El Hijo De Dios Follow story

theboyflash Eliezer Hernandez

Esta es una serie de historias que cuentan como un ángel fue desterrado del cielo y fue encerrado en el cuerpo de un adolescente. Junto a el estaba la espada flameante, el arma mas poderosa de todas. Deberá decidir que hacer con los humanos, para ello tendrá a los dos ángeles mas poderosos de todos para aconsejarlo y vivira como un humano para tener una perspectiva de que debe hacer con ellos.


Teen Fiction All public.

#Filosofia_Religiosa #Adolecentes-Lucifer-Espada_Flameante #angeles
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EL Hermano DE Lucifer Y Miguel (primera parte?

¿Alguna vez te has preguntado por qué estás aquí, vivo? Bueno, yo no. Oh, por lo menos; no hasta hace de un tiempo hacia acá. Siempre creí que mi labor seria solo mantener un registro de las malas obras de los humanos, realmente me encantaba condenar a esos desgraciados violadores, ladrones y políticos. Pero heme aquí ahora, atrapado en el cuerpo de un adolecente humano con la espada de Miguel, la espada flameante o la espada del juicio; para los nuevos en el tema. Es increíble que mi Papá me haya encerrado aquí, en este cuerpo humano. No me mando a que tomara forma humana, ni que viniera como ser espiritual; me encerró en este cuerpo. He intentado salir todos los días, en el alba. Aun no logro ningún proceso; claramente tengo que hacer algo aquí. Esa labor debe ser algo sobre un sueño que me dio. Aunque no dijo nada. Nunca dice nada. En el sueño estoy yo y dos de los Ángeles más poderosos que hayan existido; Lucifer y Miguel, justo tras de mí. Mis hermanos. Luego de ese sueño deje mi hermoso hogar en el cielo y desperté en una casa humana abandonada; lo digo por la abundancia de telaraña y  la pintura de las paredes  que cae como caspa.

 Por si no fuese poco, a mi lado, en un viejo colchón sin relleno, estaba la espada que tanto cela mi hermano, la espada flameante de Miguel, un arma hecha por El Todopoderoso en persona, algunos de mis hermanos querubines dicen que Papá la hizo irrompible y está cubierta por la sangre de Él. Aunque no creo que pueda estar cubierta de sangre, y menos si es la sangre de Papá. Siguiendo con el sueño; mis hermanos estaban a mis espaldas y en mis manos estaba la espada, había un reloj de bolsillo que caía lentamente y tanto mis hermanos como yo sentimos un gran temor, y a la vez ansias. El reloj marcaba cinco minutos para las doce de la noche en números romanos. La mitad del reloj, donde estaba la hora de I a VI estaba manchada de sangre, la otra mitad del reloj estaba llena de carbón.

 Puede dignificar que me encargo la tarea de decidir qué hacer con mis hermanos o con los humanos y me dio un tiempo para eso. O tal vez solo signifique que se hizo un reloj y que le cayó mermelada en un lado y carbón del otro, y que quiere que le encontremos uno igual pero de color negro, como la espada. Realmente no lo sé, con Papá nunca se sabe lo que quiere. Eso es algo irritante.

 Aunque espero que sea la primera opción; que deba eliminar a los humanos. En estos millones de años han existido muchas plagas, pero la peor de todas es la humanidad. No me molestaría acabar con todos ellos, a si sea que deba hacerlo uno por uno con esta espada.

Estoy recostado en una pequeña colina no muy lejos de la casa donde vivo, suelo venir aquí para pensar y salir un poco del sistema de cosas humanas, este es un lugar que solo frecuento yo y es un lugar que quiero conservar así, con su grama llena de pequeñas gotas de agua y con un aire frio y con olor a hojas pino, pero sobretodo quiero que sea un lugar en donde solo este yo y nadie más, ni criaturas espirituales o humanos. Dejo estar aquí a los pájaros y algunas ardillas pero solo porque técnicamente esas criaturas ya vivían aquí antes de que yo descubriera este hermoso lugar. El cielo está despejado y al mirarlo me pregunto si… mi padre me está viendo, ¿Los estará haciendo? No lo sé… mi padre es uno de esos que es de poco habla; sé que si estuviera mucho tiempo cerca de él su luz podría consumirme, después de todo es la energía del gran Todopoderoso y eso… pero a veces quisiera hablar con el más seguido y sin un intermediario o un sueño al que tengo que darle varias horas de reflexión para poder entenderlo.

