Rescate Jurásico Follow story

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Una serie de personajes aparecen perdidos en un mundo salvaje del que nada saben. Mientras, en lo alto de la torre del guardián del tiempo, se percibe cómo acontecimientos de especial relevancia están teniendo lugar en el tejido del multiverso. Nadie querrá verse separado de lo que más ama. ¿Podrán hacer frente al destino que se cierne sobre ellos? VR writers regresa. Esta vez de la mano de Víctor Fernández García, Litzy Martínez, Gin Les, Vlad Strange, J. Carlos Fernández y Sunny Black. Seis autores cuyos respectivos universos y personajes se ponen a disposición del lector, en una obra única a doce manos y mucho corazón.



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Capítulo primero

ESCRIBE VÍCTOR


Las montañas, imponentes, custodiaban el páramo de hierba. A vista de pájaro, uno tendría la sensación de que se trataba de un inmenso lago verde.

Era un día soleado, que mediante una suave brisa fresca bien podría haber sentado las bases de todo picnic soñado que se precie.

No obstante, Rebeldía no se encontraba precisamente relajada. Ni contemplativa ni en paz con su entorno.

Porque en su maldita retaguardia, un tiranosaurio recortaba metros a puñados a cada zancada desesperada que daba en su dirección.

Tenía su gracia, pues en cierto modo alguien sí estaba en condiciones de celebrar su picnic. Al girarse, rezando por que aquello no la hiciese tropezar contra uno de los abundantes pedruscos de la pradera, sintió un escalofrío al contemplar cómo aquellas fauces se abrían. Revelaban unos dientes que la triturarían de un solo bocado, y por la salivación de la criatura se podía intuir que no tenía otra cosa en mente.

La joven aminoró de pronto la marcha.

Primero, porque aquella persecución de la que era presa no la iba a ganar ni en broma.

Segundo, porque en contra dirección, se abalanzaba, más que acercarse, un gato enorme.

No tuvo tiempo de sopesar si los gatos podían alcanzar ese tamaño ni rugir de aquél modo, el caso es que la criatura pasó por su lado encarando al gran T-Rex.

Rebeldía se quedó petrificada, aguardando que la bestia engullese su aperitivo para hacer de ella el plato principal.

Una serie de rugidos dio paso, sin embargo, a lo que se asemejaba a una conversación. Cuando giró la cabeza, lo hizo con ese latido acelerado del que uno es más consciente al lograr cierta paz tras una experiencia estresante. Porque el retumbar de las pisadas del dinosaurio indicaba que se alejaba de la cacería.

Bastaron unos segundos para que reparase en que el gato en verdad se trataba de algo muy diferente.

El jaguar la miraba con altanería, estudiando sus rasgos de un modo que la incomodaba.

―Tu nombre. ― Su voz resonó con un deje agudo, indicando al mismo tiempo temple y entereza.

Rebeldía guardó silencio, sosteniendo la mirada de aquella criatura en un duelo que, en esta ocasión, consideraba mucho más igualado.



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―¿En qué mundo están, Geoffr…?

Cuando Tylerskar entró en la estancia, las puertas se abrieron de par en par. No fue precisamente por una elegante y enérgica entrada, sino porque aquellos relojes con patas lo catapultaron a su interior.

La chica que formulaba la pregunta quedó en silencio, sorprendida por la irrupción.

Tylerskar se puso en pie y miró enfurecido a todos los presentes.

En especial a quien todos parecían respetar, que enfundado en su uniforme y gafas oscuras, esgrimía una mueca que indicaba a la vez descontento e impaciencia.



ESCRIBE LITZY


Este había sido un golpe de suerte tremendamente prometedor para Rebeldía, después de la reciente persecución convenía un poco de ayuda. El espíritu de la guerra, que siempre había formado parte de ella misma estaba dispuesta a ayudarla.

—Él tiene más que ver en esto que todos nosotros— le había literalmente ronroneado hacía un momento al pronunciar su nombre y su objetivo: Encontrar a Tylerskar.

