Desconocida y ardiente. Follow story

juanfranconde Juan F. Conde

Perteneciente a mi serie de cuentos eróticos "Fuego Interno de Vida" os traigo un cuento que realmente es una experiencia que muchas personas han tenido o tendrán y que espero que sea bastante satisfactorio como lo fue para mí. Está es la primera parte de dicho cuento, aunque el resto del cuento estará incluida en la versión que haré cuando publique toda la serie. Con más de 3000 lecturas en otros portales. ®Todos los derechos reservados.


Erotica For over 21 (adults) only. © Juan F. Conde. Todos los derechos reservados.

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Desconocida y ardiente.

Conocí a esta mujer a través de una página de contactos y claro, solo con sus fotos en ropa interior y con el mensaje que tenía puesto en su perfil pues quise saber si habría oportunidad de conocerla y saborear su ardiente cuerpo.

 

Mandé un mensaje como siempre hago para ver si ella buscaba lo mismo que yo, es decir, sexo sin compromiso, pero sin llegar a ser un polvo y adiós, porque con un encuentro sexual no se saborea completamente a una persona, al menos a mí siempre me ha parecido de esta manera.

 

Tras varios mensajes que nos enviamos, llegamos a la conclusión de que deberíamos de quedar para tomar algo y ver si realmente lo que decimos y vemos cuando nos mandamos mensajes en real es verdad, por ello como se avecinaba el puente de diciembre que en mi país hay dos días que son festivos que son el seis y ocho de diciembre pues siempre que coincidan bien es un buen puente para irse o salir a otro lugar para distraer la mente y el cuerpo de la vida cotidiana.

 

Ella vive en la ciudad y yo sin embargo resido en un pueblo algo alejado de la ciudad, como a una hora, pero bueno, también es genial que no estemos cerca así cuando no queramos cruzarnos por la calle, es más fácil para ambos.

 

Quedamos el día seis a las seis de la tarde en una cafetería del centro, muy conocida pero a la vez muy tranquila y como siempre me gusta hacer llegue media hora antes, aunque ella también llego a los diez minutos, por tanto estuvimos antes de tiempo y tras los besos en las mejillas como saludo de presentación y primer contacto de nuestras pieles pues nos sentamos en una mesa que estaba en la terraza acondiciona al exterior, ya sabéis, de esas que tienen calefactores para que si hace frío la gente no se congele y se sienta a gusto para consumir sus bebidas.

 

Estuvimos charlando un montón, con preguntas y respuestas que por supuesto tenían muchos sentidos y que yo no me cortaba en ir directamente al grano, por tanto, cuando ella ya quiso dejar de jugar a preguntar y yo responder lo más caliente posible fue cuando quisimos ver si la atracción era acorde para ambos, aunque la verdad sea dicha, si una persona no se encuentra a gusto no está dos horas charlando, por tanto, notamos que queríamos ir a más.

 

Le dije que si quería podría reservar una habitación de hotel para que no tuviéramos que buscar algo rápido si surgía y así tampoco la molestaba con sus vecinos en caso de ir a su casa, que los vecinos siempre son muy cotillas en estas lindeces de la vida, la de meterse a cuchichear en vida ajena, pero claro también hay que tener en cuenta que no siempre se da dicho caso.

 

Me dijo que como quisiera, que ella era libre de hacer lo que quisiera pero si era cierto que llevaba tiempo sin conocer uno de los hoteles más famosos de la ciudad y claro, casualidades de la vida, conocía a uno de los recepción de dicho hotel, por eso le mande un mensaje para ver si podría charlar con él y tras una llamada que me hizo esta persona, pues reserve una habitación en dicho hotel, (nota de autor, no indico el nombre del establecimiento, porque no pagan por su publicidad y nada es gratis en esta vida).

