Siempre serás mi chica (Editando) Follow story

marty_saldivar MARTIN SALDIVAR

Traicionado por segunda ocasión, Dylan decidió cerrar su corazón a sentimientos provocados por el amor, pero nunca se imaginó que una joven "Joceline" ; con su elocuencia y sencillez harían de su duro y gélido corazón, un torbellino de agradables emociones. --¡¿Por qué me tratas como mierda?!-- sus ojos humedecen... su pequeña mano impacta mi mejilla. --No me rendiré, hallaré a ese Dylan; caballeroso, atento, respetuoso y cariñ...--su última palabra, la pausó, --que solías ser. Recuerda... "Las personas jamás cambian...Solo suelen hacer cosas diferentes para ocultar su verdadero ser" y tú no eres un patán, ni ese cabrón que quieres demostrar.- -- lagrimas hacen presencia cayendo por sus mejillas... "Las personas jamás cambian...Solo suelen hacer cosas diferentes para ocultar su verdadero ser". Las palabras resuenan en mi cabeza. Joceline no tiene la culpa de pagar por mis desgracias.


Romance Young Adult Romance For over 18 only.

#soledad #traición #Dylan #Joceline #OjosAzules #Flashito #Saldivar #hermanos
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Capítulo 1.- El trozo de papel.


Soy el típico chico de diecinueve años de una altura promedio, tez clara, ojos cafés claros, cabello oscuro luciendo siempre un corte desordenado, pero con estilo, me gusta vestir siempre de pantalones vaqueros con las rodillas rasgadas y ajustados al contorno de mi cintura hacia los pies, las playeras tipo polo me encantan, siempre hacen ver mis brazos y pectorales bien formados. Mi cuerpo es atlético algo que me tomó tiempo y esfuerzo conseguir con la ayuda de algunos ejercicios en el gimnasio junto a mi hermano, me siento feliz y saludable por ello.


Es lunes por la mañana y me encuentro frente a un enorme portón que brilla por la luz del sol, veo transitar una gran multitud de jóvenes portando sobre el hombro mochilas, bajo el brazo libros y cuadernos. Uno que otro con maletín estampado con diferentes diseños haciendo alusión a sus diferentes personalidades que figuraban contener en su interior un ordenador portátil y un sin fin de cosas escolares, eso me indicaba claramente que de nuevo iniciaba mi primer día de clases, pero ahora era la universidad.


Observo desde el otro lado de la calle con detenimiento y me dispongo por dirigirme al gran portón que indica ser la entrada al instituto mostrando las siglas "I.T.C." que gracias a la luz del día le daban a su color dorado una grandiosa vista.


Mi pensamiento recordándome que de nuevo se daría paso a un nuevo ciclo educativo no solo para mí, también para los jóvenes y adultos de la ciudad y otras a su alrededor. Pensaba con detenimiento en la cantidad de trabajos, las horas de desvelos, exigencia en la calidad y que no serían tan fáciles de realizar como en la primaria, secundaria o la preparatoria de la cual ya me había liberado.


Sabía que habría demasiadas responsabilidades, no simplemente educativas al realizar una tarea para entregarlo en tiempo al profesor, también consecuencias a las acciones buenas o malas que uno decidiera hacer pues ya no estaría en un lugar con chicos de catorce años, sino con gente de mayor edad y que cualquier problema ya no se pudiera resolver con gran facilidad solamente pidiendo una disculpa, la gente puede ser muy vengativa y orgullosa a cierta edad.


Adentrado tanto en mis pensamientos sobre lo difícil que podría ser la universidad y dejando la entrada a mi espalda no me percaté de la chica que, a paso apresurado, casi corriendo y distraída por su largo cabello obstruyéndole un poco su visibilidad provocando que sus ojos cerrasen por un instante causando que colisionará conmigo, haciendo caer mi mochila que sostenía en el hombro, la chica tambaleó sin caer al suelo. La chica se disculpó, pero sin mirar atrás, me dispuse a recoger la mochila y noté que aun lado había una pulsera con la inicial "J" en un bonito diseño, lo levanté y traté de decirle a la chica que se le había caído la pulsera, pero ella ya se había alejado demasiado...


