Cómo (no) morir después de quemar un bosque Follow story

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Fue un accidente, dice Gabriel. Accidente mis pelotas, dice Ana. Gabriel tiene dieciséis años y una colección de más de cien encendedores. Ana tiene diecisiete años y ha dedicado más de 900 horas a hacer voluntariado para limpiar los bosques de la ciudad. Si los opuestos se atraen, no hay nada más opuesto que un piromaníaco y una ecologista.


Teen Fiction Not for children under 13.

#piromania #psicologia #psiquiatria #salud-mental #romance #drama #amistad #violencia #incendios
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Variadas maneras de arruinar tu vida

  

Fue un accidente. Es lo único que Gabriel se repite en la cabeza mientras camina de regreso al pueblo, las rodillas temblándole tanto que siente que en cualquier momento acabará de bruces en el césped. El aire huele a humo y está repleto de sirenas, pero nada de eso importa. Gabriel se enfoca en la hilera de casas lejanas, en esa de pintura roja donde su madre debe estar mirando las noticias sobre el incendio que está devorando el cerro.

Las vecinas están en las puertas de sus casas, cuchicheando entre ellas mientras los árboles arden. Gabriel aprieta el paso. El sudor le está mojando la camiseta presionada contra la mochila que tiene en la espalda. Es un día caluroso y de brisa fuerte. El día perfecto para avivar llamas.

Gabriel se detiene antes de entrar a su casa. Se seca el rostro con el borde de la camiseta, se truena los huesos de las manos y toma aire. No pasará nada. Abre la puerta.

—Gabriel, ¿el incendio se ve desde la calle? —le pregunta su mamá apenas él cierra la puerta. Está sentada en la mesa de la cocina, mirando por la ventana con un vaso de jugo de color indescifrable en la mano. Gabriel traga.

—Sí. —Titubea—. Es grande.

—Está bien cerca —responde ella—. Los bomberos están en la segunda alarma.

Gabriel se va a su habitación después de eso. Se quita la mochila y la mete debajo de su cama, se cambia de ropa y no se atreve a ir a ducharse. Puede que llegue la policía mientras él esté bañándose ¿y entonces qué? Tiene que mantenerse alerta. Se desordena el cabello, se pone las zapatillas sucias con tierra y pasto y toma su teléfono.

Tiene 500 mensajes sin leer. Un escalofrío lo recorre.

Los bomberos dicen que puede que haya sido intencional dice uno de los mensajes en el chat de la patrulla medioambiental de la que es parte. Cosas del colegio. Hay cincuenta miembros, la gran parte allí por los campamentos, unos pocos porque sienten una pasión por las ballenas. Las manos de Gabriel tiemblan. Se seca el sudor de la nuca con una mano.

Él está en el grupo porque le gustan los perros.

¿Quién habrá sido el hijo de puta? dice alguien más. Gabriel respira profundo, tanto que sus pulmones no parecen caber dentro de su pecho.

—Gabriel, ¿qué quieres comer más tarde? Pensaba que podríamos comprar pizza —dice su mamá desde el pasillo. Gabriel levanta la mirada y se encuentra con los ojos de Chris Evans vestido de Capitán América. Se siente juzgado por el gringo. Las manos le transpiran.

Hay que quemarlo a él, a ver si le gusta dice otro. Gabriel no sabe si es un chiste o no. Todos los miembros apoyan su decisión. La visión de Gabriel se llena de puntitos.

—¿Gabi? ¿Estás allí?

Tal vez si no habla, su mamá crea que está durmiendo. La escucha alejarse con sus pasos lentos de pies en pantuflas. Arrastra los pies al andar, igual que él. ¿Los bomberos podrán localizar sus huellas en el césped? El aire está muy liviano y no deja de oler a humo. Puede oír la voz de una periodista hablando en televisión.

Un turista dijo que vio a alguien con una mochila salir del bosque tipea un verdugo. Gabriel escribe fue un acc y se detiene porque los mensajes no paran. La lengua le duele con el esfuerzo de dejarla quieta en su boca.

La mitad de las cosas malas que hace la gente, piensa, deben ser accidentes.

Feb. 26, 2019, 8:32 p.m. 0 Report Embed 0
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