El actor silencioso Follow story

fran-laviada Fran Laviada

¡Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente! (Groucho Marx).


Humor For over 18 only. © Francisco Álvarez Arias.

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El actor silencioso


 


 

Cuando alguien mejora estando callado, es preferible quedarse mudo que abrir la boca.

   ¡Es mejor estar callado y parecer tonto, que hablar y despejar las dudas definitivamente! (Groucho Marx)

 

Era un actor malísimo, incluso para formar parte de un grupo de teatro de barrio, sin embargo se las ingenió para entrar (por la puerta trasera en el mundo del cine, aunque las malas lenguas, decían, que en realidad por donde se había colado, era metiéndose en la cama de la hija de un poderoso productor, aunque nunca se pudo comprar, si eso fue cierto, ya saben ustedes que las envidias son dueñas de lenguas venenosas, así que lo dejaremos en una duda más o menos razonable).

   Pues nada, que volviendo al actor y a sus pésimas dotes para el noble arte de la interpretación, habría que decir, que su nivel dramático aumentaba considerablemente cuando en las escenas en las que le tocaba intervenir, no había diálogos, es decir que mientras no tuviera que hablar todo iba más o menos bien, ya que una de sus virtudes principales era la de hacer de estatua, algo que no se le daba nada mal, y que fue perfeccionando película tras película, aunque la verdad que su carrera fue más bien corta (de nuevo las lenguas de doble filo dijeron que aunque se seguía tirando a la hija del gran productor, esto ya no le servía para nada, ya que el hombre, que se había hecho rico con el cine, decidió cambiar de negocio, dedicándose al narcotráfico, que era más arriesgado que el “Séptimo Arte”, pero mucho más lucrativo, quizás otra de las lenguas viperinas destilando su bilis, pero, ¿y si era cierto?, de nuevo más interrogantes para añadir a la historia).

   Lo que desde luego sacó de provecho nuestro protagonista (si hacemos caso a los rumores, insistimos en ello, por si nada de lo aquí expuesto fuera cierto), fue el placer del coito con la mencionada hija del productor, que estaba como un cañón, y eso si puede confirmar que era cierto, pues un servidor también intento acostarse con ella, pero claro, yo no era actor, tan solo un simple guionista, y entre un actor, aunque sea muy malo, y un modesto junta letras, no hay punto de comparación, es decir, que gana el intérprete y por goleada, y si a esto añadimos que él, era alto, guapo, rubio y estaba cachas, y yo soy más bien bajo, con poco pelo, moreno tirando a gitano, y no tengo ni media hostia, pues, no hace falta añadir nada más.

   Al final no se supo más de aquel actor silencioso, del que de nuevo otras lenguas (no se sabe esta vez sí eran buenas o malas), afirmaron que se había metido en una compañía de mimos, así que quizá sea posible cualquier día verlo en algún espectáculo de pueblo haciendo muecas o en plena calle ejerciendo de hombre estatua, de esos que se pasan horas sin moverse y dejan a sus pies un pequeño recipiente para que la gente que pasa les deje unas monedas. En fin, una pena de artista mal aprovechado, según dijeron algunos que le conocieron (probablemente buenos amigos).

   ¡Lástima que no hubiese nacido cien años antes, porque habría sido una gran estrella del cine mudo!

   Pero bueno, eso lo podemos decir todos con respecto a nosotros mismos, quizá yo, si desde pequeño hubiese podido escribir con la facilidad que ahora me permite un ordenador (con corrección ortográfica incluida, en vez de tener que utilizar el artesano tipex), hubiera escrito más cosas que hubiesen merecido la pena, en vez de tener que aporrear una máquina de escribir mecánica con unas teclas tan duras que para manejarla tuve antes que hacer ejercicios de musculación para que los dedos pudieran teclear con la fuerza necesaria, y aunque después vino la máquina de escribir eléctrica (eso ya era otra cosa), yo ya me había cansado de aporrear el teclado.

   Al final, la conclusión, es que nadie nace cuando le conviene, unos tenían que haberlo hecho mucho antes, como el actor, y otros mucho después, como un servidor, y también habría que decir, que otros muchos (malvados, por llamarlos de alguna forma), no tenían que haber nacido nunca, pero eso es otra historia que quizá algún día me decida a contar…


Fran Laviada.

Jan. 9, 2019, 7:36 p.m. 2 Report Embed 1
The End

Meet the author

Fran Laviada Editor de contenidos. Especialista en Liderazgo y Motivación. Técnico Deportivo Superior. Entrenador Nacional de Fútbol. Profesor de Enseñanza Deportiva. Articulista y Escritor. La imaginación nos permite darle tienda suelta a nuestra creatividad para que nos lleve volando con las alas de la inspiración a un universo fantástico que nos aleje de la cruda realidad, aunque al final no tengamos más remedio que volver a ella y poner nuestros pies en el suelo de la auténtica existencia diaria.

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Alex Hernandez Alex Hernandez
Conozco esa historia
1 week ago

  • Fran Laviada Fran Laviada
    Supongo que en la realidad habrá muchos casos similares a los que se cuentan en la historia publicada, que es totalmente de ficción. Gracias por tu comentario. Un saludo. 1 week ago
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