ENCUENTRA A MI DUEÑO Follow story

anapaulaveliz1 Ana Véliz

A través de sueños un perro lobo le muestra a Leonardo pistas, con el único objetivo de encontrar a su dueño. ¿Acompañarías a Leonardo en esta rara aventura? - ENCUENTRA A MI DUEÑO |CUENTO I| - ENCUÉNTRAME A MÍ |CUENTO II| - HISTORIA DE MI AUTORÍA. - REGISTRADA EN SAFE CREATIVE.


Thriller/Mistery All public.

#duda #sueños #misterio
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A través de sueños.


El camino a casa estaba desolado, cualquiera que se atreviese a cruzar por las calles de Francleth a esas horas de la noche, se llevaría una no grata sorpresa al ser atacados por los amigos de lo ajeno. Aun así, pese a la advertencia de taxistas y conductores anónimos quienes se detenían para llevarle hacia su destino con tal de que no pase por un mal momento, agradecía y seguía caminando, como si tuviera un ejército o algún tipo de poder que le protegiese de todo mal y peligro. Las luces alumbraban la vereda y carretera del barrio más peligroso de la ciudad, mas no era suficiente, no si cada poste se encontraba a una distancia demasiado exagerada del otro.

Los perros ladraban en advertencia a quien pasaba, alertándole a sus dueños y al mismo vecindario que el cuerpo de un hombre se movilizaba cerca. La respiración de Leonardo era tranquila y pausada, de sus fosas nasales se expulsaba vaho, en consecuencia, al torrencial frío que traía consigo el invierno. Sus manos, a pesar de poseer guantes, estaban cobijadas por los grande y calurosos bolsillos del abrigo, mientras su garganta era cuidadosamente protegida por la bufanda que, hace pocos meses, su madre le había regalado. Ni una sola alma merodeaba como él por los alrededores, únicamente murciélagos y demás animales nocturnos que, aunque pareciese que no, se encontraban a la expectativa de lo que aquel hombre hacía.

La ruta simuló con ser eterna, largos minutos de caminata fueron obligatorios ante el descuido de haber olvidado la billetera en casa. La villa se ve a menos de dos cuadras de distancia, sintiendo alivio instantáneamente al no haber sido asaltado en el proceso de llegada, de lo contrario, hubiera declarado ese día como el peor de su vida; aunque no trajese su cartera, el celular en el último tiempo se había vuelto muy indispensable en su trabajo, a tal punto que no sabía qué sería de él si lo llegase a perder. Toma la llave de su bolsillo trasero y la introduce en la puerta, escuchando instantáneamente el característico sonido del seguro al ser retirado.

Al encender las luces encuentra la casa tal como la había dejado. En la tarde del día anterior tuvo que salir de urgencia al ser llamado por el representante de una gran editorial como Galaxisius; requerían de su presencia para firmar el permiso de publicación en físico de sus dos propuestas, ambas historias tenían ese toque exquisito de misterio y suspenso que lograron cautivar no solo al editor, sino al presidente y dueño de la empresa que le daría la oportunidad de ser un escritor exitoso y reconocido en el mercado literario. Recuerda claramente la lluvia de buenos comentarios y felicitaciones por haberse atrevido a crear aquel mundo tan atrapante, mas, lo que no sabían, era que aquella historia era una situación vivida en la realidad, la que ocurrió cuando apenas tenía siete años.

Sumergido en sus pensamientos se dirige hacia la cocina, y no fue hasta que tomó varios vasos de agua, que empezó a celebrar y brincar debido al logro que lo sacaría de la pobreza en la que en los últimos años se mantenía. La sonrisa en su rostro demostraba el sentimiento próspero que llenaba su interior; sin embargo, minutos después de festejar se lamenta por el hecho de no poder reproducir música en su televisor, ya que recordó un punto importante, aún era de noche. Desganado por privarse de explotar la emoción que recorría por sus venas, opta por ir a descansar. Un largo día de trabajo requiere de largas horas de descanso.

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Dos de la madrugada en punto marcaba el reloj, los mosquitos volaban cerca de los oídos del futuro escritor, molestándolo e irritándolo, impidiéndole el que siga durmiendo. Los ojos y la piel le ardían, necesitaba descansar por lo menos ocho horas, pero con aquellos insectos chupa sangre no lo lograría. Con la manta se arropó de pies a cabeza volviéndose a dormir de manera inmediata. El tiempo transcurría y el cuerpo del joven hombre daba vueltas en la cama, la pesadilla en su cabeza no le estaba dejando en paz, y no lo haría, porque tal como ocurrió en sus días de infancia, volverían, y con más frecuencia de la esperada.

Siente la brisa fresca hacer contacto con su piel, al igual que el aire puro entrar a sus pulmones, limpiando toda inmundicia que alguna vez haya quedado. Las casas estaban correctamente ordenadas, cada cual con su buzón de correos y letreros en donde está el debido apellido de la familia residente. Las cercas y árboles eran esenciales, al igual que los carros con diseños iguales a los de la década de los ’70. La vida parecía normal, cotidiana, como: personas paseando a sus perros; padres saliendo con su esposa e hijos; niños jugando libremente en el asfalto ante la insuficiencia de vehículos. No obstante, lo que más le llamó la atención a Leonardo fue la singular forma de vestir de los habitantes presentes. Los atuendos eran demasiado extravagantes para su gusto, tanto mujeres y hombres llevaban pantalones ajustados combinados con zapatos plataforma, o, vestían botas altas con shorts. Se sentía confundido, era como si su alma haya viajado al pasado por algún hecho desconocido.

