Espíritu de Venganza Follow story

rosmery-delgado1549831432 Rosmery Delgado

Esta es la historia de una elfa que tuvo una infancia normal. Un día un extraño espíritu se prestentó frente a ella y su madre y comenzaron una relación de amistad correspondida. Meses más tarde todo se complicaría y un pasado oscuro se revelaría...


Fantasy Medieval Not for children under 13.

#guerra #fantasía #espíritus
6
3211 VIEWS
Completed
reading time
AA Share

Unión de almas

El Bosque Sin Nombre, oculto entre las empinadas laderas de las montañas Hackoon, tardaba en devolverle el color y la luz al alba. El silencio reinaba con total autoridad en la pradera donde un ciervo pastaba, ignorante del peligro que le acechaba. Casi como un destello de luz, una flecha adornada con plumas de halcón atravesó las hileras de troncos hasta su presa, clavándosele en el cuello con un silbido sordo. Un chillido salió desde la garganta del animal, una agonizante canción de muerte que despertó a las aves que se ocultaban entre las ramas. El cazador encapuchado salió de su escondite y se encontró con su presa, que yacía inerte en el pasto, la ató y la llevó a su campamento improvisado. Las horas pasaron, el ambiente cambió a teñirse de su característico color verde y los animales abandonaban sus madrigueras al sentir llegar el sol mientras el cazador cruzaba el bosque con agilidad cargando con lo que sería su cena durante varios días, hasta que llegó a su campamento. En el centro una roca plana se sostenía sobre una pequeña pila de ramas chamuscadas y humeantes, un arroyuelo corría junto a un bulto de flechas rotas y plumas sujetas con una roca, dispuestas sobre una manta maltrecha por los años. El cazador se sentó en una roca y prendió la fogata, luego se dispuso a destripar a su presa. Una vez terminada la tarea tomó la roca plana y la colocó un rato junto al fuego hasta que quedó al rojo vivo y colocó la carne en ella añadiéndole algunas pizcas de sal que llevaba en una bolsa atada al cinturón. Unos minutos más tarde el cazador comenzó a devorar la carne recién asada. Antes de los últimos atisbos de luz de la tarde un crujido rompió la tranquilidad, en un movimiento rápido y ágil el cazador sosteniendo la carne con los dientes, tomó el arco, lo cargó con una flecha y se posicionó de modo que si fallaba el tiro pudiera huir en dirección opuesta a su atacante. Tras varios segundos de intranquilidad el bosque quedó en calma, solo admitiendo el siseo constante del viento mientras el sol se sumergía tras las solemnes montañas. Cuando se aseguró de que ya no corría ningún peligro el cazador bajó su arma, aunque no la apartó de su lado mientras devoraba su cena con renovada energía. Después de terminar de cenar se recostó junto a un troncón y entró en un sueño de vigilia al que ya parecía acostumbrado.

 

 Habían pasado ya cinco días desde que su hija se había aventurado al bosque y como toda buena madre estaba preocupada por su bienestar.

 Elain era una elfa que ostentaba de gran sabiduría, como la mayoría de los elfos de su edad. Su rostro era delicado pero salvaje y sus rasgos le otorgaban un aspecto felino. Su cabello plateado estaba recogido en una larga y espesa trenza que caía hasta su cintura. La edad le había arrugado el rostro, pero su cuerpo seguía tan esbelto como seguramente lo había sido en su juventud. La preocupación afirmaba sus rasgos aún más, aunque el bosque era lo bastante extenso como para que un explorador inexperto se perdiera, temía por si alguno pudiera haberse cruzado con su hija, una elfa, tan mal vista por los humanos de la región como cualquier otro de su estirpe.