 A lo lejos oigo la voz de mi madre humana, Vanessa, diciendo – ¡Ezrá, no dejes que la comida se enfríe! —

 Es como si cada vez que alguien me llamara la paz y la hermosura de este lugar se fuera abajo; sea mi madre o su esposo, o Papá, o alguno de mis hermanos. Por esa y otras razones no me gusta que nadie venga aquí.

 Inhalo y exhalo lentamente para prepararme para ir a mi casa, miro a mi alrededor; los arboles de pino, el pequeño árbol de moras que esta junto a mi; aun no me como la primera de sus moras; las estoy guardando para una ocasión especial, miro la grama mojada por el rocío de la mañana y me despido de este lugar dándome vuelta y fijando mi mirada hacia el camino que da a la casa de los humanos que me asignaron como padres. Después de pasar los arboles de pino que forman una pared que protege al lugar donde estaba todo es diferente; solo hay maleza que casi no me deja ver el sendero por el que voy, cadillos que se pegan a el pantalón jean negro que traigo y, algunos, a la chaqueta negra que llevo; me gusto esta chaqueta una vez que la vi, pero por ser larga hasta casi llegar a mis rodillas le tengo que quitar los cadillos cada vez que entro y salgo de aquel lugar.

 —«Huelo a humo. –Pienso mientras intento averiguar de dónde viene ese olor tan familiar. –Eso me recuerda a alguien… Lucifer... No son más de las siete de la mañana y ya viene a molestar.»

 A mi diestra dos metros cuadrados de maleza se secan casi tan rápidamente como se prenden fuego. De la maleza encendida sale mi hermano mayor, el infame y carnal Lucifer. Muchos piensan que es algo así como un hombre con cuernos y piernas de cabra, eso lo invente yo para fastidiarlo, en realidad, en su forma de humano, es un hombre de unos treinta, cabello negro bien peinado hacia atrás con gel fijador y piel blanca, ojos café; aunque a veces; cuando está enojado o aburrido; le gusta hacer que se vuelvan completamente rojos; es como un serpiente de cascabel; si vez que la serpiente agita su cascabel es porque debes alejarte; Lucifer hace lo mismo, solo que con sus ojos, casi siempre usa su traje de seda italiana de color negro, una corbata roja, sus zapatos gabardina y en su dedo anular lleva el anillo que le dio Papá varios milenios; mucho antes de que se revelara, a decir verdad me sorprende que no se lo quite nunca, es alto, más o menos de uno noventa, delgado y, según muchas de los humanos y humanas con las que se acuesta, un semental como ninguno.

 —Hola hermanito… –Dice mientras se limpia las cenizas que caen sobre su fino traje; después que termina de hacer su entrada dramática. Pinta una sonrisa macabra y burlona y me pregunta. – ¿Listo para unirte al lado oscuro? Sabes que con esa espada seriamos invencibles, la tierra se arrodillaría ante nosotros y ni siquiera Miguel lograría hacer algo para detenernos.

 —«Siempre es lo mismo. –Pienso.» Niego con la cabeza entre risas y le digo –Vamos Lucifer… ¿Qué no te cansas de hacer enfadar a Papá?