Miré de nuevo la pulsera y lo guardé en un bolsillo de la mochila, de nuevo retomé camino para la primera clase a la cual ya se me había hecho tarde, mirando un par de listas en algunos de los salones pude ubicar mí nombre, toco la puerta para pedir permiso de entrar al salón, el profesor con las cejas fruncidas y con su dedo índice tocando su reloj, me indicaba que ya era tarde.


—¿Y usted es? — pregunta el profesor con un tono molesto y tajante.


—Dylan Saldivar, señor.


—Señor Saldivar, localice un lugar vacío y tome asiento.


—Esto va para todos... ¡Qué quede claro que no tolero ser interrumpido cuando estoy dando mi clase! — esas fueron las palabras de molestia del profesor mientras terminaba fijando su mirada en mí.


En ese momento todos prestaron mucha atención, las palabras del profesor eran claras y firmes, miré por todo el salón hasta que noté un asiento, no estaba muy retirado de la pizarra, ni muy cerca, se encontraba en el medio, era un perfecto lugar. Soy de esos chicos que prestan atención a las clases, coloqué la mochila en el respaldo del asiento y me senté, echando un rápido vistazo a todos en el aula con la esperanza de encontrar un rostro conocido, pero para mí mala fortuna no había ninguna cara conocida de la preparatoria, quizás alguno de ellos se había postulado para esta universidad, pero en otra carrera.


Un saludo tenue llama mi atención...


—¡Hola!


—Hola.


—¿Cómo estás? Mi nombre es Joceline.


—Muy bien gracias... Dylan.


—Ya lo sé, menuda reprimenda del profesor al llegar y la advertencia para todos, un lío el primer día de clases ¿No?


—Sí, y atraer la mirada de todos, realmente algo muy penoso— realmente estaba muy apenado por el incidente.


Los dos reímos al mismo tiempo, era la misma chica con la que había chocado minutos antes en la entrada del instituto, ella no debe recordar que tropezó conmigo pues nunca vio mi rostro cuando sucedió el pequeño incidente.


La observé con detenimiento su cara perfilada, su cabello negro con algunos mechones rubios muy brillantes que mostraba lo mucho que ella le dedicaba; su maquillaje discreto demostraba la inocencia de aquella chica. Lo que me llamó mucho la atención fueron sus ojos azules claros parecidos a un cielo sin nubes,su tono de piel claro hacia juego con lo que llevaba en ese momento; su cuerpo esbelto la hacía lucir atractiva, en verdad era muy bonita, su vestido azul daba juego con el tono de sus ojos.


De repente la escucho mencionar mi nombre...


—Dylan, toma. —la chica me dio un trozo de papel.


Tomé la hoja y lo abrí para poder leer lo que estaba escrito.


"No es una carta de amor, no te ilusiones que no eres mi tipo... jajaja" 


Lo elocuente de sus palabras que había escrito hizo que soltará una risa que llamó la atención de todo el salón, el profesor de apellido Morrison, sí, ya sabía su apellido por el hecho de haber llegado tarde y haberse presentado de nuevo con la clase por mí interrupción al entrar, en el momento de mi risa el profesor se encontraba dando explicación de la dinámica a realizar para que cada uno de los que nos encontrábamos en el aula nos presentáramos, el profesor también oyó la risa, dirigió su mirada hacia mi indicándome que compartiera el chiste para que todos también pudieran reír, tragando un poco de saliva y con la cara roja por la vergüenza solamente pedí disculpas otra vez, era la segunda vez que metía la pata en la clase. "Primer día y dos llamadas de atención, genial tonto"  mi conciencia recordándome lo distraído que estoy.


Nuevamente el profesor prosiguió con sus indicaciones y empecé a leer de nuevo todo lo Joceline había escrito en el trozo de papel.


"Soy nueva en la ciudad y no conozco a nadie, me encantaría me platicaras un poco sobre el lugar, claro si no tienes ningún problema con ello😊."


Tomé mi bolígrafo y empiezo a escribir al reverso del trozo de papel.


