Entre el amor y el temor Follow story

u2693328163 Julissa Sánchez Arias

Stephanie es una joven estudiante universitaria, que debido a su belleza, muchos hombres le han declarado su amor, pero ella los ignora pues no quiere tener una relación que sea una simple atracción sexual que con el tiempo acabe. Lo que ella busca es un amor puro que no sea traicionado como muchos otros que ha visto. Un día, la vida de Stephanie cambia al empezar a caer en pedazos. Esto la lleva a ser aterrorizada por nuevos sentimientos y emociones que atravesarán su alma y la harán temblar del miedo. De un momento a otro, tendrá la oportunidad de encontrar ese amor verdadero en la persona menos pensada, pero su pasado y sus decisiones, servirán como duros obstáculos.


Romance Romantic suspense All public.

#friendzone #primer-amor #problemas-familiares
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Capítulo 1

Aún no puedo creer lo emocionada que me siento. Mi agitación y nervios son tales, que la hora que ha transcurrido de indicaciones por la doctora Winter, he escrito cada una de sus palabras en mi libreta con una velocidad increíble.

Falta un día para iniciar mis prácticas en el Hospital de Salud Mental y aún se me hace un sueño, pero después de tanto sacrificio, por fin podré dar mis primeras prácticas profesionales.

Desde que entré a la carrera de Psicología en la gran y prestigiosa Universidad de los Ángeles, mi mayor deseo era practicar y ayudar a las personas que necesitaran mi ayuda. Y ahora, en mi tercer año, al fin podré hacer algo que no sea estar todo el día en un aula. Todo lo teórico, lo experimentaré.

―Recuerden cada una de las orientaciones, por favor. ―Culmina mi maestra―. Y recuerden, hagan su mejor esfuerzo y traten de cometer el mínimo de errores.

Dicho esto, se despide y toma sus cosas para salir del aula. Por su parte, mis demás compañeros empiezan a levantarse de sus asientos y es ahí, cuando recuerdo el encargo importante y de último minuto de mi madre.

―Rose, Enrique. ¿Cómo están? ―Digo acercándome a un par de chicos.

―Excelente, Stephanie ―contesta Rose con su simpática sonrisa.

―Muy bien. ¿Y tú princesita? ―responde Enrique poniéndome de mal humor pues odio que me diga así.

―Bien ―pronuncio con un tono seco―. No quiero molestarlos así que les entrego estas invitaciones. ―Le extiendo con cuidado las tarjetas―. Son para la fiesta de caridad que darán mis padres para recoger fondos para el asilo de ancianos. Espero que puedan asistir y lleven a sus padres. Gracias.

 Con la mejor de mis sonrisas me alejo de ahí y me acerco a mis demás compañeros tratando de entregar lo más pronto posible las otras invitaciones pues todavía tengo que darles unas a mis amigas. Además, porque poco a poco, siento que el que me haya dormido casi a la una de la maña ayudando a mi madre a planear la fiesta, me está cobrando caro ya que al estar bajando mi emoción al terminar el discurso de la doctora, el cansancio me está llegando.

Por ello, una vez entregadas las tarjetas, recojo mis cosas y me reúno en las afueras del aula con mi usual grupo. Así, me siento en unas sillas con una chica morena de cabellos rizados y una chica de tez blanca como yo, pero que tiene el cabello negro.

―¿Fiesta de última hora? ―Preguntan ambas al unísono.

―Sí y aquí tienen sus invitaciones. ―Les extiendo los sobres y noto que se emocionan―. ¿Van a ir?

―La pregunta es tonta ―contesta Janet con su júbilo usual―. Por muy de caridad que sean, las fiestas de tu familia siempre son las mejores.

―Es cierto ―coincide Ava en tanto se amarra su pelo liso en una coleta―. Además, si no vamos, te pasarías refunfuñando cada cinco minutos y dejarías en una mala posición a tus padres.

