Antartic Cristals Follow story

karenstraight Karen Straight

La joven Alynn ha sido nombrada reina de Antartic, un reino donde la magia se alberga a través de nueve cristales que ella obtiene al acceder al trono. Sin embargo, este hecho desata el deseo de venganza de Inse Xaren, un hechicero que desea el poder de Alynn. Para lograr sus objetivos, Inse se une a Hadell, enemiga de Alynn, y así poder derrotarla y acceder al trono y al poder de Antartic. Ellos harán lo imposible por vencerla. En tanto, en el planeta Tierra, Larany e Iven, dos hermanos, no saben que les espera una aventura en compañía de Lizen Ander Merest y Tanny Eleyezz, junto a Alynn.  


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Capítulo 1: Un mundo aburrido

Mundo A, Dimensión A.

Planeta Antartic, en Antartic Cristals


Hace algún tiempo, el mundo Antartic sufrió la peor de todas las guerras contra el planeta Layter. Casi perdieron sus construcciones y la mitad de sus habitantes; la mayoría de ellos se dedicaban a la magia. En vano, intentaron defender a su planeta y murieron en combate. Layter también se dedicaba a la hechicería. Algunos sobrevivieron a la catástrofe, por fortuna.

Fue también cuando Antartic envió a su mejor hechicero a Layter para aniquilar la fuente de energía que proporcionaba magia a sus habitantes. Logró su objetivo, pero el precio fue alto para él, ya que al destruir la fuente, él también desapareció. Sin embargo, sería recordado para siempre con el título de Héroe de Antartic. Izaron un monumento en la ciudad principal del planeta Antartic meses después del término de la guerra entre Antartic y Layter. Mientras se construía, en la habitación del palacio real de Antartic el rey Yrph sufría de las consecuencias de la guerra; tiempo atrás recibió un impacto energético que inhabilitaba sus funciones vitales tanto mágicas como corporales. Tras un largo periodo de dolor y preocupación por el devastado planeta que se recuperaba lentamente, Yrph se rindió ante la grave maldición.

Cuando el trono quedó disponible, se realizó una competencia entre los hechiceros sobrevivientes; la mayoría de ellos eran casi niños, puesto que los adultos ocuparon la primera línea de batalla en la reciente guerra. Entre los participantes se encontraba la poderosa Hadell Avansed, hija del Héroe de Antartic y su mejor amigo, Inse Xaren Merest, pero también la gran Alynn Wenzed, quien al igual que los dos amigos, quedó huérfana.

Hadell detestaba a Alynn, por ser su mayor rival; Alynn, a pesar de ser menor que ella, era más talentosa y aprendía con facilidad nuevas técnicas.

Cada fase de la competencia era un reto cada vez mayor, que implicaba astucia, velocidad y habilidades de administración de la energía sin descuidar otros objetivos. No solo las pruebas eran mágicas, sino también aplicaron un test de valores de su planeta para comprobar si el candidato era apto para dirigir el destino de miles de vidas que clamaban un dirigente.

Hadell cayó ante otra hechicera, eliminada en la primera ronda. Alynn avanzaba, pero para Hadell, la esperanza de su destino era Inse, quien vencía en las siguientes fases a los otros chicos y chicas. En la séptima fase, Alynn llegaron finalistas.

Alynn tenía claro todo en su mente, a pesar de tener solo doce años. No olvidaba las promesas que le hizo a su finada familia de poder llegar lejos, y esa era su única oportunidad en la vida de prosperar un devastado mundo; ella era inteligente y tenía planes para el bien común. Por esas razones, Alynn logró vencer a Inse.

Al triunfo de Alynn, Hadell e Inse prometieron vengarse; nadie se imaginó que la recompensa eran nueve cristales, el mayor tesoro que se consiguió en la última guerra; con ellos, Alynn planeó un mejor futuro para Antartic.

 

Lugar; la Tierra.

Larany e Iven, su hermano, acompañaron a su padre Edarn al laboratorio donde él trabajaba como científico titular. La empresa era una corporación de tecnología secreta, y solo por ser hijos de uno de los mejores inventores, les permitieron entrar.

―Odio estar aquí―exhaló Iven mientras caminaban por los pasillos blancos. No tocó los tubos azulados en las paredes grises de ciertas secciones por un mensaje de advertencia colocado cerca de los tubos.