Galopaba a pelo sobre el aterciopelado lomo dorado del jaguar hasta su elección, no dudaba en cuestionarse su paradero, no lo iba a admitir pero una punzada de miedo la agobiaba. No había esperado nunca tal ofrecimiento, pero carecía de tiempo y una oportunidad así no se presentaba a menudo.

Realmente el medio le tenía sin cuidado, podía haber sido el T-Rex de hace un momento y también lo aceptaría. Sus pensamientos no dejaban de llevarla con Tylerskar. Se encontraba a salvo, lo sentía, estaban conectados a un nivel casi espiritual. De la misma manera sabía que la banda que lo seguía con la firme convicción de guiarlo no debía estar tan lejos como aparentaban, ya que como ella, debían encontrarse en su búsqueda, no podían permitir que se encontrara con su destino, no aún.

El lago había quedado atrás y ahora una amplia llanura los recibía entre arena y polvo. ¿En que clase de mundo se encontraba ahora? Tenía que encontrarlo y pronto.

—¿Eso es todo lo que tienes Yaoc?— gritó para hacerse escuchar entre el atronador golpeteo de las zarpas en la desquebrajada tierra. El felino hocico esbozo una mueca que podía tomarse como una sonrisa ante el desafío. E incrementando la velocidad, Rebeldía se aferraba a la agradable idea de golpear a su elección cuando lo encontrara.



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Se encontraba ahora maniatado, ante la atenta e imperiosa mirada del hombre de las gafas. Sabía que por el momento no tenía intenciones para hacerlo, pero su odio hacia ese tipo hervía cada instante con más fervor.

—¿Y? ¿Qué ves?— volvía a inquirir la joven de cabello corto y castaño al lado de ambos. Su mirada era cálida en comparación con la del hombre, pero su intensidad terminaría por exasperar a Tylerskar.

Los ojos bajo esas gafas oscuras se desviaron hacia la joven. ¿Era cosa suya, o realmente veía una quemante sentimiento en esas miradas? No le podía dar otra cosa que fastidiosa repulsión, tenía que averiguar como salir pronto de esa maldita torre para encontrarse con su compañera de batalla.

Finalmente el hombre del traje y gafas pareció —Imágenes confusas de, si no me equivoco, universos y vidas distintas en un solo ser—

Ambos se volvieron a mirar al cautivo Tylerskar pero el explotar de la puerta los tomó a todos por sorpresa.



ESCRIBE VLAD


Yaoc sentía los músculos de las patas desgarrarse, sus garras se clavaban en la arena hirviendo de aquella llanura desértica y el sol comenzaba a provocar un horrible ardor en su cuero aterciopelado. Ella era un jaguar más tropical, no tan árido. Aparte, llevaban horas recorriendo aquellos terrenos confusos en los que, a donde sea que miraran, no veían más que arena y uno que otro árbol de espinas.

Y tenía hambre…

Si tan solo se les atravesara un roedor pequeñito, un suricato o algo… en estos momentos podría hasta comerse un dinosaurio, aunque no se le antojaban ni un poco.

Algo estaba mal con ese mundo, lo sentía en los huesos, sobre todo porque no se sentía tan espiritual a como estaba acostumbrada; sus pisadas no floreaban en aquellas florecillas amarillas del Inframundo, su cuerpo felino estaba diferente… más mortal.

¿Hace cuánto tiempo que no le daba tanta hambre como en ese momento?

Podría comerse a la molesta joven que llevaba en el lomo, sí, esa era una mejor opción, pero… ¿no sería canibalismo? Bueno, en ese instante era un jaguar, así que…

—¡Argh! —Un grito de frustración interrumpió los fatales pensamientos de Yaoc, sus ojos se abrieron en demasía y paró en seco, arrojando a la niña varios metros al frente.

Mentiría si dijera que no se preocupó por la situación, pero no quiso demostrarlo, después de todo, ella aun pensaba que la muchacha sería su cena si las cosas no mejoraban. Así que solo gruñó por lo bajo y se acercó lentamente a ella, observándola con cuidado.

