La pequeña ardilla y el chochín ondeado Follow story

sanjorge99 Jorge Luis Calero

Inspirado una vez mas en la naturaleza, pero a la vez preocupado y triste por la destrucción de los bosques, este pequeño cuento sin ser una protesta, solo quiere llevar entre sus lineas, el canto humilde de la naturaleza, aquella que sin voz; no grita, no se queja, y no pelea, solo apacible se deja tocar por el mas privilegiado de sus hijos, el hombre...


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La pequeña ardilla y el chochín ondeado

El Espíritu del Bosque despertó y como el viento, cruzó las copas de los grandes árboles, moviendo las hojas, las hizo sonar como siempre le habla gustado, inquietó algunos pequeños pájaros que ya estaban despertando en sus nidos, entre los lugares más altos de los árboles, pero ellos se quedaron tranquilos y esperaron. Luego con más fuerza sopló y se elevó entre las garzas que daban sus primeros aleteos de la mañana sobre el gran río que bajaba libre y puro de la gran montaña.

Llenó cada espacio, cada árbol, cada pequeña flor y planta, se hizo sentir en cada ave y animal, entre la espuma y agua del helado río, entre las rocas, parecía feliz, mientras soplaba su aliento de protección y de paz.

Una vez más jugó con la niebla y la llevó para cubrir, entre grandes montañas, extensas áreas de bosques.

Había dormido un poco más de setecientos años, y ahora había despertado en un bosque virgen subtropical, en el borde que limita el inicio de la cordillera de Los Andes, se maravillaba por lo que veía, por lo que sentía y descansó.

Una bandada de periquitos muy curiosos había seguido muy de cerca el movimiento de este inusual viento, el líder de la bandada intuía que había algo más, y curioso primero lo siguió alejado y en silencio, algo no tan peculiar en los periquitos y luego más cerca. Los demás periquitos de su bandada imitaron sus acciones, y se posaron junto al Espíritu del Bosque, en perfecto silencio y esperaron, algo inquietos, pero esperaron, parecerían decirse entre ellos:


- cállate, no hagas ruido... deja que nuestro líder nos diga que hacer.


El líder de los periquitos algo temeroso se movió más cerca, hacia el último lugar donde había sentido venir aquel especial viento y sobre una rama cubierta de grandes hojas verdes empezó a cantar suavemente, muy despacio y casi en silencio, mientras sus compañeros aguardaban algo asustados, pero también en silencio.

El bosque quedó totalmente paralizado y a continuación dos hojas que estaban muy cerca del periquito se movieron como respondiendo al apacible canto del periquito. 

El Espíritu del Bosque había sentido que la pequeña bandada lo venía siguiendo y sabía también que uno de ellos lo había reconocido, era extraño ya que muy pocos seres del bosque están dotados con la capacidad para reconocerlo y sin duda, era más extraño que intente comunicarse, pero el Espíritu del Bosque se dejó llevar y continuó, dotado con la capacidad de poder comunicarse con todo ser viviente del bosque, le preguntó delicadamente al periquito moviendo las hojas y sin asustarlo:


-          ¿Por qué me han seguido? ¿Sabes quién soy?


El periquito asustado y muy temeroso pero decidido le contestó:


-          Siento que eres el Espíritu del Bosque, mis ancestros me enseñaron a reconocer aquel         viento que sopla lleno de paz, que levanta hojas que suenan como hermosos cantos de aves, que     juega con el agua de los ríos sin tocarlas y lleva las fragancias de la naturaleza por todas partes, si reconozco que estoy ante el Espíritu del Bosque.


El Espíritu del Bosque le preguntó:

 

-          ¿Y que buscas en mí? Si me has reconocido y has seguido mis primeros pasos, después de setecientos años, ¿algo muy importante debe llevarte a buscarme?


Respondió el periquito:


-          Espíritu del bosque, abrazamos la desolación, una enorme preocupación se vislumbra en cada aleteo de las aves, en cada respirar de todo árbol que habita en los bosques, de cada animal que vive y se alimenta, estamos tristes, gran espíritu, si me permites quiero enseñarte el motivo de nuestra profunda preocupación, vuela con nosotros a pocas horas de aquí, en dirección hacia donde el sol nace.


El Espíritu del bosque aceptó y juntos emprendieron el vuelo. Después de algunas horas en constante vuelo con periódicos descansos, los periquitos se posaron sobre un gran árbol de guayacán que miraba hacia donde el sol se oculta, sobre una alta colina, el Espíritu del bosque atrás de ellos también se detuvo y observó.