 

Tras estar cómodos y satisfechos de la conversación el tiempo transcurría y se hizo de noche por lo que la dije que si conocía algún sitio para cenar porque quería estar más tiempo antes de comerme su postre, por lo que me indico que podríamos ir a un restaurante pero pagando a medias ya que todo lo que bebimos en la cafetería lo había abonado yo como buen caballero y como no me gusta que una mujer sea complaciente en todo pues le dije que solo aceptaría esa condición si me prometía que en cuanto estuviera cansada podríamos dejar la cita a lo que ella acepto con una sonrisa.

 

Dicha sonrisa no me la tomé de ninguna manera simplemente que le agrado que pusiera una condición no típica en su vida, por tanto, levantamos nuestros cuerpos y nos dirigimos andando y dando un paseo ameno por una de las travesías pegadas al rio Guadalquivir, famoso que tiene esta ciudad y otras más.

 

En el trayecto seguíamos charlando, contándonos cosas cotidianas hasta que ella me hizo la pregunta que había evitado o que no surgió en la cita que habíamos mantenido:

— ¿Qué fue lo que te llamo la atención de mi perfil? — esta mujer no se anda con tonterías a la hora de preguntar, la verdad, por lo que yo honestamente le conteste con una carcajada.

 

Ella quería saber cuál fue el motivo por el cual había contactado, pero realmente lo que deseaba escuchar era lo siguiente:

— La verdad es que tus fotos eran muy sugerentes, tanto que incluso cualquier otro hombre podría decir que tienes unos bellos pechos con unos riquísimos pezones, aparte de una escultura perfecta para ser diosa durante las noches de sexo en las que estés con otros hombres. También diría que ese monte de Venus que tienes hace que miles de mentes deseen acariciar y descubrir que hay un poco más abajo, claro, esto te lo digo de una manera sutil pero real.

 

Y antes de que ella pudiera hacer un gesto en su rostro casi de sorpresa por lo directo que fui al contarle lo que yo me había fijado en su perfil, continué indicando la realidad:

— Pero si te soy sincero te diré que todas las mujeres sois físicamente iguales en el caso de tener dos pechos,— aquí ella puso esa cara de “está claro que este hombre se ha fijado, vamos bien, jajaja”— que tienes una figura que más quisieran muchas mujeres tener a tus treinta y cinco años,— aquí su cara cambio al gesto de “mira que buen piropo me está regalando, parece que gana puntos aunque habrá que ver por dónde acaba y si al final pasó la noche con él”,— aunque lo que realmente me llamo la atención es ese colgando azul con el símbolo que tiene, mientras me fije en la pulsera de cuero que tenías en tu muñeca izquierda cuando estabas agarrando tu braguita negra de encaje haciendo ese sensual movimiento de bajar, aunque realmente no quisieras enseñar completamente todo lo que escondes.

 

Tras este mensaje mirando sus ojos que brillaban como dos luceros de antorcha, fue cuando le dije lo siguiente:

— Te voy a ser sincero, ya que creo que deseas que lo sea y que no te diga palabras bonitas y directas, sino que vaya a lo que me gusto de tu perfil. Las fotos dicen mucho, siempre se ha dicho que una fotografía dice más de mil palabras, pero en tu perfil note algo que no lo hice con otras mujeres y es, que llevabas un vestido burdeos el cual te remangaste para enseñar lo que realmente querías, con esas poses de casi inclinarte hacia adelante para que la gravedad haga que tus senos caigan y sean deseados, mientras tus manos acarician tu prenda de encaje negro que me fascina, y tu piel blanca sin un ápice de color distinto por el bronceado a parte de la sensualidad de dicha pose que en cuanto estemos en la habitación del hotel pienso degustar lo que escondes dentro de tu ropa interior y hasta que no me sacie no pienso dejar de lamer, chupar y morder. Eso sí, siempre que desees tú mostrarme por qué te fijaste en mí cuando lo normal es que te fijarás en otros miles de hombres y podrías estar con ellos ahora.