 —La verdad no, ¿No has escuchado el refrán humano? Ese que dice “Molestar a alguien es uno de los placeres de la vida”. –Se ríe a carcajadas y coloca sus manos en sus bolsillos de tela fina, se inclina hacia atrás mirando al cielo y su risa burlona y exagerada rápidamente  desaparece al ver caer una bola de fuego que cae hacia el lugar donde estamos. –Oye hermanito… ¿En el noticiero del clima dijeron algo sobre lluvia de fuego? O acaso, ¿Finalmente me alcanzó la locura? –Me mira fija y seriamente mientras yo encarno una ceja. «Hace mucho que te alcanzo la locura, Lucifer. –Pienso.» La mirada seria que tiene se va y empieza a marcar la sonrisa burlona que es icónica de él y observamos como cae aquella bola de fuego.

«Eres un caso perdido, Lucifer. –Pienso. –Pero, aun así, eres mi hermano y no pierdo la esperanza de que puedas cambiar y de que hagas la paz con Papá; creo que después de tantos años de pleito ya ninguno debe recordar siquiera porque empezó todo.» La bola de fuego que desciende a gran velocidad en nuestra dirección emite una luz segadora; tanto así que me hace recordar que había dejado unos lentes de sol en la chaqueta que tengo puesta; saco los útiles cristales trabajados; son tan obscuros que cuando me los pongo su redondo cristal con marco de aluminio cubre de manera justa mis ojos; me los coloco para seguir observando cómo cae aquella bola de fuego hacia nosotros. Empiezan a hacer leves ventarrones sin rumbo; unos van a la derecha; otros a la izquierda; lo que parece ser solo algunos golpes de aire sin un patrón definido ni rumbo alguno empieza a convertirse en una sola oleada de aire dando vueltas velozmente alrededor de nosotros; levantando hojas secas que estaban tiradas en el suelo; arrancando la maleza que aun no había echado raíces profundas y asustando a algunas ardillas y aves que estaban cerca. El cirulo de fuertes corrientes de aire bien organizadas que nos rodea a Lucifer y a mi empieza a cerrarse a medida que la bola de fuego se acerca; de esta vienen más oleadas agresivas de aire y la luz se vuelve tan intensa que los lentes de sol casi no marcan diferencia; a duras penas logro ver la forma  de las grandes alas de Miguel que empiezan a abrirse para aterrizar; aun sigue en su forma angelical; es como ver a un humano de dos metros con dos alas como de agila de un tamaño gigantesco  y todo encendido completamente de fuego; claro, sin que el fuego consuma algo en lo absoluto.

 Aterriza justo en medio de donde se había cerrado el círculo de fuertes corrientes de aire y, como es de esperarse de algo que viene descendiendo desde lo más alto del cielo, hace un golpe tan sutil que se logra escuchar a quilómetros a la redonda; esta con los ojos cerrados, con la rodilla derecha y la mano izquierda en el suelo, mientras, termina extinguir la radiante flama amarillenta que cubre su cuerpo. Empieza a tomar su forma humana; logro ver su piel obscura y su cabello bien rasurado; sus ojos se abren y por un momento destellan luz, pero rápidamente se vuelven unos simples ojos humanos; grandes y de un color café oscuro. Empieza a encogerse, después de todo si va a tomar forma humana no va a quedarse con una estatura de tres metros. Se levanta nos mira a Lucifer y a mi.

 — ¡Ja!… Y luego dices que yo soy el de las entradas dramáticas, Ezrá. –Dice Lucifer con tono de superioridad  y un acento ingles; como queriendo resaltar su clase alta clase social utilizando voz aguda y decadente.

— ¿Por qué estás hablando con él? –Pregunta Miguel encarnando una ceja y pintando una cara de pocos amigos.

 — ¿Acaso no tengo derecho de estar merodeando en la tierra? –Dice Lucifer con repugnancia. –Después de todo aquí fue donde me lanzaste tu, hermano.

 —No estoy hablando con tigo, traidor. –Replica Miguel. –Hablo con Ezrá. Ahora dime, ¿Qué haces hablando con Lucifer? ¿Acaso nuestro Padre no te dio una misión que debes cumplir, Ezrá?