 Las primeras horas de la mañana pasaron rápidamente para la elfa y tras colocar algunas pócimas y ungüentos que había preparado los días anteriores en una cesta de mimbres y se dirigió a Lurghen, un pueblecillo a orillas del Río Fantasma que bajaba de las montañas a través del Bosque Sin Nombre. Nadie en el pueblo sabía de su procedencia, mucho menos que era elfa y la mayoría desconfiaba de ella, pero ya había demostrado que podían confiar en sus medicinas. Tras vender sus pociones a sus clientes habituales y ayudar a alguno que otro enfermo, se dirigió a la casa de un mercader que pasaba esa época del año en el pueblo:

- ¿Qué quieres? - dijo un hombre alto al asomar su ancha cabeza por una rendija de la puerta. Tenía unas cejas prominentes y espesas, tanto que llegaban a unirse en el entrecejo, sus hombros eran anchos y robustos y sus manos eran grandes y peludas, a juego con sus brazos, y podían cubrir la cara de la elfa sin ningún problema. La relación entre Elain y Bjorn no era la mejor ni mucho menos, pero mientras la elfa tuviera dinero y Bjorn mercancía no habría problemas.

- ¿Tienes mi pedido? - el hombre dudó por un momento mientras miraba a Elain con altivez y desconfianza, y no se dignó a buscar el pedido hasta que vio la bolsa de dinero.

- Aquí está - dijo al aparecer nuevamente con una canasta llena de verduras y frutas - No sé qué planeas hacer con tanta hierba, todo se te pudrirá antes de la tercera cena, pero ese no es mi problema - una vez recibió el pago, sonrió triunfante y regresó a su cueva de madera. “Maldito oso viejo, no creas que te saldrás siempre con la tuya” pensó Elain mientras revisaba la mercancía y apartaba algunas frutas podridas. De regreso a casa sintió inquietud en el bosque, casi como si un dios oscuro hubiese ido a perturbar la paz.

 

 Los primeros rayos de la mañana marcaban los pasos del cazador de regreso a casa, un viento repentino removió la tela que cubría su rostro dejando a la vista una larga cabellera negra lacia y suelta excepto por dos trenzas que se encontraban en su nuca y un par de orejas puntiagudas que sobresalían del mar negro que las escondía casi por completo. Había usado el brazo para cubrir sus ojos del polvo que había traído el viento y al instante que dejó de soplar cubrió su rostro tras las sombras del oscuro velo nuevamente. Continuó su camino con paso rápido y ágil a través de los árboles hacia la caída del Río Fantasma.

 El camino se ensanchaba más a cada hora hasta que al mediodía entró en un estrecho valle donde resaltaba una cabaña de madera musgosa. A la entrada se apreciaba un cuidado jardín de una variedad abrumadora de especies de plantas medicinales como lavandas y mandrágoras. En el portal de la entrada había un viejo sillón de madera meciéndose ante el roce del viento, la entrada estaba abierta pero la oscuridad que reinaba en el interior impedía ver lo que fuera que se ocultara en ella. “Hogar, dulce hogar”.

- Selene - la cazadora miró hacia el lugar de donde provenía la voz. Elain había aparecido de entre los árboles toda sucia por la tierra y el polvo. Sus hombros cargaban un enorme abrigo de pieles que llegaba hasta los tobillos a juego con el de la cazadora.

- Ya volví, madre - dijo Selene abriendo los brazos.

- Esta vez te tardaste, ¿ocurrió algo? - dijo Elain mientras se acercaba para entrar en la cabaña.

- Nada realmente, es solo que los ciervos se están alejando hacia el norte, algo me dice que tendré que cambiar mi zona de caza - aclaró Selene removiendo la capucha. Sus ojos eran rasgados y con aspecto igual de gatuno que los de Elain, pero, mientras los de esta eran verdes como las hojas, los de Selene gozaban de un brillante azul que fácilmente podían competir con el brillo del cielo, su rostro era menos refinado, pero poseía una belleza natural, sus labios eran carnosos a diferencia de los de su madre que eran pequeños y finos. Al entrar en la cabaña ambas removieron sus abrigos, Elain ostentaba un voluminoso vestido de tela de color esmeralda, mientras Selene usaba una curtida armadura de cuero negro que no impedía que resaltaran las curvas de su esbelto cuerpo.