 

Y antes de que pudiera ella decirme nada, se acercó, pego sus labios a los míos y metió su lengua dentro de mi boca, mientras sus manos agarraban mi culo y hacía que nos pegáramos más. Cuando ella se separó con los ojos cerrados, sintiendo todo como su fuera una fragancia nueva que está probando abrió sus ojos y mirando hacia los míos, me dijo:

— Realmente he quedado con otros, pero ninguno ha pasado de la hora de la cita, porque por mucho que intentes charlar con un hombre, si solo te miran a las tetas o si te levantas y sabes que lo hacen, te miran el culo pues la verdad, no inspira mucho, aunque no te voy a negar que con alguno me he acostado, pero ya sabes lo que pasa en estas citas y es que si no te encuentras bien, intentas que corra el tiempo lo más rápido posible o das excusas para ver si así se olvidan de ti. En tu caso, aún no me he aburrido. Aún no tengo ganas de irme a mi casa. Aún no te he pillado ni una mirada fija a mis pechos. Aún no he visto que hayas mirado tu móvil o me hayas dado intención de que miré el mío. Y lo mejor de todo, aún no me quiero ir de ti, porque además besas muy dulce y tienes buen culo, jejeje.

 

Y tras esta maravillosa explicación llegamos al restaurante, que por cierto la saludaron como una clienta conocida, por lo que nos dieron una buena mesa en donde poder cenar. Cenamos muy bien, tanto que cuando acabamos y nos trajeron la carta de postres tuve que hacer el esfuerzo de no pedir una tarta de chocolate con fresas por encima, ya que le dije al camarero que nos trajera la cuenta, ya que el postre éramos nosotros y ella casi se ruborizo e intento esconder un poco con la servilleta de tela que tenía encima de sus muslos, por tanto, nos trajeron dicho recibo y ambos lo miramos y pagamos a medias.

 

Nos fuimos al hotel dando otro paseo, que no estaba lejos de donde habíamos cenado, pero necesitábamos que la digestión empezará con un buen paseo, además que mejor cita puede haber en el mundo sin un paseo con una bella mujer al lado de un rio que despierta deseos de mojarse dentro de él y no parar de navegar abrazado a un monumento de la seducción como era esta mujer.

 

Cuando llegamos, mi amigo que estaba a punto de acabar su turno, nos dio las llaves de la habitación y tras dar los datos míos para el registro de la habitación nos dirigimos al ascensor, en donde sin darme cuenta yo, note que detrás nuestra había una persona que conocía de otros encuentros que había tenido en el pasado, pero que esta persona o no quiso verme o simplemente estaba ignorándome el saludo, por lo que cuando las puertas del ascensor se abrieron, vi que perfectamente podría entrar en él más de ocho personas y claro cuando entramos mi cita y yo y me giré y les hice el gesto de si querían entrar, pero él acompañante joven que iba con esa antigua amistad sexual me indico que no, que esperarían al otro ascensor, por lo que en cuanto pulse el botón que nos dirigiría a la planta en donde se encontraba nuestra habitación, mi acompañante me agarró del cuello con sus dos brazos y volvió a juntar sus labios contra los míos, por lo que mis manos ya fueron directamente a su culo, agarrando bien y haciendo incluso que abriera sus piernas un poco para así poder acceder a donde todo hombre desea acceder estando en un habitáculo tan cerrado y que nadie puede ver el interior.

 

Pero yo antes de hacer que una de mis manos llegara a ese pozo en el que manaba tanto liquido sexual que era producido por el calor que ella tenía internamente y que deseaba ser ya probado por mis labios y lengua, quise que se calentará más, agarre bien uno de sus muslos y alzando un poco dejé que el aire que había pasara a través de sus muslos para enfriar ese horno que tenía entre sus piernas y que ya estaba algo hinchado y bastante mojado. Mientras nos besábamos, metiendo nuestras lenguas y jugando con ellas. Mientras mis manos acariciaban su piel que no estaba tapada por el vestido que llevaba puesto. Mientras mi ardor sexual empezaba a crecer dentro de mi bóxer y pantalón y que ella no paraba de agarrar con una de sus manos. Mientras que hacíamos todo esto, llego el ascensor a la planta indicada y se abrieron las puertas en donde había una pareja esperando y viendo el espectáculo que teníamos, pero no nos separamos ni un solo instante, ya que la hice un poco y ella puso sus piernas enlazadas a mi cadera por lo que sí, tuve que salir del ascensor en dicha postura algo incómoda para poder andar, porque apenas veía nada tras la melena que tenía suelta y que no me permitía ver mucho, aunque he de decir que la pareja entro en el ascensor ella riéndose y él alucinando de las cosas que podría haber visto en su vida.