 —«Ya empezamos… –Pienso.» Mordisqueo el interior de mi labio mientras me quito los lentes y los guardo en uno de los bolsillos de adentro de la chaqueta, me peino mi espesa y sedosa melena hacia atrás,  respiro hondo para que, de alguna manera, Papá me pueda enviar su paciencia, y vaya que la necesito para lidiar con estos dos. Miro a Miguel y le digo. – ¿Estás seguro que Papá me envió con una misión? Porque no solo, si lo analizas detenidamente, tomas la creencia de que me desterró. –Miguel enardece en cólera pero lo intenta ocultar en su seria mirada y en su movimiento de cabeza como diciendo: “Perdónalo Padre; no sabe lo que hace”. Realmente no me importa mucho lo que Miguel piense de mi en estos momentos; yo no me entrometí en su misión cuando fue su turno, aunque entiendo que deba estar celoso; esta espada la debería portar él y no yo. Por otro lado; es una posibilidad que  haya enfadado a Papá por sentir un profundo desagrado hacia los humanos. Le continuo diciendo a Miguel –Sabes que no era uno de sus Ángeles favoritos; posiblemente sabia que los humanos no son de mi agrado y me desterró; y encero en el cuerpo de uno. ¿No lo crees así, hermano?

 Miguel se me acerca y hasta colocarse justo delante de mí y chocar su trabajado pecho con mi rostro; todo para dejar en claro que solo soy un Ángel de menor rango que él. – Cuida tus palabras Ezrá. A pesar de lo que creen lo humanos; tú y yo sabemos que Papá y yo tenemos un límite en cuanto a nuestra paciencia.

 Lucifer me toma del hombro y me hace retroceder y se coloca en mi lugar; chocando su pecho con el de Miguel –Sabemos bien que ustedes son de mecha corta, hermano. –Dice Lucifer –Yo soy prueba de eso. Pero, estas en mis dominios. Tu padrecito querido no te ha entregado este reino y yo digo que dejemos a nuestro hermanito que haga lo que tenga que hacer, claro, con el apoyo de sus hermanos. –Los ojos de Lucifer se tornan rojos mientras mira hacia abajo a Miguel; solo por ser alto tiene la ventaja de poner en claro su dominio. Con una voz hueca y con eco; una voz como  sacada de un cuerpo vacio y con la garganta abierta, y a la vez seca y rasposa pregunta Lucifer; retando a Miguel – ¿O  prefieres tener otra pelea para probar tu suerte? Te aseguro que esta vez no seré gentil.

 —No tienes suficiente poder como para vencerme, traidor, eso lo  sabes bien. Esa es una de las razones por la que estás aquí. – Replica Miguel. «Estos dos van a empezar a pelear, otra vez –Pienso. –Vaya familia la que tenemos.» Como no estoy dispuesto a escuchar esta ridícula discusión, pero tampoco puedo dejar que peleen porque eso haría una guerra de seres celestiales; la última vez no termino nada bien. Saco de un bolcillo de adentro de la chaqueta que llevo la espada que me obsequio Papá; al principio es solo la empuñadura de la espada; una empuña dura de una piedra negra y cristalina con una monterilla ovalada en el otro extremo tiene unos grandes gavilanes puestos en forma trasversal del mismo material que la empuñadura. Rápidamente hago que de la empuña dura; justo en medio de los gavilanes, de una forma que atraiga la atención de Lucifer y de Miguel; hago que empiecen las oleadas de viento; tal como lo hizo Miguel cuando aterrizo; rápidamente quedo encerrado en un pequeño tronado; que aunque las oleadas de viento estén reducidas hasta quedar más debajo de mis rodillas su velocidad es tal que hace que mi chaqueta de cuero se levante bruscamente y que Miguel y Lucifer cubran su rostro para evitar que les caiga tierra en los ojos; entres los gavilanes de la espada se forma una luz y segadora y de esta emerge la punta de la espada, y posteriormente el resto de este; por cada centímetro de la espada que sale de la luz hace un sonido como de cristales rompiéndose; y el sonido sigue hasta que está afuera toda la hoja; es una hoja plana de color negro y un fino borde blanco, y de la empuñadura sale un cristal negro que se conecta con la hoja por medio de dos piezas diferentes, una de ellas semejante a la tercera parte de una circunferencia con picos sobresaliendo, la otra pieza tiene forma de ele. Tanto Lucifer como Miguel dan unos cuantos pasos hacia atrás al verme sacar la espada y, aun más, al ver la delgada línea blanca que define el filo. El viento se detiene de golpe y solo queda un silencio en el ambiente; no un silencio normal, este es un silencio incomodo, de esos que ruegas por que termine ya que logras escuchar la respiración del los que tienes cerca, pero no escuchas lo que quieres escuchar de ellos: sus palabras.

