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captainleon CharmRing

Zombis de la Grecia antigua, una joven boliviana... ¿Qué resultará de todo esto?


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#gatos #dioses #grecia #zombis #bolivia
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El famoso viejecillo

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Empusa mortal

Capítulo 1: El famoso viejecillo

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Usó basura y dio forma a un campeón: rojo, amarillo y verde, como los colores del arcoíris, de la esperanza, de su país, y fue justo su nación quien ganase gracias al centurión de bronce que se alzase con la victoria.

Cables, engranajes, y lo más importante: el deseo de ganar hicieron que Mónica Acarapi ganase la competencia internacional de robótica celebrada en Potosí. La competencia consistía en dos partes: un debate contra un jurado agresivo respecto a un reciente invento que estuviese en boga en el ámbito internacional; y la segunda, la exposición y desempeño del robot construido en cuestión.

“Por qué considero que las motos voladoras son sólo estúpidos drones con esteroides y no un vehículo automóvil volador”, fue la tesis que defendió contra un grupo de snobs que no creía que alguien de Bolivia y menos una mujer, pudiese ganar tan importante premio internacional.

Talon, su robot, era su orgullo pese a haber sido construido con basura recolectada de varios lugares, un asunto que no pudo evitarse dada la “generosa ayuda gubernamental” que tuvo del gobierno de turno para dicho evento. Sin embargo, pese a todas las dificultades, pudo alzarse con el Trofeo Hefestos, el cual era una especie de columna jónica hecha de puro bronce y a la cual se le labraría su nombre y el de su país.

―Muy bien hecho Viviana, tu maquina fue un digno rival, tú fuiste un digno rival, nunca creí que algún día pudiese estar a tu lado y estrechándote la mano ―felicitaba Mónica a su rival, quien ganó el segundo puesto con su Cólquida, una especie de tanque en miniatura con dos cuernos y que había sido el tetracampeón de los torneos de lucha de robots en Norteamérica.

―Me dio mucho gusto haber competido contra ti. Ahora me siento más inspirada para volver al garaje de mi padre y mejorar a Cólquida ―le contestó la rubia de marcada tonalidad cobriza mientras exponía unos dientes muy grandes y desiguales.

Los padres de Mónica se le acercaron y la abrazaron. Su padre, Gregorio, no disimuló para nada su dicha y se puso a llorar tanto, que hizo que varios presentes se diesen la vuelta para verlo sin disimulo alguno, de hecho, uno que otro fotógrafo que trabajaba para un periódico, le tomó algunas fotografías.

―Ya papá, no llores ―le decía su hija tratando de confortarle lo mismo que su madre Carmen y su hermano menor Juanes, pero ya los organizadores del evento la tomaban de la mano y junto a Viviana, una norteamericana de origen guatemalteco; y Dorotheos, de Grecia, el viejo país, les hicieron subir a un podio preparados para ellos y a continuación, fueron bombardeados con los flashes de las cámaras las cuales mostraban sus sonrisas nerviosas, salvo por Viviana, quien ya estaba acostumbrada a semejantes atenciones de la prensa.

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―Ya pásame tu trofeo hermanita ―le pedía Juanes cuando en la tarde, estaban tomando un tardío almuerzo en el restaurante del hotel.

―Aquí tienes, mejor quédatelo de una vez ya que me lo pides a cada rato ―le dijo Mónica quien no tuvo reparo alguno en ceder ante la insistente petición de su hermanito ya que gozaba de una buena relación con él, nada de lo que se veía en la televisión respecto a hermanas y hermanos menores y que se suponía se llevaban como el perro y el gato.

―Es un tanto pesado, mira mami ―le dijo Juanes mientras hacía pesas con el trofeo como si se tratase de un fisiculturista.

―Ya deja eso, mejor ponlo en la mesa, se ve tan bonito ―decía su madre, una mujer de pollera que lucía muy flaca por haber sobrevivido el cáncer de mama―. ¿Y ahora Gregorio, dónde vas a poner el trofeo?

―Lo voy a poner sobre el modular.

―El modular es muy alto papá ―le decía su hijo―, mejor lo pones en su propio… ¿cómo se llama?

―¿Una vitrina? ―decía el padre de familia―. Sí, no es una mala idea, iremos a comprar una en el mercado.

―Va a ser muy caro, ¿por qué mejor no se lo pides al compadre Eustaquio que es carpintero? Además…

Mónica no prestaba atención a la conversación de sus padres ya que en una mesa del restaurante, pudo ver a Dorotheos, quien ocupase el tercer lugar de la competencia internacional de robótica.

El joven tenía la misma edad que ella, lucía un abundante cabello afro y junto a esa extravagante muestra de cabello pasado de moda muchas décadas atrás, lucia lo que era tal vez su segunda sino mayor característica: una enorme nariz.

―¿A quién miras? Oh, ese es el que compitió contigo, es de Grecia… No recuerdo su nombre ―decía Juanes quien estiraba el cuello para ver al joven de la impresionante nariz.

―Se llama Dorotheos, no recuerdo su apellido.

―¿No será por casualidad Kokinos? ―dijo su padre quien se veía muy interesado en el joven, de hecho el hombre tenía una mirada iluminada, y lo más grave: su madre también parecía tener una mirada de fanática.

Los dos hermanos intercambiaron miradas y luego vieron los rostros iluminados de sus progenitores.