- ¿No viste a ningún humano? - prosiguió Elain una vez se acomodaron en la entrada junto al fuego de la chimenea.

- No, sabes muy bien el miedo que sienten por ese lugar, ningún humano en su santo juicio entraría a un bosque donde no se escucha más que el susurro del viento -

- Tal vez tengas razón, pero recuerda que aprendieron eso a las malas - 

- Más razones para alejarse de allí - tras entregarle la carne a Elain, Selene fue hacia una estantería de madera que había en una esquina de la casa y sacó un libro grande y polvoriento, volvió a sentarse junto al fuego y comenzó a leer. Cuando la cena estuvo lista dejó el libro a un lado y se sentó junto a su madre en la mesa, durante ese rato compartieron un par de anécdotas sobre los últimos días e intercambiaron algunas risas. En cuanto terminaron se fueron directo a la cama, tenían mucho que hacer a la mañana.

 

 Cuando el alba se mostraba tímidamente en la lejanía el estruendo de dos metales entrechocando llenaba el ambiente, Elain y Selene se encontraban una frente a otra chocando espada contra espada con una velocidad inhumana. Los golpes eran recíprocos, su velocidad y agilidad hacían parecer que estuvieran bailando una danza de guerra, dando y recibiendo golpes por igual. En un diestro movimiento de muñeca Selene logró remover la espada de entre los dedos de su madre dejándola indefensa mientas daba una vuelta y colocaba la hoja en su cuello. Elain sonrió, complacida:

- Parece que ya no tengo nada que enseñarte, al menos no con la espada - dijo

- Eso parece - coincidió Selene

- Sin embargo, no te confíes, aun te queda mucho por aprender. Ven conmigo - dijo mientras se encaminaba hacia la casita. Una vez allí tomó un pétalo de lirio azul y se lo entregó a Selene. - Ya sabes que la magia, solo la pueden practicar algunos que la estudian a fondo desde muy jóvenes, aunque algunos pueden presumir de tener un don natural que hayan pulido con el paso de los años, como es mi caso y el de muchos otros elfos -

- Ya sé usar un hechizo o dos, ¿a qué viene este interés, ahora? Dijiste que la magia era muy traicionera para alguien inexperto como yo -

- Y lo es, pero no puedo simplemente dejarte del aire, tendrás que aprender a usar magia si quieres sobrevivir. Los tiempos están cambiando y quiero que sepas defenderte de alguien que también pueda usar magia -

- Muy bien, ahora es cuando me dices qué está pasando - insinuó Selene. Elain suspiró y miró al suelo.

- Estoy envejeciendo más rápido de lo que debería, con mi edad cualquier otro elfo debería estar revoloteando por ahí como mariposa en primavera, sin embargo, cada vez que intento un movimiento demasiado brusco o alguna voltereta que tenía costumbre de hacer en mi juventud me crujen los huesos y no dejan de doler sino hasta varios días después, por eso necesito asegurarme de que si falto alguno de estos días tu sepas usar el don que se te ha dado -

- ¿Qué don? -

- ¿Cuáles eran las reglas para realizar esos hechizos que conoces? -

- Pronunciar bien las palabras para invocarlo, que el hechizo no exceda tus reservas de energía y que no invoque a algún espíritu oscuro -

