El Escribano de Asmodeo. Follow story

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Eduardo Brett Gonzalez


Una historia narrada por el propio protagonista un veintiañero promiscuo, grosero y adicto al tabaco, donde cuenta sus aventuras como empleado de Asmodeo, el demonio de la lujuria a quien vendió su alma solo por no poder controlar sus propios impulsos sexuales.


Science Fiction All public.

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SlowMotion

Solía pensar que tenía al mundo agarrado de las bolas, en mi estupidez y megalomanía olvidé que no importa cuántos contratos firmes con el diablo o cuanto le beses el trasero a Dios no hay manera de controlar el destino. Que aunque no esté escrito en una pared de mil años sino que se decida en una fracción de segundo es tan ineludible como el incómodo momento en el que tu novia se da cuenta que te acuestas con su mejor amiga y con su hermana.

     Lo peor de todo y lo que más lamento en este momento es caer de espaldas desde cien metros de altura hacia un poso de fuego y no tener un cigarrillo para gozarlo, imagino que en este punto mi monólogo no les ha dejado claro que coño está pasando así que empezaré desde el comienzo, una de esas frases de mierda que uno dice para iniciar retrospectivas y darle inicio a la historia, pero verga que si uno la repite varias veces redundar de esa manera parece bastante estúpido.

 

     Todo empezó hace un año, estaba viendo las noticias con mi papá, una de esas cosas que comparto con el viejo franchute, para este punto debería ser Cónsul pero él no es como yo, el viejo tiene una moral intachable, trabajó como asistente consular por más de treinta y cinco años alrededor del mundo hasta que hace dieciséis nos vinimos a Caracas, pero bueno Jason Burnsang está jubilado.

      Total que luego de las sociopendejada del siglo XXI y la publicidad anticomunista sobreactuada de la oposición  al fin pasó algo interesante, un tipo en un traje plateado sobrevolando La Guaira, también uno con un traje azul cayendo con el Katatumbo en medio del puente para detener a unos secuestradores, esa misma semana comenzaron los documentales primero los dos niños de Punto Fijo que combatieron a la mafia cambiando de forma y haciéndose invisibles, luego en noticias internacionales comenzaron a aparecer superhéroes por todas partes, Colombia, Argentina, México, Estados Unidos, Brahm.

      La era de los héroes había comenzado, con lo que no contaban era con que esa semana específicamente, los malandros, tukkys, traficantes y capos habían sido superados por una nueva clase de criminal más peligrosa "Supervillanos" ahora a parte de cuidarte de los motorizados tenías que cuidarte de que alguno escupiera fuego o algo así y lo peor de todo es que como cosa rara, en vista de que la semana estaba comenzando eso no fue lo más raro que pasó.

 

      La vida nocturna en Caracas es bastante activa, puedes preguntar por mi, Jacobs Burnsang en cualquier disco y sabrán quien soy, cabello largo, alto, musculoso, ojos verdes, algo pálido para el gusto de algunas pero aquí se le habla a alguna muchacha en cualquier otro idioma y se le doblan las rodillas.

      Lo mío es el francés, el idioma del amor y claro mi colección de trajes también ayuda, el de ese día era negro, camisa blanca y corbata negra, les sorprendería lo que ser francés ayuda a conseguir ropa, mujeres y queso, es un poco racista si uno lo piensa pero los estereotipos existen porque nadie los rompe, bueno a decir verdad papá es francés pero mamá es venezolana ya saben mitad y mitad, Erika Vasidon...si, como la marca de cigarros, me los regalan, así que sufro de una pequeña adicción, creo que ya llevo tres párrafos divagando pero lean cualquier libro las primeras líneas siempre son para explicar cosas a las que el autor le da fastidio explicarte más adelante.

       Bueno ya saben quiénes son mis padres y yo, ahora hablemos de mis dos hermanos; uno mayor David, es abogado penalista, tiene treinta y dos años, cuatro hijos y engaña a su esposa con su limpia piscinas de veinte años. Mi otro hermano es mucho más inocente Jeanpaul, tiene ocho años y ama el futbol, seguramente va a ser un Gattuso o algo así quien sabe no soy muy familiar que digamos, los describiría a todos pero eso es lo bueno de ser narrador protagonista, no tienes que ser demasiado específico ¿En qué iba? Ah claro, decidí que como era lunes tenía que irme de fiesta, tengo un dicho: toda la semana es un viernes y si no es un sábado, ¿debería estar terminando mi doctorado? claro, ¿No debería beber tanto? y ¿el alcohol mata? por supuesto, que fumar mata...bueno eso no tengo que explicárselos, además estoy legalmente obligado a hablar bien del siniestro conglomerado tabacalero internacional que me patrocina el ron y los condones.

 

      Ese día lunes casualmente me encontré con Roxette y que el nombre de prostituta no los engañe, bueno de hecho si es prostituta, digo no habló de dinero cuando me susurró con ese pervertido acento ruso que me fuera con ella al motel convenientemente ubicado delante del club, tampoco hay que ser científico de cohetes para deducir cuestiones simples.

 

        No sé qué fue lo que me convenció, su vestido de cuero negro, sus ojos azules, ese gran trasero y ese par de tetas enormes, el cabello negro bien recortado, si eso muchachos no es una invitación no sé qué coño es, así que como persona bien educada y con valores la seguí al motelito. Una cosa llevó a la otra y se imaginarán como terminó todo, el problema principal fue como desperté al día siguiente, tenía algunas heridas en la espalda y en las muñecas, rasguños, latigazos, cosas comunes con ese tipo de chica lo que no era común era la visión borrosa, los mareos y la sangre en la nariz.


— ¿Qué carajo me hiciste? —Le pregunté.

      Cuando salí de la habitación toda destrozada y sucia hacia una pequeña sala en la que compartía un café con un tipo, noté que vestía un pulcro traje negro, tenía manicura recién hecha, dientes perlados, tez bronceada y ojos de un profundo marrón rojito, su cabello iba en concordancia con su porte, castaño oscuro con algunos bucles que caían hasta un poco arriba de los hombros, por cómo se veía su complexión era obvio que mi metro ochenta no alcanzaba su metro noventa y bueno también era mucho más musculoso que yo, sus pies eran otra historia, iba descalzo y aunque todo estaba sucio sus pies seguían inmaculados, no estaba seguro de que había pasado, lo que quedaba claro era que debía tener cuidado al tratar con esa gente, toda la noche pasó demasiado rápido pero a partir de aquí los minutos pasaban en Slow motion.

Jan. 9, 2019, 9:58 a.m. 0 Report Embed 0
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