 

Llegamos a la puerta de la habitación comiendo nuestras bocas, ella metiendo su mano por todos los sitios posibles antes de que se me bajaran los pantalones y yo apoyando su espalda contra la puerta, metiendo la llave magnética en la cerradura y tras ponerse la luz en verde, giré la manivela y dejando que se abriera del todo la puerta, porque ella estaba pegada y yo no la había soltado, fue cuando nos separamos un poco de dicha madera y ella con un movimiento de su pie hizo que se cerrara completamente, sin apenas hacer ruido y ligera.

 

Entre con ella colgada encima de mí y cuando estaba a punto de rozar mis rodillas contra la cama fue cuando se separó de mí y se desengancho sus piernas de mi cadera. Se quedo de pie y ayudando a quitarse el vestido me dejo ver su cuerpo.

 

Blanco.

Terso.

Esbelto.

Con sus michelines en donde tiene que estar.

Con su ropa de encaje de color burdeos.

Con una pequeña pero diminuta mancha justo en donde la braguita tiene mayor protección de tela, que, aunque no pasa nada por verlo, te incita a que tu boca se posé en sustitución de la tela que lo tapa.

Con sus ojos encendidos y brillantes.

Y con su sonrisa de indicar que deseaba más y durante más tiempo.

 

Yo me senté en la cama.

Ella me quito la camiseta que llevaba puesta.

Me intento quitar el cinturón, pero en eso la ayudé.

También intento quitarme los pantalones, pero siendo sincero, si estás sentado, es difícil que te lo quiten por la postura en que te encuentras, por tanto, me levante para ello y entonces ella sin cortarse un pelo, los bajó rápidamente, viendo ese bulto que estaba a punto de salirse del bóxer producido por su ardor sexual y haciendo el gesto de silencio con su dedo índice en vertical con sus labios de su boca, bajo también el bóxer.

 

Agarro con una mano mi pene y abriendo la boca todo lo que pudo fue introduciendo al completo todo el capullo. Luego, tras comprobar que su boca no daba a más en abertura, aprisiono lo que quedaba fuera de ella con sus labios y con su lengua por dentro intento acariciar la parte de abajo. La verdad es que es muy placentero dicha caricia, aunque no todo el mundo piensa en ello en esos momentos.

 

Se saco todo de su boca y guiñando un ojo volvió a introducirse sin manos esta vez que sujetarán mi miembro, en su boca, mientras empezaba a tener unos gemidos muy eróticos que salían de su garganta, ya que su boca realmente estaba llena.

 

Al estar yo de pie y ella apoya de rodillas en el suelo, podía ver una escena muy típica con dicha postura, pero a mí me entraron ganas de lamer y comerme su fuente de placer y en esa postura la verdad es que no es nada fácil, por tanto, agarrando de sus axilas, la levanté para que se pusiera de pie. Se quejo de tal modo que me miro con cara de “pero tú eres tonto o te lo haces, con lo bien que me lo estaba yo pasando”, pero claro, uno que le gusta mucho dar placer y no está acostumbrado a que se lo den sin hacer nada, pues le di un pequeño pero sonoro cachete en su glúteo y la arroje sobre la cama a lo que ella sin saber que era lo que iba a ocurrir y con ganas de volver a tragarse lo que antes tenía metido en su boca pues hice que se pusiera de lado. Yo me subí también en la cama, pero poniendo mi cuerpo de manera invertida a como estaba su cuerpo, para así hacer un maravilloso “yo te como y tú me comes” o la postura del sesenta y nueve que todo el mundo conoce.

