Lágrimas de un Dragón Follow story

luisrafael Luis Rafael

Rox es una aasimar que lleva consigo el advenimiento del cataclismo; por este motivo, se ve obligada a huir de todos los que están tras ella con el fin de acabar con su vida mientras se embarca en una aventura donde busca a un legendario dragón que posee unas extrañas lágrimas que podrían salvarla de su terrible destino. PORTADA: Todd Lockwood.


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I

Después de haber emprendido un viaje desde casi cuatro largas semanas y, tras partir un poco más de tres días del reino de Mynrrur para recuperar el tiempo perdido; justamente, cuando empezaban a aparecer las primeras luces del alba, llegó a pisar más allá de las fronteras de Sislia.

Una mujer de increíble figura y, principal aspirante al mando de su tribu, los Colmillos del Bosque, se detuvo un instante para contemplar las extensas llanuras que yacían frente a sus ojos; los cuales mantuvo bien abiertos para apreciar por un instante, el matutino jugueteo de las plantas con los nacientes rayos del sol que acaecían sobre la naturaleza de aquellos campos.

Sin perder más tiempo, reanudó su andar al ritmo de sus amplias zancadas de élite y, mientras cruzaba los verdes terrenos llanos, no pudo evitar sumergirse en sus pensamientos. Era consciente de todo el peso que acarreaba sobre sus hombros. Y sabía muy bien que no podía permitirse el lujo de fallar así como su padre lo hizo.

Aún no podía creer que su padre, poderoso y gran ex líder de la feroz y temible horda — que ahora ella deseaba dirigir con todo orgullo —; hubo perecido ante un humano del que ni siquiera sabía su nombre. «¡No puede ser cierto!», fue lo que exclamó para sus adentros, cuando reuniendo información en Mynrrur, se enteró que el ser a quien más quería y admiraba había perdido la vida en batalla.

Lo que empezó como una misión para evitar la extinción del mundo; una misión que por regla de los hombres del Colmillo del Bosque tenía de por medio la prevalencia y supervivencia de la tribu, se había convertido ahora en algo aún más íntimo. La rabia que crecía en su interior se hacía más  grande; mucho más fuerte.

Cuando se encontraba a varios kilómetros del inmenso y baldío desierto de Sislia, conocido en todo el mundo como Nortearena, se detuvo al pie de un lago no muy grande, pero tampoco pequeño. Hundió su cabeza en el agua y, tras refrescarse, llenó dos añejas cantimploras que llevaba a la altura de sus caderas. Cuando quiso darse cuenta, ya había invertido la mayor parte del día atravesando las llanuras; por lo tanto, preparó una fogata y un sitio para descansar y, luego, se dio a la caza de algún animal silvestre que pudiera calmar su estómago, y decidió quedarse junto al lago para pasar la noche que pronto llegaría.

El trinar de las aves y los primeros rayos de sol surgieron simultáneamente sobre el verde paisaje, haciendo que Marah Bloodclaw, la shifter proveniente de los bosques negros y honrada guerrera del Reino Capital del continente antalyano, abriera sus ojos. Tras ultimar detalles, reinició sus pasos y prosiguió su travesía.

Sus energías se habían recuperado considerablemente, atrás quedó todo el cansancio acumulado durante muchísimas horas de viaje. Ahora, sus ágiles y fuertes extremidades — superiores e inferiores —, formaban vertiginosas zancadas que eran incluso mucho mejores que las de los días pasados. Su natural e increíble velocidad la llevó lo suficientemente pronto a cercanías del desierto y, desde allí, pudo sentir cómo el calor despedido por el sol le daba la extraña sensación de que miles de hormigas recorrían su cuerpo y le picaban levemente toda su piel.

Por un momento tomó una de las cantimploras que llevaba consigo, la abrió, y esparció el valioso líquido sobre sí misma para ignorar la penetrante sensación de calor.

Sin más dilación se puso en marcha.

Bajo el inclemente y, cada vez más poderoso astro sol, dos individuos completamente agotados por la extensa caminata y, al mismo tiempo, hastiados de la exuberante arena que se mezclaba con las inacabables corrientes de viento que chocaban contra ellos, y que se metía en los ojos y entre las vestimentas; llevaban alrededor de dos semanas andando por los suelos del gigantesco y despiadado desierto de Nortearena.

