Tu apacible sombra Follow story

sanjorge99 Jorge Luis Calero

Siempre miro hacia lo mas alto de los arboles, y luego entre sus hojas busco un brillo especial que mi imaginación logra reproducir, debajo de un árbol se puede sentir mucha paz, este pequeño cuento llevado por la imaginación busca entre lo natural, lo mejor de nosotros, para formar luces... luces celestiales.


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Tu apacible sombra


 

Luego de muchos años de esfuerzo, aquello con lo que tanto había soñado, ahora se hacía realidad, la había elegido porque no era tan grande, pero era espaciosa y modesta; ya que había muchas similares a ella, y lo que más le gustaba era el jardín frontal y posterior. No había tanto espacio, pero había muy buenas posibilidades de plantar en su jardín posterior en la pequeña franja verde que le quedaba un pequeño árbol frutal; un árbol que le pueda dar la alegría de descubrir cada año deliciosos frutos, los cuales llegarían gracias a sus constantes cuidados, cariño y sobre todo a la esperanza de verlo crecer sano y fuerte.

 

No espero más tiempo preparó el terreno con su antiguo jardinero; aquel que lo había acompañado algunos años y que, sin ser un hombre ilustrado, tenía la experiencia y el conocimiento de aquellos, que en sus manos sienten la energía de la naturaleza y comprenden sus diversos movimientos. Ahora la pregunta principal fue ¿qué árbol sembrar? ¿Cuál era el más adecuado para un pequeño patio trasero sin que produjera complicaciones para el mismo y los vecinos?, ya que los grandes árboles frutales crecen muy altos y sus raíces pueden mover los cimientos de edificaciones cercanas. Juntos decidieron la mejor opción, un árbol de mango, pero de aquella variedad que no crece muy alto y que da unos frutos de grandes dimensiones. Tenían previsto que tardaría algunos años en dar frutos.

 

El árbol fue llevado como un tierno bebé abrazado en una pequeña funda donde contenía la calidez de la tierra que lo sustentaba, sus pequeñas raíces muy frágiles, tomaban de esa tierra todo el amor que necesitó para germinar y luego crecer.

 

Con su pequeño tronco y sus diminutas ramas y unas cuantas hojas, así como un tierno huérfano fue acogido en su nuevo hogar y plantado allí, en la parte central del patio para que, con su belleza y esplendor, proporcione sombra y acaricie a cualquiera que lo mire, con el puro matiz de sus hojas verdes y lo llene de paz; aquella que solo la naturaleza puede dar cuando nos tomamos el tiempo en contemplarla.

 

-Siembralo ahí un poco más alejado de los muros vecinales, para que cuando crezca sus hojas secas no caigan en patios vecinos, exclamó el dueño de casa.

 

El pequeño árbol iba creciendo, en la época seca era regado una vez al día y en la época lluviosa, sólo cuando dejaba de llover muchos días, y pasaron dos años y el pequeño árbol floreció y después de algunas semanas dio sus cuatro primeros frutos, pero sólo dos de ellos llegaron a crecer y luego madurar y fueron degustados por los dueños de casa, eran excelentes, sabía que el próximo año tendrían muchos más mangos para comer y obsequiar y pacientemente siguieron cuidando el pequeño árbol y esperaron.

 

Llego el año siguiente y en la víspera de la temporada de mangos se podía ver como otros árboles estaban ya empezando a florecer y algunos más adelantados ya poseían frutos, pero el pequeño árbol no había florecido ese año por lo tanto era muy probable que no diera frutos, el dueño del pequeño árbol se lamentó, pero esperaron con paciencia, un año más y luego dos años más , hasta que pasaron cinco años sin florecer y sin dar frutos y el pequeño árbol se había convertido en un mediano árbol con una belleza única de acuerdo a su especie pero sin florecer y sin dar frutos.

 

El dueño del árbol se preguntaba cada vez que lo veía: ¿que había sucedido?, ¿por qué no volvió a florecer? Y consultó con algunos jardineros y con algunos expertos, los primeros con sus creencias de campo decían; que alguien lo había maleado, que lo había visto de una manera que lo embrujo para no florecer, y en cambio los expertos decían; que la ubicación del árbol, en un patio mediano, entre muros no lograba captar toda la luz del sol ecuatorial y por lo tanto no florecería. Ni los unos ni los otros conformaban el deseo del dueño del árbol en verlo dar frutos, sobre todo porque ya había degustado años atrás el fruto de este bello árbol.

 

Pero un día se conformó y se dijo a si mismo en silencio mientras lo veía, como si le hablara al árbol;

 

-          Lo importante es que embellezcas este pequeño patio, me brindes siempre la apacible sombra que llena de paz mis días, acompañado por el dulce canto del viento que cruza entre tus hojas cuando ha llegado la época sin lluvia, me gusta ver cómo año a año has cobijado sin lamentar a esa pareja de pequeñas tórtolas, donde han hecho su nido, para dar y proteger la vida.