"No creas que por tener unos ojos hermosos y unos labios besables caeré rendido a tus pies... jajaja"


No temo hablarle a las chicas, todo gracias a mis primos Liam, Alexis y a mi hermano Eithan dejé atrás esa timidez, somos muy unidos los cuatro, solemos vernos todos los fines de semana, acudir a las fiestas que organiza Eithan con sus amigos de la universidad, no tenemos tanta diferencia en nuestras edades, el mayor es Alexis con sus veintitrés años seguido de Eithan mi hermano con veintidós, Liam y yo tenemos la misma edad, Eithan y yo nos llevamos de maravilla siempre nos apoyamos en todo, él es muy sociable y atractivo además de tener un cuerpo muy ejercitado, todos los días acude al gimnasio, le gusta mantener su cuerpo en forma, practica fútbol, esto último hace que las chicas lo persigan, pues es el capitán del equipo de fútbol en su colegio, tiene demasiadas amigas muy atractivas, Liam y Alexis no se quedan atrás, también son muy bien parecidos, lo sé... porque las chicas posan su miradas en ellos, las amigas de Eithan siempre me hacen cumplidos e invitaciones para salir de paseo pero las rechazo, no soy como mi hermano Eithan que él sí busca pasar una buena noche con alguna chica.


Seguí escribiendo en el trozo de papel...


"Con respecto a platicar sobre el lugar, me encantaría contarte un poco de la cuidad, pero solamente eso... ¡Algo más que una plática te costará un dineral!😊"


Dobló el trozo de papel y se la regreso a la chica, quien la desdobla y comienza a leerla.


En la cara de la joven se dibujó una sonrisa al leer el contenido y con cara sonrojada por las palabras que le había escrito en aquel trozo de papel.


Pasaron las clases y en momentos en que los profesores escribían en la pizarra, Joceline y yo conversábamos un poco de cada uno. 


Me contó un poco sobre ella, de donde había llegado y el motivo de su cambio de ciudad, la chica era interesante y yo le prestaba mucha atención a lo que ella decía sin interrumpirla. Una parte de la plática llamó mi atención, la parte en la que ella contaba el motivo del porque se había mudado de ciudad junto con su madre. Era porque la madre se había divorciado de su padre por haber sido infiel y su madre no quería estar cerca de él o los lugares que le hicieran recordarlo eso había devastado mucho a su mamá.


Joceline tenía mucho aprecio por su padre a pesar de lo poco que estaba en casa pues la mayor parte del tiempo se la pasaba en el trabajo, era la excusa que a las dos les daba mientras tenía una doble vida.


Quería mucho más aún a su madre pues era la única quien estuvo con ella en sus tantas noches de tristeza, Joceline siempre que llegaba de la preparatoria corría en busca de su madre y le pedía que preparará una taza de chocolate caliente con bombones para contarle todo lo que le había sucedido en el colegio, lo que para ella era lo más lindo al llegar de un día pesado del colegio, ver a su madre y quitarse la preocupación de dejarla tanto tiempo sola en casa y que pudiera cometer alguna locura. No dejaría sola a su madre, era la promesa que ella se había hecho, así que juntas decidieron cambiar de ciudad y tener un nuevo comienzo.


Ya eran las dos de la tarde, por fin las clases terminaron y el día había transcurrido tranquilamente, no había sido tan pesado como lo imaginaba quizás por ser el primer día, mi ánimo había cambiado por haber charlado con Joceline, tenía muchos temas de plática y le encantaba leer como a mí, compartimos opiniones acerca de los libros que habíamos leído y ella decidió compartirme un libro virtual al celular que había comprado en línea "El alquimista" del reconocido escritor Paulo Coehlo, fue así que compartimos nuestros números de celular. Joceline era una chica que transmitía una calidez al conversar, tenía una alegría en esos ojos azules.