Suspiro resignada pues es cierto. A diferencia de Ava y Janet, a mí no me gustan mucho las fiestas y menos, cuando tengo que saludar sin parar, a un montón de desconocidos.

―Stephanie ―dice Janet llamando mi atención―, Ava y yo estábamos pensándolo y, yo también te tenemos una invitación.

―¿De qué tipo? ―indago dubitativa.

―Pues…

―Vámonos antes que nos vea ―interrumpe Ava tomando su mochila y al percatarse de que ni Janet ni yo la entendemos, complementa―. Es Robert.

―Eso lo hubieras dicho primero. Ya es tarde, nos miró.

Maldigo en mi mente, pero al percatarme de que Janet se levanta y le hace una señal a Ava, pienso en cómo proceder; conociendo lo arrebatada e imprudente que es Janet, empeorará la situación.

―Yo me encargaré ―expongo levantándome en el acto―. Es un asunto del que yo debo hablar con él. No se preocupen, no me volverá a molestar porque se lo dejaré más claro de lo que hasta ahora se lo he dicho.

―Pero, Stephanie. ¿Cuántas veces no se lo has dicho y no entiende?

―Confíen en mí.

Mis ojos castaños oscuros las miran suplicantes y terminan cediendo. Ava me susurra que estarán cerca y yo asiento. Ellas no tardan en caminar para marcharse y Robert se apresura para encontrarme.

―Stephanie ―pronuncia con una sonrisa coqueta por la que me dan ganas de golpearlo―. ¿Cuándo saldrás conmigo?

―Nunca, creí haberte dicho que no quiero absolutamente nada contigo.

―¿Cuál es el problema? Con una sólo noche me basta ―explica a punto de sacarme de mis casillas y cruzo mis brazos para controlarme.

―No, entiéndelo, déjame. Esto se te está tornando en acoso.

―¿Es por Lily?

―Obvio, tienes novia ¿o se te olvida? ―Le refriego en su cara lo de su pareja, pero parece no importarle―. Olvídalo porque, ¿sabes? Pensándolo bien, es por ti. Primero muerta antes que salir a la esquina contigo.

Me giro para irme del lugar. Sinceramente, quería alejar a Robert con tranquilidad, pero ya cruzó el límite. Él es un completo fastidio y cree que soy como otras chicas, pero a diferencia de ellas, yo sí me doy mi lugar y no obtengo placer de ser un juguetito momentáneo.

―Stephanie ―habla sosteniendo mi mano para que no me marche.

―Suéltame ―ordeno con ira y él obedece al observar que mis amigas se acercan―. No vuelvas a tocarme o te demandaré.

Sin decir más, Robert se marcha mientras alborota su cabello oscuro como para contener su enfado. Ava y Janet van a mi encuentro y me observan con una sonrisa triunfante.

―Perfecto. ―Celebra Janet―. No parece que le vuelvan ganas de molestarte.

―Sí, hasta podría jurar que en sus ojos cafés nació el miedo.

―No sean exageradas ―menciono suspirando cuando creo que pasa el problema.

Las tres nos reímos como tontas y buscamos un lugar para sentarnos cerca del jardín de la facultad donde vuelvo a suspirar y pedir mentalmente, que Robert no vuelva a insistir a que tenga una relación con él cuando ya tiene una pareja.

Si algo he de admitir, es que los hombres como Robert son los que más odio. ¿Cómo se atreven a tratar a las mujeres de esa forma? ¿Acaso no tienen madre? Cuánto deseo encontrar a alguien que valga la pena y que me quiere de verdad por como soy y a pesar de aquello que guardo en el baúl de mi pasado.

Si hasta este día me he quejado de los chicos que se acercan a mí sólo porque creen que soy bonita y por mi posición social como heredera de los Danielli, creo que ellos son mejores que Robert ya que él fue lo suficientemente descarado, como para dejarme en claro que sólo quería sexo ocasional.

―¡Tengo una idea! ―exclama de forma repentina Janet cortando el hilo de mis pensamientos―. ¿Recuerdas que te dije que teníamos una invitación para ti, Steph? ―Asiento y ella continúa―: ¡Vamos a bailar!

