Un cotidiano día bajo la lluvia Follow story

jamegerea Jorge Giovani Vallejo López

Un breve cuento acerca de un día cotidiano en un pueblo que existe en las faldas de un cerro.


Short Story All public. © Atribución-NoComercial-SinDerivadas 4.0 Internacional (CC BY-NC-ND 4.0)

#pueblo #niño #vida-cotidiana #lluvia #jamegerea
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Un Cotidiano día bajo la lluvia.

En un pequeño pueblo tan típico y normal, cuyo nombre aún hoy me gusta recordar; un pueblo ubicado en las faldas de un gran cerro.


En un día especial cobijado bajo el manto fresco de las nubes y una fuerte lluvia casi monzónica; debajo de un pequeño y maltrecho tejado que se aferraba a unos viejos soportes de metal negándose a ser arrancado por el fuerte viento que imperaba en ese lugar, un niño se resguardaba en la entrada de una típica tienda local; aguardando impaciente el momento en que se a su casa él se pueda encaminar.


Sin importar hacia qué dirección se volteara a mirar, nada más que una densa cortina de agua se podía apreciar; el estruendoso sonido de los truenos ocasionados por los rayos que emergían, destellaban y consumían en las nubes, rompían aquel monótono y armonioso sonido del viento y lluvia que imperaba en aquel pintoresco lugar.


Salvo, por el sonido de algún automotor que ocasionalmente transitaba por las inundadas calles de aquel pueblo tan típico y normal.


El sonido de pisadas rápidas y pesadas de alguien empapado que, con un rápido andar; trotaba bajo la lluvia evadiendo inútilmente los charcos formados a en toda aquella vialidad, brincando y dando largas zancadas buscando baldíamente evitar mojarse los zapatos; pues si bien evitaba un charco, irremediablemente caía en otro más grande.


Observar, escuchar y esperar era lo único que podía hacer aquel pequeño que por la lluvia no se quería mojar; pronto y sin percatarse de donde, un extraño pronto le acompañó. Una persona que buscando refugio de la lluvia hasta es lugar logró llegar.


Manteniéndose de pie uno al lado de otro y sin mediar ni una sola palabra o mirada, ambos observaban atentos aquella lluvia que caía sin dar signos que en algún momento fuera a terminar.


Truenos, vientos cada vez más impetuosos y tanta agua como jamás se había visto en aquel lugar, pronto convirtieron las calles en un gran caudal.


El agua se apoderó de cada calle en aquel pueblo que en ese momento ya era un poco más singular. Una auténtica Venecia era lo que aquella intensa lluvia había convertido aquel lugar, ya que pronto ni las banquetas se podían apreciar.


Aguas bravas y turbulentas además de los edificios eran lo único que en las calles se podía notar; gracias a la experiencia y la arquitectura tradicional que prevalecía en aquel lugar, las casas poseían un escalón en la entrada que evitaba que las aguas enfurecidas pudieran entrar.


Claro que no todos los escalones eran del tamaño adecuado y la cantidad de agua en aquel momento era demasiada por lo que aquellas débiles defensas apenas y lo inevitable podían evitar; pronto en algunas casas y comercios del lugar, irremediablemente el agua comenzó a entrar.


Para fortuna del niño y del extraño aquella tienda poseía un escalón de gran tamaño en la entrada que el agua no podía sortear y ni al interior ingresar, solo alcanzaba a sus ya mojados zapatos salpicar.


Debido a la intensidad de la lluvia y la inclinación de las calles, la cantidad de agua que circulaba en esos momentos a cada segundo que pasaba era más y más sin parecer que eso pronto fuera a terminar.


Rápidamente las calles comenzaron a parecerse a los rápidos de un río; debido a la intensidad con la que recorría el agua las calles cuesta abajo, tantos baches, rocas y diversos objetos que se encontraban en el camino; le daban al agua aquella turbulencia tan característica de las aguas bravas que en los ríos se suelen presentar.