Una gran devastación había deformado todas las grandes colinas llenas de árboles y arbustos que hace setecientos años recordaba, devastadores artefactos rompían árboles y laderas y con ellos desaparecían hogares de todos los habitantes del bosque, sobre esta devastación se alzaba una gran nube gris, llena de hollín y contaminación que desorientaba a toda ave y animal que pasaba por ahí, los pocos árboles que veía entre aquella masa gris deforme, parecían esforzados para luchar y contrarrestar toda las impurezas de ese devastador lugar, el Espíritu del Bosque, miró sin comprender como aquello había vuelto a pasar y se preguntó cómo el hombre, el hijo más dotado y privilegiado de la naturaleza, había olvidado su origen y con ingratitud y sin ignorancia estaba destruyendo una vez más los bosques, los jardines de la creación, preocupado no se hizo sentir más y se despidió de la pequeña bandada de periquitos, les dijo que iba a encontrar las preguntas que habían llevado al hombre a dar estas respuestas.

 

La pequeña ardilla y el chochín ondeado


-             ¿Aliados? ¿Por qué tendríamos que estar aliados?

Le preguntó la ardilla al chochín ondeado.


El chochín le contestó:


-          Tú puedes correr y girar velozmente entre las ramas de los árboles, posees poderosas garras que te permiten ir y venir en todas las direcciones, posees un delicado olfato, mientras que yo puedo volar y tengo una mejor visión, juntos podemos ayudarnos para sobrevivir, buscar alimentos y defendernos, porque a veces tu curiosidad revela tu gran debilidad y mi gran precaución me restan eficacia ¿te gustaría que nos aliemos? Al poder volar conozco más lugares y cosas que tú desconoces, te ayudaría a no meterte en serios y riesgosos problemas y tú en cambio me llevarías más rápidamente hacia mi comida.


La pequeña ardilla quedó paralizada, en realidad el chochín tenía razón podrían de esta alianza sacar grandes ventajas, pero ¿volvería a confiar en un ave?, la última que vio, no le propuso una alianza, fue directamente sobre ella para matarla, pero analizó su pequeño tamaño y supo que no intentaría sacar ventaja.

 La ardilla aceptó y juntos recorrían el bosque, ayudándose mutuamente para sobrevivir y defenderse y así pasaron los meses y luego algunos años, juntos para el asombro de los otros animales del bosque jugaban y se divertían, comían y curioseaban por todos los rincones y a un silbido del chochín, la ardilla se escondía, a dos salía, a tres silbidos huía despavorida, y si no silbaba posándose junto ella, era el momento de jugar o descansar, mientras que la ardilla olfateaba y ganaba más insectos escondidos para la pequeña ave que ahora era su amigo.

Habían dejado de ser ardilla y ave, no tenían en su ser las obligaciones naturales que todas las demás ardillas y aves de sus especies poseen, formaban una unidad, casi como si fueran uno, y el gran bosque se complacía y se reía con sus juegos, con su amistad.

El chochín había adquirido la sabiduría natural de la ardilla y la ardilla la del chochín, ya que la ardilla parecía volar como un ave porque conocía todas las grandes maniobras de su ave amigo y él ave parecía revolotear entre los troncos de los árboles con una habilidad sin igual, como lo hacen las ardillas, porque conocía las habilidades de la ardilla.


- ¿Que se puede aprender de una amistad cómo está?

Reflexionó El Espíritu del Bosque, un poco alejado y en silencio, después desaparecer, buscando las preguntas por las que el hombre se había transformado en un destructor de bosques. Curioso había seguido el paso alegre y despreocupado de la pequeña ardilla y el chochín, se preguntaba cuál era el misterio de su alianza y su gran amistad, porque no se había desaparecido con el paso del tiempo como naturalmente sucede con todas las cosas tangibles e intangibles de la creación, cuál era el misterio que los envolvía, sabía que como todo ser viviente tendría que llegar a un final existencial biológico, pero también reconocía que esa misma fuerza iba a traspasar en el tiempo y el gran bosque volvería a recrear sus juegos entre sus ramas cuantas veces quisiera, porque se había enamorado de lo que es hermoso recrear una vez más y otra vez y otra vez, el Espíritu del Bosque, se dejó sentir y fue donde estaba la ardilla y el chochín, suavemente los toco con su aliento de vida y jugó con ellos un rato y alegremente volvió a traspasar, montes y colinas, árboles y arbustos, ríos y quebradas, ahora sabía dónde ir, la amistad de la ardilla y el chochín le habían señalado el camino, volvería hacia atrás en el tiempo y buscaría el Gran Ceibo y el más grande, antiguo y escondido árbol del bosque, aquel que en sus entrañas llevaba la esencia de la creación de generación en generación, ellos eran los portadores de las respuestas y preguntas que buscaba, en el bosque eran la voz de Dios.

Traspasando la alta cordillera de los Andes, bajando hacia el oriente, en lo más remoto y profundo de la selva amazónica, un enorme ceibo muy antiguo, respiraba para purificar el aliento de la vida sobre la tierra, casi como en reposo contemplaba la vida que lo rodeaba y se complacía siempre sonriendo desde lo alto.


-          Gran Ceibo, soy el Espíritu del Bosque, luego de setecientos años he despertado para abrir nuevamente mi ciclo y he encontrado con tristeza como nuevamente el hombre ha tomado más de lo que le corresponde, destruyendo la vida en los bosques y con ella el alma de la tierra, tú que llevas la esencia del origen de la existencia, que posees entre tus ramas y forma la voz de Dios, quiero pedir que me ayudes a encontrar aquellas preguntas por las que el hombre dejó de ser hijo de la naturaleza, para dar respuestas con sus acciones en contra de ella.


