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david-guerrero1547080229 David Guerrero

Más que realmente una historia, solo son borradores de un escritor novato que busca comentarios y críticas. Se agradecería mucho.


Science Fiction All public.
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Jess.

Una titubeante Jess caminaba a través de pasillos oscuros. Para los jóvenes ojos de aquella niña, el ambiente le transmitía terror, uno profundo al estar allí sola sin encontrar a su padre. La única iluminación en el instituto era una tenue luz de luna que se escurría por las ventanas. Esa noche esta disponía su fase llena, quizá en otro momento habría sido fantástica para la cosecha, sin embargo era muy probable que nadie en el mundo se fijara en ella al cosechar ahora. No, la situación era muy diferente a hace unos años.

—¿Papá? —preguntó Jess, las lágrimas corrían por sus mejillas y su voz sonaba temblorosa— por favor papá… ¿Estás ahí? Perdóname… Y-yo no quería.

A Jess le temblaba el pulso. Llevaba el florete, hecho de titanio con punta de diamante forjado y afilado, en su mano derecha, caminando en guardia lista para lanzar un ataque. Los cuerpos deshidratados de los criminales yacían a sus espaldas, eran más de 20 y todos con un pequeño agujero en su cuerpo, causados por Jess. En el momento que consiguió su arma, jamás imaginó que un solo pinchazo a alguien lograría que todos los fluidos del cuerpo se esfumaran. Todo el arsenal de los integrantes del grupo contaba con diferentes habilidades, y juntos formaban un equipo muy equilibrado. Pero nunca pensaron que serían separados de tal forma que pasarían días solos.

—Papá yo te amo, eres mi padre y has hecho mucho por mí aún cuando mamá se fue —dijo Jess con tristeza, esperando que su padre escuchara sus palabras. Los intervalos entre cada paso aumentaba cada vez más, avanzaba dubitativa y temerosa. En el momento que se separó de su padre no sabía que más hacer, sólo buscarlo.

Se asomaba por cada puerta del pasillo, una por una, observando el interior. Su mirada preocupada recorría cada rincón de los salones del complejo. Había visitado cada lugar en la primera y segunda planta. Sus esperanzas se depositaban en aquel tercer nivel en el que se hallaba. De vez en cuando alguien corría desde el interior de la habitación hasta la puerta que producía ruido al ser abierta, siempre era un criminal, y siempre terminaba el cuerpo en el suelo, completamente seco. Aunque hubo algo diferente después del último criminal asesinado, la hoja del florete comenzó a brillar, un brillo plateado bajo la tenue luz de luna que accedía por las ventanas.

—Bueno… ahora podré ver un poco mejor —dijo Jess en voz baja para sí misma, aunque al igual que todo lo que había dicho antes, nadie la escuchaba. Las horas transcurrían y la luna seguía simplemente allí, el día era reacio a llegar.

Pasos.

Jess escuchó pasos lejos de su posición.

¿Cómo es posible? Se escuchan… son —pensó, girando su cabeza a la derecha, mirando la zona este del instituto. La estructura formaba una gran U. Un ala oeste y otro este, que luego ambas se unían en el norte por un corredor. Jess se encontraba en el sector oeste—, son pasos pesados, pero ¿Cómo puede ser que el sonido llegue hasta aquí?

En medio de la edificación, se encontraba la zona sin techo con una pequeña sección de arboles. Se ubicaba entre ambas secciones del edificio y era visible desde los corredores de todo el complejo puesto que sus ventanas daban una vista clara del corazón de este.

Jess caminaba ahora tambaleante, el miedo se apoderaba de ella.

Aquellos pasos no eran los que los criminales solían dar. Aquellos pasos eran mucho más lentos, pesados y transmitían una sensación de peligro. Por la dirección que tomaba aquel sonido, lo que sea que fuera el origen del agobiante eco, éste ahora se encaminó al final del pasillo del ala paralela a Jess, mientras ella seguía hasta el final del corredor en el que se encontraba.

Los pasos eran contundentes, algo pesado se estaba moviendo. El ambiente no ayudaba demasiado a Jess a encontrar un lugar feliz en su cabeza. En el centro del complejo se encontraban un montón de arboles de madera, que crujía con furia por consecuencia del viento. Para una niña de siete años no era una situación agradable, en los últimos meses se había adaptado un poco a la nueva situación, pero todo gracias a su padre el cual ahora no encontraba por ningún lado.

Su pequeña estatura le ayudaba a ser ágil, y con su entrenamiento junto al grupo desde lograr invocar su arma, la hacía una peligrosa adversaria. Jamás perdió su aire infantil desde el inicio de la catástrofe, sin embargo estaba al tanto de que ser inmadura e infantil podría llegar a ser la causa de su muerte. Después de todo, el sabio se lo dijo.