Uno de ellos tenía prácticamente los ojos cerrados, sus pasos eran cada vez más pesados y, su túnica marrón y desubicada, se agitaba fuertemente entre los vientos de arena. El excesivo debilitamiento estaba a punto de hacerlo sufrir un colapso, mientras que el otro proseguía más adelante sujeto a una cuerda alrededor de la cintura que lo mantenía junto a su camarada para no separarse.

De origen sislio, pero poco conocedor del gran desierto, el hombre cubierto por una túnica negra con capucha que le cubría la cabeza y parte del rostro, caminaba al débil ritmo de sus pasos cubriendo sus ojos y desoyendo los quejidos de su cuerpo.

—Ryazan… — murmuró el compañero a sus espaldas con voz entrecortada. Sin embargo, no alcanzó a escuchar nada porque la endeble voz fue disipada por los murmullos del viento.

De repente, un ruido sordo llegó vagamente hasta sus oídos y, tras sentir que la cuerda le detuvo el andar, se volvió para ayudar a su camarada que yacía tumbado en el suelo. Bajo de la oscura prenda, sacó una de las reservas de agua que tenía en un saco de provisiones.

—Resiste, Rox — le dijo a la chica mientras le apartaba la capucha para darle de beber— . Ni se te ocurra morir aquí.

Corto tiempo tenían de haberse hecho compañeros, pero desde el primer día en que se conocieron, hasta este momento, les pareció suficiente como para tolerarse y confiar, aunque fuera un poco, el uno al otro.

Los ojos de la muchacha comenzaron a abrirse lentamente.

—Gracias a los dioses — dijo aliviado— . No te moriste.

La joven no musitó palabra y tan sólo dejó escapar una leve sonrisa de sus labios.

Ryazan bebió un poco del agua del recipiente que tenía en sus manos y, tras cargar a la chica en su espalda, avanzó a paso lento, pero seguro.

Un pequeño conflicto se libraba hace más de unos minutos en otra parte del gigantesco desierto.

Tres robustas y hambrientas hienas que permanecían al acecho, retrocedieron un instante al ver cómo su presa le quitaba la vida a uno de los suyos. La impetuosa, bárbara y orgullosa shifter de los Colmillos del Bosque, exhaló un bramido al hundir por última vez su espada katar en el vientre del hiénido. Y, tras erguirse y sacar la espada del animal, se abalanzó ferozmente contra las otras bestias.

Su instrumento para matar, que aún lucía la sangre de su primera víctima, pasó transversalmente acariciando la córnea del ojo izquierdo del líder de la reducida manada. Además, esto sirvió para impactar un poco la moral de los otros dos enemigos. Sin embargo, aunque los aullidos de dolor del animal herido eran un plus para que el miedo creciera, las bestias se lanzaron al unísono contra la shifter. Una de ellas alcanzó a meterle sus poderosos dientes en el antebrazo izquierdo, mientras que la otra recibió la fulminante estocada del arma justo a la altura del pecho atravesando el corazón.

Inmediatamente y, tras deshacerse del animal caído, Marah sacudió su brazo con tanta fuerza que hizo volar por lo alto a la hiena, y, una vez cayó al suelo, se abalanzó corriendo hacia ella y le incrustó la espada en la cabeza sin dejar que se levantase.

Una vez erguida, aguzó su asesina mirada hacia el hasta ahora, único superviviente a su faena sangrienta.

La herida reciente en el ojo de la hiena líder expulsaba una pequeña cantidad de sangre que le hacía parpadear constantemente. Sin embargo, sus aúllos de dolor habían cesado y se mantenía en sus cuatro patas a la espera del enemigo.

Era de color pardo y tamaño parecido al de un lobo de tierras antárticas; extremidades anteriores largas, las posteriores característicamente cortas; dotadas por cuatro dedos cada una y almohadillas plantares abultadas; uñas cortas, obtusas y no retractiles; torso relativamente corto, robusto; espalda en forma descendiente hacia atrás; cuello ancho y corto; cráneo grande y cara corta; escaso y grueso pelaje un poco rayado y una melena de pelo largo desde su cabeza hasta su espaldar.

Marah se incorporó a cierta distancia de su rival, sus miradas continuaron cruzadas, fijas y férreas sin el más mínimo pestañeo.

