AMOR ENTRE VIEJITOS Follow story

anapaulaveliz1 Ana Véliz

El amor entre Papá Noel y Mamá Noela prevalecerá, por lo siglos de los siglos ¿o hasta mañana?


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#Noela #Noel
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¡Culpo a los juguetes!

Mamá Noela sale de la fábrica hecha una fiera, sus redondas gafas se resbalan por el puente de su nariz, mas no le toma importancia, en este momento nada es más relevante que saber, a ciencia cierta, que su matrimonio con el viejito pascuero ya está por llegar a su fin. Detrás de ella, un gordo y viejo señor que viste ropas rojas y abrigadoras, la persigue.

—¡Noela! —llama estirando sus brazos en dirección a su mujer—. ¡Noela, espera! —Su gran barriga le impide dar largos pasos, al igual que su edad, quien gracias a los dolores le recuerda que ya no tiene 200 años.

—¡¿Por qué no solo te quedas en la fábrica?! —Con rapidez toma el mando del trineo y antes de ponerlo a volar dice—: ¡Después de todo, ella siempre tuvo más importancia que yo! —Noel lleva la mano derecha a su espalda, a la vez que trata de regular su respiración, jamás había visto a su mujer actuar de esa manera. Durante toda su vida de casados, siempre creyó que Noela era feliz a su lado; sin embargo, con la actitud que le demostró hoy, sabía que no lo estaba.

Entra nuevamente a la fábrica y abre una de las tantas cartas que le llegan, en especial, es estas fechas navideñas. El nombre del emisor es Hernán, un infante canadiense, y no solo su correcta forma de redactar le llamó la atención; también su escrito, donde no pedía objetos materiales que le beneficien a él, sino a Karol, su vecina y compañera de jardín.

Una sonrisa nostálgica invade su rostro, no puede estar más contento con su trabajo. Lo que más le gusta es hacer feliz a las personas, y, aunque a veces las cosas se pueden salir de control, vale la pena, así sea que Noela se enojase con él, todo es válido mientras las personas tengan, por lo menos ese día, un momento cálido. Suspira, nunca fue ni será amigo de los conflictos, peor aún de un malentendido con su mujer. En un intento por despejar su mente, toma asiento en el taburete cerca de un mesón por el cual puede ver a todos los duendes haciendo su labor.

La fábrica se divide en secciones, por ejemplo: en la primera habitación a la derecha se encuentra la máquina en donde se elaboran los distintos tipos de muñecas, además de los que diseñan; hacen los trajes; visten; peinan y las encartonan. En la siguiente está todo el personal encargado de la creación de vehículos de juguetes, las pistas, los controles, los diseños, entre otras. Y de este modo están las demás salas, como: las de cocina, electrodomésticos, balones, peluches, y por supuesto, la favorita de Noel, que es en donde se crean las bicicletas de distintos tamaños. La música, risas y colores abundan, mas no puede estar al cien por ciento entusiasmado, le irrita el no saber qué es lo que le sucede a su amada esposa.

Con total pesadez apoya el rostro contra su palma, optando segundos después, por salir y hacer entrega de los premios, particularmente a los que se han portado de maravilla en todo el año. Con su voluptuosa barriga va hacia recepción, donde le esperan varias bolsas repletas de recados. La recepcionista saluda:

—¡Buenas tardes, papá Noel! —La mujer de nieve forma con sus puntos de carbón una bien formada sonrisa—. ¿Listo para hacer feliz a los niños?

—Siempre lo he estado. —Con su mirada recorre toda la sala, evidenciando la inasistencia del reno de roja nariz—. ¿Dónde está Rodolfo que no lo veo?

—Debería de estar afuera —responde la recepcionista. El viejo Claus se asoma en la puerta de entrada, encontrándose únicamente con nieve y soledad—. Este reno, de seguro ha de estar por ahí vagando.

—No te preocupes, Frostylia, ya llegará. Mientras… —Agarra el esfero que se encuentra sobre la mesa, anotando algo súper importante—. Dáselo a Bendegums, él sabrá qué hacer. —Un sonido de afirmación se escuchó, dando por terminada la conversación. Papá Noel recoge varias bolsas con la ayuda de varios duendecillos traviesos, y las monta en el trineo. Los renos ya estaban ahí esperando por la orden de arranque y por fin, luego de un año, volar por el mundo, como siempre les ha gustado.

El trineo se llenó por completo, y no fue hasta que el hombre de jengibre le dio a Santa la lista con las direcciones y deseos, que partieron volando felices los renos, escuchando la característica risa de Noel y el tintinear de las campanas. La luna estaba llena, brillando como la señora elegante que es, iluminando su camino, que se encontraba despejado sin ser un obstáculo para los que le atravesaban.

A lo lejos se podía observar las luces de colores que adornan la ciudad, todo estaba callado y, dadas las cero horas, el reloj central emitió el sonido de alerta: Navidad ha llegado.