Se dio paso entre las calmadas avenidas, escuchando la risa de los niños y el claxon de los autos. El sonar de la campana le alertó la llegada del medio día y, como si supiese qué es lo que debía hacer, apresuró su paso hacia la heladería que se encontraba en la esquina del parque nacional. Los semáforos en todo momento estuvieron a su favor, del mismo modo el clima, que estaba ni muy caliente ni muy frío, una temperatura adecuada se podría decir.

Su cabeza vagaba en el porqué de su estancia en ese lugar, caminar por el lado de personas vestidas de un modo anticuado le hacía sentir incómodo, más por el hecho de que desde la esquina unas mujeres se veían mientras cuchicheaban cosas entre ellas. Tal fue su distracción, que no se dio cuenta que estaba cruzando la calle mientras el semáforo, por primera vez, le cogió en rojo. El pito y el sonido de la frenada inesperada del automóvil le asustaron, claro, la reprimenda del conductor le dejó un mal sabor en la boca. Una disculpa sincera le ofreció, continuando luego su camino, esquivando a las personas que se amontonaron por la impresión, para así, por fin, llegar al lugar al cual, misteriosamente, sabía que debía venir.

A través del vidrio de cristal se podía apreciar a las vendedoras, quienes le escudriñaban con la mirada. No tenía la más remota idea de lo que debía hacer luego de haber llegado, quedándose parado divisando a la nada. De a poco, los transeúntes iban desapareciendo, carros y animales también, solo quedaron él y la lámpara de luz amarilla que le alumbra; pequeñas gotas se empezaron a notar al ser estas las que se estrellaban contra su piel de forma consecutiva, empapándolo por completo.

La soledad lo estaba abrumando, incluyendo el frío que repentinamente se apoderó del ambiente. El sonido de la lluvia era tranquilizador, más por la melodía que se formaba al caer en los pequeños charcos que crecían sin control. Todo parecía tan solitario; no obstante, el sonido de pisadas acercándose le avisaba de la próxima llegada de alguien, o de algo. Volteó su rostro en dirección al callejón de dónde provenía, hallando la figura de un ser entre las sombras.

Era alto y robusto, parecía encorvado hacia el frente y con colmillos extremadamente grandes. El pánico le invadió, mas no se movió, no podía hacerlo. Lenta y tortuosamente el cuerpo desconocido aparecía entre las sombras, sus pasos eran coordinados, emitiendo una especie de gruñido al encontrarse cerca y a punto de saltar. Leonardo le miraba fijamente, tratando de averiguar lo que sea que fuera aquello que tenía la intención de atacarle. Empezó a retroceder, calmo, tranquilo, cualquier movimiento en falso alteraría aún más la arriesgada situación en la que se encontraba. La luz artificial de la lámpara de calle empezó a titiritar complicando su posible escape, y, cuando creyó que todo estaba perdido, el ser se muestra, tal como es.

Poseía un impecable collar rojo y, en una de sus patas, una manilla con una etiqueta. Su cola se movía de un lado a otro, como si estuviera feliz. La lengua la tenía salida y babeando, parecía tan tranquilo que incluso Leonardo se cuestionó todo lo que había visto, quizá el sueño le estaba jugando una mala pasada. Se apegó a su pierna izquierda, agitando su colita queriendo jugar.

La lluvia paraba entre juegos y atrapadas entre humano-perro, siendo todo color de rosas hasta que, por algún raro motivo, el canino decide huir. Leonardo al ver esto le sigue, creyendo que el perro seguía jugando con él, afirmándolo momentos más tarde al verlo esperándole sentado frente a una casa oscura y abandonada. Esta era hecha de madera a punto de colapsar, el techo era de Zinc y, por si eso no hubiera sido suficiente, no contaba con puertas ni ventanas, solo un enorme cartel que decía: “En venta”. El perro entra; sin embargo, Leonardo decide esperarlo afuera, la confianza que le transmitía aquella vivienda no era buena. El frío aire golpeaba las hojas del gran árbol frente a la casa, mandando lejos a cualquier insecto que haya estado ahí. El perro vuelve con un objeto rectangular en su boca.

Sus ojos se posan ahí, en lo que segundos después identificó como un retrato, que, al parecer, era familiar. Lo toma con cuidado, ya que el desgaste del marco era capaz de hacer caer al vidrio que cubría la foto. La figura de un hombre junto a su familia y el perro, de cuando era un cachorro, le llenaron de nostalgia. De un momento a otro, la actitud del canino cambió a una inquietante, corría por doquier, rogándole por algo, pero no entendía por qué. La visión empezó a fallarle, mostrando todo de un modo distorsionado. El panorama dio vueltas y, despertó.

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Abrió sus ojos en demasía sintiendo errática su respiración, de su frente bajaban gotas de sudor, que al poco tiempo desaparecieron. Giró hacia el reloj notando la hora, una de tarde. 

—Sí que he dormido. —Se dice mientras estiraba sus brazos, desperezándolos. La mezcla de sonidos evidenciaba que era sábado, al igual que el gruñido de su estómago, que rogaba por comida. Cruza por el pasillo cerrando la puerta de su habitación en el proceso, no tenía ganas de quitarse la cómoda pijama que le habían regalado en navidad, avanzando hacia la cocina, para continuar con su vida como normalmente lo hacía, actuando como si el sueño que tuvo no le importara, aunque era totalmente lo contrario.



      
Jan. 1, 2019, 7:02 p.m. 2 Report Embed 4
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Omar Castro Omar Castro
Un argumento interesante, y una buena redacción.
5 days ago
Fausto Contero Fausto Contero
Muy buen inicio de la historia, Ana, atrapa enseguida la atención del lector, y las descripciones son muy vívidas. Cada vez tus escritos son mejores, en todo sentido. Ya quiero saber que pasará con ese perrito y ese sueño.
2 weeks ago
~

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