― ¡Me encanta!―exclamó Larany, admirando los techos segmentados. Pocas veces imaginaba estar en una película de ciencia ficción. Era ese un espacio en grises y negros similares al tráiler de la misteriosa película A Blake, o a la espeluznante Thousand Halls con interruptores en entradas y salidas. ¿Y quién apagó las bombillas? Esa sensación de los protagonistas caminando hacia la luz al final del túnel. Alguien apagó el interruptor. Le provocaba pánico. Así se sentía en los pasillos del laboratorio, protagonizando un filme donde nadie iba a apagar la luz. ¿Acaso alguien se inspiró en esos túneles para la película? Larany creía que eran idénticos―. Es como en…

―Thousand Halls―le recordó su hermano, desganado. A él no le gustó la película. La odiaba.

―Ya vamos a llegar―les avisó su padre, quien iba delante de ellos.

―Quiero irme a casa―habló Iven, quien llevaba uno de sus auriculares fuera del suéter ligero.

―Apenas vamos llegando, Iven―dijo Larany.

Su padre deslizó la tarjeta en la puerta. No había interruptores al final. Larany se alivió. Las pesadas puertas se abrieron hacia otro pasillo donde un puente conectaba hacia un sector redondo, cuyos pasillos aledaños en la esfera pálida mostraban, hacia abajo, otros cables azules entrelazados con maquinaria metálica. Sostenían las paredes de un flujo interminable hacia los cristales. Avanzaron por los finos pasillos. Abrieron otra puerta. Doblaron. Abajo, otros pisos mostraban diferentes puertas donde incidían los rayos de luz neutral de múltiples lámparas blancas. Casi se sentían como en un hospital.

Larany olvidó la película, y ese panorama lo relacionó la serie aun en emisión “Solar”, donde los huertos de plantas espaciales se almacenaban en celdas. Sí, a esas se parecían. Llegaron a la entrada de redondeada puerta. Una celda colosal de color blanco era el cubículo de su padre.

Él, siempre serio solo se concentró en tomar asiento frente a su mesilla transparente. Sobre ella colocó los compuestos como siempre. Odiaba el día de llevar sus hijos al trabajo.

―No vayan a tocar algo―les advirtió. Larany estaba a punto de manosear una pantalla negra sobre un tótem gris. Números aparecían contrastados con el oscuro. Iven miró alrededor.

― ¿No?―se sorprendió la chica de 14 años.

―No―su hermano, de la misma edad, Iven no prestó atención, agarró un frasco con un compuesto grisáceo y lo agitó con cuidado. En seguida, lo colocó en un lugar diferente. A él no le interesaba mucho seguir las reglas escritas en un algún lugar del interior. Divisó pasando a otros científicos junto a sus hijos por un pasillo a diez metros. El día más aburrido de toda la vida.

Larany caminó entre las diferentes mesas azuladas y semitransparentes. Miró, observó y sintió curiosidad por saber qué significaban esos números. O sobre el funcionamiento de los compuestos sobre una hilera en una pared, detrás de un cristal. El día no bastaba para mirar todo el contenido del laboratorio; desde piezas de unos milímetros hasta pantallas mostrando los informes de otros científicos. En tanto, Iven se sentó en una esquina. Desde su silla, sacó su reproductor musical, ya que odiaba los medios de comunicación. Edarn creía que su hijo debería de salir de esa oscura habitación con posters de grupos de rock.

Aprovechando la distracción de su padre y de su hermana, Iven se levantó y salió del cubículo complejo. Cuando Larany se percató de la ausencia de su hermano, salió a buscarlo antes que su padre se percatara.

Ella recorrió los pasillos abiertos. Luces tubulares en algunas secciones la desconcertaron. Abrió otras puertas pero muchas de ellas se encontraban vacías en la misma línea. En silencio, Larany observó numerosas redes podrían haber sido la ruta de su hermano. ¿Cómo lo encontraría? Sin embargo, no tardó en encontrarlo metros más delante de una curvatura de las escaleras de abajo. Él se localizaba frente a una puerta azulada, diferente al resto. Un aviso amarillo se leía al costado sobre el cubículo blanco sin ventanas.

“Solo personal autorizado”

―Iven, ¿qué haces?

―Intento salir de aquí.

―Esa puerta no parece la salida.

Demasiado tarde; la puerta se abrió para sorpresa de ambos. Al interior, solo la luz blanca cubría cada rincón del cubículo que era difícil saber su volumen.

― ¿Qué es?

―Es… como una nube de luz…―se sorprendió él, avanzando hacia el interior. Larany le siguió, impresionada por la formación de partículas a su alrededor. Cuando ambos estuvieron dentro, la puerta se cerró.

Dec. 10, 2018, 10:25 p.m. 0 Report Embed 0
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