Tomamos nuestras mochilas de pronto mi estomago empezó a rugir, ya tenía hambre, era la hora del almuerzo. Nos dirigimos a la salida, mientras le contaba lo que se podía hacer en la ciudad, los lugares que se pueden visitar, los clubes de la zona sur de la ciudad donde se encontraban las playas y que las noches de sábado eran las mejores en esa parte de la ciudad, donde la mayoría de los jóvenes iban a pasar una buena noche de antro, estábamos muy entretenidos uno del otro en verdad. Nunca había charlado con una chica mucho tiempo como lo estaba haciendo con Joceline, siempre eran un par de horas con alguna chica en aquellos sábados de fiestas junto a mis primos, pero me sentía a gusto escuchar sus palabras, de pronto su móvil suena , se disculpa pidiendo unos minutos para poder responder la llamada.


—Hola mamá.


—Hola mi amor ¿Qué tal tú primer día de clase? 


—De maravilla mamá, el instituto es un bello lugar y agradable, quiero que sepas que conocí a un chico muy amable con el que congenié muy bien. ¡ Y no está nada mal el chico!


Mientras está al celular le veo soltar una risa traviesa, Joceline hizo énfasis en esas palabras para que yo la escuchara pues me encontraba a escasos pasos de ella, claro que me hice el tonto mirando hacia otro lugar, pero justo antes de perder mi mirada noté que su rostro se tornó de un color rojizo pues por el rabillo de su hombro alcanzó a notar que yo había escuchado. Se notaba el entusiasmo en cada palabra cuando le contaba del día de clase a su madre, de alguna manera me hacía sentir feliz el hecho que se llevará muy bien con su madre. Hoy en día algunas chicas de esa edad no suelen ser comunicativas con sus padres prefieren salir con chicos de lugar en lugar, eso lo había comprobado varias veces en las fiestas de los amigos de Eithan, siempre la mayoría de las chicas terminaban yéndose con los chicos mayores sin darle aviso a sus padres.


—Por lo visto no te cayó mal el hecho de mudarnos, ya hiciste un amigo, por favor mi amor cuídate, todos siempre son amables con las princesas al principio. Por cierto, no encuentro el paquete de bombones para acompañar el chocolate ¿Podrías pasar por un paquete en algún super? Sería una buena excusa para conocer más a tú nuevo "chico amable" y que te pueda acompañar, no quiero que vayan a robar a mi princesa... besos. 


—Mamaaaaaaaaaaá... No llegaré tarde, claro paso por los bombones para disfrutar de nuestras tazas de chocolate con bombones, te quiero.


—Yo también te quiero mucho mi amor.


La chica terminó la llamada con su madre y de pronto se me acerca, la recibo diciéndole... —¿Con que soy "UN CHICO AMABLE Y ME CONSIDERAS ATRACTIVO"?, bueno soy amable ¿Pero atractivo? creo que lo segundo se podría pensar de nuevo— se me escapa una pequeña sonrisa, ella me otorga un pequeño golpe en el hombro.


—Ya se hace muy tarde Joceline debemos ir a nuestros hogares.


—Claro— comenta.


Nos despedimos y cada uno toma un camino diferente.


Me cruzó la calle para esperar a Eithan quien se ofreció pasar por mi después de clases y dirigirnos a casa, ella tomando rumbo hacia el estacionamiento del instituto en busca de su auto.


Esperando que Eithan no demore mucho en llegar, empiezo a tener la idea de que tendré que tomar un taxi, mi hermano cuando se trata de chicas puede hacerme esperar mucho tiempo, suelto un pequeño bufido.


Miro hacia mí izquierda algún taxi disponible que pudiera tomarlo para ir a casa, pero la calle carecía de alguno, pensando que estaría varios minutos en el lugar hasta poder tomar uno, con la mirada fija en la carretera, visualizo de pronto un carro azul cielo acercándose hacia donde me encuentro, suena el claxon, con el cristal un poco oscuro hacía que no distinguiera a la persona que se encontraba dentro del vehículo, no era mi hermano en otro auto, el conducía un Dodge Stratus de color negro que mi padre le había regalado. De pronto se escucha una voz desde el interior. —¿Quieres que te lleve a casa? —era ella, mi compañera de clase Joceline, amablemente aceptó pues temía que de ahí jamás saldría, todo por culpa de mí querido hermano por preferir a una chica antes que, a mí, agradeciendo el favor me adentro en el auto soltando las palabras.


