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Un corto tiempo de amor


Eran las seis de la mañana, estaban acurrucados, tapados por las finas sábanas de lino, el la abrazaba y ella lloraba. Escuchan unos pasos, varios en realidad, se estaban acercando, poco tiempo les quedaba. El ruido cesó, se oyeron tres firmes golpes en la puerta, y ella sintió que se le desgarraban el corazón. Él le limpia las lágrimas y la besa con pasión por última vez. 


Unos días antes

Se despertó cuando los rayos de sol iluminaron toda la habitación, el reloj marcaba las 9:40.  Se arregló su cabello rubio y se maquilló, era un hermoso día, el cielo estaba despejado. Ella abrió la ventana y dejó entrar la bella brisa mañanera. Luego de la continua lluvia de los días pasados, los pájaros salieron y volaron de nuevo, se escuchaba su armónico cantar. Se cambió, eligió una remera fina de color blanca con flores y unos shorts negros. Fue a la cocina a preparar un café, pero no tenía. El día era tan agradable que decidió ir caminando, el trabajo le quedaba a quince cuadras. Se colocó sus zapatos, cerró la ventana, decidió ir a una cafetería que le quedaba de paso al trabajo que estaba sólo a diez cuadras de su casa.

Cerró la puerta de salida y después de bajar los dos pisos por escalera se puso en marcha hacia la cafetería. Al llegar había una fila de seis personas, por suerte estaba a tiempo, pero no avanzaba más. Cuando faltaban dos para que ella pida, mira hacia atrás y ve que la cola continuaba por fuera del local. Llegó su turno para pedir un café, avanza un paso y un hombre se adelanta y pide un café oscuro, ella sorprendida le toca la espalda, y este se gira.

-¿Si?

- Estoy yo.

-Disculpe señora, vengo corto de tiempo. – Se volvió hacia el mostrador. Quién se cree que es, pensó ella.

-Gracias, quédate con el cambio.- Se le cae la tapa del café y él lo apoyó en la mesada. Mientras él se agachaba, ella sin dudarlo agarra el café junto a dos sobres de azúcar, se apresura y sale de la cafetería.

Sin mirar hacia atrás ella continuaba el camino para el trabajo.

-Discúlpame señora.

-¿Si, qué necesitas? –  no miró al hombre.

-Eso es mío.

-Perdón estoy corta de tiempo.

-Y yo de café.

-Que lástima, los de ahí hacen un café excelente –  Ella siguió caminando, el la siguió.

-Si me vas a seguir, podes caminar al lado mío, no detrás.

-Bueno, perdón ¿Hacia dónde vamos?

-Yo voy al trabajo y vos deberías comprarte otro café.

-A la vuelta. Te voy a acompañar, no es una zona muy segura –  Sonrió dejando a la vista sus brillantes dientes blancos – Ella asintió mostrando una tímida sonrisa.

Siguió su camino hacia al trabajo, el la acompañó y continuó hablándole. Llegaron al trabajo

-Parece que llegué sana y salva, nos vemos.

-¿A qué hora te paso a buscar? – preguntó con entusiasmo.

-¿Qué? No te voy a decir eso.

-Al menos decime tu nombre, yo soy Javier –  Ella sonrió y se dió vuelta.

-Me llamo Agustina.

Las horas que pasó dentro del trabajo parecían eternas, ella no pudo dejar de pensar en él, en su sonrisa y sus increíbles dientes blancos. Trabajó el resto del día, durante el descanso habló sobre él con sus amigas. Ya eran las seis de la tarde y el sol se oponía, dejando unos hermosos colores. Agustina salió y allí estaba él con un gran ramo de rosas. Ella sonrió y se acercó.

-Por favor, decime que no te quedaste todo el tiempo esperándome.

-¿Y qué si lo hice?

- Asusta un poco. –  Ella vió las flores – ¿Son para mí?

-No. Son para el secretario que me mira con una cara de asesino- Se rieron y empezaron a caminar. –  ¿Sabes lo difícil que fue hablar con él? Le tuve que dar toda la plata que tenía en mi billetera para que me diga a qué hora salís. Se oyó la risa de ella.

-¿Vamos a tomar algo?

-Sólo si me dejas pasar primera.

-Sólo si vos pagas.- Agregó él.

Llegaron a la misma cafetería donde se habían encontrado. Se sentaron en una mesa y pidieron dos cafés, charlaron hasta más no poder. Continuaron con salidas y cenas, pasaron varios días juntos. Un día en la casa de él llegó una carta, cuando él la abrió, su mirada cambió por completo, ella al verlo le pidió la carta, él se negó al principio pero cedió. Ella la leyó y sintió que se helaba el corazón.

- ¿Coronel? Esta carta…Esta carta dice que en tres días vas al frente otra vez ¡no puede ser!

Él se sentó en el borde de la cama, ella lo abrazó. Lloraron, ella no quería que todo termine.

-Creo que deberíamos romper, no deberíamos habernos enamorado. No quiero que sufras esperándome - dice Javier angustiado.

 -¡¿Qué?! De qué hablas, no, no. Nos amamos y vamos a pasar estos últimos días juntos. Te esperaré el tiempo que haga falta – Se besaron con amor.

Y así lo hicieron, los últimos tres días no hubo nada que los interrumpa ni arruine su felicidad. El último día decidieron no dormir, hablaron toda la noche y cuando el reloj ya marcaba las seis de la mañana, escucharon los firmes pasos.

 

Jan. 19, 2019, 8:45 p.m. 0 Report Embed 0
The End

Meet the author

Matias Levy Hola! Bienvenido a mi perfil, espero que les gusten mis escritos. Soy diseñador y escritor. Ahora experimento con varias redes sociales de escritores, pero siempre me van a encontrar en Instagram y próximamente mi propia página web. Escribo microrrelatos, cuentos de ficción, fantasía, poderes, magia y ahora mismo una novela basada en Argentina con poderes. Nos leemos, abrazo!

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