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EL ESPEJO DE PLATA


Al rey de Babilonia, Nabucodonosor. Le fue regalado un espejo de plata con propiedades mágicas, que tenía el poder de revelar los deseos  más profundos del corazón de un hombre, por lo menos, del hombre que se viera en él. El espejo había sido traído de una lejana tierra,  perdida y olvidada, destruida por el mar.  La Atlántida, Nabucodonosor nunca había oído hablar de semejante imperio, sus cortesanos dijeron, que ciertos registros encontrados en el alto Egipto revelaban que se trataba de la ciudad de los dioses, en aquel lugar poseían la magia más poderosa, ejércitos invencibles y todo tipo de riquezas. El rey pregunto qué fue de aquella ciudad, de aquel reino. Le contaron entonces la trágica historia, todo el lugar fue tragado por el mar; al parecer provocaron la ira de aquellos dioses y estos furiosos, así como despiadados la sepultaron para siempre. La historia era increíble, el rey pregunto si además de revelar los más profundos deseos, podía cumplirlos, nadie estuvo seguro. Nabucodonosor ordeno que lo dejaran solo un momento, se vería en el espejo, y lo confirmaría. Una vez solo, y frente al espejo, el rey se vio lleno de galanuras, rodeado por mujeres, las más bellas que pudiera imaginar. Pero no eran solo de Babilonia, eran mujeres de todas las tierras conocidas.  Así mismo su palacio estaba atiborrado de tesoros traídos de todos los lugares; los ídolos de Babilonia eran ecuestres y parecían estar vivos, había un enorme festín en su honor. Si bien, todas estas cosas no eran desconocidas para el rey, su corazón se llenó de alegría al reconocer una ambición sin límites, sin cuartel. Algo tentador y maligno había en el espejo, una vez alguien se miraba en él, era imposible dejar de contemplarse, largas eran las horas que Nabucodonosor pasaba frente al espejo, mirándose de cuerpo entero, no se cansaba de repetir su más profano y arraigado deseo.

Llego a convencerse de que el espejo, no solo revelaba lo más querido, sino que también, podía cumplirlo.  Empezó a organizar a planificar las posibilidades que tenía frente a otras naciones, preparo a sus hombres, los convenció de que la derrota era imposible, el espejo así lo aseguraba. Nabucodonosor murió sin ver realizada su campaña, solo basto veneno en su vino, y el espejo de plata paso a manos de un siguiente, que encontró la muerte en el delirio y la traición, Babilonia se convirtió pronto en un lugar de pecado, de ambiciones, una ciudad corrupta, que fue destruida por ese efecto seductor que el espejo de plata provocaba en los hombres.   

Feb. 15, 2019, 10:29 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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