—¿Estás bien, Rebelde? —le preguntó con un ronroneo.

—Rebeldía, es Rebeldía —contestó ella, casi fulminando al gran gato con los ojos—. ¿Y tú qué crees?

—Gritaste cerca de mis orejas, Rebelde, ha sido tu culpa. —Puso los ojos en blanco y se sentó dignamente en sus patas traseras, ondeando la cola con altanería—. ¿Por qué el grito, por cierto?

—Es Rebeldía…

—¿Por rebeldía has gritado? —gruñó.

Rebeldía no estaba dispuesta a discutir con un jaguar a la mitad del desierto, y menos cuando no podían perder tiempo, Tylerskar no se iba de sus pensamientos, sabía que estaba en problemas.

—Este mundo… —Se puso de pie con cuidado; por suerte solo se había golpeado un poco, no era nada grave; se sacudió el polvo y giró, observando a su alrededor—. Hemos estado corriendo en círculos, Yaoc.

—Eso explica muchas cosas… —El gato murmuró para sí misma. También quiso decirle otras cuantas cosas a la joven, pero el estrés ya era demasiado, así que se calló… por unos segundos—. Creí que sabías a dónde íbamos.

—¡Lo sé, lo sé! Sé que está por aquí, o bueno, algo me está guiando hacia Tylerskar, pero…

—Pero solo vamos en círculos. —Terminó la frase y suspiró—. Si este plan tuyo de seguir tus sentimientos no nos está funcionando, entonces hagamos lo opuesto. ¿En qué dirección está el lugar del que quieres? ¿De dónde venimos?



ESCRIBE GIN


Yaoc soltaba las preguntas exactas de manera que Rebeldía pudiese comprender pero ella estaba ensimismada preguntándose diferentes cosas.

<<¿Y sí era propósito del destino estar brincando de aquí a allá? Si así fuera… la pregunta sería ¿por qué?>>

—Sabes, es muy extraño esto que nos está pasando —Rebeldía se para sobre una solitaria roca en medio de la aridez — Mira hacía allá.

Señala unas siluetas que avanzan hacia su dirección. Yaoc las reconoce al instante y siente miedo. Todas aquellas historias que contaban sus ancestros se materializan frente a sus ojos. La angustia recorrió su espina dorsal y se erizó su hermoso pelaje.

Rebeldía no percibió nada por estar absorta observando para darle forma o un concepto a lo que creía ver.

—¡Venga, vámonos!  —Yaoc le empuja con la pata sacándola de sus pensamientos — sube ahora. Tenemos que irnos.

—¿Irnos? ¿Pero, y Tylerskar?  —cruza los brazos sobre su pecho mientras pone cara de berrinche.

—Eres imprudente.  —le refiere Yaoc con frustración — No habrá Tylerskar ni nada si ellos llegan a nosotras. ¿Entiendes? Son cazadores.

—¿Cazadores?  —termina la pregunta tartamudeando, un poco incrédula — ¿Qué tipo de cazadores?

Yaoc la ignora y hace finta de querer salir corriendo de ahí, Rebeldía se da cuenta y baja corriendo de la roca para alcanzar a subir a su lomo antes de que avance más.

—Por fin lo entendiste, tenemos que irnos.

Yaoc comienza a avanzar a gran velocidad, sorteando algunas ramas secas que llegan con el viento a impedir su camino.

El aire caliente comienza a subir más de temperatura y pronto las patas de Yaoc comienzan a sentirlo. Ruge en respuesta al dolor que esto le ocasiona al momento de que una lanza metálica le pasa por un lado.

—¡Más rápido, Yaoc!  —grita una muy desesperada Rebeldía — ¡Ya casi nos alcanzan!

—¡Corro lo más rápido que puedo! –responde molesta.

Son sus vidas las que están en peligro, ¿acaso cree Rebeldía que está dando un paseo turístico o algo así?

