Más allá de la niebla Follow story

eri Erika Lozano

Rino y Rank son dos sapos que se han conocido en Abismo. Aunque su vida es buena, Rino apostará para salir de ahí y poder llegar al Edén. © Todos los derechos reservados.


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Más allá de la niebla

Más allá de la niebla, existe el Edén. Un lugar hermoso cubierto de musgo, tierra húmeda, agua y nenúfares. También hay mucha niebla, pero no tan espesa como la que constantemente cubre el camino hacia aquel lugar celestial. Rino sabía de ese sitio por su padre, él fue uno de los pocos afortunados en nacer ahí. ¿Por qué había dejado el Edén?, siempre le preguntaban. Su padre se enamoró. Y todos los sapos hacen locuras por amor. Murió cuando él era apenas un renacuajo; los salvó a su madre y a él de ser devorados por un par de gatos salvajes, aunque sus casi cien hermanos no corrieron con la misma suerte. Otros muchos ya habían muerto antes, cuando solo eran huevecillos y se vieron arrastrados por las tormentas que hacían crecer los charcos de lodo donde quedaban atrapados; lejos de la protección de su familia, habían sido presa fácil de muchos depredadores de la zona.  

Rino se crio en el Abismo, rodeado de otros sapos que llegaron ahí por todo tipo de circunstancias y jamás pudieron salir. Antes fueron muchos los que intentaron irse, la mayoría buscaba llegar al Edén, ansiaban tener algo más que solo pasto húmedo, pequeños charcos que venían con las lluvias y ese suelo a veces duro y a veces blando. La mayoría, moría en el intento, y sus cuerpos sin vida terminaban adornando aquel camino, gris y sólido, hasta que se desvanecían no por el tiempo, si no por aquellas extrañas bestias de metal y enormes patas redondas que pasaban encima de ellos hasta que no quedaba nada. A veces, cuando en la oscuridad de las noches sin neblina las luciérnagas alumbraban el paso, él podía jurar que veía como de esos cuerpos aplanados al camino se desprendía un polvillo fino que se elevaba con el más sutil de los vientos, alzándose hacia el cielo. Quizá era la manera en que de a poco los sapos iban hacia una nueva vida. Hacia un mejor lugar.

Rino conoció a Rank varios años atrás. En aquel entonces, Rank era un sapo tan pequeño que fue fácil que aquella tormenta lo arrastrara al Abismo. Rino lo encontró moribundo, panza arriba, mirando hacia el cielo nocturno, ¿buscando alguna estrella?, ¿algún rastro de esperanza?, ¿pensando en lo que vendría después o deseando ya viajar hacia una nueva vida? Lo llevó a casa. Muchos afirman que los sapos prefieren estar solos, qué mentira más grande. Les gusta la soledad, por supuesto, y pasan temporadas enteras con su sola presencia, pero estar solos, sentirse así, a ninguno de ellos les agradaba. Quien quiera que fuere podría ir a la casa de su madre y preguntárselo; al llegar se darían cuenta de que ni siquiera sería necesario hacerlo, en ese angosto hoyo bajo la tierra verían que ella seguía manteniendo un espacio vacío en el que el cuerpo de su amado se acomodaría a la perfección.

Rank se recuperó después de muchas noches, nunca se apartó de su lado, quizá porque hay quienes están destinados a encontrarse y jamás alejarse. A Rino le gustaba eso, le gustaba su compañía, le gustaba sentirse en casa cuando estaba junto a Rank. Tenerlo con él lo volvía especial. Lo había hecho soñar, creer en posibilidades, en un futuro brillante cuando siempre había vivido en una realidad sombría. Él había conocido bien la soledad y la tristeza, pero entonces Rank apareció y ahora todo era distinto. Todo era mejor. Cuando antes los días habían parecido eternidades distantes y vacías, ahora eran eternidades efímeras y llenas. Estaba tan bien con él que el tiempo a su lado era descrito justo con esas palabras, pues se estiraba y parecía durar por siempre y al mismo tiempo acababa demasiado pronto. Si un deseo le fuera cumplido, quizá pediría poder suspender el tiempo para así poder permanecer una verdadera eternidad junto a él, que lo eones pasaran y nada los afectara.