- Bien, ahora cierra tus manos alrededor del pétalo y piensa en algo que te guste, una flor, un animal, lo que sea y luego piensa en la palabra que invoque su esencia, no la pronuncies – Selene hizo tal y como dijo su madre. “¿Algo que me guste? Creo que la invocación de su nombre era…” Al poco rato un haz de luz salió de entre sus manos junto con un sinfín de mariposas de cristal que comenzaron a rodear a Selene haciendo ondear su cabello mientras el pétalo cambiaba de forma. Cuando el círculo de mariposas se extendió hasta tomar un lugar sobre el valle, la luz procedente de las manos de Selene se volvió tan cegadora como el sol mismo y cuando desapareció en su lugar había un enorme lobo negro de ojos completamente rojos, aunque tenía un cierto parecido a un gato, su cabeza era casi el doble que la de Selene con un hocico largo y refinado del cual asomaban unos largos caninos blancos y afilados como el pico de una alta montaña, sus orejas eran puntiagudas y apuntaban al cielo altivamente, su mirada era salvaje pero cálida y tierna, sus hombros llegaban a la altura de los de la elfa mientras sus patas eran grandes y peludas con garras retráctiles, como las de un gato gigante, su pelaje era largo y lacio y ondeaba al viento como olas en un mar negro, su cola era aún más larga pero menos espesa. Selene miró asombrada su creación, ¡estaba vivo! No podía creer lo que estaba viendo a pesar de que lo tenía en frente. Elain parecía igual de sorprendida ante aquella criatura negra:

- No esperaba que realmente pudieras hacer algo así – dijo a pesar de su asombro.

- No temáis, no vine a haceros daño – resonó una voz en la mente de Selene, y para su mayor sorpresa sabía de dónde procedía.

- ¿Puedes hablar? – preguntó confundida

- Aunque sea solo con la mente podría considerarse así –

- ¿Quién eres? Sé que fui yo quien te invocó, pero desconozco quien eres –

- Y era de esperarse, fui yo el que decidió venir a ti. Soy un espíritu, escuchamos las mentes de los demás seres y propagamos sus pensamientos y emociones a través de la tierra, o al menos eso hacemos hasta que alcanzamos a tener cierto conocimiento –

- ¿Qué conocimiento? –

- Conocimiento de la vida, de las emociones y la muerte, en ese momento nos volvemos entidades que son capaces de otorgar o arrebatar poder y sabiduría –

- ¿Y por qué viniste a mí? Yo no ansiaba ninguna de esas cosas durante el hechizo –

- No, pero invocaste mi forma, incluso si yo no hubiese intervenido el pétalo se habría transformado hasta adquirir esta misma forma, yo solo le otorgué mi voluntad –

- ¿Lo poseíste? – intervino Elain

- Si, esa es vuestra forma de decirlo –

- ¿Y por qué decidiste intervenir cuando los espíritus prefieren mantener la distancia para observar y aprender? – preguntó Selene. “La pregunta del millón, veamos cómo contesta”

- Tienes un aroma agradable, no soy solo yo, atraes a muchos más. Eres diferente a los demás mortales. Tal vez sea solo curiosidad por saber de dónde procedía este dulce olor, pero no me sacio, así que quiero mantenerme cerca, ver de qué serás capaz en el futuro, qué te hace especial, qué me atrae a ti – la respuesta tomo desprevenidas a ambas elfas quienes no esperaban una respuesta tan directa de un espíritu.

- ¿O sea que quieres convertirte en su familiar? – intervino Elain.

- Si de esa forma puedo ayudar y crecer al mismo tiempo, no tengo objeciones –

- Ya veo – Elain tomó a Selene del brazo y la llevó a un extremo del jardín excusándose - ¿Qué harás? –

- No lo sé, madre; aceptar su propuesta parece tan descabellado como declinarla –

- Eso es cierto, él podría enseñarte tanto o más sobre la magia que yo, aunque también podría ser peligroso si por algún motivo se enoja contigo –

- No lo sé… -

- Si esto las tranquiliza puedo prometer que te protegeré de todo peligro y que compartiré contigo todos mis conocimientos, recuerdos y sentimientos que he aprendido a sentir con el tiempo – esas palabras tranquilizaron y perturbaron a las elfas de igual manera. “¿Por qué un espíritu estaría tan empeñado en estar junto a un elfo, un mortal? ¿Por qué estaría dispuesto a comprometerse tanto?” Sé que es algo confuso, y de alguna forma comprendo su desconfianza, pero no es algo que yo sepa expresar, por eso me gustaría que lo sintieras a través de mí y pudieras darle nombre a esta sensación – Selene supo que no mentía, era una conjetura, pero escuchó a su instinto como buena cazadora, se acercó al espíritu y dijo:

- ¿Cuál es tu nombre? –

- No tengo uno por el que me puedas llamar con seguridad, nómbrame como bien desees –

- Muy bien – pensó por un momento un nombre que le pareciera apropiado y añadió – Ruth, ese será tu nombre en este mundo si así lo deseas – el espíritu asintió, satisfecho – Ahora, Ruth, sombra de la luz y acompañante de la luna, que ni la sangre ni el tiempo separen nuestros caminos… - el juramento que los uniría como hechicera y familiar entrelazaba sus mentes a cada palabra, entendiendo más el uno al otro. En un punto del encantamiento Selene perdió la noción de lo que decía sumida en la inmensa mente de Ruth, viendo, sintiendo, escuchando un sinfín de recuerdos, hasta que sintió lo que Ruth deseaba nombrar, un sentimiento de conocer cuando no has visto, de reconocer lo que no recuerdas, esa sensación que revuelve las tripas cuando intentas recordar de dónde lo conoces: nostalgia.

 

 Cuando al fin abrió los ojos, Selene se encontraba en su destartalada habitación completamente dolorida, incapaz de mover un solo dedo, pero se esforzó por levantarse.

- No deberías levantarte, aun no estas del todo recuperada – dijo Elain impidiendo su avance con la mano

- ¿Qué pasó? ¿Dónde está Ruth? – dijo al sentir un enorme vacío en su mente.

- Fue a cazar, a través de ti comprendió la importancia de que otras vidas perezcan para que otras puedan mantenerse. Pronto tendré que ir al pueblo a vender, por ahora descansa, ¿sí? –

- Muy bien – sus ojos se cerraron de forma casi inmediata cediendo ante su agotamiento. Frente a sus ojos veía pasar un millar de mariposas deformadas que iluminaban el alrededor con una luz azul pálida. Sobre su cabeza había enormes pedazos de cristal flotando y girando en un inmenso eje a su propio alrededor y alrededor de un centro invisible. El cielo morado estaba bañado de estrellas que danzaban y brillaban como pequeños soles.

- Selene. ¡Oye, Selene! ¡Despierta! – la voz de Ruth se escuchaba en un lejano rincón de la mente de Selene, pero su insistencia tuvo efecto.

- ¿Qué pasa, Ruth? –

- Nada muy importante, es solo que no deberías dormir tanto, aunque estés cansada intenta hacer un esfuerzo por mantenerte despierta por ahora –

- ¿Cuánto tiempo llevo dormida? –

- Cerca de tres días, aunque has despertado de vez en cuando durante ese tiempo –

- ¿Tres días? – repitió sin creerlo aún.

- ¿Tienes hambre? Tu madre hizo estofado de conejo anoche –

- Si, gracias – Ruth salió de la habitación al recibir la respuesta de Selene, esta se sentó en la cama ya menos dolorida y esperó por la comida mientras su estómago pedía ser llenado para reponer sus fuerzas. Cuando Ruth volvió con la comida, Selene devoró el estofado como si no hubiera comido en toda su vida. Una vez satisfecha se dispuso a ponerse de pie cuando se dio cuenta de que Ruth tenía la tercera parte de su tamaño.

- ¿Qué pasó? –

- La mejor forma de moverse por este lugar es en esta forma, o al menos no con mi tamaño original, eso sería raro de ver, no creo que existan lobos tan grandes por esta zona – respondió Ruth al sentir la intención de Selene a través de su mente.

- Ya veo, bueno, ahora necesito un lobo un poco más grande – dijo sonriendo. Ruth, para obedecer su petición agrandó su tamaño, pero no hasta su tamaño original sino un poco más pequeño para que Selene pudiera sujetarse de él para salir de la cabaña. Una vez fuera Selene se sentó en el sillón que yacía fuera para poder recuperar el aliento.