De repente decenas de lanzas comienzan a caer a su alrededor, incluso una roza el muslo de Rebeldía provocando que esta grite con gran dolor.

Yaoc al oírla no puede hacer más que correr más rápido, por su periferia alcanza a ver que los cazadores ya las han alcanzado, algunos corren a cierta distancia de ellas pero emparejados. La desesperación, el temor y la angustia comienzan a hacer mella en ella, al igual que en Rebeldía.

<<Si perezco, que perezca, pero no sin dar mi último aliento para sobrevivir>> piensa Yaoc mientras sortea con gran agilidad muchas de las lanzas.

Todo era eso, calor, lanzas, cazadores, ellas; y de pronto, la nada. Un gran abismo oscuro que las llevaba a su nuevo destino, al caer solo pudieron gemir una vez más de dolor. Y al mirar donde estaban las preguntas una vez más amontonaron sus pensamientos.

—¡¿Dónde diablos estamos ahora¡?  —grita una Rebeldía exasperada.

—Buena pregunta —contesta un anciano que recorre un viejo sendero cerca de ellas cubierto de nieve apoyado en un bastón — Soy Memo. ¿puedo ayudarles?

—Y tú, ¿Quién eres?  —pregunta Rebeldía algo altanera y dolorida.

—Ya dije, Soy Don Memo.

Yaoc  yace recostada en el suelo tratando de recuperar fuerzas. Se divierte de la situación, así que decide solo observar el lugar donde se encuentran.

Pinos, árboles y cerros cubiertos de nieve son el principal escenario de ese lugar, el frío solo es un acompañante.

—Sí, ya sé. Me refiero a que si eres alguien importante, el jefe del clan o algo así  —inquiere Rebeldía.

—Sí, algo así. Aquí digamos que soy el jefe, digamos…

Yaoc y Rebeldía se miran una a la otra, tratando de adivinar a qué se refiere, cuando lo buscan de nuevo con la mirada ya se ha desvanecido.



ESCRIBE J. CARLOS


La vegetación era exuberante, dividida en estratos bien definidos por matorrales, helechos y arbustos de todo tipo, todo aderezado con una explosión de flores multicolores. Más arriba se encontraban las potentes ramas de árboles medianos, ya fueran verticales o extendiéndose en todas direcciones formando una espectacular maraña. Por encima de éstos se alzaban majestuosos troncos que ascendían a alturas increíbles. Todo ello conformaba un espectáculo maravilloso.

   Rick mantenía los ojos cerrados maravillado del magnífico espectáculo cuando, de repente, sintió un reconocible vacío en el estómago y la conocida sensación de ingravidez al salir de su propio cuerpo.

   Abrió los ojos despacio sin saber adónde le había llevado su enésimo viaje astral. Un enorme ojo le observaba, pertenecía a una cabeza de dimensiones colosales con rayas atigradas en las que predominaba el color marrón, la boca ligeramente entreabierta descubría unos dientes puntiagudos que debían medir más de 30 centímetros. Aterrado, estaba a punto de soltar una exclamación cuando…

—Venga, Rick, ahora no me vengas con remilgos, tenemos un largo viaje por delante —

   Sin salir de su asombro Rick se encontró sentado a lomos del imponente T-Rex, su envergadura seguramente superaba los 12 metros, iniciando un veloz viaje hacia < vete tú a saber > que destino.

—Parece que hoy está esto muy concurrido ¿eh?

—No entiendo ­—balbuceó Rick.

—Verás, primero aparece un precioso desay… ¡Huy! Perdón, una esbelta y grácil hembra de tu especie salvada por una imponente criatura que no sé muy bien como catalogar—

   El cerebro de Rick estaba casi en ebullición, ampliamente superado por lo que estaba aconteciendo, tratando de ordenar ideas, pensamientos, ubicación y un largo etcétera de preguntas. Se atrevió a hablar…

—¿Cómo es que no has intentado devorarme? —

—Ohhh, tranquilo, a mi amigo Geoffrey le interesas especialmente —

   Los escenarios por donde transitaban cambiaban velozmente como activados por una varita mágica, de la selva pasaron a una especie de desierto ardiente donde el calor arrasaba hasta las ideas. De repente el Rex profirió un atronador rugido que hizo que Rick casi se cayese del susto. A lo lejos divisó unas figuras armadas con lanzas que huían despavoridas.