Un trueno.

Si el ambiente era aterrador para la pequeña Jess, ahora lo era aún más. El impacto fue en medio del complejo, en la zona de arboles. Pronto las primeras llamas se comenzaron a alzar y en pocos minutos, éstas ya estaban consumiendo los arboles. Jess sólo se fijó en el lado positivo de la situación, al igual que lo hacía en cada momento, ahora tenía una mayor fuente de luz. El movimiento del fuego y su constante aumento daba una iluminación anaranjada como el atardecer.

Atardecer que Jess no veía desde hacía ya tiempo, días, ningún rastro de sol, su estadía en aquel instituto ya era lo suficientemente prolongada para ella. Deseaba localizar a su padre y largarse. Siguió su camino hasta el final del pasillo. No notó que en el momento que el fuego se alzó, los pasos contundentes se habían detenido. Apresuró su propio paso.

¿Qué pudo suceder? ¿Por qué ya no hay más ruido? —Cuestionó Jess en su mente— debo apresurarme, encontrar a papá e irnos de aquí.

Estaba inmersa en sus pensamientos tratando de recordar en qué momento se separó de su padre, cuando llegó al final del pasillo, ahora sólo quedaba el cruce a la derecha para descubrir el origen del ruido. Jess apoyó su espalda a la columna de aquella esquina que sostenía parte del complejo, como cualquier otra columna. Asomó un poco su cabeza, sólo lo suficiente para ver a través de aquel segundo pasillo, el fuego ya estaba comenzando a apaciguarse. La lluvia tanteaba las ventanas, y la llovizna había llegado arrebatando poco a poco la luz de aquella llama que antes perduraba en mitad del complejo.

Entonces con la débil luz de luna, vio una silueta a la mitad de aquel pasillo, justo frente a las escaleras principales.

Una silueta poco común, la criatura desconocida era enorme, al menos tres metros de altura. Su parte superior lucía como un cumulo de tumores hinchados a punto de explotar, un brazo gigante a su derecha, unos dos metros de largo. Lo que parecían ser 4 piernas no muy grandes. Jess no lograba identificar que era exactamente eso, y a su impresión, estaba expulsando constantemente algún tipo de líquido desde ciertas zonas de su cuerpo.

Otro trueno.

Todo se iluminó por completo. Detalló ciertas cosas que no logró ver anteriormente. En el centro de la entidad se ubicaba lo que se asemejaba a un gran ojo, pero al contrario de un ojo normal, éste era de una iris roja,  un rojo tan profundo como la sangre coagulada. El resto del ojo siendo una coloración negra, tan intensa como el vacio del abismo. En su cuerpo habría al menos treinta pústulas del tamaño de un ojo humano, esparcidas por toda su complexión, todas expulsando una sustancia verde y de un fuerte olor repulsivo. Aún a la larga distancia que se encontraban, el olor le producía arcadas. La tonalidad de aquella criatura, se asemejaba al color verdoso de aquel líquido que excretaba, con ciertos cambios bruscos a un color morado rojizo.

Jess se le escapó un pequeño grito al verlo claramente por el corto momento que la luz penetró en las instalaciones, esa criatura le transmitía terror. El ruido fue lo suficientemente alto para ser escuchado por la criatura, y Jess notó que había sido descubierta. La mirada de la criatura se fijó en la ubicación de Jess en una milésima de segundo, ésta última se encontraba estática, paralizada.

—Monstruo —susurró Jess, manteniendo contacto visual con la criatura. Sus piernas temblaban ferozmente.

El iris de aquella atrocidad comenzó con un movimiento repetitivo y rítmico. Izquierda a derecha, derecha a izquierda, aumentando la velocidad. En algún momento el color del iris empezó a variar en sus tonalidades. Las ventanas que rodeaban el monstruo estallaron, el techo y suelo sobre el que se encontraba colapsaron pero esto poco importó. Aquello estaba flotando.

Jess se armó de valor para moverse, y salió corriendo de vuelta por donde vino. Habiendo avanzado por lo menos treinta metros, en la zona en la que ella se encontraba anteriormente ocurrió una explosión de corto radio. Jess se encontraba ya junto a las escaleras al final del pasillo, no obstante la fuerza de la explosión sacudió el edificio haciéndola caer de bruces.

Sus oídos sangraron levemente.