De repente, en símbolo de respeto y, aunque pudiera ser percibido por su adversario como un acto de cobardía, el hiénido hizo un ligero ademán con la cabeza y se marchó del lugar.

Muy raras veces un shifter ha dejado con vida a un contrincante, sobre todo uno perteneciente a los Colmillos del Bosque. No obstante, aunque se mostró confusa por lo que acababa de pasar, Marah fue consciente de la herida que le aquejaba y, más importante aún… era su misión.

Así que se limitó a ver cómo se alejaba el animal.

Tras el transcurso del día, la oscuridad de la noche empezó a caer sobre el océano de arena. Los enérgicos soplos de la naturaleza desértica se intensificaron, y así pudo menguarse la extrema calor.

A la intemperie y apoyada entre un grupo de rocas, Marah extrajo una flor de amapola de una pequeña bolsa adyacente a las dos cantimploras sujetadas a su cinto. Con su mano derecha tomó una piedra que yacía desperdigada en el suelo, molió los pétalos y los colocó alrededor de su herida para que la sustancia extraída disipara el dolor.

Anteriormente, esta herida no habría sido un problema para ella de no ser por un hechizo en el pasado que le robó la habilidad de regenerarse como forma de pago.

Luego de unos minutos, su fatigado cuerpo requería descansar y, mientras sentía cómo la flor surtía su efecto, determinó quedarse allí hasta que sus parpados cubiertos de arena se cerraran.

Las luces provenientes de las estrellas dibujadas en el firmamento se adentraban por las agrietadas aperturas de una pared; creando algunos rayos de luz que iluminaban ligeramente la sombría estancia y el bello rostro de Roxanne Tisdale. Una aasimar con la edad de diecinueve años y un metro con setenta y siete, de tez particularmente clara; cara fina, frente estrecha, cejas arqueadas; agraciados ojos castaños con iris dorados, almendrados y medianos; cabello de color rubio platino, corto y lacio; nariz respingada, labios delgados y figura esbelta, que reposaba en el silencio de unas pequeñas ruinas.

Sus parpados comenzaron a abrirse pesadamente.

—¿Por qué has despertado? — preguntó alguien en la oscuridad del otro extremo— . Debes descansar.

Era Ryazan, el compañero de viaje de la muchacha que había regresado al interior de las ruinas después de estar a solas zambullido en sus recuerdos.

—Ten, bebe — dijo mientras hincaba una rodilla en el suelo para acercarle la cantimplora.

Roxanne se alzó y se apoyó en uno de sus codos.

—Gracias — dijo, con tono apacible después de beber el agua.

Entonces recostó su cabeza en el suelo y estuvo acostada mientras observaba a su amigo y cuidador, el cual ahora, se había sentado mirando hacia lo lejos.

—¿Por qué me ayudas, Ryazan? — preguntó, con mirada inquisitiva y soñolienta—. ¿Por qué quisiste acompañarme en este viaje?

Ryazan notó que el sueño volvía a apoderarse de su amiga, así que prefirió guardar silencio y esperar hasta que la muchacha pudiera dormir.

Los brillos del amanecer emergieron irradiando desde temprano el incesante calor que caracterizaba a Nortearena. Sin embargo, esto no fue impedimento para que los dos compañeros de aventura retomaran su caminata en dirección norte.

Con sus energías regeneradas y vistiendo sus túnicas para soportar los elementos naturales del hostil entorno, caminaron a buen ritmo sujetados nuevamente por la cuerda que los mantuvo unidos desde que llegaron al desierto.

Seguían dispuestos a no rendirse.

En sus adentros, Ryazan recordaba con mucha añoranza aquellos buenos momentos que compartió junto a su hijo y esposa. Los extrañaba más que a nadie en el mundo. Pensaba en ellos casi todo el tiempo y, cuando llegaban los instantes para estar a solas con sus pensamientos, una que otra lágrima rodaba por sus pómulos. Incluso en ese instante, una se le quiso escapar y, aunque Roxanne caminaba tras él, no quiso demostrarle al implacable sol ni un ápice de debilidad.

—¡Debemos seguir así para aprovechar la mañana! — Gritó Ryazan mientras cubría sus ojos con un brazo.

—¡¿Qué dijiste?! — preguntó al no escuchar claramente.

