El cervatillo y el tesoro del río(2) Follow story

caelgitanoblanco Carlos Alberto (ElGitanoBlanco)

Un habitante del bosque Piim-Asud, aprende una lección por parte de sus nuevos amigos. Segunda narración que forma parte del "libro 1: Historias del reino de Güíldnah".


Fantasy Medieval All public.

#cazador #Pescados #Río-Ulrron #bosque
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CAPÍTULO I

Este es el primer relato que rechazó el rey Derek, para ser presentado en el banquete especial.


Es una mañana agradable y tranquila en el bosque Piim-Asud.

Un joven cervatillo de piel marrón rojiza, moteado con puntos blancos, da su acostumbrada caminata matutina. A diario, recorre una ruta diferente; conociendo cada rincón de la arboleda, que es su hogar.

En el medio del camino de hoy, escucha una plática entre dos conejos, atrás de unos arbustos, llamando su atención.

Se acerca despacio, agudizando su oído en cada palabra.

―Entonces, ¿no lo has encontrado? ―pregunta uno a su compañero.

―No, no lo he conseguido. Recorrí gran parte del río, pero no hay rastro alguno ―responde desilusionado el otro.

―¿Qué hay de los peces? Alguno debe de saber algo o haberlo visto.

―¡Ni me los recuerdes! ―exclama fastidiado su amigo―; ellos solo me preguntaban por cosas tontas.

El pequeño ciervo asoma su cabeza entre los arbustos, olvidando saludar primero y preguntándole a sus amigos.

—¿Qué hay en el río?

Los dos conejos dan un brinco hacia atrás, asustados por la sorpresiva interrupción. Segundos después, se dan cuenta de que es su amigo cervatillo.

―¡Ah! ¡Eres tú, Karîm! ¿Por qué nos asustas de esa manera? ―pregunta molesto uno.

―Perdón, no lo hice a propósito. ―Se disculpa él.

―Ya olvídalo ―dice el otro conejo para calmar a su compañero; luego, le pregunta a su amigo ciervo―. ¿No has escuchado las últimas noticias?

Karîm responde que “no”, únicamente moviendo la cabeza.

El conejo le pone al corriente.

―Recientemente han surgido rumores de que hay un tesoro en el río Ulrron. Muchos dicen de monedas y joyas.

―Eso suena interesante. Voy a investigar.

―No creí que fueras codicioso.

―No lo soy. Tengo curiosidad, que es diferente. ¿Ustedes sí?, ¿por qué? El oro no nos sirve a nosotros; solo a los humanos le es útil.

―Tal vez no nos ayude ahora, pero nos puede ser de utilidad más adelante.

Aún sin entender la respuesta de su amigo, el pequeño ciervo se despide y se aleja en dirección a Ulrron.

Habiendo llegado a las orillas del tranquilo río, el cervatillo empieza a recorrerlo; empezando desde la orilla del mar Loefr.

El agua del río es muy clara, permitiéndole ver el fondo sin ninguna dificultad; alcanzando a distinguirse piedras, algas, arena y una que otra ninfa.

A medio camino se encuentra con los peces residentes, quienes lo saludan.

―Hola amiguito ―saluda uno alegremente, asomando su cabeza afuera del agua.

―Hola ―devuelve el saludo el cervatillo.

―No me digas que vienes a buscar el tesoro ―dice otro pez que surge del río.

―Sí, a eso he venido, ¿ustedes no saben algo? ―pregunta Karîm, inocentemente.

―A todas horas nos vienen a preguntar sobre ese asunto; siempre les decimos lo mismo y se van enojados ―protesta un nuevo pez que apenas ha llegado, alcanzando a escuchar la pregunta.

―¿Qué les dicen?

―Les decimos que el río es muy extenso, y no lo hemos recorrido del todo; así que, no estamos muy seguros de la existencia de dicho tesoro ―responde el primer pez.

―Exacto. ¿No hay oro o cosas parecidas en el bosque, para que así nos dejen en paz? ―refunfuña el tercero.

―La verdad no, solo podría decirles de la riqueza de fragancias de las flores y sabores de las frutas. El rey hechicero es el único que tiene un tesoro: sus dos llaves mágicas ―comenta Karîm.

―Ya estábamos enterados de ese detalle, por parte de los paseantes y del rey tritón. Queremos saber más del bosque y sus habitantes. Siempre les preguntamos a todos los que se acercan, pero ninguno quiere platicar.

»¿Tú nos podrías explicar cómo es? ―pide el segundo pececillo.

―Bueno ―acepta el pequeño ciervo, recostándose y preguntándose por donde comenzar―. Cómo les dije antes, lo primero que tienen que saber y que abunda en el bosque, son los árboles y flores de muchos colores y aromas. También hay una infinidad de hadas y duendes; son muy amigables, a excepción de uno o dos.

―¿Árboles? ―pregunta confundido el tercer pez―. ¿Son esas cosas largas cafés y verdes que se elevan al cielo? ―indaga observando uno.

―Sí. Así es ―confirma Karîm―. Son plantas enormes.

―¿Qué es esa cosa verde que cubre todo el suelo? ―pregunta otro pez.

―Es pasto; hierbas verdes diminutas. Es mi comida favorita ―explica Karîm.

―En el fondo del mar hay rocas y algas; además del arrecife de coral, al Oeste. Muy bonito y colorido; en cambio aquí en el río, hay puro lodo y menos plantas acuáticas. Las sirenas y ondinas también son muy amigables con nosotros ―plática el segundo pez, terminando con una pregunta―. ¿Y solo comen hierba los habitantes del bosque?

―También comemos fruta de varios tipos; hay bastante por todos lados.

―Oye, ¿te gustan los gusanos? ―inquiere un pez.

―¿Gusanos? No. Son desagradables ―responde el pequeño ciervo con cara de asco.

―Son nuestra comida favorita, aparte de algunas algas ―manifiesta el primer pez, relamiéndose la boca.

―¿No han probado alguna fruta? ―pregunta el cervatillo al grupo de nuevos amigos.

―No. Ninguna ha caído al río ―dice el habitante marino.

―Aparte, ¿qué es una fruta? ―indaga el primer pececillo.

―Espérenme un momento. ―Les pide Karîm, poniéndose en pie.

Haciendo un poco de memoria, Karîm se dirige a un árbol en especial, no muy lejos del río. Afortunadamente, varios frutos maduros han caído del peral; él recoge una con los dientes, llevándola de regreso.

Dejando caer la fruta en el césped, les explica a los peces.

―Esto es una pera. Una comida deliciosa.

―Nunca habíamos visto algo parecido ―comenta un pez, mientras el pequeño grupo examina el objeto atentamente.

―Pruébenla, les gustará ―asegura Karîm.

El pequeño ciervo sujeta la pera por el tallo, que aún tiene un par de hojas; se acerca al río y la sumerge en el agua. Los pececillos dan pequeños mordiscos a la fruta, saboreándola por primera vez. A dos peces les gusta el sabor, aunque al tercero no; prefiriendo sus lombrices.

Pasa un buen tiempo de plática entre los nuevos conocidos, hasta las primeras horas de la tarde. La cría terrestre se despide de los habitantes del río, encargándoles cualquier información del tesoro.

―Así lo haremos ―responden los pececillos.

Karîm se apresura a llegar con sus padres, al Este del bosque.

Por varios días, el cervatillo visita a los tres peces del río; convirtiéndose en buenos amigos. En esos días, un nuevo pez se une al grupo.

Jan. 28, 2019, 7:07 p.m. 0 Report Embed 2
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