—Papá… —jadeó, incorporándose lentamente, sentía un constante dolor por la intensidad de lo ocurrido— ¿Dónde estás, papá? Necesito tu ayuda aquí…

Cuando se levantó por completo, miro a sus espaldas por encima del hombro. Aquella esquina en la que anteriormente se localizaba, estaba casi destruida por completo y ahora había un gran cráter que conducía al segundo piso. El monstruo no se encontraba a la vista. Aprovechó el tiempo para chequear su cuerpo en busca de alguna herida. Tanteando con sus manos, notó que se había herido ligeramente sus palmas  y rodillas. El dolor no era intenso pero la pequeña no estaba acostumbrada a sentirlo, Jess comenzó a gimotear y las lágrimas fluían por su rostro.

Ya no conocía la razón de su llanto, ¿Era por el dolor? ¿Quedar abandonada?  ¿O quizá por no recordar cómo terminó allí en primer lugar? No, no tenía una respuesta concreta a sus sollozos.

Comenzaba a perder el equilibrio y sus piernas le fallaban, pero necesitaba mantenerse fuerte para sobrevivir. Cuando logró estabilizar su cuerpo, escuchó un ligero zumbido que aumentaba periódicamente. Miró la zona que acababa de ser destruida y logró visualizar al monstruo flotando sobre el agujero, sobrevoló sobre éste y se acercó un poco en el aire hasta tener suelo por debajo.

Aquello se posó suavemente en el piso y enfocó su ojo en Jess, ella sabía que debía de escapar, vio las escaleras a su izquierda, las cuales conducían a la segunda planta. Cuando estuvo a punto de salir corriendo notó que el monstruo inició con su movimiento hacia ella. Colocó su enorme brazo en frente y apoyándose en el, movió el resto de su cuerpo como si de una muleta lo usase. Era lento, o eso aparentó en su primer movimiento. De la nada la velocidad aumentó drásticamente, con la fuerza de esa abominable extremidad recorría grandes zancadas en segundos.

Jess giró y corrió escalones abajo, su vista estaba nublada por culpa de las lágrimas. En la zona de descanso de las escaleras se detuvo unos segundos para mirar por donde acababa de venir, y vio el monstruo pasar a una velocidad abrumadora. Un fragmento de segundo después de verlo pasar de largo, escucho un golpe tremendo. La criatura atravesó la pared del final del corredor.

La pequeña siguió en movimiento rápidamente hasta llegar a la segunda planta, su suave tez blanca sudaba, pareciera que estaba transpirando leche. Y sus rizos negros, despeinados, caían sobre sus hombros. Una vez en lo que parecía una situación segura, echó a correr a través del pasillo del nivel en el que se hallaba.

Ya no le quedaban muchas opciones, por lo que decidió ir por las escaleras principales y salir del edificio, durante la segunda altura no hubo muchos inconvenientes, y el monstruo no lucía dispuesto a parecer de nuevo. Tuvo camino limpio de amenazas hasta las escaleras principales. Solo estaban los escombros que cayeron desde arriba.

Una vez frente a ellas fue consciente de lo que le esperaba, estaba sin su florete en mano desde la tercera planta. Por lo que consideró la idea de invocarlo.

El sabio les habló en su momento de las armas, eran una especie de forma de defensa que se relacionaba con los sentimientos del portador. Sus capacidades variaban en torno al portador y el momento en que se invocaban. Su única desventaja recaía en que al clamar por ellas, las emociones del sujeto se alteraban drásticamente al primer momento en que consiguieron su arsenal.

Por lo tanto si ella llamaba por la suya, todos los sentimientos de miedo se apoderarían de nuevo de su ser, y eso la colocaba en una posición estratégica deplorable. Así que decidió volver por su florete en lugar de invocar a éste mismo.

El dolor en su cuerpo aumentaba cada vez más, en los últimos días le había exigido mucho y sus músculos escocían. Pero aún con el malestar volvió por el pasillo a las escaleras del final.

Si subo por las principales no podré llegar a mi florete, el cráter en el suelo me lo impediría —pensó, razonando una solución rápida, era algo que había aprendido de June—, quizá si logro asestar un golpe con mi florete a esa criatura, la puedo vencer. Entonces podré buscar a mi padre.

Caminó despacio, no quería forzarse de más. Giró la mirada al centro del instituto, vio como todos los arboles estaban totalmente en cenizas, y también a la criatura. Estaba totalmente quieta bajo la constante lluvia, pero para evitar inconvenientes, Jess se agachó y fue gateando hasta las escaleras.

En las escaleras tomó un pequeño descanso,  jadeante, se recostó en la pared. Jess no se cansaba con facilidad, pero ya llevaba mucho tiempo sin un descanso apropiado. Pero ahora no era el momento, por lo que se colocó en marcha de nuevo. Ya estando en la tercera planta, asomó su cabeza por la ventana tratando de localizar el monstruo.