- ¿Quieres que te preste mi fuerza? Puede que estemos compartiendo nuestras mentes y sentimientos, pero no nuestras fuerzas – propuso Rut

- No sé cuánto eres capaz de resistir y no quiero agotarte –

- Por eso no te preocupes, me alimento de la energía que emanan los elementos, es algo así como una reserva ilimitada de energía, puedo conectar tu canal de energía al mío y tendrías tanta energía como yo. Sé que no ansías poder y eso me alegra mucho, y también me lanza a darte más porque sé que no lo usarías para traer la muerte o la desgracia a seres inocentes, así que te pido que me permitas hacerlo –

- Muy bien, pero si ves que no soy capaz de controlarlo cierra el flujo – Ruth asintió. Un arroyo de energía inundó el cuerpo de Selene cuando Ruth y ella conectaron sus reservas de energía.

- ¿Cómo te encuentras ahora? –

- Como nueva, no creía que pudiera soportar tanto –

- Tranquila, yo me aseguraré de que tengas suficiente pero que no reboses, eso atraería a toda clase de demonios – aclaró Ruth

- Ya veo, bien hecho, y gracias – Selene sintió cómo Ruth se ruborizaba a través de su mente - ¡Que tierno eres! –

- ¿Eh? ¿Por qué piensas eso? –

- No te hagas el tonto, sé que te ruborizaste cuando te di las gracias hace un momento –

- Muy bien tú ganas, por ahí llega tu madre –

- ¿Eh? ¿Se me apagaron los sentidos o qué? No la sentí llegar – Elain apareció por entre los árboles cargando con una canasta llena de víveres y otras cosas.

- Selene, deberías estar en la cama – protestó

- Tranquila, gracias a Ruth estoy mucho mejor, aunque me siento rara y mis sentidos no me responden de la misma manera que antes –

- Eso es por el contrato con Ruth – dijo Elain mientras el lobo tomaba la canasta para aligerar su carga – Debes aprender a estar siempre en contacto con él, para que puedan compartir sus sentidos además de los recuerdos y sentimientos –

- Empecemos pues – propuso Selene seguido por un ladrido en señal de aprobación por parte Ruth. Los días pasaron y el entrenamiento se extendió hasta que tuvieron que rastrear y cazar juntos, y con cada hora juntos sus lazos se estrechaban más. Tras varios meses viviendo bajo el mismo techo, Ruth y Elain comenzaron a entenderse y respetarse.

 Un día Selene y Ruth salieron de excursión a la ladera norte de la montaña que cubría el bosque y descubrieron un túnel que posiblemente atravesaba la roca hasta el otro lado, se dispusieron a sellarlo, pero luego pensaron que sería una valiosa ruta de escape por si algo ocurría así que solo dejaron una pequeña hendidura por la que podían pasar los tres en línea sin problemas. Cuando el sol se escondía tras la fría roca Selene y Ruth compartieron una sensación de peligro cuando todo el bosque, desanimado y frío hasta ese momento, comenzó a agitarse en un frenesí casi descabellado, ardillas, ciervos, lobos, e incluso osos huían hacia la tierra alta, las aves chillaban en un angustiante mar de ruido que prestigiaba un mal augurio, mientras un viento del sur cargaba con cenizas y ascuas.