— No los voy a matar; ya pueden quitar esa expresión de sus rostros. –Digo al verlos con una expresión con la que jamás había visto antes: Temor. Hago que la espada se vuelva a guardar hasta que vuelva a quedar solo la empuñadura; el cristal que es semejante a la tercera parte de una circunferencia con picos sobresaliendo, hoja de setenta centímetros y la expresión de los rostros de Lucifer y de Miguel desaparece. Guardo la espada en el bolsillo que tengo dentro de mi chaqueta y miro como van tranquilizando la expresión de sus rostros  Miguel y Lucifer. –Saque la espada para recordarles que yo soy el que la tiene, y porque no quiero que estén peleando otra vez, ¿No les bastó con lo de mil novecientos catorce? Ustedes tienen varios miles de años más que yo, pero siguen comportándose como unos niñitos de cien años. –Se ve que ambos están en una zona entre humillados y justo a un lado de  irritados; realmente no quería llegar a decirles eso, pero llevo toda mi vida aguantando sus estupideces y creo que por fin explote. –Me tengo que ir, y ya no molesten.

— Cuídate, Ezrá. –Dice Miguel. –Hace milenios que no hablamos directamente y mucho más tiempo que no me dice algo como “cuídate” que realmente me deja con una impresión bastante grande que me haya dicho eso… aunque no sé si es exactamente impresión o un mal presentimiento. Camina hacia atrás para tomar impulso, se coloca de rodillas y llama a Lucifer – ¡Oye, traidor! No necesito una espada para vencerte. Yo tengo estas. –Se despliegan sus grandes alas amarillentas, se prende completamente en fuego divino, sus alas toman impulso y de una sola sacudida sale disparado hacia el cielo a toda velocidad.

                    

 Miro a Lucifer y veo como esta apretando sus dientes y frunciendo el seño. La verdad no entiendo porque, según todos nosotros sus alas son la más grande obra de papá, fue muy difícil que Miguel lo sacara del cielo a pesar de que él tiene las alas más grandes que muchos otros de nosotros, o mejor dicho; Miguel tiene las alas más grandes que todos, excepto de Lucifer. Por eso se creó esta espada; Lucifer nunca usaba armas divinas; él creía que solo con sus alas podría vencer a Miguel, y tenía razón. Solo que no contaba con la espada, de no haber sido con eso hubiese ido al santuario donde esta papá.

 

Me doy vuelta y sigo el sendero por el que venía; un sendero que es casi imposible de seguir porque la maleza lo cubre  casi por completo; de hecho no sé si es el mismo sendero que venía siguiendo porque fácilmente puede un espacio donde la maleza no creció y yo la confundo con un sendero.

Después de unos minutos de batallar con la maleza que se negaba a soltar mis rodillas logro llegar a la casa de mis padres humanos; nada lujoso, es una casa de bloques que ruega por unas manos de pintura y que esta retirada de el camino central pero, sobre todo, de la ciudad. Me gusta la lluvia y me seguirá gustando; a pesar de que en la casa llueva más adentro que afuera por las filtraciones que hay en el cuarto de la cocina. Es una casa pequeña, solo el cuarto común, un cuarto donde se come, donde se ve la televisión, donde se hacen las tareas del colegio y donde están guardadas casi todas las cosas de nuestra pertenencia; las cuales son muchas para un solo cuarto, y por ultimo; el baño; a un kilometro de la casa hay un pozo seco que sirve para hacer lo necesario.