—¡Que debemos seguir así para avanzar lo más que podamos antes del medio día! — Reiteró gritando con más fuerza— . Debemos hallarlo pronto. —C ontinuó en tono más bajo. De igual modo, la muchacha no pudo escuchar claramente y tan sólo se encogió de hombros mientras seguía los pasos de su compañero.

Un trozo de tela oscura rodeaba la lesión del brazo para evitar infecciones. Marah se encontraba mucho mejor después de esa difícil noche en que estuvo expuesta a los peligros del desierto. Sin embargo, para evitar que su herida se abriera, decidió avanzar únicamente con sus poderosas piernas.

Ahora, resignada a caminar como los humanos durante un par de días, sabía que esto atrasaría un poco más su llegada a Presgurial, la ciudad más importante del reino sislio. Sus ansias de tomar venganza de una vez por todas la consumía a cada instante. Se sentía enfurecida consigo misma por no haber podido evitar la mordedura de aquel animalejo.

Luego, de improviso, la difusa figura de algo se acercó a través de las interminables ráfagas de arenas. Aquel animal pardo, de recia contextura, y, ahora sin su ojo herido durante la batalla de ayer, apareció ante ella.

A pesar de la pesadez que sentían sus cuerpos al estar entre las ardientes dunas de arena, sus almas se regocijaron cuando a lo lejos lograron divisar un escarpado y sobresaliente cerro.

—Ryazan… — murmuró la aasimar conteniendo las ganas de gritar de alegría.

—Vamos — dijo con tono serio.

Sus renovadas voluntades les brindaron la fuerza para apresurar el paso. Todo el tiempo y trayecto recorrido hasta ahora por fin se vería recompensado.

Roxanne era la más feliz con todo esto. Su corazón palpitaba tan fuerte que sintió como si se le quisiera salir del pecho. En ese instante, tan sólo pudo pensar en la tranquila vida que le esperaría cuando pudiera ser libre de aquellos que deseaban su muerte; en la felicidad que su corazón albergaría cuando al fin se deshiciera de la aterradora maldición que cargaba.

Sin más demora, avanzaron pisada tras pisada hacia aquel lugar. Ambos guardaban la esperanza de encontrarlo allí. Se sentían absolutamente convencidos de que era esa la guarida del gran Relpnnisthogar.

Marah Bloodclaw, de un metro con ochenta y tres centímetros de estatura; cabello plateado con visos negros, largo, lacio y con puntas crespas y tupidas; cejas pobladas; ojos grandes, azules grisáceos y almendrados; orejas puntiagudas, densas patillas; nariz respingada; labios carnosos, piel morena; contextura atlética y sensual, pechos medianos y piernas gruesas y torneadas, se encontraba con sus hombros bien erguidos y a la defensiva mientras su mirada chocaba contra el ojo derecho de su rival.

Por instinto natural le apetecía finalizar aquella batalla contra la bestia, sin embargo, debía cuidar su brazo y, aunque quisiera, lo más importante era no perder el tiempo; ni mucho menos su objetivo.

A través de los soplos del viento, la bestia empezó el acecho caminando de un lado a otro. Su ojo no herido, detallaba minuciosamente a la shifter que se mantenía a la defensiva. El juego de miradas permaneció durante un tiempo no muy prolongado y, en un súbito momento en el que las fuertes brisas cesaron en un corto intervalo, el hiénido se abalanzó de un salto y, con sus fauces bien  abiertas, intentó aprensar el cuello de la shifter, pero sus agudos reflejos la ayudaron a esquivar el ataque, y el animal aterrizo hábilmente sobre sus patas.

Marah giró con gran rapidez para no dejar ni una sola abertura en su defensa.

Tras varios segundos, el vigoroso animal se arrojó una vez más contra ella buscando causarle un severo daño en el cuello, pero su similar ofensiva fue esquivada de la misma manera. Sin embargo, de improviso, la hiena volvió a atacar con mucha más celeridad, esta vez hacia el antebrazo herido, pero la mujer alcanzó a ver de reojo las intenciones de la bestia y, por unos escasos centímetros, sintió cómo los colmillos de su adversario rozaron las vellosidades de su extremidad.

Tras haber sido impresionada por el último ataque, revisó su brazo con mucho cuidado para cerciorar su estado.