La primera parada fue en casa de Karol. Los renos se estacionaron justamente en el techo sin hacer sonido alguno, estarían en graves problemas si alguien llegase a despertar y los descubrieran. Santa Claus asoma su cabeza por la chimenea, estimando con su dedo si es que podría haber la posibilidad de que pudiese entrar. Desgraciadamente para él, su gran barriga y trasero no cabían. Los renos empezaron a empujar a Noel con sus patas, procurando que entren aunque sea sus extremidades, asunto que lograron después de mucho esfuerzo. Con la lengua afuera y totalmente agotados se recostaron en el techo, tomando un respiro en lo que el viejo pascuero hacía su recado.

Cae de trasero, mas no le dolió, tanta carne le servía como apaciguador. Una vez dentro, sacude sus ropas, el traje rojo que tenía se convirtió en una mezcla de negro con gris. La nube de polvo provocó que tosiera y buscara algo para tomar inmediatamente, su garganta se le había secado por completo. Sobre la mesa se hallaban situadas galletas con chispas de chocolate, y leche. Claro que lo comería luego de lavarse las manos.

Sentir cómo la leche fresca bajaba por su seca garganta fue lo más placentero que Noel sintió en los últimos días, además de las galletas que estaban mucho más que deliciosas. Mientras masticaba observaba la lista que el hombre de jengibre le había dado, y leyó detenidamente la clase de regalo que ella quería, y no pudo evitar reír un poco al notar, que al igual que Hernán, ella había pedido algo para él.

Un sentimiento de encariñamiento se apoderó de su corazón, recordando su infancia y todos los momentos que pasó junto a Noela. No pudo evitar sonreír, las situaciones que llegaban a su cabeza lo tenían en otro mundo, en otra época, en el tiempo en el que tanto él como Noela eran felices. Sin embargo, tampoco olvidó el momento en que todo empezó a derrumbarse, el día en que San Nicolás, su padre, murió, y le tocó a él tomar el mando del negocio.

Conocía que el trabajo requería de dedicación y tiempo, situaciones que le faltan a su esposa. Su cultivo se está secando al no ser regado con normalidad, y debe de preocuparse, porque cuando el último pétalo caiga, todo estará acabado, muerto. Sus ojos se aguaron al tener claro qué es lo que estaba pasando. Unos pasos se escucharon, haciendo que voltee en dirección de dónde provenía, hallando a Karol, junto con Hernán, en el marco de la puerta observándolo con detenimiento.

Los pequeños estaban confundidos, ver a Santa los tenía inquietos, peor aún si lo estaban viendo triste y a punto de llorar. El viejo Noel les sonrió, invitándolos a sentarse sobre su regazo. Hernán limpia el recorrido de una traicionera lágrima, acariciando el desgastado y arrugado rostro del mayor.

—¿Qué tienes, Santa? —Pucherea el pequeño pelirrojo—. ¿Por qué estás triste?

—Sí, Santa, ¿Le ha pasado algo? —La chiquilla pregunta, abrazándolo al momento.

—No es nada, mis pequeñitos, vine a entregarles sus regalos. —Asienta a los niños sobre el suelo y va hacia donde la bolsa de regalos, agarrando los obsequios correspondientes. Los niños entusiasmados toman sus juguetes, agradeciéndole por tal gesto y, antes de que se retire de ahí, voltea y con una gran sonrisa les dice:

Gracias.

A pocas horas para el amanecer, vuelve hacia su hogar. Toca la puerta tres veces y el “¿Quién es?” de mamá Noela se escuchó.

—Soy yo —responde, para luego oír pasos aproximándose y el sonido de la chapa al abrirse. Observa a su mujer hermosa y radiante como siempre, así tenga en el rostro plasmado un sentimiento de resentimiento. Él le sonríe con las manos escondidas tras su espalda—. Tengo algo para ti.

—¿Ah sí? —La picardía brillaba en sus ojos, y se iluminaron mucho más al ver el ramo de rosas y el paquete de chocolates en forma de corazón delante de ella. Los recibe sonriendo enormemente.

—Perdón, Noela, sé que no he sido un buen esposo. Entenderé si… —Se detiene—. Si quieres dejarme.

—¡Eso nunca, tontuelo! —A pesar de su edad, brinca encima de él para abrazarle con todo el amor que solo ella le puede brindar— ¡Jamás te dejaría! ¡Te amo tanto, Noel!

—¡Yo también, Noela! —Y Santa Claus no pudo haber sido más feliz ese día.



Dec. 24, 2018, 8:55 p.m. 3 Report Embed 3
The End

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Ana Véliz - Me gustan las rosas 🌹

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Fausto Contero Fausto Contero
Ana, ¡qué hermoso cuento de navidad! Me ha gustado especialmente tu habilidad para introducir el toque romántico entre el matrimonio Noel, creo que nadie se le ocurre eso al pensar en navidad.
3 weeks ago

  • Ana Véliz Ana Véliz
    xD Quería meterle drama, pero las ideas no me llegaban. 3 weeks ago
  • Fausto Contero Fausto Contero
    Está perfecto así. Es mejor olvidar el drama por lo menos en Navidad! 3 weeks ago
~