Rank era un sapo muy distinto a los demás; era extrovertido y muy alegre. Siempre buscaba la compañía de Rino y era el único que podía jactarse de ser amigo de un gato salvaje. Como cosa curiosa del destino, había conocido a sus dos grandes amigos de la misma forma pero en circunstancias distintas: panza arriba. Rino lo salvó de morir; Niamru se lo quiso comer. No pudo culpar a Niamru, en ese entonces era un pequeño gatito que acababa de dejar de alimentarse de su madre y debía de empezar a cazar su propia comida. Por suerte no fue devorado; cuando Niamru se percató de que seguía vivo, lo escupió de su boca y le pidió disculpas con esa vocecita chillante y linda de cachorro. Cómo había cambiado con el tiempo. Niamru se volvió algo arrogante y malicioso mientras crecía, pero sin duda seguía siendo su buen amigo. Aunque había dejado hacía mucho el Abismo, continuamente iba y lo visitaba.  A Rino no le agradaba mucho, se podría pensar que por lo que aconteció con su familia mucho tiempo atrás, Rank sabía que, además, Rino sentía envidia de Niamru. De su condición natural de ser un felino grande de piernas largas y esa agilidad que le permitía desplazarse a dónde él deseara.

 

Rank y Rino permanecían fuera de su casa. Era de noche y muchos sapos habían salido en busca de comida. Ellos se alimentaban durante el día, cuando el sol se ponía preferían escuchar y ver y hablar. Nuevamente estaban en el tema de las estrellas, habían descartado que fuesen luciérnagas gigantes, como Rank había supuesto, y seguían preguntándose qué podrían ser.

   —Más allá de lo que sean, ¿por qué crees que brillan? —preguntó Rank sin dejar de ver el cielo—. ¿Sería mucho creer que es porque desean que las miremos?

   —Lo sería, por supuesto que lo sería —dijo Rino—. Es más correcto creer que lo hacen por placer propio, ¿no? Es su naturaleza el brillar y gustan de ello.

   —Quizá —murmuró Rank.

Guardaron silencio por un buen tiempo. Sabían que la noche había avanzado lo suficiente como para que muchos sapos comenzaran a volver a sus casas. Rino veía a la luna y nuevamente maldecía su condición. No encontraba nada bueno en ser un sapo. Si tan solo fuese rápido, si tan solo pudiese saltar alto, podría haber vivido muchas aventuras y hubiese salido de Abismo con Rank mucho tiempo atrás. Él también deseaba dejar ese lugar como tantos otros, él también quería ir más allá, pero a diferencia de los demás, el Edén era solo el comienzo. Quería viajar con Rank por tantos lugares como tuviese el mundo, que vieran el cielo desde cada uno de ellos. No era posible y lo sabía. Podría ser conformista, podría simplemente querer ir a Edén y permanecer ahí. Entonces le mostraría a Rank aquella parte oculta de la que sabía solo por su padre, por las historias que le contó a su madre y que ella le transmitió. Un maravilloso prado lejos de los estanques cubiertos por nenúfares, donde las blancas azucenas sobresalían brillantes de entre los prados; pero dichas flores solamente podrían ser vistas en las noches de cielos nublados, cuando las gotas de lluvia despejaran el banco de niebla que se mantenía encima de ellas como un manto espeso. Rino había imaginado tantas veces como se vería el prado, que sin mucho empeño podía verlo frente a él incluso con los ojos abiertos. Imaginaba como las flores lucirían; quizá tan blancas que brillarían como estrellas en la tierra.

   —Hay que ir, Rank. Tenemos que dejar Abismo.

Rank cerró los ojos y suspiró. Rino venía diciendo eso desde mucho tiempo atrás.

   —¿De verdad dejarás a tu madre?

   —Ella no desea ir, Rank, quiere quedarse donde el recuerdo de mi padre. Teme por lo que me puede pasar si salgo de Abismo, que muera en el Camino. Aun así, desea lo mejor para mí y quiere que sea feliz.

   —¿No deberíamos hacerle caso?

   —Cada día hay más gatos salvajes, perros hambrientos y cuervos. Incluso las ratas nos están atacando. Deberíamos marcharnos. Hay que hacerlo, Rank.

Por mucho tiempo había logrado convencerlo de que permanecieran en Abismo, esta vez la mirada ferviente de Rino parecía más intensa, más creyente. No lo persuadiría, y jamás permanecería en un lugar donde él no estuviese.

   —Está bien, Rino, hagámoslo.

