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"Ipso facto"



La pregunta era sencilla. Compleja era la cara del tipo, orificios de la nariz muy abiertos, mueca en los labios, ojos fuera de su órbita y esa vena que siempre suele traslucir en el rostro cuando estás haciendo algo con toda tu fuerza. La pregunta era tan sencilla que la respuesta apareció en mi mente casi al instante, y digo casi, porque aún me tomé un segundo para perderme en la dentadura deforme del tipo, y preguntarme como había sufrido, lo que parecía ser consecuencia de algún tipo de accidente. No respondí, porque por simple que fuera aquella o cualquier otra interrogante, sin importar la situación, yo siempre me tomaba el tiempo necesario para pensar antes de hablar. Me quedé mirando fijo su cara deforme y desconocida mientras que analizaba en mi mente aquella automática respuesta. La respuesta propiamente también era muy sencilla. Compleja era la manera de hacer que aquel tipo la entendiera, la procesara, la ejecutara sin hacerse daño. El análisis concluyó con una aceptación total a lo que por instinto había pensado mi cabeza. Habían pasado, no sé, 18 milésimas de segundo, entre en cierre del signo de interrogación desesperado y la orden definitiva de mi cerebro a mis labios de pronunciarla, cuando me di cuenta que un sabor a metal intenso inundaba mi paladar, luego degustaba una mezcla rara de una aleación de sangre y no podía articular sonido alguno. El tipo visiblemente alterado repitió su pregunta sencilla:

¿Te quieres casar conmigo?

Sí, asentí.

Entonces su mano no resistió más, y me caí al abismo, mientras me alejaba de su rostro, del carro, del humo, y de tantas otras cosas más en este mundo que no comprendí antes de morir.



Jan. 25, 2019, 11:04 p.m. 0 Report Embed 0
The End

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