 Estoy a unos metros de la casa cuando inhalo profundo y huelo a tostadas recién hechas con una untada generosa de mantequilla, tocinetas y… Queso...  de seguro mí madre está en la cocina; mi comida favorita en toda la gran creación de mi padre es sin duda las arepas con caraotas y queso de año; aunque no cualquiera; solo las que prepara mi madre, Vanessa, son las que me gustan; por alguna razón me resulta su manera de preparar mejor que las de cualquier otra persona. Mi madre es tan buena cocinera como su piel es blanca, sus ojos son verdes y su carácter es estricto y perfeccionista; suena como una persona amargada si lo digo de esa manera, pero, es así; y así es como me gusta que sea  porque si ella no fuese como es yo no sería quien soy (aunque a veces sienta que se está propasando, me gusta que se exprese totalmente y no que lo guarde para después).

  Por otro lado, al extremo opuesto de mi madre, muy al otro extremo de la personalidad y forma de ser de mi madre esta Unwin , el que dice ser mi padre; nunca le he dicho por ese título ya que creo que le queda excesivamente grande; es de piel morena y una calva que la rodea cabello negro  algunas canas, es tan mentiroso como estafador y abusador; eso no es todo lo que me enfada; lo que más me hace enardecer es el hecho de que quiera aparentar ser una gran persona. Este hombre, si es que así se le puede llamar, ha sido un dolor de cabeza durante los cinco años que llevo aquí, pero debo agradecerle algo, no me ayudo de manera directa pero lo hizo, me ha facilitado la decisión de que debo hacer con los humanos, su “amabilidad”, su “sinceridad” y sobre todo su muy “buen carácter” me ha hecho inclinarme más hacia destruir a todas estas pestes que mi padre ama tanto. Me detengo bajo un árbol de semeruco  y me quedo quieto mirando al suelo; luego miro al cielo. No obstante; aun no hago que llegue el fin de estas criaturas porque Papá no me ha dado autorización, bueno… realmente no sé si debo esperar a que me la de; después de todo él me dio la espada flameante y me dejo aquí. Quizá debería de hacerlo ahora; quizá debería de encender mi espada y matar a todos los humanos, ¿Por qué no? Ellos tuvieron  mucho tiempo para corregirse y, aun así, no lo hicieron.

 Saco la empuñadura de mi espada y la coloco frente a mí y veo en el obscuro cristal de la espada mi reflejo; un humano de diez siséis años, cabello largo, piel bronceada y ojos marrones. –Acabemos con esto de una buena vez, ¿Quieres? –Le digo a mi reflejo

 — ¡Ezrá! –Grita mi madre –Quieres que se pongan las moscas sobre la comida, ¿o qué?

 —« Si… creo lo hare luego –Pienso –Después de todo: No se puede desperdiciar una buena comida.» Guardo la espada y empiezo a trotar hasta llegar a la puerta de la casa; que está en la cocina.

 Veo la reja que tenemos por puerta que está cerrada desde adentro. «Esto sí que es una molesto –Pienso –Ahora cuando la abra será  otro tema de discusión». Ya que no hay nada para halarla y abrirla desde afuera; solo hay una reja soldada a unas placas de metal pintadas de blanco, le doy una patada “suave” para que se suelte el seguro de adentro y se abra la puerta; lo hago y esta suelta un sonido que representa problemas, no para la puerta claro, representa problemas para mí.

 Paso a la cocina y sorprendentemente mi madre aun no se ha quejado por la puerta; lo cual no es algo que me alivie, porque significa que el está aquí…


Jan. 7, 2019, 3:42 p.m. 0 Report Embed 0
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