"Ojos Azules-Auto azul, algo encantador".


—Apuesto que en donde vivías tenías a varios chicos muriendo por el azul...— Joceline pensó que recibiría de mi parte un halago por los bellos ojos que tenía... la mire y en un rápido gesto se mordía el labio inferior mientras me daba un rápido vistazo y  miraba de nuevo el camino, pero terminé la frase diciendo...—De tú automóvil y no el azul de tus ojos—dejando escapar una carcajada y haciendo que la chica volteé sacándome la lengua por lo dicho.


Algo que no podía creer era que a pesar de que no conocía a esta chica lo suficiente, tenía la confianza de bromear con ella.


—¡Oye Joceline! supongo que has de tener poderes telepáticos porque has tomado rumbo y no te he dicho la dirección de mi casa.


—Shhh...calla... Que primero está el guapo de Enrique Iglesias y después tú. —la chica volvía a lanzar risas.


En ese momento sonaba en el interior del auto...


Y es casi una experiencia religiosa

Sentir que resucito si me tocas

Subir al firmamento prendido de tu cuerpo

Es una experiencia religiosa

No casi una experiencia religiosa

Contigo cada instante en cada cosa...


—No tienes mal gusto señorita Joceline en cuestiones de música, creo que tendré que enseñarte algo más del momento.


—¿Señorita? Solamente eres un año mayor que yo Dylan...¡Te salió lo cortés!


—Nací siendo cortés— le respondo guiñándole un ojo.


—Bueno, bueno, Dylan el cortés. ¿Quisieras acompañarme por unos bombones al supermercado? Mi madre me pidió el favor de pasar por una bolsa que ya se nos acabaron, también indicarme donde se encuentra algún super para poder comprarlos, prometiste ayudarme con todo referente a la ciudad.


Hice un pequeño gesto con la boca y diciendo, —Te lo prometí, ¿No es así? — Ella solo asiente.


Voy indicándole donde está el supermercado más cercano para poder hacer la compra de los bombones que la madre había solicitado. La oji-azul condujo sin problema mientras recibía mis indicaciones a dónde dirigirse, llegamos al supermercado llamado Walmart y entre tantos intentos de estacionar el auto, al fin la chica lo logró, al fin aparcado el auto Joceline y yo descendimos, ella echó un último vistazo al auto para verificar si lo había acomodado de manera correcta, pero esté estaba justo al borde de la línea sin salirse y ocupar parte del otro sitio.


Ladeando mi cabeza de izquierda a derecha y tomando un suspiro le dije "eres mujer, se entiende".


Pasamos varios pasillos y llegamos al pasillo de dulces, en el lugar donde se situaban los bombones, Joceline tomó una bolsa para luego ir a caja y pagar, no nos habíamos dado cuenta de la hora ya pasaban la cinco de la tarde, aunque aún había luz de día, ya mi estomago pedía a gritos comer algo.


—Joceline ¿Podemos pasar por algo para comer? No hemos comido nada desde que salimos de clases.


—Claro. Después me acompañas a casa, quiero invitarte algo delicioso que prepara mi mamá.


—Me negué— Puso unos ojos tan tiernos como de corderito más tiernos aún por ese tono azul cielo —Me encantaría que dijeras que sí.


¿Quién podría negarse a una carita tan angelical como esa? No me quedó otra opción que aceptar la invitación algo tenía Joceline que obtenía de mí, un siempre "sí".


Nos dirigimos a un McDonald's y entramos en la parte del auto—Mac del lugar.


—Bienvenidos, ¿me indican su orden por favor? —interrogó la señorita del local.


Me da una hamburguesa Chipotle Ranch y una Fanta para mí — Indica Joceline.


Es mi turno de ordenar y le indico a la señorita; —Una hamburguesa de pollo con tocino y unos Mcnugguets, de beber un jugo de naranja, la hamburguesa sin mayonesa por favor— añado al final. Odio la mayonesa en verdad.