—Agárrate bien — le dijo el Rex.

   El desierto desapareció de repente y una nueva sensación de vacío embargó a Rick, cuando recuperó el resuello el escenario había cambiado, predominando el paisaje de alta montaña. Rodeados de nieve atisbaron un anciano con un curioso bastón que saludó al Rex efusivamente.

—Vhysail, debe ser muy importante para que hayas llegado hasta aquí —

—Es un placer verte, Don Memo, sabes que por Geoffrey hago lo que sea —

   El anciano empezó a mover su bastón trazando extrañas figuras en la nieve. Rick, avezado en las ciencias ocultas, supo al instante que estaba dibujando una runa y se preparó mentalmente para lo que fuera a acontecer…

   “La Torre“… ¿Es una torre?... ¿Y esos colores?... ¿Oro?... ¿Carmesí?... Miles de millones de neuronas se aprestaron a efectuar un sinfín de sinapsis mientras todo el sistema límbico se activaba intentando interactuar con el córtex y dar racionalidad a lo que no la tenía, a algo que se escapaba del entendimiento humano. De repente un violento escalofrío le recorrió la espalda, tan fuerte que el Rex se detuvo e inquirió preocupado…

—Rick, ¿Qué ocurre? —

—He oído que tu nombre es Vhysail, y ya casi te tengo como un compañero en este universo. Verás, creo que he captado una presencia, y si es Tylerskar se avecinan problemas serios…



ESCRIBE SUNNY


Inna Parsic, había presenciado el auge de la inteligencia artificial, en su mundo todo estaba por colapsar, máquinas y mutaciones habían intentado acabar con años de supervivencia natural y el mundo que ella soñaba era tan solo un tonto recuerdo. Tenía tres días de andar en busca de su hermano, Ethan Parsic, ya que él se encontraba en la fortaleza, un sitio de escape donde la esperaba para poder comenzar su nueva adaptación como una científica biomolecular gracias a un proyecto llamando Preservación Común, una nueva era lejos de la tierra y su exterminio. Su compañía era un miembro de la milicia, un tipo que nunca había tratado de cerca hasta que comenzó su escape, alguien a quien jamás pensó conocer más a fondo, el General Marcus Gaius.

 

Una de las compuertas de escape, matizaban un tono dorado, se encontraban en el lugar de Investigaciones Paranormales, un área subterránea donde la fallecida esposa del General había hecho varios descubrimientos y avances, entre ellos la posibilidad de viajar en el tiempo, gracias a un sistema complejo de ductilidad e ionización. Se habían hecho pruebas con cosas sin llegar al éxito final de la teletransportación. Inna se asomó hasta la abrillantada luz.

 

—Gaius, ¿Cómo funciona esa..

 

Ni siquiera pudo terminar la frase, escuchó a Gaius llamarla y solo percibió su silueta asomarse por el andén, todo brilló cerró los ojos por la refulgencia y al abrirlos escuchaba sonidos que en toda su vida jamás antes había conocido.

 

Su vista se perdió en su derredor. Todo parecía ser un jungla, con toda clase vegetación, helechos, árboles y plantas gigantescas. Al sentir una mano sujetarla pegó un brinco.

 

—Doctora Inna, ¿Qué fue lo que hizo? ¿Qué demonios fue lo que tocó?

 

La discusión que estaba por empezar tuvo que quedar de lado en cuanto ambos percibieron un resoplo profundo y un bufido muy particular, fue algo que detallaba irritabilidad, como cuando un camión ruge en los cambios de la transmisión. Casi al mismo tiempo los dos se volvieron al extraño sonido, un gigantesco dinosaurio de tres cuernos los veía, el resuello se volvía cada vez más profundo. Tenía casi tres metros de alto y siete de largo, una cabeza colosal que daba la impresión de ser de piedra misma.

