Insufrible Follow story

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Santiago Miguel


Las guerras las empieza ella. La paz solo dura lo que ella decide. El mundo solo está tranquilo si ella quiere que sea así. Benilda es única, todo gira en torno a ella, todo se mueve por ella. Conspiraciones, traiciones, guerras, batallas, luchas, magia, conflictos, todo por ella todo para pararla a ella. Conoce su mundo y a los que lo comparten con ella. Conoce a Benilda, la insufrible.


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El aire emitió un quejido silbante al ser cortado por la afilada hoja del bracamarte. Eutropio consiguió esquivar el golpe en el último instante, descargando su bastarda sin piedad en el costado del desguarnecido atacante. Su mano se empapo de cálida sangre y su adversario se desarticulo agonizante a sus pies.

Eutropio gasto un solo instante en mirar a su espalda el desolador escenario de cuerpos sangrantes que había dejado tras la inútil confrontación.

Mientras emprendía el camino hacia el lugar en el que su montura aguardaba impasible, inicio la limpieza de su bastarda. Se sentía orgulloso de Pia, era un arma increíble, tal vez la mejor que había empuñado nunca y debía agradecerle a Serapio eternamente su maravillosa fragua.

Los seis pobres desventurados que ahora se retorcían doliéndose de sus heridas, no suponían mas que una larga sucesión de emboscadas destinadas a evitar su llegada a Ferreol y estaban convirtiéndose en algo molesto para Eutropio.

Dos largas semanas habían transcurrido desde que inició su viaje por encargo del gran señor de Zemonan, Auxibio el grande, con la imprudente intención de rescatar a Benilda de su compromiso con Caciano, hijo mayor del regente de Arturia, Columbano, al que todos llamaban el Ladino. 

Eutropio era muy consciente de lo disparatado que resultaba su encargo. Conocía desde la niñez a Benilda y sabía que lo que estaba sucediendo en Arturia no era fruto de ninguna imposición ni de ningún oscuro complot contra Zemonan, simplemente eran los devaneos de una caprichosa mujer acostumbrada a desafiar a sus progenitores con el único fin de dañarles en lo más profundo. Pero él se debía a su señor, tenía que intentar convencer a Benilda y borrar la mancha que supuso en su biografía la burla de la primogénita, aunque ello le supusiera enfrentarse a todo el ejército de Arturia.

Benilda era una mujer astuta, no escasa de belleza y altamente dañina. Unía a sus encantos un escalofriante desprecio por el género humano en general y por sus allegados en particular. Estaba altamente capacitada para utilizar cualquier medio para conseguir sus fines y muestra de ello había sido lo que había ocurrido en el último año.

Eutropio recordaba como doce meses atrás Benilda acudió a la gran reunión de mandatarios que se debía celebrar en la ciudad de Bleica, desoyendo las mil objeciones de su padre, los enormes pesares de su madre y los terribles silencios de Eutropio. 

Él fue sugerido o más bien exigido, como su escolta por ella y se encontró en la terrible necesidad de seguirla a todas partes con la única intención de evitar sus aclamadas fechorías.

Bleica es una hermosa ciudad llena de canales, templos, palacios, mercados y sobre todo casas de juego, el peor de los lugares para dejar a su libre albedrio a Benilda, una mujer dotada de un don especial para encontrar problemas donde otros solo hayan distracción. 

Tras siete largos años de luchas entre las tres mayores monarquías de las tierras centrales, el señor de Bleica había logrado el tímido compromiso por parte de los contendientes, de una corta pausa en las confrontaciones con el fin de lograr una reunión a tres bandas y tratar de alcanzar la paz deseada por todos los de reinos, los contendientes y los neutrales. Zemonan, Arturia y Eberanda accedieron al encuentro, desgastados y disimulando la ruina, que acechaba a sus arcas, tras la largar confrontación.

Auxibio había puesto todas sus esperanzas en el encuentro, muchos aseguraban que había sido el inductor de los deseos de Cleto el señor de Bleica. Albergaba la firme creencia de una agradable solución ante la perspectiva de la unión de Eberanda y Zemonan por medio de sus primogénitos. Para Auxibio supondría una asociación que le garantizaba la salida al mar de sus productos a través del mejor de los puertos de las tierras centrales, además de evitar los inagotables deseos de aniquilación que Arturia albergaba para su reino desde que el tenia memoria. Solamente había un inconveniente, el mismo que había supuesto el inicio del conflicto con Eberanda, su hija Benilda. Ella era su castigo, la que iniciaba conflictos, la que disfrutaba haciéndole sufrir, ella era su azote y a la vez la única que podía resolver sus problemas. 

Siete años atrás, recién iniciado el intento de expansión de Arturia a su reino y con ello el conflicto que aun se prolongaba, Benilda consiguió sin ayuda de nadie, dar al traste con su acuerdo para recibir el apoyo de Eberanda en la guerra. Humillo a su rey, deshonro socialmente a su primogénito e hizo tambalearse el matrimonio real de Eberanda con dudas y suspicacias. Solo ella podía en un mismo día convencer a toda Irneo, la capital de Eberanda, de las homosexuales inclinaciones del primogénito, así como de las supuestas visitas a camas extrañas del rey. Provocar la comparecencia publica del rey y conseguir su rechazo a los actos de su hijo, tras negarlos, tanto como los suyos, sin conseguir evitar las suspicacias de sus cercanos. Y rematar la jornada confrontando al matrimonio por los inexistentes gustos sexuales del hijo, sazonados con las infidelidades del regente.