El niño y el extraño únicamente podían ver como el agua aumentaba y disminuía su fuerza, admirados observaban como aquella corriente arrastraba basura, plantas, trozos de madera, neumáticos y hasta lo que parecía ser un tinaco, el cual probablemente el recio viento de algún techo logró arrancar o de un patio consiguió arrastrar.


- Oh- exclamaron ambos al tal escena observar.


El niño preocupado miraba a su alrededor y se preguntaba si la lluvia pronto se iría a finalizar o si todo el pueblo devastado por el agua iba a terminar. No pasó mucho tiempo para que la lluvia comenzará a menguar, aquellos fieros vientos que por momentos parecían que el pequeño tejado podría arrancar, lentamente pararon de soplar.


La fuerte lluvia pronto se volvió una brisa fácil de llevar y las fuertes corrientes de agua pronto su bravura comenzó a cesar, disminuyendo su caudal. Aquellos truenos que resonaban con furia sin igual; paulatinamente comenzaron a callar y conforme el tiempo pasaba distantes se podían escuchar.


El niño miraba atento como las nubes se comenzaban a marchar de su pueblo natal, llevándose con ellas aquella cortina de lluvia que tanto le había hecho esperar; observaba detenidamente como las nubes en su lento andar, lentamente el cerro se comenzaba a rebelar.


Mientras observaba atento, una gran vieja camioneta frente a la tienda detuvo su andar y el claxon comenzó a pitar buscando llamar su atención; al mirar su camioneta inmediatamente la reconoció; era la camioneta de su abuelo que hasta ahí lo fue a buscar.


El niño se dirigió hacia la camioneta en donde su abuelo mantenía su puerta abierta para permitirle un rápido entrar; pese a que prácticamente la lluvia estaba por finalizar, aún gran cantidad de agua recorría por aquel lugar.


Por lo que se acercó lo más que pudo, se agacho e impulso dando un gran salto, con el cual apenas logró llegar a la camioneta en donde fue recibido y atrapado por su abuelo. Quien con gran habilidad lo ayudó a pasar del lado del copiloto en donde una limpia y gastada toalla lo esperaba con la cual comenzó a secarse.


En ese momento el abuelo cerró la puerta y arrancó el vehículo nuevamente para avanzar por la calle lateral y volver así a casa con su nieto, quien mientras se secaba con la toalla, se arrodillo en el asiento para observar su alrededor y apreciar los estragos de la lluvia.


Durante su recorrido podía ver a personas completamente mojadas caminando en la acera cuidadosamente evitando tropezar con algún objeto o caer en algún hoyo que aquí se encontrara.


Miraba como habías personas claramente molestas y apresuradas con las puertas de su casa abiertas barriendo y echando cubetadas de agua a la calle desde el interior de su casa buscando sacar toda el agua que ya se había metido.


En los cables de luz y teléfono algunas aves que no tuvieron tiempo de ocultarse en un mejor lugar, reposaban mojadas y esponjadas esperando el momento adecuado para nuevamente volver a volar.


En su camino pasaron junto a una arboleda en la cual grandes y numerosas gotas caían de los árboles atraídas a la tierra por la gravedad, que al momento de impactar con la lámina del techo de la camioneta sonaba como si nuevamente la lluvia volvieran a comenzar.


No tardo mucho para que el cielo nuevamente comenzara abrir revelándose entre los pequeños espacios entre las nubes un hermoso, brillante y soleado cielo azul; rayos de luz caían desde el cielo iluminando suavemente la tierra y el pueblo.


Por ahora la lluvia se ha ido, el cielo se está despejando y el niño a su casa a descansar ya ha marchado, para el día siguiente continuar con su vida en este pueblo tan típico y singular.

Jan. 18, 2019, 2:45 a.m. 0 Report Embed 1
The End

Meet the author

Jorge Giovani Vallejo López Aproximadamente desde los 14 años inicie a escribir algunos cuentos propios, me encantan las historias de fantasía, acción y aventura; más aun me gusta escribir con una bella melodia alimentando mi imaginación.

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