No estaba. Desapareció.

Jess se impresionó.

¿A dónde pudo haber ido? —Pensó intranquila— Si me ataca por sorpresa estoy perdida, debo moverme.

Pero había algo más en el centro de todos los arboles en cenizas, vislumbró un pequeño destello morado, pero tuvo la osadía de simplemente ignorar lo que sea que aquello fuera.

Apartó sus ojos del corazón del complejo y dio una mirada rápida a la zona interna en busca del florete, hasta que lo localizó a unos dos metros de su posición, su brillo plateado lo hizo fácil de encontrar. Se avecinó a el y lo recogió. Posó su mano en la hoja observándola. Pero no la pudo apreciar lo suficiente cuando un ruido la comenzó a molestar. Un zumbido.

El ruido provenía desde el exterior a sus espaldas, sabía lo que era, pero no estaba segura de sí misma para enfrentar aquella criatura. Corrió por el pasillo rápidamente hasta el cráter, puesto que ir en dirección al ruido sería un suicidio. El zumbido cesó y Jess giró.

Eso estaba flotando fuera de las instalaciones, por el agujero que causó al atravesar la pared momentos atrás. Levitó lentamente hacia el interior hasta encontrar una superficie donde pararse, posándose suavemente en el suelo. Apoyado en sus cuatro piernas y mirando fijamente a Jess, la cual estaba perpleja ante sus posibilidades de escape. El iris del monstruo inició de nuevo el movimiento rítmico de la primera vez.

Jess recurrió por su única opción, saltó al cráter hacia el segundo piso. Gracias al montón de escombros debajo del cráter la caída no fue de gran altura, por lo que salió ilesa de ésta. Descendió de la cima los restos y se movió lo más rápido que pudo en dirección de las escaleras principales. Bajó por éstas velozmente, a mitad de su descenso escuchó otra explosión, trató de ignorarla y terminó por llegar por completo frente a las puertas de la planta baja. Las cuales desembocaban en el centro del instituto.

Suspiró con alivio. Sim embargo, cuando escuchó fuertes y consecutivos golpes acercarse se le escapó el aliento. El monstruo apareció por uno de los pasillos de la primera planta, y a la misma velocidad que llegó, se acercó a Jess. Ella empuño su arma apuntando a la criatura que se aproximaba demasiado rápido. Y escuchó un sonido diferente.

El característico sonido de su florete atravesando algo.

Por la rapidez con la que se acercó el monstruo, y la posición en la que el florete se encontraba, fue clavado directamente en el ojo. Todo se congeló por unos segundos.

—¿Lo hice? —preguntó, aunque no hubo respuesta directa.

La habilidad especial de su arma era ocasionar que todo líquido en un cuerpo desapareciera completamente.

Pero esto no ocurrió.

Jess sostenía con firmeza el florete, miraba fijamente a la criatura ahora de cerca, pero todo fue muy rápido. El monstruo alzó su brazo y con el dorso de éste dio un fuerte golpe a Jess que la mandó fuera de las instalaciones a través de la puerta. El cuerpo de Jess cruzó desde la entrada hasta el núcleo del instituto, dando vueltas por la superficie siendo constantemente golpeada. Hasta que chocó violentamente de costado contra uno de los troncos calcinados, deteniendo su avance por completo.

La pequeña se encontraba en el suelo, inmóvil, llorando por el dolor e incapaz de realizar el más mínimo movimiento. A causa del golpe propinado por el monstruo, no fue capaz de mantener aún su arma en mano.

El florete estaba a los pies del monstruo, quien observó el arma en el suelo, seguido de tomarla en manos. Un movimiento de su brazo mutante fue lo que vio Jess.

Con su costado izquierdo en el suelo, observando de frente su destino. En medio de la noche lluviosa, iluminada por la luna, Jess vio como aquella arma ahora se dirigía en su dirección. Acercándose velozmente a través de la lluvia, en línea recta hacia ella, con su fulgor de plata. Jess lloraba amargamente, iba a morir y no había encontrado a su padre, sus amigos probablemente estaban muertos también en algún lugar desconocido. Quizá en medio de la nada al igual que aquel instituto.

El arma mantenía su dirección precisa, con su afilada punta dirigiéndose al suelo. Y en éste se hallaba una pequeña niña de rizos negros y tez blanca.

Segundos después fue atravesada en el estómago por el florete.

Jan. 10, 2019, 1:14 a.m. 0 Report Embed 0
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Meet the author

David Guerrero Joven Venezolano aspirando a ser escritor. Si no puedo vivir en un mundo como realmente lo quiero ¿Por qué no crearlo?

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