Como que sería imposible no ceder ante la tentación de girar el rostro y ver el motivo de que ellos estuviesen tan encandilados, dirigieron su atención hacia la mesa donde estaba el joven griego quien en ese momento recibía la visita de alguien.

Tenía una pinta similar y al mismo tiempo diferente del joven Dorotheos.

Su cabello parecía más un enorme algodón de azúcar de color blanco, el cual no conformaba una esfera perfecta, sino que más bien la calva se adentraba por medio de toda esa esponjosa materia; la nariz, bueno, era la misma, seguro una característica de dicha familia en caso de estar ambos relacionados por sangre; pero lo que más les impresionó fue la mirada del anciano, uno no podía decir si era la mirada de un genio o sólo la que poseyera un redomado necio, difícil de decir en verdad, y más tomando en cuenta que esos ojos extraños se veían enormes por los anteojos con vidrios tan gruesos como fondos de botellas personales de principios del siglo XXI.

Puesto que los dos adultos no iban a decir palabra alguna y sólo se limitarían a observar al anciano con dos pares de ojos de borrego que no podía alcanzar el pasto anhelado, fue Mónica la que rompió el silencio luego de recibir un suave codazo de su hermanito para que se animase a pronunciarse respecto al curioso personaje.

―¿Quién es ese señor tan raro?

―¿Qué? Oh, ese es Kokinos… el doctor, este…

―Charalampos Kokinos, Gregorio, así es como se llama ―decía su madre, quien parecía comerse con los ojos al hombre que ya estaba sentado y compartía una conversación con Dorotheos―. De no ser por su cabello blanco, diría que no ha envejecido nada en todos estos años.

―Sí, recuerda que lo veíamos en la televisión cuando éramos niños y se veía igual como hasta ahora, bueno, tienes razón, ahora su cabello es blanco.

―¿Pues quién es ese Charlatampos? ―preguntaba Juanes.

―Charalampos, el doctor Charalampos Kokinos ―le corregía su padre―. Era muy famoso en la televisión por cable cuando su madre y yo éramos niños. De hecho, de no ser por él, jamás nos hubiésemos conocido.

―Su padre y yo éramos desde muy jóvenes creyentes en los ovnis y la teoría de los antiguos astronautas ―le explicaba su madre―. Nos conocimos en Facebook, una red social que en ese tiempo usaba la gente.

―Sí, leí eso en el colegio en la hora de lectura: “Auge y caída de las redes sociales”. Que increíble que la gente no se daba cuenta que estaban siendo vendidas todas sus visitas y conversaciones al mejor postor, ¿qué diablos les pasaba en su época?

―En ese tiempo Mónica, la gente no sabía que los gobiernos y las empresas podían usar la información que poníamos en las redes sociales para su propio beneficio.

―¿En serio hacían eso? Que miedo ―decía Juanes, quien intercambiaba miradas con su hermana.

―¿Y qué es eso de los antiguos astronautas? ―quiso saber Mónica.

―Es una teoría que dice que extraterrestres nos visitaron en el mundo antiguo ―explicaba su padre.

―O sea, cuando ustedes eran jóvenes y usaban ese faisbuk ―dijo Juanes y recibió un cocacho de su madre.

―No tonto, sino en la época de las pirámides de Egipto y cosas así ―le corregía su padre.

―Entonces Dorotheos y ese señor deben ser parientes ―concluyó Mónica y vio con más atención al par de sujetos que conversaban al fondo del restaurante.

―Esta es una oportunidad de oro ―decía su madre toda ilusionada―. Mónica, vamos todos juntos a la mesa de ese joven y de paso así conocemos al doctor Charalampos.

―¡¿Qué!? Olvídenlo, no voy a hacer eso.

―Vamos hija, hazlo por tu madre… y por mí.

―No voy a hacer tal cosa.

―No veo por qué no. Anímate hermana.

―He dicho que no, y punto.

Ya en la mesa de los aludidos, Dorotheos miraba asombrado a Mónica, quien al parecer estaba acompañada de toda su familia.

―Hola, ¿te llamas Dorotheos verdad? ―disimulaba Mónica que estaba roja de la vergüenza―. Quería, bueno, no tuvimos mucha oportunidad de hablar en la competencia y… ¿hablas español?

Como que el joven pareció tener una crisis del habla en ese momento, fue el anciano quien se pronunció en un perfecto español con un tono que uno podría decir que pertenecía sin duda al Mediterráneo o mejor dicho al Egeo.

―Vamos Dorotheos, di algo, sabes a la perfección el español, yo mismo te enseñé ―dijo el anciano quien vio con esa extraña mirada suya a la familia―. Perdonen a mi hijo, a veces le da por ser tímido.

CONTINUARÁ…

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Feb. 11, 2019, 2:36 p.m. 4 Report Embed 2
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Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Zombis zombis dubidú, si no los quieres allá tu. XD
April 8, 2019, 7:20 a.m.

  • CharmRing CharmRing
    que buen ritmo tio! April 8, 2019, 11:52 a.m.
Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Zombis zombis dubidú, sino los quieres allá tú, quería decir XD.
April 8, 2019, 7:12 a.m.
Raül Gay Pau Raül Gay Pau
Zombis zombis dubidú, sino los quieres allá tu.
April 8, 2019, 7:11 a.m.
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