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Sandra consigue cumplir sus sueños de ser investigadora criminal, tras años intensos de terapia por el caso Sol y Terror. Quince años después, el mismo caso se vuelve a dar, encargándose Sandra de éste. Volverá al instituto de sus pesadillas para encontrarse nuevamente con el alma que la consiguió perturbar por toda su vida, Marwa.


Horror Ghost stories All public.

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PRÓLOGO

  

—Volvamos al sueño, Sandra —habló mi psiquiatra, Luis.

—Le vuelvo a repetir que no fue un sueño —repetí por quinta vez en apenas los quince minutos que llevábamos de sesión. 

—La encontraron en el suelo de un pasillo dormida, señorita Fraga.

Me moví inquieta sobre la silla de color blanco de la habitación. Jugaba con los dedos de mis manos intentando distraerme fijando la mirada en los numerosos diplomas que colgaban de la pared de color beige. 

Aquel joven psiquiatra que me atendía lucía una barba de tres días, que junto a su pelo negro y sus ojos verdes adornados por unas gafas de pasta, lo hacían bastante guapo, a mi parecer. 

La mirada de él se transformaba a medida que desviaba sus preguntas en una mirada de desesperación y cansancio. 

—Por favor, métase en su cabeza que lo que vi fue real.

—Okey. Vuélvame a decirme que pasó.

Suspiré profundo. 

—Era un día cualquiera en el instituto de mi pueblo. 

Ese día, un grupo de amigos habíamos quedado una hora antes de entrar a clase. Queríamos saber si es cierto que en el instituto había un fantasma, tal y como los rumores contaban. 

Eran las siete de la mañana de un frío invierno. Apenas se podía apreciar los colores de las paredes del recinto. Saltamos una de las vallas procurando hacer el menor ruido posible. Caminamos por el solitario campo de fútbol. Las ramas de los árboles bailaban al compás del viento haciendo un sonido bastante relajante, a mi parecer.

—Sandra —me llamó Esteban, mi mejor amigo—. Iremos por pareja, ¿vale? Y si alguien ve o siente algo, usad el walk-talkie.

Asentí pesadamente. Estaba emocionada, la verdad, pero el sueño me vencía poco a poco. 

Al llegar al patio interior, las siete personas que iban conmigo se pusieron en círculo mientras hacían las parejas. 

Una mala sensación recorrió mi espina dorsal de abajo hacia arriba. Busqué algún sitio cargado de malas energías girando sobre mis talones. Miré hacia una ventana del segundo piso que daba al edificio dónde se encontraban las aulas. Aquella sensación volvió a recorrer mi espina dorsal de la misma forma. 

El viento se colaba entre mis cabellos rubios, cerrando mis ojos y haciéndome disfrutar de la sensación. 

Sentí cómo alguien me llamaba. Alguien susurró mi nombre. Abrí los ojos de golpe. Movía mi cabeza de un lado hacia otro intentando hallar con la personas que había me había susurrado, encontrando solamente a mi grupo de amigos algo lejos de dónde yo me encontraba. Solté un suspiro. Pensé que solamente había sido mi imaginación por la gran falta de sueño. 

— ¡Sandra! —me nombró Marta—Ven, ya están las parejas hechas. 

Caminé hacia ellos algo rápido. Sentí cómo una mirada recorría todos mis pasos. 

— Marta y Esteban os vais a dirección —empezó a nombrar Jaime—, Rubén y Daniel vais al patio, a lo que implica toda esta zona, desde los baños hasta el campo de fútbol —los gemelos asintieron—. Alejandro y Sandra os toca la planta de arriba —dijo mirándome directamente hacia los ojos—. Y Celia y yo la planta de abajo.

Una vez ya con las parejas asignadas, nos dirigimos hacia la planta que nos correspondía. Subí los peldaños de las escaleras lentamente. Mis nervios aumentaban cada paso que daba. Agarré a Alejandro de la mano con fuerza para que no me abandonase.

—Todo estará bien —sonrió—. Venga, suéltame.

Me separé de él lentamente mirando a mí alrededor. Era un gran y estrecho pasillo, era bastante largo, lleno de aulas y aulas. Las voces de los alumnos en el intercambio de clases, las risas, e incluso los besos por partes de varias parejas inundaron mi mente.

—¡Sandra! —gritó Alejandro— ¡Mira lo que encontré!

Caminé lentamente hasta la voz de Alejandro. Iluminaba cada rincón con la vieja linterna de mi abuelo. Una horrible sensación se hacía cada vez más fuerte en mi estómago con cada paso que daba. Algo malo iba a suceder, lo sabía, y aun así seguía caminando hasta que por fin llegué hacia mi compañero.

—Pero ¿qué…? —Dije al ver una especie de pasadizo.

—Me apoyé aquí y esto se movió —Habló con entusiasmo—. Entremos.

Iba a replicar que no era una idea, pero le bastó menos de dos segundos para perderse entre la oscuridad de aquél extraño lugar. 

Entré poco a poco. Un extraño olor inundó mis fosas nasales. Arrugué la nariz, no era una fragancia muy buena, era repugnante. Una mezcla de varios olores desagradables, suciedad, cañerías y… ¿putrefacción? No sé, pero es repugnante. Caminé todo lo que pude en busca de Ale gritando su nombre. Tenía miedo. Mucho miedo.

—Sandra —volvieron a susurrar mi nombre.

Me giré y enfoqué a todas las partes que podía alcanzar a ver. Nada. 

Sentí cómo me tocaban el brazo. Mis lágrimas empezaban a salir. Quería creer que era por el sueño que tenía, pero no era eso, no. Era algo más. Era real. No estaba sola en aquél lugar. Sin Ale. Sin ninguno de mis amigos. Yo y alguien que no tenía ni idea. 

Salí corriendo, incluso tiré la linterna. Grave error.

Aquella persona solo decía mi nombre. Cada vez más y más fuerte.

—¡Sandra! —chilló de forma terrorífica.  

Feb. 23, 2019, 3:07 p.m. 1 Report Embed 0
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