Nadie me cree Follow story

khbaker K.H Baker

Ella. Yo. Un lugar perfecto. ¿Por qué no podía ser así?


Short Story Not for children under 13.

#locura #amor #obsesion
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Nadie me cree

El sol caía como cada tarde, tiñendo el cielo con colores entremezclados que me daban la paz que tanto necesitaba. Me detuve a observarlo, saqué mi cuaderno, lo abrí por la siguiente página, después de casi una decena de esbozos sobre ella y comencé a plasmar los distintos tonos del cielo hasta que me vi sorprendido por aquello que mi mente tanto anhelaba. Cuando volví a ser consciente de mis propios actos, me di cuenta de que la había dibujado de nuevo, esta vez estaba caminando hacia el atardecer.

Solo plasmé el color de su cabello y como sus ondas se mezclaban entre ellas, cayendo hasta la mitad de su espalda. Solo plasmé su delicada figura desde atrás, maldiciendo por no poder dibujar el vaivén de sus caderas en movimiento. Fue entonces cuando alcé la mirada y la vi, caminando como cada día por aquella plaza, haciendo exactamente el mismo recorrido de siempre.

Con toda la sensualidad que fue capaz de reunir, se acercó a la gran fuente que había en el centro, dejó caer una moneda de entre sus perfectos y delicados dedos y llevó su mirada al cielo antes de comenzar a alejarse lentamente.

La imagen que me ofrecía su lejanía era cuanto menos tortuosa para mí, no podía permitirlo. No podía permitirme volver a perderla, debía decirle todo lo que sentía por ella antes de que se perdiese de nuevo al doblar la esquina.

Sin previo aviso, el cielo se oscureció privándome de hacer realidad mis sueños más profundos. El suelo comenzó a temblar con fuerza, grietas que provenían de todas partes se acercaban al centro de la plaza donde nos encontrábamos, haciendo que los edificios que había alrededor se desmoronasen poco a poco, al igual que lo hacían mis ideas.

Todo parecía producto de una tormenta atípica a la que algún otro fenómeno atmosférico había decidido unirse, pero no lo era en absoluto y lo supe en cuanto una densa y pegajosa niebla negra se cernió sobre todo el lugar.

Por todo lo que había visto a mi alrededor, estaba claro que si dejabas que la niebla te atrapase, podías considerar que había llegado tu fin. Pude verlo con mis propios ojos, aquella niebla dejó sin voluntad a todo transeúnte que circulaba por allí.

Ella me miró asustada, sus ojos me clamaban que la salvara cuando la niebla rodeó sus tobillos.  No podía moverse, solo lloraba y sus lágrimas se clavaron en lo más profundo de mi corazón. Me negaba a verla así, no podía permitir que las lágrimas mancillasen su inocencia.

Dejé caer mi cuaderno al suelo y me aventuré hacia ella como si no hubiese un mañana, mi mente sopesaba todas las opciones posibles, la forma en la que podría reaccionar, quería librarla de su sufrimiento.

Una grieta se abrió bajo sus pies, por un momento pensé que todo estaba perdido, entonces salté, me aventuré al abismo para no perderla. La cogí de la mano en el último segundo y la apreté tan fuerte contra mí que pude sentir sus desacompasados latidos.

Deslicé mis manos hacia su cintura y la sujeté con firmeza. La había perdido. Me di cuenta cuando aspiré el aroma de su cabello y el olor a ceniza me inundó las fosas nasales.

Me separé para admirar sus ojos pero ya era demasiado tarde, su mirada estaba tan vacía como la de las personas que me habían intentado impedir que llegara hasta ella. Aferró mi rostro con sus gélidas manos y me besó. Sus labios estaban agrietados y secos, ni siquiera sabían como yo esperaba que lo hicieran.

Aquel beso selló mi destino, me condujo a una espiral de demencia que imposibilitaba todo rastro de credibilidad.

Ellos se la llevaron y quisieron que yo pagara por ello.

Nadie me cree.

Nadie cree lo que vi.

Nadie cree a un loco que ha visto la ferocidad y la muerte en los ojos de su única obsesión.

Feb. 11, 2019, 9:09 a.m. 0 Report Embed 2
The End

Meet the author

K.H Baker Imaginemos a una niña que quiere comerse el mundo, una niña que no le tiene miedo a nada... Bien, ahora juzguemos a esa niña y metámosle miedo en su pequeño cuerpo, digámosle que no puede hacer todo lo que se propone, digámosle que sus sueños son solo eso, sueños, y que nunca hará nada grande en su vida. Esa niña puede tomar dos direcciones: Sucumbir a los deseos de las malas lenguas y conformarse en la vida, o alzar la voz para acallar las voces que intentaban enterrarla para que no cumpliera su sueño. ¿Queréis saber qué pasó cuando esa niña creció? Creció. Escribir no es un camino fácil, pero si amas la lectura y todo lo que conlleva, no tendrás que esperar a llegar al final del camino para disfrutar su recompensa. El recorrido es la mayor aventura, disfrútala. Oh... Sí... Se me olvidaba. Esa niña soy yo.

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