 

Y nos pusimos a comernos los dos mutuamente. Yo agarraba con una mano su muslo para tenerla bien abierta y poder degustar ese maravilloso manjar de una diosa caliente como estaba en ese momento, mientras hacía que su cabeza se apoyará en mi muslo (a veces algunos gestos son más cómodos que otros sobre todo si no forzamos los músculos del cuello) y así ella se daba su festín bucal.

 

Estuvimos un buen rato en dicha posición hasta que empecé a notar como empezaba su cadera a moverse más de lo que ya lo estaba haciendo. Oía como salían de su boca cuando no tenía nada metido en ella, unos gemidos y casi jadeos y sobre todo noté que ya no aguantaba más cuando sus muslos casi intentan ahogar mi cabeza, pero realmente es que no pudo controlar su primer orgasmo, claro que yo tampoco paré de hacer ese masaje de lengua en su clítoris hasta que exploto por dentro, mientras todo su vientre vibraba y mientras le temblaban sus piernas.

 

Cuando acabo de tener esa explosión interna y mientras ella agarraba con su mano mi miembro que no lo dejaba que descansará ni un instante, ya fuera moviendo su mano para agitarlo como intentando chuparlo o succionarlo con su boca, fue cuando le empecé a dar besos con mis labios en sus labios. Unos azotes suaves con mis dedos en sus labios y clítoris y entonces me hinco los dientes un poco en mi capullo, como indicando que no se lo hiciera, pero la verdad sea dicha, esos besos que le daba, esos azotes suaves y pequeños en su clítoris le hicieron que se pusiera incluso más excitada de lo que ya estaba.

 

¿Qué pasó entonces? Fácil.

 

Me tumbo boca arriba en la cama.

Me pregunto que donde tenía los preservativos. Yo le indique que estaban dentro de uno de los bolsillos de mi pantalón. Saco unos cuantos. Abrió uno. Lo puso en mi pene. Volvió a tragarse lo que pudo de mi miembro en su boca. Cuando creyó oportuno, se subió encima mía. Coloco la punta de mi pene en la entrada de ella. Metió solo el capullo. Dejo que sus piernas con sus rodillas se pegarán el máximo a mi cadera y piernas. Puso sus manos en mi pecho. Me miro con una mirada que lo decía todo o al menos pensé yo así, estilo “ahora te vas a enterar de que a una mujer no se la pone tan excitada y cachonda sin que ella no haga nada al respecto” y dando un golpe de cadera hacia abajo, se sentó literalmente encima mía, con lo que se tragó todo lo que tenía que tragar por donde quería ella. Soltó un jadeo muy profundo. Cerro los ojos. Se quedo quieta. No se movió. Estaba sintiendo yo como sus paredes me oprimían y entonces abriendo los ojos me dijo:

— Jooooooooooooooooooder.

 

Agarre con mis manos sus tetas, estrujando, pero sin hacerle mucho daño.

 

Ella cogió aire.

Levanto lentamente su cadera hasta casi sacar lo que tenía metido.

Acerco su boca a la mía.

Metió la lengua para buscar la mía.

Se separo de mi boca para hacer que su cadera volviera a caer encima mía, rápidamente, casi de golpe y volvió a decir la palabra que antes menciono.

Volvió a quedarse quieta.

Paró su movimiento.

Su cuerpo temblaba.

De nuevo se incorporó para volver a besarme y meter su lengua, mientras sacaba de nuevo lo que ya estaba casi escondido dentro de ella.

Repitió el mismo movimiento con su cadera.

Lo hizo creo que unas seis veces más, en cada uno de ellos, cuando se incorporaba metía su lengua en mi boca y cuando tiraba de su cadera hacia atrás, era casi como golpes secos de su cadera. Estaba claro que quería que no saliera nada de ella y tenerlo todo dentro.