Eberanda rompió rápidamente relaciones con Zemonan cuando Benilda se mofo públicamente de ellos destapando el engaño. Solicito un escarmiento ejemplar  y publico por parte de Auxibio para con su hija o su reino haría lo imposible por capturarla y escarmentarla ellos mismos. La amenaza resulto innegociable y no satisfecha, para entristecimiento de sus súbditos, que albergaban el consabido desprecio a su heredera fruto de sus continuas fechorías. Auxibio no podía ceder, mas por orgullo y por mantener su posición de mandatario inflexible, que por considerar merecedora del premio a su hija. La consecuencia fue el inicio de una nueva guerra, dos frentes que por ventura no se convirtieron en una alianza por una misterioso malentendido que surgió entre Arturia y Eberanda, Nadie sabe como surgió pero  todos sospechan que se apellidaba Benilda. Resultaron ser certeros en la suposición aunque ignorantes de la condición pues no fue por fidelidad a los suyos sino simplemente por molestar a los dos que trataban de unir sus fuerzas.

Eutropio recordaba como trato inútilmente de mantener alejada de cualquier zona de conflicto a Benilda durante aquellas jornadas agotadoras en Bleica. Recordaba como le fue imposible alejarla de las casas de juego, como se sintió impotente cada vez que le obligaba a protegerla de los ofendidos jugadores que descubrían sus trampas mientras  ella se reía en sus caras. Como no había podido hacer nada el día que se encontró con Caciano y como habían conseguido los dos escapar de su vigilancia. Como se había enterado al día siguiente de que Benilda renunciaba a su condición para ponerse bajo la protección de Caciano y como se comprometía a casarse con él, el mismo día que se llegaba a un acuerdo de paz entre los tres regentes. Recordaba como su señor perdió su feliz sonrisa, provocada  por el acuerdo, para montar en cólera ante el conocimiento de las nuevas andanzas de su hija. Como había estado a punto de terminar con su vida por su terrible fallo en la vigilancia y como había terminado finalmente cediendo a la depresión y reconociendo su inocencia ante las artimañas de la malcriada.

Ahora todo vagaba en una tensa paz. Los reinos se respetaban, incluso Zemonan y Eberanda habían llegado a fructíferos acuerdos comerciales que permitían el acceso al mar del rico mercado de Zemonan. Pero Arturia mantenía una tensa calma a la espera del matrimonio que suponía una unión no deseada entre los dos reinos y por ello tenia sembrado el reino de espías y mercenarios dispuestos a evitar cualquier posible accidente en el futuro matrimonio.

Tres semanas atrás cuando la rimbombante delegación de Arturia llego a Verísima, la imponente capital de Zemonan, con el firme propósito de establecer las bases de la presumible futura alianza que surgiría tras el matrimonio. Auxibio exigió la presencia de Eutropio.

—Eutropio, ha llegado el momento, No podemos esperar más. Debes partir y tratar de conseguir como sea que la desdichada de mi hija regrese y así consigamos evitar este desastre. 

—Señor. Cumpliré todo aquello que me ordene, pero le aseguro que su hija es la inductora de todo esto, ella no es ninguna víctima, ni esta obligada a nada. Estoy convencido de que lo hace como lo ha hecho todo en su vida, simplemente por capricho.

—¿Crees que no lo sé?¿Crees que me chupo el dedo? Sé de sobra como es mi hija. Sé que es una de sus muchas fechorías, pero no puedo permitir que siga adelante. Si Columbano consigue que este matrimonio se consume, estaría firmando una alianza en la que saldríamos perdiendo. Arturia podría utilizar libremente nuestro territorio para hacer llegar sus mercancías a las tierras del este, podría llevaros a una nueva guerra con cualquiera simplemente agitando a nuestros vecinos, podría hacernos perder nuestros acuerdos con Eberanda. No quiero llegar a saber que podría hacer alguien tan retorcido como Columbano. Por eso es tan importante que Benilda regrese, que rompa su compromiso, que todo vuelva a la normalidad. Si eso es posible con ella.

—Lo entiendo mi señor y hare todo lo que este en mi mano para poder realizar el encargo.

—Tu pide lo que necesites, tendrás tantos hombres como desees a tu cargo y no escatimes en gastos, haz lo que sea necesario.

—No necesito nada mi señor. Estoy convencido de que la única forma de poder llevar a buen puerto esta misión es encargándome yo solo de ella.

—Eutropio eso es muy arriesgado, Arturia esta esperando cualquier movimiento nuestro, serás presa fácil tu solo, creo que deberías llevar un buen grupo de los guardias de elite para apoyarte.

—Solo me estorbarían y llamarían más la atención. Confié en mí, si en un mes no tiene noticias mías, entonces mande lo que desee, pero mientras déjeme hacerlo a mi manera.

—De acuerdo, así lo hare, esperare noticias tuyas y mientras distraeré a estos desgraciados que han enviado para negociar. Pondré a trabajar a toda la corte para que consiga ejercer la mayor distracción posible a la delegación y se eternicen las negociaciones.

Ahora Eutropio se encontraba a solo una jornada de las puertas de Ferreol. No había sido discreto, pero sabía que su recorrido, largo y sin lógica, habría despistado a aquellos que trataran de saber quien o quienes eran. Por desgracia para los que había encontrado en su camino, la vida había llegado a su fin para ellos.

Feb. 20, 2019, 1:40 p.m. 1 Report Embed 2
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