-          Conoces que sentado y arrimado a tu pequeño tronco en un día soleado me gusta descubrir mirando hacia arriba la forma perfecta y natural con que cubres con tu sombra la fuerza de la luz, y al oler tus hojas sé que el aire que respiro lo purificas con tanta sublime humildad, para que pueda llenarme del milagro que me permite vivir.

-          Y en las noches solitarias acompañado por el viento que mueve tus ramas y tus hojas, siempre puedo descubrir las estrellas, ver las luces brillando, juro que, desde aquí junto a ti, las puedo ver, sintiendo la fuerza que nos une en el infinito movimiento de las estrellas, ahora se que no se detendrán…

 

…..

 

Una vez mas sonrió y luego se rió con tanta alegría que sus padres quedaron otra vez sorprendidos, desde que cumplió sus primeros seis meses, empezaron estas alegres risas, sobre todo cuando viajaba en auto en su asiento trasero, el auto se detenía, y ella era deslumbrada por algo que parecía posarse sobre algún árbol y miraba fijamente como buscando para luego simplemente deleitarse con grandes sonrisas y a veces hasta con grandes gritos de alegría.

 

No era tan común, pasaba dos veces por mes, pero habían meses que sucedía hasta tres veces por semana, cuando fue creciendo, tiernamente ella señalaba hacia donde estaba quien la hacia sonreír con tanta alegría, sus padres acostumbrados seguían su tierno juego y reían con ella, y también señalaban con alegría hacia donde ella miraba, a veces sus ojos se dilataban tanto como si viera una luz que no pertenecía a este mundo, pero siempre miraba hacia arriba, miraba hacia las ramas más altas y debajo del árbol se topaban con imágenes como una familia que caminaba por ahí tomados de la mano, si era en lugares donde había casas, entre grandes árboles, ella miraba hacia la parte más  alta y sonría, y al pie de la casa se veían imágenes como niños cuidando a su mascota o una madre alistando con amor a sus hijos, cuando pasaba por parques y plazas sonreía mirando hacia arriba y debajo de lo que miraba se podía ver a un necesitado atendido por un transeúnte.

 

Sus padres no se preocuparon, porque siguió creciendo con normalidad y luego empezó a caminar y a decir sus pequeñas palabras, parecía que todo estaba muy bien en ella, a medida que paso el tiempo las risas dejaron de ser frecuentes y ya no eran constantes, ahora, sus padres, apenas habían contado una o dos veces por mes, pensaron alentadoramente, que, con el tiempo, esta situación acabaría.

 

La inocencia de un juego infantil la llevo hacia el patio donde estaba sembrado el mediano árbol de mango, y junto a otros niños jugaron alegres en el patio, sintiendo la libertad de su niñez, entre alegres gritos y risas, se divirtieron alrededor de la sombra del árbol, al cual rodearon mientras cantaban y saltaban. El árbol contaba con siete años edad y parecía jugar con ellos con la misma alegría, con la misma fantasía, hasta que llego el final de la tarde y la noche empezó a cubrir algunos lugares del patio, la pequeña niña había quedado sola, los otros niños ya se habían marchado, el dueño del árbol se acerco hacia donde estaba la niña y le dijo:

 

-          Yo también vi las luces bajar desde el árbol, yo también vi las luces danzar y cantar, eran seis y juntas contigo; rodearon el árbol y jugaron, no te preocupes el secreto de las luces es nuestro, se que, por cada acto de bondad que hay en el mundo, a veces el árbol desde lo más alto de su cresta convierte estos actos en hermosas luces que te hacen reír y otras veces llenan tu alma por instantes con un brillo celestial.

-          Podemos ver las luces y con ellas las más celestiales estrellas, pero es mejor no decir que las vemos y guardar el secreto de esta gran bendición.

-          No dejes que lo superficial de la vida, destruya la ilusión de encontrarlas, siempre estarán ahí, para hablarte; de que la bondad y el amor existen, y que se transforman en luces, que fortalecen al mundo, a la naturaleza.

-          Ahora solo el silencio recoge estas emociones de lo que sabemos que vimos y debajo del árbol sentiremos su amor convertido en hermosos frutos; frutos que brindarán al alma bendiciones llenas de paz, caridad y humildad, estas bendiciones lograrán curar los corazones más endurecidos, doblegando las voluntades de los hombres, aquellos que ya no pueden reconocer al mundo, al mundo tal como Dios lo creo.

 

Y fueron diecisiete deliciosos frutos ese año.+ 

Dec. 20, 2018, 2:18 p.m. 0 Report Embed 8
The End

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