En el último movimiento no pudo aguantar más y empezaron sus piernas a temblar. No era por la postura que fuera incomoda. Al contrario, estaba muy cómoda ella, porque tras ese movimiento y empezar sus piernas a temblar, note que ya no me metía su lengua en mi boca. Note que su cabeza se apoyaba en mi pecho. Pero su cadera, sus muslos, sus piernas y su respiración agitada no paraban de moverse, de gemir e intento decirme algo que en ningún lenguaje conocido se podría traducir.

 

Entonces, le acaricie su melena que tapaba su rostro y haciendo que se relajará, mientras le decía:

— ¿Ya te has corrido otra vez? Vaya, como sigas así, conseguirás ser multiorgásmica si ya no lo eres, claro.

 

Cuando su respiración empezó a relajarse un poco me respondió:

— Realmente soy multiorgásmica, pero no me gusta decirlo enseguida, ya que eso os hace sentiros unos “machitos”, jajajaja.

 

Ella no sabía que a mí esa cuestión sexual en muchas mujeres me da exactamente igual, porque no busco la cantidad de orgasmos que tenga la mujer que esté conmigo, sino que busco el placer de ambos, pero siempre haciendo que ellas tengan antes que yo los primeros orgasmos.

 

Y me volvió a indicar:

— Realmente quería probar con un hombre si el mito de haceros una paja sin las manos ni la boca existía, pero he visto que se ha vuelto contra mí, porque la que se ha corrido he sido yo, aunque te tengo que indicar que me has puesto muy, pero que muy cachonda con esos golpes en mi clítoris, que lo tengo muy sensible, y te lo agradezco, no siempre saben cómo ponerme tras un orgasmo.

 

 Incorporo su cabeza para besarme, pero justo cuando sus labios estaban a escasos milímetros de los míos, yo hice ese movimiento que hacemos algunos hombres con nuestro miembro que es levantar con el músculo lo que conlleva a que ese movimiento dependiendo de en qué zona esté de la mujer o bien solo la estimula sus paredes o bien aprieta su zona G y claro, cuando ella noto dicho movimiento repetitivo en mí, separo su cara de la mía y levantando toda su espalda me dijo:

— ¿Estás juguetón o es que quieres que siga hasta quedar satisfecha de ti? — todo con una mirada excitada, con una sonrisa y con unos ojos brillantes, pero con unas hermosas ojeras tras haber tenido sus orgasmos.

 

Yo no la respondí con ninguna palabra. Solo movía mis músculos para que ella volviera a seguir sintiendo ese movimiento dentro. Y lo que hizo fue empezar una cabalgada lenta pero profunda. Acelero sus movimientos hasta que uno ya no pudo hacer más ese movimiento y solo sentir como sus paredes ahora sí que me estaban masturbando y de una manera caliente y única que pocas mujeres saben hacerlo.

 

Estuvo así hasta que volvió a tener otro fuerte y largo orgasmo, también provocado porque una de mis manos se bajó hacia su pubis y mi dedo gordo estimulaba su clítoris hasta hacerla que temblará completamente todo su cuerpo, por lo que cayó encima mía de nuevo y esta vez sí que no podía decir ni palabra, solo jadeaba, respiraba y temblaba.

 

Creí oportuno por mi parte que, ya que no había tenido ningún orgasmo aún con ella, al menos cambiar de postura, por lo que la separé de mi cuerpo dejando que descansará al lado mía con las piernas casi cerradas en la posición que había quedado y entonces me levante de la cama.

 

Fui al baño.

Encendí la luz.

Abrí el grifo de agua de la bañera (algunos hoteles aún tienen bañeras, aunque casi todos quieren o tienen ya platos de ducha).

Puse más agua caliente que fría.

Salí del cuarto de baño.

Vi que estaba en la misma posición en la que la había dejado minutos antes. Ni se había movido y ya empezaba a tener su respiración algo más controlada y menos agitada que como la tuvo al tener ese orgasmo tan fuerte.

Agarre de sus muslos con un brazo mío por debajo y con el otro metido por debajo de su espalda, mientras intentaba levantarla.

Ella se dio cuenta y solo pudo poner sus brazos alrededor de mi cuello.