—Tengo que acabar esto pronto — murmuró para sí.

Ninguno perdió pista alguna de los movimientos del  otro mientras el viento seguía sus vagabundos cursos con su intensidad característica.

Aún no había desenvainado su arma predilecta: la espada katar. Pero mientras esperaba la oportunidad para atacar, sólo desenfundó una espada de corta longitud; otra de sus eficaces herramientas.

Desde el cielo y a lo lejos, una sombra empezaba a proyectarse en el suelo que pisaban ambas bestias. Los feroces enemigos se abalanzaron el uno contra el otro con todas sus fuerzas, pero inesperadamente, los impetuosos zumbidos de unas alas y el estridente rugido de una majestuosa criatura llegaron hasta ellos haciéndolos frenar en seco.

Sus ojos se llenaron de tan increíble magnificencia.

La hiena, invadida hasta los huesos por el miedo que erizó hasta el último de sus pelos, retrocedió unos centímetros, mientras que Marah Bloodclaw contemplaba absorta la comparecencia de aquel ser fantástico.

Relpnnisthogar, el legendario e imponente dragón azul conocido como «Cuerno del Desierto», aterrizó a cierta distancia de ambos individuos situando sus extremidades posteriores en el suelo, batiendo sus extensas alas orgullosamente mientras a su alrededor se avivaban ligeras corrientes de arena y, tras dejarse caer sobre sus patas delanteras, su boca se abrió en un poderoso y aterrorizante rugido…

Jan. 3, 2019, midnight 11 Report Embed 11
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Rosmery Delgado Rosmery Delgado
Muy buena historia. Me encanta la manera en que describes y narras las batallas. Sigue así.
Feb. 13, 2019, 11:46 a.m.

  • Luis Rafael Luis Rafael
    Hola, Rosmery, recibo tu comentario con mucha gratitud. Y me alegro mucho más por lo que me dices al narrar las batallas, me alegro muchísimo de veras porque siento que no es fácil para mí describirlas. :D Saludos y genial que te haya gustado. :) Feb. 14, 2019, 9:47 a.m.
Felipe de Jesús Ochoa Salas Felipe de Jesús Ochoa Salas
Excelente historia. Felicidades
Feb. 5, 2019, 3:10 p.m.

  • Luis Rafael Luis Rafael
    Siento mucho la repetitiva respuesta. Justo en ese momento, se puso pesada la plataforma. :D Feb. 7, 2019, 11:13 a.m.
  • Luis Rafael Luis Rafael
    Hola, Felipe, me agrada que pienses así de mi historia. Espero la disfrutes hasta el final. Ya se han publicado dos capítulos más que estaban programados. Saludos. Feb. 6, 2019, 8:25 p.m.
  • Luis Rafael Luis Rafael
    Hola, Felipe, me agrada que pienses así de mi historia. Espero la disfrutes hasta el final. Ya se han publicado dos capítulos más que estaban programados. Saludos. Feb. 6, 2019, 8:25 p.m.
  • Luis Rafael Luis Rafael
    Hola, Felipe, me agrada que pienses así de mi historia. Espero la disfrutes hasta el final. Ya se han publicado dos capítulos más que estaban programados. Saludos. Feb. 6, 2019, 8:27 p.m.
  • Luis Rafael Luis Rafael
    Hola, Felipe, me agrada que pienses así de mi historia. Espero la disfrutes hasta el final. Ya se han publicado dos capítulos más que estaban programados. Saludos. Feb. 6, 2019, 8:27 p.m.
  • Felipe de Jesús Ochoa Salas Felipe de Jesús Ochoa Salas
    no hay problema, a veces también me sucede a mí. Saludos Feb. 7, 2019, 1:12 p.m.
Brandon Lee Avila Brandon Lee Avila
Me ha gustado. Solo por curiosidad ¿Juegas D&D?
Jan. 26, 2019, 5:43 p.m.

  • Luis Rafael Luis Rafael
    Hola, Brandon, me alegro que te haya gustado este primer capítulo. :) El jueves 7 será publicado el segundo. Y, respondiendo a tu pregunta... nunca he tenido la oportunidad de jugar D&D, pero me encantaría poder jugarlo alguna vez. :D Jan. 26, 2019, 9:04 p.m.
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