 

—¡No se mueva Gaius o nos comerá! —Cuchicheó lo más suave que pudo Inna sin parpadear.

 

Gaius hizo un gesto muy particular, tragó una bocanada de aire tratando de no moverse ante el argumento de su compañera.

 

—¡Si que de verdad es absurda, Doctora! Parece que pasó durmiendo en su período de formación. Que no sabe que ese dinosaurio es un ceraptosiano, simplemente es herbívoro.

 

Inna tragó saliva deseando darle un puñetazo a Gaius.

 

—Pues importa poco si ese animal come carne o no, si esos cuernos nos embisten, quedaremos hechos añicos.

 

El animal dio varios pasos al frente y no tuvieron más que dar un salto al lado. El triceráptops, siguió con su camino, ignorándolo a los dos debiluchos humanos con traje oscuro.

 

—Diablos Gaius, ¿Por qué tiene que ponerse de interesante en un momento como este….

 

Notó que Gaius mantenía la vista al frente, rechazando sus comentarios descorteses.

 

—Sh, sh, sh…

 

Inna frunció el entrecejo al notar que Gaius le ponía más atención a lo que veía que a ella.

 

—Pensé que lo único falto de coherencia eran sus continuos berrinches pero dígame, ¿Ve lo que yo veo?

 

Inna asomó la vista hacia donde Gaius veía con tanto interés. El General de Inteligencia Militar mantenía cierta sorpresa en su mirada, algo muy raro de notar en él. A una distancia prudente  se veía a un Tiranosaurio Rex ir a toda velocidad con un hombre trepándolo.

 

—¡Ay, que cosa! Sí la verdad veo lo mismo—Exclamó asombrada.

 

Inna se rascó la cabeza sin creer que un humano montaba a un dinosaurio de esa especie. Además no parecía ser un hombre antiquísimo.

 

Gaius respiró profundamente, retomando ideas, estaba acostumbrado a lidiar con asuntos complicados. Intentó usar algunas de las cosas que tenía su armadura militar entre ellas, el GPS para ubicarse, pero nada funcionaba excepto lo básico de su traje inteligente.

 

—Doctora Parsic, estamos quizá a unos sesenta y ocho millones de años de diferencia a nuestro tiempo real. Permanecemos a finales del período Cetrático. Si esto no es una ilusión del tiempo o espacio, estamos en aprietos. Al parecer el único hombre que podría ayudarnos a comprender algo, va montando ese dinosaurio carnívoro.

 

Inna apretó los labios sumida en su irritabilidad. Una vez más emprendía un viaje insólito con Gaius. Al menos el hombre estaba más informado que ella en cuanto a historia. Asintió con la cabeza, tomando impulso para seguir en una carrera al T-Rex que se perdía en la frondosidad de la jungla, Gaius ya llevaba la delantera.

Dec. 7, 2018, 2:01 p.m. 2 Report Embed 6
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Silvia Gual Silvia Gual
Muy interesante esta propuesta. Engancha desde el principio, además, tengo ganas de ver como se van entrelazando las historias de los diferentes autores y como van dando su toque personal. En este primer capitulo conocemos a los personajes de cada autor/a así que es bastante introductorio, pero eso no hace que se haga lento ni pesado, todo lo contrario. Así que os animo a darle una oportunidad y a ver como la historia va avanzando y evolucionando.
Dec. 9, 2018, 5:12 p.m.

  • Víctor Fernández García Víctor Fernández García
    ¡Gracias Silvia! Es muy positivo que la lectura te haya despertado interés por ver cómo nos las apañamos para entremezclar las diferentes historias, por las cuales, además, sientes afinidad. Al tratarse de una introducción a los seis universos, también me alegra mucho que se te haya hecho amena :D Dec. 13, 2018, 9:54 a.m.
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