Alce su cuerpo de la cama y llevándola en brazos, nos fuimos al baño.

Cuando entramos, deje que ella se intentará poner de pie, pero note que sus fuerzas no eran tan buenas, todo motivado por esos maravillosos orgasmos que tuvo, que la dejaron sin fuerzas apenas.

Ayude a que se metiera dentro de la bañera.

Cuando estuvo sentada, me metí yo detrás de ella.

Antes había dejado los jabones y gel y champú cerca de donde yo estaría puesto, es decir a los lados de la parte trasera de la bañera.

Ella se echó encima de mi pecho.

El agua nos cubría las piernas y parte de su estómago.

Acurruco su cuerpo mientras yo la enjabonaba.

Acariciaba sus pechos, su tripa y sus brazos mientras ella me besaba el cuello, la cara como dándome un premio por lo que le estaba haciendo, pero es que realmente si la gente supiera el placer que da hacer esto, tanto por una parte como por otra, empezarían a jugar más y tener más ganas de sexo entre ellos, porque entre el agua tibia o caliente, según el gusto de ambas personas, mientras el jabón líquido del gel o el champú hace que los dedos y manos se deslicen por la piel, mientras que las caricias con agua se sienten de otra manera, mientras las bocas buscan otras bocas o piel para besar y lamer, y mientras las ganas de seguir teniendo sexo, placer, orgía de sensaciones, estímulos que no se apagan porque siguen despiertos, poco se puede decir de parar solo para recuperarse de un polvo.

 

Por eso, no nos dijimos nada, solo hacíamos, incluso ella con el jabón líquido me acariciaba el cuello, los brazos y en un momento que se inclinó hacia delante, agarro mi miembro y volvió a estimularlo para ponerlo más duro que la barra donde se cuelgan las toallas.

 

También he de decir que el preservativo ya me lo había quitado cuando entré dentro del baño, porque para eso uno lleva varios siempre, por lo que pueda pasar.

 

Así que, una vez que tuvo lo que quería más duro y vertical que el mástil de una bandera volvió a ponerse en cuclillas y ella solita, con ayuda del agua, introduciendo lo que antes se había tenido dentro, pero esta vez lo hizo con su boca. Si. Se puso de rodillas casi, pero sin llegar a apoyarse en el suelo de la bañera. Como con el ejercicio manual que hizo el capullo y parte del tronco salían a la superficie de esa profundidad acuática, pues ella se dio el gran capricho de hacerme una mamada. Y no paró hasta que consiguió tener lo que quería dentro de su boca.

 

Mientras yo jadeaba tras esa primera corrida mía, ella se relamía y tragaba todo, es más si salía alguna gota más de mí, la recogía con su lengua, me la enseñaba con cara de “jajajaja, esto es mío. Antes era tuyo, pero ahora es mío” y se lo tragaba. Con una cara de satisfacción y placer que apenas he visto en otras mujeres que lo han catado de dicha manera. Estaba claro que le gustaba el sabor, aunque también tengo que decir que suelo tomar mucha piña y uvas pasas para endulzar el sabor, porque lo que dicen que el chocolate endulza, en el caso del semen no es correcto. Al menos es lo que dicen quien lo prueba. Y uno se fía de las mejores catadoras de sabores de nuestro néctar.

 

Cuando una persona tiene un orgasmo, lo que necesita su cuerpo es recuperarse lo antes posible para seguir con el juego sexual en el que estuviera antes de tenerlo, pero hay personas que con un orgasmo se sienten bien y no quieren más, otras que con dos o tres se sienten llenas y otras personas que sin contar los orgasmos quieren seguir hasta que sus cuerpos no pueden moverse, y el caso es que tanto ella como yo queríamos seguir, por eso tras ese breve y mojado descanso que nos dimos en la bañera y en donde consiguió sacar mi néctar que lo guardaba para un momento especial, pues nos pusimos los albornoces y nos fuimos de nuevo a la cama.

 

Nos besamos y sin decirnos nada, yo la eche hacia atrás, dejando caer su cuerpo sobre la cama.