―¿A bailar?

―Sí. Hoy habrá una fiesta en el club nocturno que está en el centro de la ciudad, podemos ir a divertirnos y de paso a quitarnos el estrés por lo de Robert y todo el trabajo de la universidad.

―¿No crees que es una buena idea? ―me pregunta Ava ante la explicación de nuestra amiga―. Habrá muchos chicos atractivos.

Mi alarma mental suena porque no quiero tener más problemas de los que ya he tenido. Por lo cual, ideo una forma de escabullirme de su plan.

―Chicas, me da gusto que quieran divertirse pero saben que conmigo no cuentan. No me gustan las fiestas, hay demasiado ruido y eso me fastidia, pero no importa, vayan y diviértanse por mí.

―Lo siento, Stephanie, pero tú vas con nosotras ―anuncia Janet tomándome del brazo y acercándome a ella.

―No gracias, vayan ustedes. Además, mañana inician las prácticas y…

―No, Stephanie tú nunca sales con nosotras ―indica Ava mientras hace un puchero―. Vamos, no seas mala

—Este... yo...

―¡Vas a ir y punto! —expresa Janet con tono autoritario—. Si no, no te volveremos a hablar nunca.

—Tranquilas, supongo que no puedo decirles que no.

—Bien, ya quedamos, hoy la pasaremos súper.

╭━━━━╯☆●ʚ♡ɞ●☆╰━━━━­­╮

De todas las cosas, no concibo el que haya accedido a salir de fiesta. Odio hacerlo, no me complace en lo absoluto, pero no me quedó de otra, si me hubiera resistido las chicas en verdad me hubieran puesto la ley de hielo.

Realmente, me hubiese gustado que mi padre o mi madre me negaran el permiso para salir, pero no. Mis padres creen demasiado en mí y en mi capacidad para tomar decisiones.

Por ello, ahora me encuentro sufriendo dolor de cabeza por el ruido insoportable y las luces parpadeantes de diferentes colores. Gracias a Dios que no bebo alcohol, porque no sé cómo estaría.

En realidad, no comprendo cómo las chicas se divierten con esto. Yo, me siento incómoda e intimidada por las miradas de todos los chicos. Es horrible la sensación de que te desnuden con la mirada cuando ni siquiera hay razones para que lo hagan porque aunque mi vestido es corto, no es vulgar.

 Al no soportar más la situación por mucho que he puesto de mi parte, me dirijo a buscar a las chicas, pero de pronto me siento algo mareada y creo que quizá sea por el ruido excesivo que provoca un daño en mi equilibrio.

—¡Ava! ¡Tengo que irme! —Grito para que me escuche entre el alboroto—. ¡Asegúrate de decirle a Janet!

—¡Pero sólo hemos estado una hora! ¡¿Por qué?!

—¡No me estoy sintiendo muy bien! ¡El ruido me afecta demasiado!

—¡De acuerdo! ¡Le diré a Janet cuando termine de bailar con ese chico! ¡Cuídate!

Me despido de ella con un beso en la mejilla y salgo lo más rápido que puedo de la discoteca.

Camino buscando mi automóvil. El chofer me dijo que estaría a tres cuadras del antro porque no encontró donde estacionarse y eso me hace pensar que el lugar está bastante cotizado y comprendo por qué no había lugar para moverse con soltura.

Dejando eso de un lado, me duelen los pies por los tacones. No soy de las que se queja en demasía, pero esa fiesta fue horrible y me hastía estar caminando por unas calles raras y oscuras porque no encuentro el lugar donde está mi chofer y mi vehículo. De pronto escucho un ruido detrás de mí, parece que alguien me está siguiendo.

—¿Quién está ahí?

De improviso me empujan hacia la pared y colocan una mano en mi boca para que no pueda hablar.

No puedo creer quién es.

 

Jan. 24, 2019, 4:41 p.m. 0 Report Embed 7
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