—Perfecto, Son ciento setenta y seis pesos por favor, en un momento se los entregan en la siguiente ventanilla. —Concluye la señorita del servi-mac.


Nos entregan la orden y decido comentarle a Joceline que nos detengamos en un parque que se encuentra a unas cuantas cuadras del McDonald's, el parque tiene unas pequeñas mesas donde se puede comer al aire libre.


Cinco minutos después y ya nos encontrábamos en el parque, dejo que Joceline tome asiento alrededor de una de las mesas en el parque, me siento frente a ella con prisa pues muero de hambre.


—Provecho Joceline—me dispongo a morder mi hamburguesa, en verdad moría de hambre, mi estomago dejaba de gruñir poco a poco con cada mordida que le daba a la hamburguesa, seguido de un nugget, oh dios está realmente deliciosa.


Subo la mirada y veo a la chica que tiene los ojos completamente abiertos por la impresión de mi forma de devorar la hamburguesa.


—¿Qué?, Tengo demasiada hambre— digo no tan claro por el bocado que aún sigue en mi boca.


—Nada, solo que en verdad tienes mucha hambre— mientras le da un sorbo a su Fanta


Su forma de comer la hamburguesa es algo sutil, dando pequeños mordiscos, nosotros los hombres somos más parecidos a los cavernícolas, comemos como si se tratara de la última comida de nuestra vida.


Claramente soy el primero en terminarme la hamburguesa, Joceline apenas va por la mitad, espero a que termine— Una voz en mi interior me dice, "Se ve linda dando mordisquitos a su hamburguesa"—¿Qué demonios te sucede Dylan? ¿Se ve linda dando mordisquitos a su hamburguesa? — Es en serio lo que acabas de pensar.


Al volver a la realidad fijo los ojos en ella, ahora observa algo; trato de localizar lo que atrajo su mirada, una pequeña ardilla jugando en un árbol y brincando de un lado a otro por momento intenta bajar se muestra indecisa bajar por nuestra presencia, Joceline arrojó una papa frita... Ella se divierte ante la escena de la ardilla.


—¿Te gustan los animales Joceline?— suelto al aire.


—Sí, las ardillas me encantan, solíamos tener una en la casa anterior antes de mudarnos justo cuando papá se fue de casa tuve que dejarla en libertad, no quería tener algo que me recordara a mi padre— sus ojos de pronto se humedecieron, entendí que ya no debía indagar más sobre el tema de la ardilla.


—Mira Joceline, siempre si decidió bajar por la papa frita. Le hubieses agregado un poco de salsa de tomate— le doy una pequeña sonrisa para sacarla del aquel recuerdo.


—Las ardillas son alérgicas a la salsa de tomate— añade ella —Quiero darle algo de comer, no tratar de matarla tonto— una media sonrisa se dibujó en su rostro.


—Debemos marcharnos, mi madre me espera con la bolsa de bombones además ya pasan de las seis de la tarde— recoge a prisa la basura por la comida.


Minutos antes de llegar a su casa, mi conciencia hace presencia. ¿Dylan es correcto haber aceptado ser invitado a su casa? Es una persona a la que apenas estas conociendo en el colegio;  por otro lado, entendía que no había problema en temer a una dulce chica que solamente estaba siendo amable y gentil conmigo.


—¡Hemos llegado!— comenta la chica.


—Te adelanto que mi madre es un poco difícil, te ha hará demasiadas preguntas, te pido te comportes— advierte entre risas ahogadas.


De lo poco inseguro que me sentía en ese momento pase a sentir nervios, pensaba en las mil preguntas que haría "la madre difícil" . De nuevo la voz en mi interior me decía que no me preocupará.."Solo serán las mismas preguntas ordinarias que toda persona realiza al conocer a otra; ¿Cómo te llamas?, ¿Cuántos años tienes?, ¿De dónde eres?, ¿Tienes hermanos? Bla, bla, bla..."


Una vez adentro de la casa ¡demuestro mis modales!


