Encuentro Sagrado II Follow story

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Billy Crisanto Seminario


La continuación de un encuentro donde la amada es quien dirige con destreza el rito sensorial, mientras él se deja conducir...


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ENCUENTRO SAGRADO II

ENCUENTRO SAGRADO PARTE II
Sus afanosas manos fueron rasgando mis ropas con los dientes. Cuando me tuvo a su disposición, mientras sus manos se movían con audaz destreza, su ardiente boca se apoderó de la mía, moviendo su lengua con tal agilidad que era imposible atraparla. Sentía la más maravillosa sensación de ser casi devorado por diosa terrenal. Fue desplazándose con idas y venidas, conociendo con sapiencia mis centros más susceptibles a la locura sensorial. Hasta que por fin llegó al mástil de mi insospechado poder. Lo acarició, lo besó como si fuera su máximo tesoro, mientras la sensualidad de su mirada aumentaba aún más el fragor de la batalla...
De pronto se apoderó de él casi con desesperación, absorbiéndolo vorazmente, deteniéndose a ratos para enloquecerme, rodeándolo con la punta de su lengua... Me hice un paréntesis en medio del vendaval de este fuego sagrado para pensar, amigos, que no me queda duda que la boca de una mujer bien puede ser la fuente donde divinamente se sacia la sed más agónica de vida...
No obstante, la sacra e inmerecida ceremonia en mi virilidad aún no concluía. Sus dientecitos prodigaban a mis testículos los más sublimes mordiscos, al extremo de liberar mis más desenfrenados jadeos intercalados con las más dulces palabras que podía gesticular...
Traté de hacerme un segundo paréntesis para pensar que la mayoría de mortales, especialmente los varones, nos privamos neciamente de amar a mujer con la veneración que merece su celestial encanto...
Entonces, mitad de gratitud, y mitad de irrefrenable deseo, tomé sus cara y sus cabellos, y la besé con tal intensidad que, sorprendentemente, descubrimos lágrimas que no eran de tristeza, ni de alegría, sino de extrema y elevada satisfacción, les aseguro mis queridos amigos...
Consciente ella de que ese momento sería irrepetible, generosa y sensualmente frotó mi miembro viril entre sus pechos en un ritmo que estuve a punto de no resistir el avizorado cataclismo de mis entrañas. Sin embargo, una palabra suya logró el milagro de dotarme de resistencia. Luego me arrojó a la cama y se sentó sobre mí, con un movimiento circular que pensé no resistir de tremenda excitación. sentía el ritual de sus caderas, intentando atraparlas con mis manos, mientras entraba en su templo húmedo y tibio, que seguramente era un adelanto del paraíso concedido en este mundo...
Y así como era diestra en enloquecerme, también conocía inimaginables "técnicas" para evitar que concluya. Luego, me pidió que la monte cual potra de nácar (como decía el poema), y la visión, la venturosa visión, de la puerta de sus dos volcanes se fue convirtiendo en el colofón de tan desaforado momento. Mi pidió penetrarla por ambos santuarios, determinando dulcemente que ella gobernaría este cenit de placer. Y nuevamente los movimientos de sus caderas se tornaron en la desquiciante plenitud de mi contenida energía. Y ya no pude resistir más. Sentí el torrente de mis entrañas, avanzar en sus generosos conductos, que me sentí desmayar en unos segundos, tan sólo de regocijo, de puro regocijo amigos míos...
Sentí entonces que tanta esplendidez de tan angelical mujer había sido la más grande apoteosis de toda mi vida. determiné entonces de que cubrir de besos cada centímetro de su cuerpo era apenas un tenue gesto de gratitud por prodigarme los más inolvidables momentos de mi soñadora existencia...

Jan. 13, 2019, 3:53 a.m. 0 Report Embed 0
To be continued...

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