- ¡Madre! - - ¡Elain! – gritaron a la vez. Casi inconscientemente Selene montó a Ruth, quien había adoptado su tamaño habitual y fueron a ayudar a la vieja elfa. Tardaron apenas unas dos horas en cruzar el bosque de extremo a extremo, pero Selene deseó que pudieran haberlo hecho en menos tiempo. Cuando llegaron a la cabaña solo encontraron la madera chamuscada y aún humeante mientras al otro lado del lago yacía inerte el cuerpo de Elain; no había muerto quemada, ni ahogada, había sido asesinada por alguien, alguien lo bastante salvaje para destripar a una mujer con una espada. Un grito ahogado emergió de la garganta de Selene mientras se arrodillaba a un lado del cuerpo y la lluvia llegó como un consuelo del cielo, el llanto y la tristeza bañaron su mente. Pasaron varios largos minutos hasta que reinó una relativa calma en la mente de Selene, al menos suficiente para que Ruth pudiera entrar a consolarla:

- Lo siento, Selene, ojalá hubiera podido hacer algo para evitar esto –

- ¿Quién pudo hacerle esto a ella? ¡No había hecho nada! – contestó ella también con la mente mientras Ruth acariciaba su rostro con el hocico.

- No sé quién fue, pero lo encontraremos, si algo nos acerca a los mortales es nuestra sed de venganza por erradicar una injusticia, cuentas conmigo para atrapar a esas ratas miserables –

- Gracias, Ruth – tras decir esto Selene se dispuso a enterrar a su madre tras un manto de rocas para que pudiera descansar en paz puesto que no había forma de hacer un ritual élfico en esos lares.

- Apártate un momento – dijo Ruth quien se acercó a la improvisada tumba una vez Selene se apartó – Yo soy el que canta al viento para que ruja, el que toca la montaña para que caiga, yo soy el deforma el alma y el que transforma el ser – tras estas palabras las rocas que cubrían a la elfa comenzaron a vibrar y a chocarse entre sí hasta que quedaron completamente unidas, como si un herrero las hubiera fundido en una fragua, y luego de varios segundos se quebraron en miles de pedazos dejando tras de sí una capa de cristal, tan duro y brillante como el diamante en bruto pero más resistente al calor de las brasas y al golpe de los picos, como una tumba impenetrable y bella.

Feb. 10, 2019, 10:31 p.m. 7 Report Embed 7
Read next chapter Buscando respuestas

Comment something

Post!
Flavia M. Flavia M.
¡Hola! Soy Flavia, embajadora de la plataforma. He entrado a revisar tu historia para verificarla, pero antes de eso es necesario que corrijas algunos detalles en la estructura de los diálogos. Te dejo un link que te puede ayudar con eso http://reglas-escritura.blogspot.com/2007/10/estructura-de-los-dilogos.html. A su vez te recomiendo revisar la puntuación para pulir mejor la narración. Una vez hecho esto puedes responder este mensaje y to regresaré para verificarla. Por el momento quedará en revisión. Cualquier duda, puedes preguntarme. Saludos :)
March 9, 2019, 2:37 p.m.
Tenebrae Tenebrae
Una historia muy interesante, me gusta mucho tu estilo de narración.
March 8, 2019, 4:44 p.m.

  • Rosmery Delgado Rosmery Delgado
    Muchas gracias por leerla Tenebrae, me alegra que te gustara, y espero que te sigan gustando March 8, 2019, 6:31 p.m.
Edward Prada Edward Prada
esta super....hace tiempo no leia algo q me enganchara tanto.Gracias
March 3, 2019, 8:39 a.m.
Felipe de Jesús Ochoa Salas Felipe de Jesús Ochoa Salas
Excelente historia. Muchas felicidades.
Feb. 13, 2019, 6:47 p.m.

  • Rosmery Delgado Rosmery Delgado
    Muchas gracias, espero que te siga gustando y poder contar con tu apoyo de ahora en adelante Feb. 13, 2019, 6:56 p.m.
Rosmery Delgado Rosmery Delgado
Hola, no soy una escritora de profesión, y este es el primer libro que publico, espero que les guste y si tenéis alguna recomendación agradecería mucho que me lo hicieran saber. Muchas gacias.
Feb. 13, 2019, 11:13 a.m.
~

Are you enjoying the reading?

Hey! There are still 34 chapters left on this story.
To continue reading, please sign up or log in. For free!

Related stories