A lo lejos una gran cascada hacia oír su fuerza, cuando el agua caía y golpeaba sobre las rocas, el Gran Ceibo respondió:


-          ¿Acaso debemos dejar de creer en él?, ¿acaso debemos dejar la esperanza de que vuelva a la humildad de su origen donde vivía en plenitud y compañía del gran bosque y animales? ¿Debemos dejar de creer que existe como el guardián de su propio hogar? Sin dudar he visto como a cada pequeño paso que da, la mayor parte del tiempo lo hace para destruir, sumido en el deseo de lograr su mezquino desarrollo y progreso, se ha olvidado de la espiritualidad que el bosque le da, que lo lleva a transcender y a fortalecer la fuerza inagotable que posee; su espíritu, abrazado en la vanidad de lo que crea y desarrolla, ha dejado de contemplar lo que lo hace humano.

-          Ayudado por las estrellas de la noche que viajan sobre mí, por el contaste viento del norte, del sur, el este y el oeste, por las aves migratorias que me visitan, he conocido cada lugar, cada rincón de nuestro amado jardín que está siendo destruido, desde lejos puedo escuchar el canto confundido y triste de las aves, de los diminutos seres del bosque y de los más grandes, en los mares, desiertos y valles. A veces mi voz silenciosa se alza sobre el mundo, como un profundo grito desgarrador, como una triste canción de dolor, pero el hombre ha dejado de escuchar, sus oídos adaptados en el ahora, escuchan solo la insolencia de la creación de su artificio progresista.


Preguntó el Espíritu del bosque:

-          ¿Pero que debemos hacer? ¿Como debemos proceder?


Contesto el Gran Ceibo:

-          Debemos esperar y dejar que otra vez caiga en la destrucción total de su civilización, como sucedió hace setecientos años atrás antes de que tú Espíritu nuevamente durmieras y juntos sentimos como lentamente toda una civilización cayó por su propia contaminación y depredación total del bosque

-          Los más antiguos siempre recordamos, que allá en el norte, donde se levantan las grandes pirámides de piedra con amplias plazas y escaleras, donde existen más de una docena de enormes ciudades que se vanagloriaban del poder, la ciencia y la belleza, el hombre olvidó su equilibrio natural y sus ciudades se desvanecieron, ahora convertido en el lugar eterno, de las voces que existían, el gran bosque en menos de ciento cincuenta años, recuperó todos sus espacios y cubrió el orgullo del hombre con grandes árboles, aves, y todo tipo de animales.

-          Sus sueños y anhelos lo han llevado hacer lo que hace, si sólo soñara nuevamente con la espiritualidad del Bosque y se uniera otra vez a la naturaleza.

-          He sentido a la pequeña ardilla y al chochín jugar, aliarse y unirse como uno sólo, siendo diferentes, han logrado el equilibrio natural para sus juegos y supervivencia, el hombre con su tecnología debe aliarse con la naturaleza y con su conocimiento debe buscar el equilibrio verdadero y permanente, la ardilla sin volar siente que vuela y el chochín sin correr, corre, así también el hombre materializado con su tecnología debe ser espíritu natural y el bosque siendo natural con su espíritu debe materializarse en las ciudades, el chochín protege a la ardilla y la ardilla da de comer al chochín, por lo tanto el hombre debe proteger a la naturaleza para que la naturaleza lo alimente con la paz espiritual, la cual es su esencia.


El Espíritu del bosque guardó silencio y rodeó al Gran Ceibo como un ligero torbellino, como si lo abrazara, se alejó y mientras se alejaba dijo:


-          El hombre solo busca materializar sus más profundos anhelos tomando como dueño de lo que no es dueño, sacrificando los bienes de la naturaleza.

-          En el artificio de su progreso y tecnología no ha buscado un equilibrio consecuente con lo que es realmente esencial para vivir.

-          Que se haga como tú dices Gran Ceibo, esperaremos...

-          Pero soplaré fuertemente sobre cada hombre que reconozca mi espíritu y proteja el bosque y a la naturaleza, le daré más a ellos, porque serán ahora como yo, los eternos guardianes, crecerán en espíritu, entenderán la esencia de la vida, volarán con las aves del cielo; entre los grandes árboles, valles y montañas, correrán libres con el lobo solitario; entre las praderas de las montañas, subirán aventureros por los árboles; con los osos, monos y ardillas, vagarán sin rumbo, por los abismos de los ríos de la selva y esteros que llevan hacia el mar; con los peces y delfines, y buscarán la luz del día para ver lo que realmente existe, para luego en la noche mirar a las estrellas y soñar con mundos nuevos...


HABLARAN CON DIOS.

 

Fin

Dec. 2, 2018, 6:35 p.m. 0 Report Embed 2
The End

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