 

   Cinco noches después estaban ahí. A la orilla de Abismo, a tan solo un salto de entrar al Camino. Las hierbas altas los cubrían y ellos esperaban impacientes. El banco de niebla que cubría Camino se había empezado a formar poco atrás y las bestias de metal solían pasar con menos frecuencia entre ellas siempre que eso sucedía. Rino se había despedido de su madre por la mañana, habían hecho una promesa silenciosa de siempre recordarse con cariño y pensar que el otro vivía feliz. Era lo mejor. Rank le había dicho hasta pronto a Niamru, que dos noches atrás se había aparecido por el lugar. El gato le aconsejó que desistieran, que el Edén podría ser un buen lugar pero que incluso los suyos habían muerto en Camino. Niamru no lo quería perder. Rank le juró que todo iría bien, y que, si el destino lo quería, como bueno amigos que eran, se volverían a reunir.

Luces amarillas aparecieron a lo lejos una y otra vez, trayendo consigo un ruido ensordecedor, el temblor del suelo y ráfagas de viento. Al alejarse, la calma volvía por momentos, solo hasta que otra bestia aparecía.

Rank y Rino estaban nerviosos de la cabeza a las patas. Entrar en Camino no era cosa de juego. No era hacerse el valiente y decir: yo voy.

   —Es el momento —dijeron al unísono. La calma había permanecido por mucho tiempo. Si no era ahora no sería nunca.

Rino saltó primero. Si tan solo tuviese las patas de una rana, pensó, con ese salto ya estuviese tal vez a mitad del cruce. En lugar de eso, él apenas y entró en Camino. La niebla era espesa, tal como imaginaba sería la que estaría sobre el prado de azucenas. Permaneció quieto por segundos. Escuchó algo. No era una bestia, por supuesto, era Rank que había saltado para colocarse a su lado. Sonrió para él. Rank le regresó la sonrisa.

Caminaban lo más rápido que podían, luego daban pequeños saltos y volvían a andar. Se sorprendieron al ver que Camino era mucho más largo de lo que esperaban, de lo que se apreciaba del otro lado de la orilla. Estaban alerta pero no dejaban de avanzar.

La luz amarilla los sorprendió. La bestia se estaba acercando a gran velocidad. Rank miró asustado a Rino que buscaba mantener la calma. Se apuraron a andar, saltando y corriendo torpemente. Rino vio la luz. Sintió el temblor.

    —¡Alto! —le gritó a Rank que se detuvo al instante.

Un salto más y hubiese sido aplastado por la bestia que pasó zumbando a milímetros de él sin percatarse de su existencia.

   —Rino —murmuró Rank, cohibido del miedo.

   —Vamos, falta poco —lo alentó Rino, llenándolo con un valor que él no sentía.

Volvieron a saltar. Corrieron con todas sus fuerzas. La adrenalina llenaba sus cuerpos y hacía que sus corazones bombearan con más potencia. El banco de niebla se mantenía más allá de Camino, cubriendo el Edén, pero ambos pudieron ver dónde uno terminaba y comenzaba el otro. Árboles delgados, pero con espeso follaje los delimitaba.

   —¡Rino! ¡Rino! ¡Estamos cerca! —gritó Rank eufórico.

   —Un poco más y estaremos ahí, Rank. Sigue corriendo.

Rank corrió, saltó, saltó y corrió otra vez. Con un último salto dejó atrás Camino. Por fin estaba en el Edén.

Rino sonrió llenó de satisfacción al ver a Rank dentro de los límites del Edén. Él había caído en un hoyo lleno de agua estancada varios saltos atrás y por eso se había atrasado. Saltó y subió como pudo. Escuchó la emoción de Rank, pero también el chillido de una de las bestias. No podía ser, no había luces. El temblor lo sacudió. Luego vino el golpe aunado a un dolor insoportable e instantáneo. La nada lo cubrió.

   —¡Rino! ¡Lo conseguimos, Rino!

Rank giró a ver a Rino.

Rino no estaba más.

 

Feb. 6, 2019, 4:45 p.m. 2 Report Embed 3
The End

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Erika Lozano Lo que más disfruto es leer y escuchar historias que me hagan sentir fuegos artificiales en el pecho; espero algún día poder causar un poquito de eso a alguien con mis propias historias.

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Alex Roga Alex Roga
El final sin duda es nostálgico, pero hermoso. Felicidades.
Feb. 11, 2019, 5:42 a.m.

  • Erika Lozano Erika Lozano
    Gracias por tomarte el tiempo de leer, Alex, espero que lo hayas disfrutado :) Feb. 11, 2019, 11:07 a.m.
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