—Buenas noches señora, mi nombre es Dylan, Dylan Saldivar— extendiéndole la mano a la madre de la joven, la mujer corresponde el saludo extendiendo de igual manera el brazo y dándome su mano con apretón.


—Hola Dylan, Soy Elena, es un gusto conocerte — educamente responde la madre — ¿Tú eres.... El muchacho "amable y atractivo" que mencionó mi hija vendría con ella?


En ese momento sentí como el nerviosismo empezaba a invadirme el cuerpo por el comentario de la madre y mi rostro calentarse hasta ponerse roja, por otra parte, Joceline lleva las manos a su boca escondiendo una sonrisa por las palabras dichas por el celular a su madre rápidamente la fulminó con la mirada, ella solamente encoje los hombros mostrándose inocente ante la situación embarazosa del momento.


De inmediato supe de donde había heredado esa personalidad tan espontánea y bromista aquella chica, mi nueva compañera de clases.


La madre de Joceline no era tan estricta y seria como ella había descrito, al contrario, era una mujer que podía simpatizar al instante.


—Vengan chicos— las dulces palabras de Elena. Debí haber sabido que esa chica de ojos azules me jugaría una broma para ponerme de nervios, claro que lo había logrado, pero esa sensación desapareció cuando Elena nos indicaba que el chocolate estaba listo, su forma de decirla las cosas transmitía cierta confianza y tranquilidad como la primera vez que cruce palabras con su hija en clase.


A sus treinta y nueve años Elena la madre de Joceline lucía mucho más joven de su edad, Joceline me contó en clase que su madre la tuvo a los dieciséis años y por su corta edad sus padres de Elena decidieron que se casará para que no fuera una madre soltera, los abuelos de Joceline tenían el pensamiento de no dejar sola a su hija y por eso optaron por casarla, pero no se imaginaban que la separación sucedería con el pasar de los años.


—Mi amor me ayudas con las tazas de chocolate — se escucha a Elena decir desde la cocina.


—Claro mamá, voy enseguida—  responde Joceline.


—Puedes ponerte cómodo en la sala, en un momento regreso con el chocolate, iré ayudar a mi madre.


—Gracias, no te preocupes aquí las espero.


Antes de tomar asiento en el sofá echo un rápido vistazo a la sala, una pequeña repisa situado delante de mí me roba la atención con algunas fotografías que parecen ser momentos de paseo de Joceline con sus padres, tomo un cuadro en particular algo muy emotiva, en la fotografía se ve a una niña muy feliz sonriendo montada en los hombros de un hombre al parecer su padre y a un lado está Elena, están en un sendero y a sus costados varios árboles frutales, los tres rostros mostraban que fue un momento de mucha felicidad.


Miro otra foto donde ahora se haya una joven de cuerpo completo luciendo unos jeans y una blusa color rojo carmesí, luciendo un delgado cuerpo que hacían denotar las perfectas partes de aquella chica. Aquella fotografía captó mi atención por más de un minuto, sumido en la imagen ante mis ojos, no me percaté que la madre de Joceline regresaba de la cocina con dos tazas de chocolate y se detenía detrás de mí en silencio.


—Con que la chica de esa fotografía ha robado tú atención ¿Verdad que se ve hermosa mi hija en esa foto? Se ha vuelto una de mis favoritas, se la tomé una semana antes de mudarnos a esta ciudad— las palabras de la madre me tomaron por sorpresa, sacándome del ensimismamiento que me encontraba.


—Claro señora. Se..se ve hermosa Joceline con ese vestido— tartamudeo al responder — Se nota que se la pasó de maravilla ese día cuando le tomó la foto.


—No me llames señora, dime Elena— dice con una linda sonrisa, mientras me otorga una de las tazas de chocolate.


—Discúlpenme señora, perdón Elena— agarro la taza de chocolate que me ofreció.


En ese momento Joceline regresa con su taza de chocolate y un plato repleto de bombones.


—Ahora sí vamos a disfrutar del rico chocolate que preparó mamá, te va a encantar Dylan, es el mejor chocolate del mundo mundial— me dice mientras da unos sopliditos a su tasa por lo caliente que está el chocolate.


