvajemente libres.


La Feudalización consistió en la constante expansión de la esfera de poder de los Señores feudales a costa de los súbditos bajo su férula, su poder creciente y casi omnímido. La constante exigencia de nuevas concesiones y presraciones económicas, mayor número de días trabajados en los dominios del Señor, mayor porcentaje en los beneficios del trabajo de los vasallos se tradujo en una debilidad creciente de estos. A mayor debilidad de los ubicados bajo el que dominaba, mayor capacidad de presión y coacción de este para exigir más, y más, y más. Es un ejemplo práctico de la máxima de Hobbes, Homo homini lupus est. El Hombre es un Lobo para el Hombre.


Las relaciones económicas del mundo de hoy parten de una desigualdad creciente entre capital y trabajo. La lucha universal por obtener y conservar el empleo, el medio de vida, el pequeño negocio, la actividad de los autónomos, es cada vez más difícil. Los Trabajadores de todo el Planeta luchan entre ellos en una competencia a la baja. Se trabaja cada día más por menos salario y peores condiciones de trabajo. Esta es la realidad.


Una de las pretensiones centrales, máximas, del hipercapitalismo liberal que emergió tras el final de la lucha ideológica de la Guerra Fría ha sido la creación de mercados cada vez menos regulados, alegales. La Tesis era y es que esta reducción de trabas, ésta libertad económica generaría una mayor y más rápida creación de riqueza. En la práctica, ha habido resultados mucho más sombríos. En el ámbito financiero la reducción de controles y filtros legales ha supuesto la generación de llamaradas especulativas cada vez mayores, irracionales y a veces muy destructivas. La explosión financiera de 2008 estuvo a punto de derribar al sistema global entero. Y los ciudadanos del mundo pagaron las consecuencias. En algunos casos perdiendo su medio de vida. De forma genérica, cubriendo con sus impuestos y sufriendo en sus carnes los ajustes con los que se cubrieron las pérdidas de los agentes financieros pirómanos.



En los mercados de trabajo, esa misma pretensión de desregular ha supuesto que la parte más fuerte haya impuesto sus condiciones a la más débil, con trabajos cada vez peores y menos remunerados. La Globalización es un hecho y no va a ir hacia atrás. Pero se pueden limitar los efectos negativos de su tremendo empuje, igual que se puede domar y poner una silla a un caballo salvaje. A la Globalización hay que encauzarla, someterla al poder nivelador de la Ley. Esta regulación solo puede ser global, excede con mucho el área de los estados nacionales o las alianzas y bloques económicos, geofráficos y políticos. Puesto que los procesos económicos y tecnológicos son globales, global debe ser el marco legal que los controle. Luchen por sus derechos, ciudadanos del mundo digital y global.





Feb. 28, 2019, 9:44 p.m. 0 Report Embed 0
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Meet the author

José Antonio Chozas Inquieto, apasionado por las letras, escritor por impulsos, alma libre.

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