Me quite mi albornoz.

Abrí sus piernas.

Miré sus labios.

Ni la miré a los ojos.

Apoye mi cuerpo en lo que quedaba de la cama, mientras mi estómago y torso acariciaban las sabanas, mis rodillas acariciaban el suelo.

Puse mis manos en sus ingles.

Mis dedos separaron sus labios alzando su clítoris para que saliera de su escondite natural.

Acerque mi lengua a la entrada de su ano.

Apoye mi tabique nasal casi en la entrada de su cueva caliente y donde esconde uno de los mejores líquidos que nunca he probado.

Y según noté su respiración, subí con mi lengua por sus labios, mientras mi nariz arrasaba todo lo que se encontraba por medio.

Cuando mi lengua llego a su clítoris, que ya estaba bastante abultado y alegre, le dí un golpe seco de abajo hacia arriba y me quedé quieto, sin hacer nada, solo escuchando en el silencio de la habitación.

Oí su gemido.

Volví a poner mi lengua en su ano y mi nariz casi dentro de su cueva.

Volví a subir lentamente por esos pliegues, labios y músculos que tenía para mi disfrute.

Repetí el mismo movimiento de mi lengua, para darle ese golpe que me encanta hacer cuando me propongo comerme un rico y caliente coño.

Solo escuchaba sus gemidos o jadeos, porque la verdad, no había mucha diferencia entre ellos.

Practique varias veces el mismo ejercicio bucal contra su coño, de tal manera que ella solo pudo hacer una cosa. Agarrar mi cabeza y seguir disfrutando de lo que yo le estaba haciendo.

Hubo un momento en el cual yo cambie el golpe seco de mi lengua por succionar su clítoris y darle golpes rápidos con mi lengua, mientras mis dedos de una mano entraban y salían de su cueva al estilo de follarla como cuando ella se masturba con sus dedos.

Entonces no pudo aguantar más y agarrando fuerte de mi cabeza para que no se separará ni un solo instante de su pelvis, agito fuertemente su cadera. Grito que no aguantaba más, y exploto de nuevo dentro.

Vibro su vientre.

Vibraba su clítoris.

Temblaban sus piernas.

Agitación extrema en sus muslos.

Jadeos y gemidos mezclados con gritos salían de su boca.

Su cadera no paraba de brincar.

Sus glúteos se comprimían, pero a la vez su ano se dilataba como su vagina.

Golpeo su cuerpo varias veces contra el colchón.

Y me soltó la cabeza cuando su cuerpo ya no pudo moverse más.

 

Solo diré que ya era de madrugada cuando ella me pidió que descansáramos un poco porque su cuerpo necesitaba un reposo, pero que todavía no había acabado conmigo, por lo que me tumbe junto a ella, estilo “cuchara” y mientras la besaba su cuello, nuca y parte de sus hombros, ella empezaba a mover ligeramente su culo pero sin apenas fuerzas, así que, me dedique a ejercitar sus sentidos mientras no paraba de acariciar su piel con mis dedos y manos, que sintiera mis besos por su parte de atrás de su cuerpo y mi pene intentando crecer a través de su culo sin entrar en él pero si haciendo que ella sintiera que la dureza o empalme era producido porque me atraía bastante. Y no quería que dejará de estar excitada en ningún momento. Pero la deje que descansara, al menos de esfuerzos físicos, claro.

 

Dec. 9, 2018, 1:46 a.m. 0 Report Embed 3
The End

Meet the author

Juan F. Conde Escribo desde mi juventud. Soy una persona normal que le gusta leer, pero también expresar mi experiencia. No es malo vivir, experimentar y sentir deseos y sentimientos para que nuestro cuerpo, mente y corazón sigan sintiendo, viviendo y latiendo. Mis historias están enfocadas hacia el placer de la mujer primero, porque sin vosotras no existiríamos y ya va siendo hora de daros esos estímulos vistos por los ojos de un hombre. Sé que pueden parecer fantasías, pero han sido reales.

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