—No has probado el que prepara mi madre— le respondo sin vacile y su madre soltando una risa corta.


—Tranquilos niños dejen pelear por cuál es el mejor chocolate del mundo— ambos nos miramos como si nos debatiéramos en una lucha mental.


Sentados en el comedor disfrutamos cada uno nuestra taza de chocolate, cuando las palabras de la madre rompen el silencio.


—Cariño, conseguí empleo en un consultorio médico como asistente de enfermería, inicio el día de mañana por la tarde, tendré el turno de la tarde, Rosa se ofreció en enseñarme lo necesario.


—Qué bueno mamá, ya no te la pasarás sola por las tardes, cuéntame. ¿Cómo sucedió? ¿Rosa?


—¡Muchas felicidades Elena! me da mucho gusto oír eso.


—Revisando en la Internet vi la oferta de trabajo y opté por enviar mi hoja curricular después de una hora me llamaron, sé que solamente estuve un año en la preparatoria, pero aprendí lo suficiente del taller enfermería y a mediados del siguiente ciclo quedé embarazada de ti. Quizás esta sea la oportunidad para hacer lo que me gusta...ahora que puedo. Rosa es una de las enfermeras que estará conmigo en el turno, es una mujer mayor que yo, pero muy amable. ¡También yo hice amistad el día de hoy!


Entre tanta charla, siento vibrar mi teléfono celular dentro del bolsillo del pantalón "Mensaje recibido de Papá", entonces me doy cuenta de lo tarde que ya era, la conversación sobre el nuevo empleo de la madre había durado un par de horas.


—Elena, Joceline, ya es muy tarde debo marcharme a casa, mi padre me ha preguntado por mensaje si ya he llegado a casa y muchas gracias por el chocolate, estuvo delicioso, nunca lo había combinado con bombones.


—¿Madre puedo llevar a Dylan a su casa? Es lo menos que puedo hacer, se ha portado de maravilla conmigo y además no lo he dejado hacer sus actividades por ponerme al tanto de la ciudad.


Elena asintiendo indicaba a su hija que estaba de acuerdo en llevarme a casa por lo tarde que se había hecho.


Los dos nos dirigimos al Aveo de color Azul aparcado en la entrada de la casa.


—Tienes un bonito auto Joceline, he notado que te gusta demasiado el color azul en todo— pronuncio antes de entrar al auto.


—Sí, me encanta mucho el color azul más en su tono claro, es decir, el color azul cielo, me tranquiliza mucho. Mi madre solía decirme que el azul refleja lo más puro de todo, mirando al cielo azul puedo encontrar la tranquilidad y la paz.


—Joceline podrías dar vuelta a la derecha, ya estamos cerca de mi casa.


—Lo que usted ordene señorito.


Ambos nos ofrecimos una pequeña sonrisa de boca cerrada al mirarnos.


—Aquí vivo, en el segundo nivel, la puerta del lado izquierdo. Te haría pasar, pero ya es demasiado tarde, además una señorita como tú ya debería estar en cama con su pijama de Sailor Moon— mi risa a flote.


—De hecho, mi pijama es de Pokémon, con varios dibujitos del huevito Toguepi. Y tú ya deberías estar en cama echado boca abajo y babeando la almohada con tú boxer del Capitán América — ahora era su turno de formar una risa burlona en su rostro.


—Solo fallaste en lo último, no duermo con mi boxer del Capitan, lo usó en ocasiones especiales... me encanta dormir desnudo— sus ojos se abren demasiado, que puedo decir que casi se salen de la impresión.


—Bueno Joceline descansa, ve con cuidado a casa por favor, me envías un mensaje en cuanto hayas llegado.


—Gracias, en cuanto llegue a casa te aviso, igual descansa que mañana será más pesado lidiar conmigo... hasta mañana Dylan.


Guiñando un ojo a la chica de ojos azules, la veo arrancar el auto y alejarse sacando un brazo por la ventana brindándome un adiós con la mano.

Feb. 20, 2019, 11:22 p.m. 0 Report Embed 1
Read next chapter Capítulo 2.- El sueño de Joceline.

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